Imaginación en el ruedo

Frascuelo

Imagen de Carlos Escolar “Frascuelo” // Foto: Paloma Aguilar (http://palomaaguilar.com)

Por Óscar Cuevas

Que la Feria Taurina de Guadalajara viene atravesando complejas dificultades desde hace más de una década es cosa sabida por los aficionados, que en esta provincia -al menos, eso se dice- son bastantes. Cuando el ganado tenía “presencia”, se bajaban del carro las figuras. Cuando se pretendía dar empaque a los encierros matinales, costaba Dios y ayuda confeccionar carteles para las tardes. Si los carteles se presentaban rematados, los toros dejaban mucho -o todo- que desear y, por supuesto, los encierros eran siempre una suelta de utreros sosa y aburrida. Incluso un año apareció por aquí un empresario de ínfima reputación que dejó sin pagar al personal. Y así, una feria tras otra, agravándose la cosa en los últimos tiempos, por la crisis.

Pero algo ha pasado este año, y para bien.

Feria Taurina de Guadalajara

Cartel de la próxima Feria Taurina de Guadalajara // Foto: Guadaltauro

Es evidente que la Feria Taurina 2014, que esta semana se ha presentado en su integridad, adolece de la falta de algunas de las principales figuras del escalafón. No vienen los más venerados hombres de luces, ni siquiera alguna de las figuras pujantes de estas dos últimas temporadas. Pero, a pesar de ello, los carteles que se han presentado tienen un atractivo que, a mi juicio, supera lo conocido en los últimos años. Porque a falta de dinero, la empresa gestora del Coso de las Cruces (que se llama Guadaltauro, es su segundo año al frente de la plaza, y es de Guadalajara) ha utilizado la mejor opción para sortear las dificultades: la imaginación.

Y así, a pesar de que no hay tomases, morantes, ponces, julis, talavantes o manzanares, cada tarde taurina programada para las próximas Fiestas de Guadalajara puede sorprender a un aficionado que, al menos sobre el papel, encontrará alicientes en los cuatro festejos programados.

Rueda de prensa

Rueda de prensa de presentación de la Feria Taurina, con el empresario, el alcalde, y los concejales de Toros y Festejos // Foto: Ayto.Guadalajara

Y es que las novedades empiezan por ahí. Por la recuperación de una cuarta tarde de toros; necesaria después de que en los últimos años la Feria (tradicionalmente compuesta de 5 festejos) quedara capitidisminuida a sólo las tres tardes. Esta vez serán cuatro corridas, y comenzarán el jueves 11 de septiembre con un cartel trufado de romanticismo: Un mano a mano entre dos casi-ancianos (o sin casi) que se resisten a la retirada, que tienen vidas llenas de heridas, olvidos y dolores en el alma, pero que destilan pellizco y amor por la fiesta: Torean en Guadalajara dos amigos, el madrileño Carlos Escolar “Frascuelo” y el mexicano Rodolfo Rodríguez “El Pana”, en su enésima reencarnación torera.

La expectación entre los buenos aficionados debe ser máxima. Porque quien siente algo de pasión por esta fiesta ancestral sabe que, a lo peor, es probable, se nos escapan 6 toros y no vemos un muletazo. Pero a lo mejor, es posible, estos dos viejos guerreros destapan -permítanme el tópico- el tarro de las esencias, y nos retrotraen a tiempos belmontinos, decimonónicos, frascuelianos en el amplio sentido de la palabra.

Pana y Frascuelo

El Pana y Frascuelo, en un tentadero celebrado en Valladolid el pasado verano // Foto: R.Redondo

Yo no sé muy qué -o sí lo sé, qué demonios- se le ha pasado por la cabeza al empresario de la plaza arriacense para programar este cartel, la verdad. Hay que ser muy valiente, y querer mucho a la esencia de la tauromaquia, para meter este mano a mano en una plaza de Segunda en plena semana de Ferias. Y ojalá le salga bien la apuesta a Guadaltauro; cuadren los números, y Frascuelo y El Pana desorejen a los morlacos de Los Bayones. Y que veamos a Frascuelo danzando con la muleta cadenciosa en su izquierda, con la montera en la derecha, para citar de frente como hacían los clásicos. O a El Pana, con su puro en el burladero y su toreo de mil batallas, porfiando por bajo ante buenas bestidas. ¿Estará aún para banderillear?

Rodolfo Rodríguez "El Pana" se ha retirado y reaparecido del toreo en múltiples ocasiones

Rodolfo Rodríguez “El Pana” se ha retirado y reaparecido del toreo en múltiples ocasiones

Fandiño

Cartel de la corrida goyesca de Iván Fandiño // Foto: Guadaltauro

También va a ser todo un acontecimiento la corrida del viernes de Ferias. Una encerrona de “nuestro” Fandiño. El “torero vasco”, le llaman los cronistas de Madrid, pero aquí en Guadalajara sabemos que es, por derecho, un alcarreño más. Fandiño, tortoleño, lleva tres o cuatro años toreando cumbre, deslumbrando en las mejores plazas, triunfando en Madrid y donde se tercia, y ha decidido ofrecer uno de esos gestos que se realizan algunas veces aquí, en su plaza, lidiando seis Jandillas. Por si fuera poco aliciente, será la primera vez que una corrida en Guadalajara se celebrará al estilo goyesco, lo cual es siempre de gran belleza y plasticidad. Tanto empaque tiene el cartel, que la televisión nacional más taurina, Canal Plus, retransmitirá en directo este festejo para toda España.

Finalmente, las corridas del sábado y el domingo ya van más por los cauces habituales en cualquier plaza de toros de capital de provincia. Un cartel bien rematado para el día fuerte, el sábado, con Padilla, el ciclón pirata de Jerez; el siempre esperable Cid, y un Abellán que por Guadalajara cuenta con muchos seguidores. Y una corrida de rejones con seis caballistas (demasiados, a mi juicio) para cerrar el domingo. Personalmente no me emocionan los rejones ni lo más mínimo; pero como decía siempre el añorado Salva Toquero, “tienen su público”.

Y todo ello, complementado con una última novedad, que es un auténtico logro, que por tanto hay que destacarlo, y que además hay que apuntar en el haber de la empresa y del concejal responsable, Lorenzo Robisco, al que si otras veces critiqué, hoy me toca felicitar: Por primera vez en la historia todos los encierros matinales, del primero al último, se celebrarán como Dios manda, con los toros que habrán de lidiarse por la tarde. Como en Pamplona, como en San Sebastián de los Reyes. Como tiene que ser.

Carnicero y peñistas

Reciente reunión de organización celebrada entre el concejal de Festejos y los representantes de las peñas // Foto: Ayuntamiento de Guadalajara

Ay la virgen con la Virgen… Y alabada como creo que merece la Feria Taurina que nos han diseñado, no quiero pasar por alto un par de aspectos que no me gustan. Porque en los carteles anunciadores se nos dice, y no es la primera vez, que se trata de la “Feria de la Antigua”. El soniquete ya empieza a resultarme cansino, personalmente molesto. No es que tenga yo nada contra la patrona de Guadalajara, en absoluto. Pero sí lo tengo contra que me retuerzan la historia de mi ciudad; y las esencias de un pueblo sí que deberían ser sagradas. Me molesta que este Equipo de Gobierno, cada año con más descaro, se empeñe en dotar de carácter religioso a nuestras Ferias. Una Semana Grande, esta nuestra, cuyos orígenes históricos no tienen nada que ver con la imagen que se venera en el Santuario del mismo nombre. Las Ferias de Guadalajara proceden de un privilegio real para la organización de una feria ganadera de tiempos de Alfonso X. Y aunque con el tiempo los ayuntamientos fueron acercando en el calendario una y otra celebración (hasta el solapamiento de este año, cuando las fechas decididas por Román y Carnicero rompen con 30 años de tradición), deberíamos tener claro qué es cada cosa. Me parece bien que se unifiquen en el tiempo por muchos motivos, pero respetando las esencias. Si a los católicos no les gusta que las celebraciones religiosas se paganicen; a muchos nos desagrada también que la historia de mi ciudad se cristianice “a capón” y por decreto. Por cierto, que también he leído en una nota oficial del Ayuntamiento que la subvención que se concede a las peñas obliga a estas a realizar una serie de actividades para la ciudadanía (lógico) y a participar en determinados actos festivos (lógico, también). Lo que ya no es de recibo es que entre esos actos de obligada presencia peñística esté la ofrenda floral a la Virgen de la Antigua. No por nada, sino porque directamente esa imposición va contra la Constitución. Y eso no es un detalle menor, Jaime.

Las secuelas del Plan de Incendios 2014

 

Cospedal, en el puesto avanzado del incendio de Aleas. // Foto: www.castillalamancha.es

Cospedal, en el puesto avanzado del incendio de Aleas. // Foto: http://www.castillalamancha.es

Por Marta Perruca

Viajaba en el coche de una amiga, camino del Geolodía 2014, mientras me relataba esa anécdota sobre aquel julio luctuoso de 2005, cuando se declaró el incendio más monstruoso de cuantos hayan acaecido en nuestra provincia, que se iniciaba en la Riba de Saelices y que se saldó con 11 víctimas mortales y 13.000 hectáreas calcinadas: Una vecina de uno de los pueblos del Señorío de Molina, le advertía de que, teniendo en cuenta la meteorología de esa primavera, se preveía una campaña de incendios estival muy complicada “y esta primavera está siendo muy parecida”, continuaba con su relato. Siempre mentamos al diablo cuando de incendios forestales se trata -decía-, pero a veces el olvido es la peor enfermedad que pueden padecer las administraciones.

Esta semana, con los incendios de Aleas y Bustares, volvía recordar ese episodio, que semanas atrás hizo que escribiera un artículo advirtiendo sobre los recortes que se han llevado a cabo tanto en el personal, como en los medios de extinción de incendios forestales en nuestra provincia,  después de que el Gobierno regional presentara un Plan de Incendios Forestales que, a mi entender y a la luz los datos facilitados por el delegado sindical de Geacam en Comisiones Obreras (CC.OO.), poco o nada tiene que ver con la realidad del dispositivo. Lo hacía manifestando a un tiempo las dificultades e inconvenientes con los que tendrían que lidiar los efectivos en el caso de que se declarase un incendio, teniendo en cuenta los medios materiales y personales de los que se dispone. No voy a insistir sobre lo mismo, pues ya lo hice en su día y lo han recogido muy bien mis compañeros, Óscar Cuevas y Rubén Madrid, en sendos artículos sobre lo acaecido.

Aquella mañana de primeros de mayo nos dirigíamos al lugar donde se inició el fuego en 2005, al área recreativa de la Cuevas de Los Casares, donde estaba prevista la celebración del Geolodía 2014, en la misma cueva, en el entorno del Valle de los Milagros y en las Salinas de Saelices de la Sal. Para ello, atravesábamos los montes que en otro tiempo fueron frondosos bosques y sobre los que aún hoy se vislumbran las terribles huellas de las llamas. Quizá esa visión devastadora contribuyó a sembrar cierto poso de inquietud, que se reavivó con más virulencia la semana pasada, cuando de nuevo, algunos amigos que trabajan en Geacam, me manifestaban las proporciones de los incendios y las dificultades que se estaban encontrando, justo cuando se celebraba el noveno aniversario de la tragedia y muy cerca del retén al que pertenecían las once víctimas mortales. Y caprichos del destino, el incendio de Aleas se iniciaba a consecuencia de los trabajos de una cosechadora, cuando la Junta había anunciado como novedad que se iban a intensificar las labores de vigilancia sobre este tipo de trabajados, responsables de buena parte de los incendios forestales, eso sí, sin advertir que aquello se iba a realizar con menos patrullas de vigilancia –de las 19 existentes en 2012, solo quedan activas cinco- .

Hoy solo puedo lamentarme de que el tiempo haya terminado por darme la razón, aunque la verdad es que, visto el panorama, más que un augurio cumplido, fruto de la casualidad, ha sido la crónica de una muerte anunciada.

Me temo que ya hemos insistido suficientemente sobre el tema en este blog y, sin embargo, cuando me he puesto a dar forma a este artículo me he sentido con la responsabilidad de volver a hacerlo, aun a riesgo de repetirme y de resultar pesada. Lo asumo casi como una obligación , aunque solo sea para contribuir con mi granito de arena en la difícil tarea de combatir, desde esta atalaya, esa deuda que tienen las administraciones con la Verdad.

Y la verdad es que, por mucho que se empeñen desde arriba en negarlo, reducir la partida en medios de prevención y extinción de incendios menoscaba la calidad y operatividad del servicio y, casi con toda seguridad, tal y como advertía el delegado sindical de CC.OO. en Geacam, Iñaki Blanco, si no se hubieran practicado los recortes en el dispositivo, probablemente, los incendios no habrían alcanzado tales dimensiones, porque los efectivos habrían llegado antes y convenientemente armados. La verdad es que cuando se mete tijera en los medios de prevención y extinción de incendios, no solo se corre el riesgo de que se queme un mayor número de hectáreas, sino que se pone en peligro la vida de aquellos que trabajan en su extinción.

Titulaba aquel artículo “Las mentiras del Plan de Incendios 2014” y hoy no puedo hacer otra cosa que lamentarme de sus secuelas. Recordaba Óscar Cuevas en Twitter que el artículo apenas tuvo unos cientos de visitas cuando lo escribí hace más de un mes y que a toro pasado, cuando se han constatado las consecuencias de lo que advertía, ha recibido miles.

A mí lo que me pesa no es que nos acordemos de Santa Barbara cuando truena, sino que caiga un chaparrón y haya quien se empeñe en negar que nos ha cogido la tormenta.

Después de que se reavivara un fuego que parecía estar controlado, me encontré con un amigo que regresaba agotado después de pasar toda la noche luchando contra las llamas y que, previsiblemente, tendría que volver al frente por la noche. “Aquello está incontrolado y el viento no ayuda en absoluto”, me transmitió. Horas más tarde me sorprendía ver en la televisión a la presidenta regional, acompañada de otros representantes políticos, en el puesto avanzado del incendio de Aleas, haciendo alarde del dispositivo y afirmando que las condiciones del viento y el descenso en las temperaturas estaban contribuyendo a controlar el fuego.

Ante la imagen de “las cosas se están haciendo bien y aquí no pasa nada” que pretenden transmitir desde la Junta, encontramos la otra cara, la de los trabajadores del dispositivo, que están denunciando a través de los sindicatos y de las redes sociales las carencias que están sufriendo y de las que se hacía eco mi compañero, Rubén Madrid, en su artículo de ayer.

Y es que solo hay que estar un poco atento a las conversaciones que miden la temperatura del malestar de los ciudadanos para darse cuenta de que, más allá de estar cansados de sufrir los continuos recortes que afectan a prácticamente todo, de lo que realmente estamos hartos es de de tener que lidiar, día tras día, con la mentira, y sobre todo, de que una y otra vez nos tomen por estúpidos.

Las secuelas de las mentiras del Plan de Incendios 2014 llegaron en forma de dos poderosos incendios declarados en Aleas y Bustares, que han calcinado más de 3.000 hectáreas y que ha llegado a afectar al Parque Natural de la Sierra Norte, sin perder de vista los 150 vecinos evacuados de Gascueña de Bornova y Prádenas de Atienza.

Y sabemos que los primeros en llegar fueron los tres miembros de un raquítico retén de Cogolludo, que en otro tiempo contó con 11 efectivos y que poco o nada podría a hacer para detener las llamas. De igual manera, no es muy difícil presuponer que otro gallo hubiera cantado si se contara con un dispositivo digno de patrullas de vigilancia, si las torretas estuvieran en las condiciones oportunas para su uso, en lugar de tener que vigilar el terreno a pie de tierra en el interior de un vehículo, y si los retenes contaran con un mínimo de efectivos para garantizar el buen desarrollo de sus actuaciones.

Detrás del fuego

Efectivos de la lucha contra incendios, estos días en Bustares. // Foto: Efe.

Efectivos de la lucha contra incendios, estos días en Bustares. // Foto: Efe.

Por Rubén Madrid

En los últimos días en que el fuego ha devorado más de 3.100 hectáreas de monte en la Sierra Norte de Guadalajara, con dos grandes incendios declarados en Aleas y Bustares que siguen sin darse por extinguidos, ha habido un momento televisivo que entre el público guadalajareño no ha pasado desapercibido: cuando el viernes, en el telediario del mediodía de Castilla-La Mancha Televisión, la presentadora atajó en seco la conexión telefónica con el alcalde de Bustares, Julio Martínez, que reclamaba en directo más efectivos para apagar el incendio. El gesto casi reflejo de cortar el hilo telefónico escondía muchos mensajes y connotaciones que no escaparon a los más avisados. Prohibido hablar de los recortes en la televisión pública de la región, por supuesto. Pero no sólo eso. Prohibido, también, cuestionar el dispositivo de lucha contra el fuego.

La anécdota tiene un trasfondo incluso trágico. Julio Martínez encarna como nadie la conmoción en que ha estado sumida gran parte de la sociedad alcarreña durante los últimos días. El 18 de julio, el mismo día en que se declaraba el fuego a las puertas del pueblo del que es alcalde, se conmemoraban nueve años del más trágico incendio de la provincia, declarado en La Riba de Saelices en 2005 y que calcinó 13.000 hectáreas y se cobró once vidas. Once muchachos del retén de Cogolludo, localidad cuyo monte, qué ironías, estaba también ahora ardiendo. Y once muchachos entre los que se encontraba, precisamente, el hijo del alcalde de Bustares.

La fatalidad del fuego se ha expresado con un capricho impertinente en Guadalajara, donde nada es igual desde aquella terrible jornada de fuego y luto de hace nueve años. Entre las cosas que cambiaron, afortunadamente, se encuentran la profesionalización y la dotación de más medios en la lucha contra los incendios. Fue precisamente el Partido Popular, ahora en el gobierno de Fuensalida, quien con más firmeza criticó la gestión del incendio en el Ducado.

Por eso muchas voces reprochan a la presidenta Cospedal que en los tres años en que lleva en el Gobierno de Castilla-La Mancha la política forestal haya sufrido un importante retroceso que muchos ligan con los incendios de esta semana, pero también con la oleada similar que vivió la provincia de Guadalajara en la segunda semana de agosto del año pasado, con incendios simultáneos en Tortuero y Valdepeñas de la Sierra, Tórtola, Almoguera, Valdeconcha o Yunquera, y, hace dos años, con otro gran fuego en el Alto Tajo, esta vez en Chequilla, que arrasó más de 1.100 hectáreas.

¿Por qué tantos conatos de incendio se convierten en fuego en una provincia que, como pocas, debería de tener aprendida la lección?

Poner todos los medios. “No podemos luchar contra las condiciones, pero sí podemos estar alerta y poner todos los medios para proteger los montes”, prometió la consejera de Medio Ambiente, María Luisa Soriano, cuando en el verano de 2012 se enfrentó a la primera campaña diseñada por el Ejecutivo del PP en Fuensalida. El planteamiento es impecable. Puro sentido común, pero en política no siempre los planteamientos atienden al sentido común. Ni las prácticas.

¿Se han puesto, de hecho, más medios en la lucha contra el fuego? Lo que dicen los sindicatos es que no. Y lo dicen de manera rotunda. La empresa pública encargada de la gestión de los montes, Geacam, ha vivido uno de los conflictos más agrios y prolongados de la era Cospedal en Castilla-La Mancha. Es un conflicto laboral, pero tiene una implicación medioambiental indudable. UGT ha denunciado estos días que el gobierno regional “ha recortado un 66% el presupuesto del programa de extinción de incendios”. En un comunicado, FSP UGT Castilla-La Mancha ha expresado su “indignación” con la política forestal de quien, precisamente, aseguró que había que poner “todos los medios”.

Incendio en Valdeconcha, el año pasado. // Foto: Efe.

Incendio en Valdeconcha, el año pasado. // Foto: Efe.

Por eso estos días las cuentas de Twitter estaban que echaban humo, como la de los forestales de UGT reclamando “categoría profesional”, denunciando su “situación crítica”, pidiendo más campañas de sensibilización con escolares y apuntando hacia Toledo en sus exigencias de dimisiones. Por eso sus comparecencias en radio han sido igualmente virulentas contra la política forestal de la Junta, sin ahorrar exigencias de dimisión de la consejera y la presidenta. Por eso, seguramente, no hicieron lo que pareciera más correcto y lo que aconsejaba el impasible delegado José Luis Candado: esperar a que se apagase el fuego para debatir sobre el operativo. Debe de resultar muy difícil reprimir tal cabreo cuando uno lleva meses alertando de lo que finalmente acaba sucediendo.

Porque las denuncias no son nuevas. Los sindicatos las expresaron antes de que saltase el fuego. Dijeron, por ejemplo, que la orden que se publicó en 2013 era “un completo disparate” y han dicho que el plan de este año resulta insuficiente para la que se veía venir. Lo leíamos en un artículo casi premonitorio de Marta Perruca que ha circulado estos días como la pólvora: desde Comisiones Obreras decían hace un mes que los 280 trabajadores de la temporada alta en la campaña contra incendios son cien menos que hace dos años y unos cuarenta menos del mínimo que cabría exigir; criticaban la sustitución de los retenes con nueve trabajadores de Almadrones y de Villanueva de Alcorón por camiones autobomba, con cinco efectivos menos; y añadían que se ha pasado de 19 patrullas de vigilancia operativas hace dos años a sólo cinco, cuando se trata de los primeros equipos en enfrentarse a las llamas, a menudo en el momento clave para abortarlas. Por no hablar de la supresión de 14 torres de vigilancia en toda la provincia, las atalayas desde las que divisar las columnas de humo en pleno monte.

Hay menos ojos, menos manos y más distancias que cubrir para vigilar y también para actuar en caso de emergencia. Dicho en plata: somos menos operativos contra el fuego.

Lo que dicen los números. Se equivocan generalmente quienes en materia de incendios alegan una única explicación para un fenómeno como un gran incendio. Hay siempre un desencadenante, una causa necesaria pero insuficiente para que el incendio se convierta en desproporcionado. Un rayo (rara vez), un pirómano (más veces), una imprudencia (casi siempre) encienden la mecha. Son el primer culpable, que no suele presentarse a las elecciones, así que genera siempre muchos menos comentarios.

Hay, entre medias, factores que suman y restan. La falta de control o vigilancia sobre aquellos primeros factores que pueden originar la chispa, pero también esos otros decisivos en la propagación del fuego, como los factores ambientales, sobre todo el viento y la sequía, pero también, y son básicos, los medios disponibles para abortar un conato y que no pase a mayores, es decir, al incendio: más de una hectárea quemada.

Gráfico elaborado con datos del Ministerio por el periodista alcarreño Juan Murillo, @JMSaa.

Gráfico elaborado con datos del Ministerio por el periodista alcarreño Juan Murillo, publicado en su cuenta de Twitter, @JMSaa.

En 2011 la campaña de incendios se llevó a cabo después de un año completo de trabajo en los montes. Dicen los expertos que el fuego de verano se apaga en invierno, retirando toda esa masa de matojos y cardos, ramas caídas y secas, que dan músculo al fuego en el momento de la verdad. De los doce meses de trabajos que se habían alcanzado, ahora se llevan a cabo nueve y la plantilla se va al paro otros tres.

¿Hay alguna relación directa entre el hecho de que las últimas campañas de la pasada legislatura tuviesen doce meses de labor contra el fuego y el balance arrojase menos superficie forestal quemada? ¿Y entre el retroceso en este punto, del que es responsable el gobierno del PP, con que estos tres años se esté registrando la mayor superficie quemada de los últimos nueve años?

Los datos de balance de campaña indican que la superficie está aumentando: la campaña con más terreno calcinado desde 2005 hasta la llegada de la consejera del PP fue 2009, con 326 hectáreas, según datos del Ministerio de Medio Ambiente. En 2012 la cifra se disparó a 1.792; el año pasado, el fuego de nuevo pasó una alta factura: 1.542 hectáreas. Este año los dos principales siniestros suman ya más de 3.100.

También los cinco grandes incendios (así se cataloga a los de más de 500 hectáreas) registrados desde la tragedia de La Riba se han concentrado en estos tres últimos veranos: Chequilla, Tortuero y Uceda, a los que ahora se suman Aleas y Bustares. ¿Casualidades?

Interrumpida la apuesta por la biomasa. La política forestal ha cambiado en estos últimos tres años, pero también lo ha hecho el modelo de gestión de montes, que en los últimos años de los gobiernos de Barreda volcaron una serie de incentivos a los propietarios para la recogida de maleza y la generación de biomasa. A los socialistas de la región y de Guadalajara se les puede reprochar, y con mucha razón, que no se tomasen en serio la política forestal hasta que ocurrió la tragedia. Incluso después de ella, cabría decir. Pero en el mismo sentido hay que reconocer que a partir de entonces tomaron nota y pusieron en marcha políticas sobre gestión forestal, energías renovables y combate de la despoblación que ahora, con la excusa de la crisis, el Gobierno de Cospedal ha frenado.

Hace año y medio cerraba una planta de tratamiento de biomasa que Iberdrola abrió en Corduente, en el corazón del Alto Tajo, precisamente después del incenio de La Riba. Allí estaba previsto que fuese a parar, con un uso industrial, la madera de la limpieza de gran parte del monte de la provincia. La compañía eléctrica no lo citó directamente en su comunicado por el cierre, pero la alcaldesa de la localidad, Isabel Fernández, apuntó que los responsables de la compañía habían admitido la escasa rentabilidad de las instalaciones a raíz del cese del convenio con Geacam para el desbroce de montes que constituía la principal fuente de alimentación de la planta.

La presidenta y la consejera, en su vista a la zona afectada en el incendio de Cogolludo. // Foto: JCCM.

La presidenta y la consejera, junto a otras autoridades provinciales, en su vista al puesto de mando avanzado del incendio de Cogolludo. // Foto: JCCM.

La previsión anunciada en julio de 2009 durante la inauguración de estas instalaciones pioneras en el Alto Tajo era que, a pesar de sus sólo 2 MW de potencia, se alimentaría con 26.000 toneladas de residuos forestales al año. No era su potencial industrial el que hacía interesante este proyecto. Era su carácter precursor, los poco más de media docena de empleos en una zona muy necesitada de gentes y, sobre todo, su capacidad para devorar un excedente de la limpieza de los montes que no servirían de combustible en caso de un incendio forestal en verano.

“El objetivo es hacer una importante apuesta por el aprovechamiento de la biomasa, tanto de origen forestal como agrícola, y uno de esos grandes aprovechamientos es el térmico”, aseguraba en 2011 el entonces consejero de Medio Ambiente, José Luis Martínez Guijarro, al visitar una empresa de distribución térmica alimentada con biomasa. Y doy fe de que su delegado en Guadalajara, el cifontino Sergio Cabellos, se tomó muy en serio esta apuesta hasta que las elecciones sentaron al PSOE en el banquillo.

Desde la organización ciudadana La Otra Guadalajara vienen exigiendo desde hace años un plan de montes para la comarca de Molina y el Alto Tajo que ahonde en la limpieza de los bosques y genere empleos en una de las áreas más despobladas del país. No supongo ningún capricho que las gentes que viven allí y piden un vuelco en la situación sociodemográfica de la comarca insistan en los montes y no en otro sector, por ejemplo el manido recurso al turismo. Si hablan de limpiar montes es porque hay tarea. También los sindicatos vienen señalando la labor forestal como uno de los nichos de empleo para la provincia en su reconversión tras el batacazo del ladrillo.

La despoblación es uno de los factores que añade más leña al fuego: la ausencia depobladores supone a menudo un descuido mayor de los bosques. Lo decía el alcalde de Tamajón, del PP, hace un año, mientras acogía en su pueblo a los vecinos evacuados de dos pueblos afectados por las llamas: “La Sierra de Ayllón, que tiene una riqueza forestal impresionante, lleva abandonada desde hace muchísimos años y ya es un desierto demográfico, pues en un área de 200.000 hectáreas viven unas mil personas”.

La mejor lectura que se puede hacer hoy, con el fuego ya controlado, es que los sucesos de estos días en la Sierra Norte, aun por duros e inadmisibles, no han calcinado una barbaridad de monte como en 2005 y, sobre todo, no han acabado con ninguna vida. Unos y otros sucesos no son, por más que algunos lo pretendan, comparables. Pero, por lo demás, casi una década después de la peor pesadilla de nuestros bosques se siguen dando muchos de los condicionantes para que un fuego en la Sierra Norte pueda tener trágicas consecuencias. Y esto es lo verdaderamente imperdonable aquí y ahora.

¿Nos lleva esto a exigir además la dimisión de la consejera y de la presidenta? Si se han equivocado, es momento de admitirlo, porque urge rectificar sus políticas. Pero si esta es la única manera que tienen de poner “todos los medios contra el fuego”, sin ninguna duda deben abandonar el cargo. Nuestros montes y la seguridad de nuestros pueblos no están en buenas manos.

¡Vaya ruina!

En la imagen, el edificio donde se situaba la discoteca 'Pi', que se quiere derribar. // Foto: Rubén Madrid (www.culturaenguada.es)

En la imagen, el edificio donde se situaba la discoteca ‘Pi’, que se quiere derribar. // Foto: R.M. (www.culturaenguada.es)

Por Abraham Sanz

Que Guadalajara está en ruinas, es un hecho. Que pasear por el centro de la ciudad es ir caminando por calles salpicadas de grandes huecos donde, tiempo atrás se levantaban edificios que representaban la arquitectura alcarreña, y hoy no son más que objeto de recuerdo de aquellas fotos que tan a bien tienen de colgarnos en las redes sociales algunos de nuestros paisanos para recordarnos que, en esta materia sin duda, el pasado siempre fue mejor. La capital alcarreña siempre gozó de una arquitectura rica y propia de un lugar que fue residencia de buena parte de la nobleza, pero que no supimos conservar cuando el declive llegó por el traslado definitivo de la Corte a Madrid. Madrid, siempre Madrid y su sombra alargada sobre Guadalajara. Sin embargo, no todo es culpa de la capital vecina. Es más, sabemos valorar tan poco lo que todavía poseemos que, en aras del “progreso” y de remozar la estética de nuestra ciudad, hemos olvidado que en esta operación de cirugía, es mejor buscar las raíces que solaparlas bajo el adoquín. Y que ya puestos a abrir alguna de las arterias principales, ¿por qué no dejar que emerjan esos vestigios históricos que no solo atraiga la curiosidad del visitante, sino que nos permita conocer más nuestra propia historia? Es cierto que son elevadas las inversiones que se realizan en este tipo de obra y que, la cuestión arqueológica supone demorarlo todo en el tiempo; pero ¿no merecería la pena? Otras veces la decisión es todavía más fácil y se cierne sobre la difícil cuestión de conservar o derribar un edificio con un pasado a recordar. Vemos como la plaza Mayor sigue abierta por uno de sus costados desde hace más de cinco años donde, al menos, se decidió conservar la fachada del inmueble como recuerdo del mismo y de su inconfundible ‘Pescadería Maragato’. Tampoco se encuentra muy lejano en el tiempo el derribo del palacio de los Vizcondes de Palazuelos –en la plaza San Esteban, donde se instalaba el bar ‘El boquerón’, para un fin poco rentable ya que sólo se procedió a la destrucción de esta edificación del siglo XVI, para dejar herida de muerte una plaza que guarda grandes tesoros arquitectónicos, ahora cerrados a cal y canto como la antigua sede del Gobierno regional que, confiemos en que el desuso o que su venta no traiga un desenlace fatal para un lugar que ya vio como otro añejo edificio del siglo XVI, era hecho añicos para levantar en este punto edificio de los juzgados. El atentado arquitectónico que se cierne ahora, quizá no tiene la misma magnitud patrimonial, que también, sino que tiene más que ver con el recuerdo de lo que fue una calle como Bardales, como hervidero de gentes y verdadero corazón del sentir festivo de una ciudad como Guadalajara. El inmueble que durante mucho tiempo albergó la discoteca ‘Pi’, uno de los locales clásicos de la noche alcarreña, no sólo por su ambiente y música; sino por su propia concepción arquitectónica de lo más peculiar, corre peligro. Así lo alertaba días atrás el concejal de Izquierda Unida, José Luis Maximiliano, advirtiendo que incluso había fecha para el derribo del mismo –ayer mismo-. Afortunadamente, las máquinas no hicieron trizas este singular local que se adentraba en la tierra a modo de galería o bodega que, además parecen entroncar con los restos de otras añejas edificaciones que nos pueden retrotraer hasta la Edad Media, dado que su parte final, puede estar vinculada a los restos de un antiguo patio del siglo XV de una finca colindante. Sería una torpeza y, una gran tristeza, que finalmente volaran no sólo los recuerdos de un bar que fue emblema de esa calle Bardales que ahora, con empeño y esfuerzo sus hosteleros quieren recuperar, para dejar un nuevo agujero –y ya van unos cuantos- en pleno casco histórico; sino también parte de aquellas raíces sobre las que se asienta la capital alcarreña y que, con acciones como esta –de culminarse- parece que nos quieren extirpar. Quizá no sea mucho lo conservado, pero apostemos por ello; apostemos por mostrarlo, por valorarlo y no por cubrirlo con piedras o esconderlo a los ojos de la ciudadanía. Es más, apostemos mostrar por todo aquello que está más oculto, tratar de sacarlo cada vez más a la luz y no poner cortapisas con tarifas arbitrarias que sólo ponen cortapisas al acceso a nuestra riqueza cultural. apostemos por conservar y rehabilitar lo que tenemos porque si no, el casco histórico, no saldará de la ruina actual.

Poderoso caballero Don Dinero

Hucha con forma de balón de fútbol. Foto: Blog Barbadasbase.

Hucha con forma de balón de fútbol. Foto: Blog Barbadasbase.

Por Ana G. Hernández

No es nuevo eso de que el dinero mueve el fútbol y, al decir fútbol, me puedo referir a cualquier deporte… Hoy en día, la economía manda en todos los aspectos de nuestra vida, en todos los actos que realizamos y de todas las maneras inimaginables. El dinero actúa sobre nosotros y nosotros actuamos sobre nuestro destino. Estamos en una sociedad consumista en la que prima el valor de las cosas. Como digo, no descubro nada que no sepan ustedes a estas alturas. Sin embargo, durante estas semanas de atrás, no he hecho más que alarmarme con las continuas noticias de equipos que pasan apuros para lograr el dinero necesario para salir en la categoría a la que pertenecen. La situación es mala en muchos ámbitos y el deporte rey no va a librarse de ello, a pesar de los oasis en donde habitan las grandes empresas, ¡que lapsus! quería decir clubes, que sobreviven a la crisis cual monopolios.

Finalmente, La Roda si fue capaz de reunir los 200.000 euros necesarios para jugar en Segunda División B. Es decir, a golpe de mini-talonario, si lo comparamos con el dinero que mueve el fútbol a nivel europeo, el equipo rodeño ha conseguido mantenerse en la categoría de bronce del fútbol nacional en detrimento del Puertollano, que maravilló a la Tercera División castellano-manchega realizando una temporada brillante, pero que fue incapaz de aportar el dinero necesario para promocionar de categoría. El drama minero que afecta a Castilla-La Mancha se puede extender prácticamente al resto de España y al resto de deportes. En baloncesto el Bilbao Basket o en balonmano el BM Aragón, solo por nombrar casos de los más sonados, están en situaciones similares.

Los problemas de estas entidades pueden deberse a una mala gestión económica en años pasados, unida a la falta de sponsors e inversiones en esos equipos; pero también puede deberse a la falta de recursos del propio club como en el caso del Eibar, aunque, por la voluntad de muchos, su problema se resolvió de forma positiva para la entidad que deportivamente se había ganado su ascenso a Primera. La ley le obligaba a depositar 2.100.000 euros para poder jugar en la máxima categoría del fútbol nacional, a pesar de que el club estaba totalmente saneado y a pesar de ser campeones de la Liga Adelante.

Y es que, en el fútbol, como en la vida, hay unas reglas y hay que cumplirlas. Y si esa jurisprudencia dice que el Eibar debe abonar 2.100.000 euros y el Puertollano 200.000 para jugar en Primera y Segunda B, respectivamente, los clubes deben cumplirla, pero ¿se aplica el mismo rasero con clubes endeudados y que deben dinero a jugadores, cuerpo técnico, Hacienda, Seguridad Social e incluso a bancos u organizaciones similares? Muchos dirán que la deuda forma parte del crecimiento económico, pero esto será cierto siempre que sea una deuda razonable y asumible. Dos adjetivos que en la dinámica económica de los últimos años eran tan utópicos como la alianza de civilizaciones.

El Deportivo Guadalajara se vio abocado a descender por no cumplir una de esas normas según la Liga Profesional de Fútbol (LPF). Precisamente, se trataba de una de esas normas referidas al dinero que tanto demanda el fútbol moderno. Hasta que los juzgados hablen, el Depor hizo una mala gestión en su reconversión a Sociedad Anónima Deportiva (SAD). Pero es que el drama económico-deportivo en el que se sume Guadalajara no acaba en el fútbol, el equipo de Asobal de la ciudad también está padeciendo los sinsabores de la falta de recursos. El BM Guadalajara lo anunció allá por el mes de mayo y, aunque la directiva asegura que el cuadro morado seguirá en Asobal, la realidad es que la falta de dinero puede llevar al traste a uno de los mejores proyectos deportivos de la última década en Guadalajara. Dos realidades distintas, que nos afectan y que demuestran lo importante que es el poderoso caballero Don Dinero.

Festival Ducal de Pastrana: Objetivo cumplido

Cartel del XIII Festival Ducal de Pastrana.

Cartel del XIII Festival Ducal de Pastrana.

*Por Laureano Losada

A las 12 de la noche estoy sentado frente al palacio Ducal de Pastrana, todavía iluminado, y en el que resuenan los ecos producidos por las voces de la princesa de Éboli, Ruy Gómez, Antonio Pérez, Santa Teresa… Aún se sienten las siluetas de los calatravos, judíos, moriscos, aldeanos, músicos, niños, danzantes y clero que durante estos días nos han trasladado al al siglo XVI.

De esto se trata, de utilizar nuestro patrimonio, nuestras plazas, nuestras calles, nuestra cultura, nuestra historia para disfrutarlo y darlo a conocer. Aún estoy escuchando al ciego con sus romances, las lavanderas en los cuatro caños, los niños danzando, contándonos historias y recordando lugares y momentos del pueblo llano que vivió en aquella época. También oigo los cantos de aquella morisca que vino de las Alpujarras y que trajo consigo gran parte de la prosperidad de ese pueblo y a los judíos de la calle de la Palma con sus negocios.

Hemos celebrado el XIII Festival y la sensación que me queda es de satisfacción, y todo ello gracias al trabajo y la implicación de las distintas asociaciones que hacen posible todo esto: coral la Paz, Damas y Caballeros, banda de música, grupo de teatro Moratín y la gran mayoría del pueblo, que han engalanado las calles y han acompañado en todo momento los actos que se han celebrado hasta el día de hoy.

No me puedo olvidar tampoco de la colaboración de los establecimientos que han contribuido a la celebración de estas jornadas.

Estamos en tiempos difíciles, pero aun así la cantidad de gente que ha visitado Pastrana estos días ha superado con creces la de ediciones anteriores. Los objetivos de promoción cultural y turística se han visto cumplidos.

La seña de identidad de nuestro festival en torno a las figuras de dos mujeres, Ana de Mendoza y Teresa de Jesús, marcan un hecho diferencial con la mayoría de las fiestas históricas de nuestro país. Desde el principio era nuestra pretensión el recrear el Renacimiento lo más fielmente posible y un año más se ha conseguido. Desde este momento estamos empezando ha construir el próximo Festival, con nuevas ideas, proyectos e ilusiones.

Laureano Losada.

Laureano Losada.

*Laureano Losada González nace en Orense en 1954. En 1970 se traslada a Pastrana, donde finaliza el Bachillerato, y realiza la carrera de Magisterio en Guadalajara, actividad que ejerce en distintas localidades de la provincia. En la actualidad es profesor de Historia en el IES Leandro Fernández de Moratín. Ha estado vinculado a diferentes actividades culturales y deportivas en la Villa Ducal. Es presidente de la asociación Coral la Paz, así como presidente de la federación de asociaciones que organiza el Festival Ducal de Pastrana. 

No eres de Guadalajara si…

Imagen que ilustra el grupo de Facebook "No eres de Guadalajara si...

Imagen que ilustra el grupo de Facebook “No eres de Guadalajara si…”. // Foto: http://www.Spaincenter.org

Por Concha Balenzategui

La cita “El nacionalismo se cura viajando” se le atribuye a Unamuno, a Baroja, e incluso a Cela, que para estas cuestiones internet es un pozo de confusión. Estoy muy de acuerdo con la frase, aunque yo suelo decir más que “viajando se nos borra la raya de la boina”. Es lo que en estos días de vacaciones hacen o tratamos de hacer muchos: conocer otros lugares, recorrer otras provincias y otros países.

En esa mirada al exterior aprendemos que en muchas partes cuecen habas y que no en todas atan los perros con longanizas. Establecer comparaciones con nuestro propio terruño es inevitable, y lo cierto es que cuando viajamos nos damos cuenta de algunas virtudes, y también de los defectos de nuestra propia ciudad. En este campo suelen darse dos actitudes bien diferentes: La del que piensa que su tierra es el ombligo del mundo y no encuentra nada a su gusto si la temperatura, el paisaje, la comida o las costumbres del lugar visitado no se acomodan a lo que acostumbra; y por otra parte, la actitud de quien está dispuesto a creer que cualquier sitio que pisa es “lo nunca visto”, y por supuesto, siempre, mejor que Guadalajara. Llevadas al extremo, tan cateta puede ser una actitud como la otra.

Tengo varios conocidos entre los dispuestos a sacar fallos a la ciudad en que viven, a poco que se pinte la ocasión. Y ante la mención de cualquier otro lugar, comentan que es más animado, más limpio, más surtido, “más mejor”, en definitiva, que nuestra Guadalajara. Me refiero a afirmaciones como “qué buen comercio tiene tal sitio”, “qué marcha hay en esta zona”, “qué bien se come aquí”, “qué bien han restaurado el patrimonio”, seguidas de la apostilla inmediata: “No como en Guadalajara”. Para estas personas, casi todas las ciudades españolas han mejorado radicalmente en los últimos años para bien, pues han visto crecer nuevos y modernos barrios, arreglos en la parte histórica, más sensibilidad con la limpieza o los parques… Pero nunca hay un reconocimiento a lo que Guadalajara tiene, conserva o logra, probablemente porque los cambios no se aprecian en el día a día.

Mucho postureo, pienso cuando oigo eso tan guadalajareño de que “en Guadalajara no hay nada” a personas con las que nunca coincido en el Buero Vallejo, en una actividad de la Biblioteca, dentro del Moderno (o en la puerta, últimamente), en el cine, en un concierto en el TYCE, ni en ninguna actividad cultural. Probablemente esos mismos no han pisado el interior del Museo Provincial, la cripta de San Francisco o los torreones de Alvarfáñez o el Alamín, aunque cuando van a otra ciudad están dispuestos a abrir la boca con cualquier gancho turístico que les pongan por delante. Y luego ya está la afirmación categórica de que Guadalajara “es una ciudad dormitorio”, sin nada de valor, comparable a Alcorcón (o Getafe, o Parla, que para el caso da igual), aunque un poco más provinciana. Más paleta, ya me entienden.

A mí en estos casos me pasa como con la familia, que puedo quejarme de los defectos de mis parientes, pero ¡ay del extraño que se meta con uno de ellos! Y aunque muchas veces yo misma haya lamentado un aspecto determinado de la ciudad, o muchos, si alguien se pone en plan criticón con Guadalajara, incluso haciendo las mismas apreciaciones, me dan ganas de sacar las uñas.

Y eso que yo no soy de Guadalajara. Quiero decir que no soy una “GTV” (ya saben, los de-Guadalajara-de-toda-la-vida). “Sólo” llevo viviendo aquí casi 30 años (un día de estos les cuento unas cuantas anécdotas de mi llegada) y a pesar de mi falta de partida de nacimiento, me han admitido en ese grupo de Facebook llamado “No eres de Guadalajara si no…”. Con este hilo argumental, el grupo lleva una semana atrapando seguidores con las más variopintas conversaciones que repasan los establecimientos de antaño, los tipos característicos, o esas costumbres más nuestras, que también las tenemos. Entretiene un rato este paseo por los comentarios, porque viene a demostrar que Guadalajara tiene mucho buen rollo, al menos en la idiosincrasia colectiva. Aunque uno no se haya comido un bocata en el Cardón, ni se haya fotografiado el día de su boda en los patos de San Roque, ni haya comprado cigarros sueltos a Pepito, seguro que sabe de lo que se está hablando, y le despierta una sonrisa de oreja a oreja.

Este tipo de modas -tan virales como pasajeras, sin lugar a dudas- beben de la nostalgia colectiva que abarca a varias generaciones, y también del sano ejercicio de reírse de uno mismo. El éxito está asegurado con fenómenos como “Ocho apellidos vacos” o aquellos “MadeInGu” con que la genial Laura Domínguez recuperaba los logotipos de ‘Los Mielitos’, la leche Legu o los recreativos Ju-ju.

Ni siquiera el grupo es original de Guadalajara. Los hay similares en Tomelloso, en los pueblos de Granada, de Valencia, en Toledo, y en casi todos los lugares de España. Pero viene a demostrar, al tiempo, que Guadalajara también tiene su identidad, no necesariamente insulsa, por mucho que algunos se empeñen en asemejarla a la de Leganés o a la de Vicálvaro. Y que esta personalidad nuestra se fundamenta tanto en los Mendoza, como en tipos populares como la Follolla, el Mangurrino, el citado Pepito, o la lotera Hermenegilda Portillo. Tanto en sus batallas históricas, como en los conciertos míticos que compartimos y recordamos.

Vista de Guadalajhara desde la Ronda Norte. // Foto: ojodigital.com

Vista de Guadalajhara desde la Ronda Norte. // Foto: ojodigital.com

Por otro lado, sin apelar a las vivencias nostálgicas, ni a las farras pasadas, hay gente a la que la ciudad le parece bonita y sus rincones dignos de aparecer en un vídeo. Son los chavales del club Viana, que se sienten “happy” en la ciudad.

No quiero acabar estas reflexiones sin hacer un listado de grandezas de Guadalajara, esas que nos pasan desapercibidas, de las que nos damos cuenta al regreso de nuestro viaje, o cuando la miramos con los ojos de un visitante. Empiezo yo y ustedes, si están en esta onda, me siguen:

- Guadalajara está a poco más de media hora de Madrid, y de toda su oferta de ocio, cultural, deportiva o comercial.
- Guadalajara está a cinco o seis horas como máximo de cualquier punto de la península que uno quiera visitar.
- Guadalajara es la cabeza de una provincia preciosa, de variados paisajes y rico patrimonio.
- Guadalajara capital tiene uno de los porcentajes más altos de superficie de parques y zonas verdes por habitante de toda España.
- Guadalajara tiene el tamaño idóneo: La medida está en que no puedes subir la calle Mayor o el paseo Fernández Iparraguirre sin saludar a alguien, y al tiempo siempre puedes conocer gente nueva.
- Guadalajara tiene un teatro con mil butacas en un edificio vanguardista que es una auténtica joya arquitectónica y que ofrece variedad y calidad.
- Buena parte de la población de Guadalajara ha nacido fuera de ella: los GTV están en minoría y dan color.

¿Me apuntan alguna más?