¿Más racismo?

Por Ana María Ruiz

La Federación de Enseñanza de UGT, con la colaboración del Departamento de Migraciones del Sindicado y la financiación del Fondo Europeo para la Integración Social de los Inmigrantes, ha puesto en marcha la campaña “Stop Racismo: educar para encontrarnos, educar sin exclusión”, que se va a desarrollar en los centros de Primaria y Secundaria de Guadalajara a lo largo de los próximos meses. El objetivo es promover la educación intercultural sensibilizando a los alumnos para la construcción de escuelas inclusivas y evitar el rechazo a los que vienen de fuera en busca de una vida mejor.

Ésta no es la única actividad que se lleva cabo en la provincia para fomentar el respeto mutuo entre ciudadanos de distintas nacionalidades, ya que existen numerosos programas de integración desarrollados por otras organizaciones sociales, pero me sirve como excusa para abordar un tema delicado, políticamente incómodo, en el que suele primar la hipocresía y del que se ha hablado hasta la saciedad: el racismo.

Imagen de uno de los programas de atención lleva a cabo Cáritas en la provincia. //Foto: Cáritas

Imagen de uno de los programas de atención lleva a cabo Cáritas en la provincia. //Foto: Cáritas

En los últimos meses, me ha llamado la atención que cada vez nos da menos miedo decir lo que realmente pensamos del fenómeno de la inmigración. No sé ustedes, pero yo cada vez oigo a más personas que en conversaciones de colegio, barra de bar o de calle afirman: “Cada vez me estoy haciendo más racista”. Comentarios como “nos están quitando el trabajo”, “se quedan con todas las ayudas”, “se las saben todas para pedir” y “que se vayan”, van tomando mayor fuerza conforme avanza la crisis y este país y esta provincia no ven salida al grave problema económico que padecen cientos de familias.

Desde las organizaciones que tratan directamente con los inmigrantes se viene llamando la atención sobre el creciente rechazo que la sociedad española tiene hacia este colectivo. Incluso la ONU, en las conclusiones del décimo aniversario de la Declaración de Durban (Conferencia Mundial contra el Racismo celebrada en septiembre de 2011 en Nueva York) reconoce que “la xenofobia en sus diferentes manifestaciones es una de las principales fuentes y formas contemporáneas de discriminación y conflicto y para combatirla los estados y la comunidad internacional tienen que prestarle urgente atención y adoptar rápidamente medidas”.

Por ello, cobran más importancia campañas como la que está llevando a cabo FETE-UGT, aunque soy de la opinión de que son precisamente los niños los menos excluyentes, fundamentalmente porque conviven a diario con compañeros extranjeros en las aulas con toda normalidad, juegan con ellos en el recreo o en el parque y no dan más importancia a su lugar de procedencia, a sus creencias o al color de su piel porque su trato con ellos viene desde las edades más tempranas, por lo que todavía no están “contaminados” de los prejuicios de los adultos.

Rechazo. Personalmente no creo que todos los que se consideran cada vez más xenófobos o racistas lo sean en el sentido estricto de la palabra. Me inclino a pensar que lo que sienten es rechazo, miedo e incertidumbre ante las nuevas realidades que se imponen en un mundo cada vez más globalizado en el que la interculturalidad es un hecho. Por ello es necesario cambiar el chip y abordar esta nueva realidad desde otra perspectiva diferente a la de considerarnos los dueños del cortijo, porque nosotros también nos estamos convirtiendo en inmigrantes, especialmente nuestros jóvenes, obligados a marcharse de un país que no les ofrece ninguna posibilidad de futuro. Y nos gustaría que estos jóvenes fuesen tratados como iguales en los países que los acogen.

El proceso de adaptación debe ser mutuo. Los autóctonos debemos dejar de creer que este país nos pertenece en exclusiva y los inmigrantes no pueden pensar que llegan a España únicamente para beneficiarse de los múltiples recursos sociales a los que tienen acceso, sino que deben saber que esta nación además de proporcionar derechos, también está dotada de normas y leyes de obligado cumplimiento para todos, vengan de donde vengan y sean cuales sean sus circunstancias personales.

Sé que lo que voy a decir me va a granjear no pocas críticas, pero trataré de ser sincera. Para mí existen dos tipos de inmigración. La primera es la que aglutina a los extranjeros que vienen a trabajar y a convivir pacíficamente con nosotros. Estudian, trabajan, participan de la vida de la comunidad, se integran, son emprendedores, se forman, se interesan por conocer mínimamente el idioma, respetan las normas y contribuyen con sus impuestos al desarrollo de este país y de esta provincia. Bienvenidos sean. Pero también está la “otra inmigración”, la que no se integra, la que vive a costa de ayudas oficiales o parroquiales sin ninguna motivación ni ganas de trabajar, la que encuentra en la delincuencia su modo de vida, la que no tiene ningún interés ni ninguna intención de convivir con los autóctonos, la que crea sus propios guetos en los barrios, la que no se preocupa por conocer las costumbres ni el idioma, la que no participa en acciones formativas, la que no paga alquileres ni créditos y tan sólo consume recursos que hoy en día son escasos para todos. Esta inmigración es la que no queremos. Al menos yo no.

También creo que existen varios perfiles de ciudadanos autóctonos según su respuesta al fenómeno migratorio. Están los tolerantes: los que acogen al extranjero, le ayudan, le consideran como igual, se relacionan con total normalidad y conviven pacíficamente con ellos en pueblos y ciudades. Y están los intolerantes: los de “los españoles primero”, los que no soportan la presencia de los inmigrantes, les desprecian, no quieren que sus hijos acudan a los mismos colegios que “los de fuera”, fomentan la economía sumergida dándoles trabajo sin ningún tipo de relación contractual, los que les explotan en el ámbito laboral y, en definitiva, quisieran verles de vuelta a sus países de origen.

Propaganda electoral de la formación España 2000, que cuenta con un concejal en la vecina localidad de Alcalá de Henares.//Foto: www.alcalainos.es

Propaganda electoral de la formación España 2000, que cuenta con un concejal en la vecina localidad de Alcalá de Henares

Yo, sinceramente, no sé en qué bando me encuentro. Porque a veces soy tolerante, pero reconozco que otras muchas, dependiendo de las circunstancias, me vuelvo muy intolerante.

Los datos. Según los datos de la Secretaría General de Inmigración y Emigración del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, a 31 de diciembre de 2013 el número de extranjeros residentes en España con certificado de registro o tarjeta de residencia en vigor, es decir, con papeles, ascendía a más de 4,9 millones de personas, el 11,7% de la población total. De ellos, 206.748 viven en Castilla-La Mancha y 35.181 en Guadalajara. La provincia se sitúa por encima de la media regional en porcentaje de población inmigrante, que representa un 15,5% del total, con especial presencia en la capital, Sigüenza, la zona de Molina y en municipios del Corredor del Henares, situándose Azuqueca a la cabeza con un 22,7% de extranjeros. Por nacionalidades, la mayor parte son rumanos, seguidos de los marroquíes, colombianos, ecuatorianos y peruanos. Como curiosidad, en los últimos dos años se ha producido un incremento de llegadas de ciudadanos procedentes de Asia, especialmente de China, Pakistán y Bangladesh.

A estos números hay sumar el dato de los inmigrantes irregulares. La cifra no está contabilizada pero las ONG estiman que existen entre 15.000 y 20.000 personas sin papeles en la provincia.

En cuanto a su situación socioeconómica, tomo como referencia el último estudio del Observatorio Permanente de la Inmigración de Guadalajara (OPEGU) referentes al año 2012, a lo largo del cual se atendió a más de 3.000 personas, en su mayoría de entre 25 y 34 años, con hijos a su cargo, procedentes de Iberoamérica (35%), Asia (22%) y Marruecos (21%). Cabe destacar que el 73% entró en España de forma irregular. Sólo el 50% de los atendidos tenía regularizada su situación. En prácticamente la mitad de los inmigrantes atendidos, los únicos recursos de que disponía su unidad familiar provenían de prestaciones o subsidios o no tenían recursos. Según los datos del INE existen en la provincia 6.286 demandantes de empleo extranjeros y 2.881 perciben algún tipo de subsidio por desempleo o cobran la Renta Activa de Inserción. El 53% vivía en situación precaria de alquiler o realquiler en habitaciones o pisos en los llegan a hacinarse hasta tres y cuatro familias, detectándose una importante rotación de vivienda. Casi la mitad estaba en situación de desempleo o inactivos y el resto con ingresos derivados de alguna actividad relacionada con la economía sumergida en los sectores del servicio doméstico, la hostelería y el turismo. Dos de cada diez no tenía tarjeta sanitaria y habían perdido el derecho a tenerla por no poder renovar el permiso de trabajo, por lo que la mayoría acude a los servicios de Urgencias cuando padece algún problema de salud. Y destaca que un 88% de la totalidad de extranjeros objeto del estudio afirma no participar en el tejido asociativo de la ciudad o municipio donde reside pero sí toma parte en actividades religiosas o deportivas de su comunidad de pertenencia.

Condenados a entendernos. Lo cierto y verdad es que esa Guadalajara que hace años acogía con los brazos abiertos a los extranjeros se está volviendo poco a poco más intolerante. Los propios inmigrantes no contribuyen a su propia integración ya que apenas participan en la vida comunitaria de su lugar de acogida. Así, cada día es más notoria la división y la falta de espacios comunes de relación social. Existen zonas de “acceso único” y “reservadas” para los españoles, hay parques de Guadalajara literalmente tomados por latinoamericanos, colegios que se han convertido en reductos de musulmanes y calles comerciales plagadas de negocios asiáticos. Y esta división puede llegar a ser muy peligrosa porque fomenta el rechazo mutuo. Nos guste o no estamos condenados a entendernos. Si no ponemos todos de nuestra parte estaremos desandando un camino que hace años parecía muy prometedor por los enormes beneficios y en enriquecimiento cultural, social y económico que se generan en una sociedad multicultural, plural y globalizada.

El saqueo del cadáver

Panorámica de la Torre Caja Guadalajara,  en tiempos de su apertura // Foto: David Utrilla (Archivo El Decano)

Panorámica de la Torre Caja Guadalajara, en tiempos de su apertura // Foto: David Utrilla (Archivo El Decano)

Por Óscar Cuevas

Dicen que el Cid ganaba batallas incluso muerto. Su antítesis pudiera ser Caja de Guadalajara. La pobre ganó muchas peleas en vida, pero las está perdiendo todas siendo cadáver. No exagero. A “la nuestra” le roban en su tumba. Le hurtan lo que se le debe. Incluso alguien que no es su dueño tiene por algún lugar escondido un rico patrimonio cultural y artístico, ajeno, que pagó en su día la sociedad guadalajareña, y que ahora no sabemos si está en un guardamuebles, en los sótanos de una torre que se alquila por trozos, en un almacén de Sevilla, o en un contenedor del Puerto de Barcelona, guardado en una “caixa”. Triste epílogo para quien vivió 46 años cumpliendo una necesaria función económica (aun solventando sisas esporádicas de los mangantes de turno), pero a la que tras su deceso se la está sometiendo a un auténtico saqueo. A lo bestia.

No sé dónde estará “espiritualmente” enterrada la “ex nuestra”. Pero donde quiera que se encuentre debiera tener una lápida, con un epitafio que diga: “Aquí yace Caja de Guadalajara: 1964-2010. Nació con el desarrollismo tardofranquista. Murió arrastrada por los lodos de la hecatombe económica de España. Y no descansa ni muerta”.

José Luis Ros

José Luis Ros, en su despacho de la última planta de la Torre Caja Guadalajara, el día de su estreno // Foto: David Utrilla (Archivo El Decano)

La prueba de toda esta profanación nos la ha desvelado esta última semana una información de “El Confidencial”, que da cuenta de que el último presidente de la entidad, el socialista José Luis Ros, realizó en diciembre del año pasado una reclamación formal a la Junta de Andalucía. Señalaba Ros en su escrito que el otro “semi cadáver”, Cajasol (o más bien la fundación que de ella ha quedado tras su sucesiva disolución en Banca Cívica y Caixa Bank) no ha cumplido la parte de ese trato que se fraguó en 2009 y se cerró en 2010; aquella fusión primigenia y a la postre mortal para nuestros intereses. Un pacto con el que se suponía que se iba a crear la “Fundación Caja de Guadalajara”, esa que nos vendieron como cosa preciosísima para sustituir a la vieja Obra Social. Pero nada se ha hecho, y a la sociedad guadalajareña, a los más necesitados en buena medida, se les han hurtado millones de euros.

Pero tampoco ha debido cogerle muy de sorpresa a “la ex nuestra”, en adelante “la muerta”. Ahora todo es más cantoso porque huele peor. Pero el manoseo viene de lejos. Sí, hombre. A la Caja la manosearon prebostes del Franquismo para intereses particulares. La manosearon, mucho, durante más de 20 años, los dirigentes de la derecha provincial, con operaciones constructivas que más de una vez la dejaron al borde del síncope. Y la manosearon también sus últimos gestores socialistas.

La nonata fundación debía llevar años cumpliendo el papel social que hacía Caja Guadalajara // Foto: Archivo El Decano

La nonata fundación debía llevar años cumpliendo el papel social que hacía Caja Guadalajara // Foto: Archivo El Decano

Cierto es que con la Caja en vida la cosa iba pasando, porque al menos cumplía su misión: Daba crédito a emprendedores, concedía préstamos e hipotecas, generaba moderados beneficios, daba servicio al mundo rural, y además tenía una amplia Obra Social, cercana y útil, que trabajaba el ámbito benéfico, deportivo, cultural o de la cooperación al desarrollo. En definitiva, que la de Guadalajara fue en vida una pequeña caja de provincias más, como tantas, que funcionó con la pulcritud que lograron implementar sus responsables técnicos, superando las pobredumbres que en ocasiones le procuraban los dirigentes políticos, fueran estos aldanas, nuevos, secos, ortegas o roses.

Ros y Pulido

Ros y Pulido, en junio de 2010, cerrando detalles de la absorción // Foto: Archivo El Decano

No les negaré que me ha llamado la atención la posición indignada de Ros, que se muestra en su escrito -probablemente con razón- algo así como timado. Y culpa a Antonio Pulido, presidente de Cajasol (hoy imputado en varios procedimientos), con quien antes se daba abrazos, pero al que ahora acusa de haberse “pulido” el dinero.

Yo creo que está bien que Ros alertara en diciembre a las autoridades andaluzas de los incumplimientos de la Fundación Cajasol para con la nonata Fundación Caja Guadalajara. Pero pienso también que hubiera sido mejor que hace mucho, pero mucho tiempo, hubiera salido el turolense a dar la cara ante sus convecinos. Para denunciar lo que considere, claro, pero también para explicarse y pedir disculpas. Porque no podemos olvidar que, en los meses en los que se gestaba la fusión era Ros quien sacaba pecho. Era él quien vendía el acuerdo a Guadalajara como una obra maestra de la negociación; quien aseguraba que la operación suponía adelantarse a la realidad del proceso de fusiones español.

La Torre ahora se alquila por metros y ha quedado vacía // Foto: lacronica.net

La Torre ahora se alquila por metros y ha quedado vacía // Foto: lacronica.net

Fue también él quien prometió con insistencia que la Caja sería la última en salir de los pueblos; “la que apagaría la luz”, decía. Y fue Ros quien se puso el mundo por montera para, con sus visionarios poderes económico-urbanísticos, impulsar la mega operación de salir del centro de la ciudad para construirse una torre junto a El Corte Inglés. Una torre que pagamos todos a escote en virtud de que la Junta de Comunidades se la financió, al comprarle la sede anterior. Pero ya saben cómo ha acabado la torre.

José Luis Ros era, qué demonios, el garante personal de todos esos acuerdos, decisiones, cambios y saltos al vacío. Así que quizá se sienta hoy legítimamente engañado; pero debiera percatarse de que buena parte de la sociedad provincial le puede ver a él como el engañador.

Aunque sólo sea por todo lo que ha sido en el ámbito político, Ros debe reaccionar, abierta y públicamente. Debe dar la cara ante sus convecinos. Aquí nos conocemos todos, y todos sabemos que Ros, profesor de Historia y habilidoso fontanero político, fue enchufado a la Presidencia de la Caja en virtud de ningún talento económico. Y que se guardó para sí la baza de ser vicepresidente quinto de Cajasol. Y que también se guardó la de ser presidente de la ilusoria Fundación. Y que todo eso lo hizo, como dicen en el sur, “llevándoselo muy calentito”. Pero mucho, durante mucho tiempo. ¿Por qué durante 4 años Ros ha sido una tumba? ¿Por qué ha rehusado tropecientas peticiones de entrevistas a medios de comunicación? ¿Por qué nadie sabe si sigue cobrando de Cajasol? ¿Por qué vendió en mil ruedas y notas de prensa la fusión inicial, pero luego las otras dos subsiguientes absorciones jamás se explicaron a los guadalajareños?

Asamblea

Momento en el que la Asamblea de Caja Guadalajara votaba la fusión en Cajasol // Foto: Archivo El Decano

Ros, Pulido y Román

Ros, Pulido y los gobiernos andaluces y castellano-manchego pactaron la operación con el PP // Foto: D.Utrilla (Archivo El Decano)

Pero no sólo se trata de Ros. También deberían explicarse públicamente quienes políticamente le acompañaron en las decisionies. Porque a nadie se le olvide que la fusión se votó por unanimidad en el Consejo de Administración, y por cuasi unanimidad en la Asamblea. Y que todo fue pactado con el PP guadalajareño y regional, reparto de cargos en el Consejo de Administración sevillano incluido. Uno de ellos, por ejemplo, fue para el gerente (caray con los gerentes) del PP provincial.

He leído, por fin, unas breves declaraciones de Ros en las que sugiere que la Diputación, como impulsora de la Caja, debiera liderar las necesarias acciones legales; que la entidad no puede hacerlo “per sé”, porque no existe; y que hay una “obligación moral”. Estoy de acuerdo; pero quizá el primero que deba acudir al Juzgado sea el propio Ros. No parece que las tasas judiciales le puedan suponer mucho quebranto a su alto nivel de vida. Que denuncie, ya; solo, o en compañía de otros. Pero que lo haga. Hay obligación moral.

El Infantado, patrimonio de Guadalajara ¿Y de la humanidad?

Postal del Palacio del Infantado antes de la Guerra Civil. // Foto: http://perso.wanadoo.es/jarecio/album/Guadalajara/

Postal del Palacio del Infantado antes de la Guerra Civil. // Foto: http://perso.wanadoo.es/jarecio/album/Guadalaj ara/

Imagen del Palacio del Infantado después de la Guerra Civil. // Foto: http://humanidadestoledo.uclm.es/

Imagen del Palacio del Infantado después de la Guerra Civil. // Foto: http://humanidadestoledo.uclm.es/

Por Marta Perruca

Mi padre suele relatar que cuando él hizo la mili, allá por el año 55 del siglo pasado, el cuartel se encontraba frente al Palacio del Infantado y los militares custodiaban la llave de unos sublimes restos abatidos por los bombardeos, durante la Guerra Civil. Cuenta que en su patio interior yacían los leones derrotados en el suelo y que al atravesar el umbral de la puerta se encontraban con un cielo abierto. Sin embargo, la belleza de esos restos seguía atrayendo a un buen número de curiosos y visitantes.

El aspecto actual del edificio más emblemático de Guadalajara se debe a la reconstrucción que se abordó a principios de los años 60, cuando fue cedido a la Diputación Provincial para realizar un gran proyecto museístico, iniciándose así su rehabilitación y reconstrucción, aunque el edificio ya no recuperaría jamás el esplendor que tuvo en el Renacimiento, perdiéndose para siempre sus excepcionales artesonados mudéjares, únicos en el mundo.

No sé a vosotros, pero a mí la imagen de esos leones -que hoy vemos colgados en esos excepcionales arcos mudéjares- arrinconados y sedientos de admiración en un patio cebado de ruina, siempre me ha parecido demoledora. Quizá porque son incontables las horas que he permanecido absorta en cada uno esos complejos trazados, cuando las horas de estudio se me antojaban casi mágicas en aquellas robustas mesas y sillas de porte elegante de la antigua sala de estudio de la Bibliteca Provincial, antes de que se mudara a otro Palacio, el de Dávalos. Allí también me maravillaban sus balconadas, que rematan la fachada más noble del edificio y los paseos por sus modestos jardines, quizá no tan pomposos como lo fueran en su tiempo, pero aún con cierto encanto.

Supongo que algo parecido debieron sentir los vecinos de la postguerra en Guadalajara al contemplar las postrimerías de un majestuoso Real Alcázar, que hoy desluce un aspecto ruinoso, o los que todavía en nuestro tiempo tienen que  lamentarse de los antiguos palacios que han sucumbido a la bola de demolición, como el Palacio del vizconde de Palazuelos , que aliñó tantos momentos en aquella vieja taberna del Boquerón.

Afortunadamente y, una vez superada esa dura posguerra, los años de desarrollismo tuvieron a bien recuperar parte del esplendor del Palacio del Infantado, puede que tarde, aunque como dice el dicho, más vale tarde que nunca. Y digo que es una suerte, porque lo cierto es que esta ciudad no destaca precisamente por un correcto tratamiento y puesta en valor de su patrimonio y a la vista está que la que fuera un verdadero centro cultural impulsado por la Familia Mendoza, esa hermosa ciudad de los campanarios, hoy nos devuelve una imagen fría y gris, que quizá solo se disuelva un poco en sus numerosos parques y zonas verdes.

Ya lo he dicho otras veces: Guadalajara adolece de un verdadero problema de autoestima, que incluso, en cierta medida, se traslada a toda la provincia. Me comentaba un conocido que durante unas jornadas sobre turismo se ofreció una estadística por provincias en la que aparecía Toledo, Cuenca, Ciudad Real y Albacete y se obviaba a Guadalajara, englobada en el apartado “otras provincias” donde solo aparecía reflejado Sigüenza. Es una realidad que nuestra provincia atesora un importante patrimonio histórico, artístico y medioambiental y, sin embargo, es esa gran desconocida, como también lo es el Palacio del Infantado o los tesoros del Museo Provincial, que alberga en su interior, por cierto, el más antiguo de España.

Ayer me alegraba al leer la noticia de que el Palacio del Infantado se contemple como un posible candidato a ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Es un proceso complejo y este representa un pequeño paso. En el año 2003 el Ayuntamiento de Guadalajara quiso que este emblemático edificio pugnara por la declaración, pero no encontró el apoyo del Gobierno regional. Ahora, después de una década, al menos podemos decir que la Consejería de Educación, Cultura y Deportes tiene la intención de elaborar y presentar la documentación necesaria para que este monumento figure  en la “Lista Indicativa” de Patrimonio Mundial, un requisito previo e indispensable para que el edificio pueda ser contemplado para optar a la declaración. La Dirección General de Cultura, según publica la prensa, ha informado al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte durante el Consejo de Patrimonio Histórico celebrado en Lanzarote, de la próxima presentación de la candidatura de este inmueble a dicho inventario previo. Es un paso simbólico, más que otra cosa, pero ahí está.

Nada más conocer la noticia, mi primera reacción ha sido valorar las posibilidades de nuestro monumento, consultando la lista de aquellos que ya lo son. Sinceramente, lo he hecho con ciertos prejuicios infundados en ese problema de autoestima, que aunque consciente de ello, en el subconsciente, muchas veces se vuelve poderoso. El Palacio del Infantado es muy bonito ¿pero lo suficiente como para que la candidatura salga adelante?

Entre los diversos lugares que podría elegir para preparar mis exámenes de la carrera, la antigua biblioteca, en este Palacio del Infantado, ganó por goleada, quizá porque cuando llegué a esta ciudad que, en superficie, siempre me había parecido fría y gris, el Palacio del Infantado se me mostró sublime, al mismo tiempo que cálido y acogedor. Allí se encontraba y se encuentra aún, la sede del Museo, con sus numerosos e ignotos tesoros y el Archivo Provincial  -hoy recogido en un edificio de nueva construcción- donde se escondían todos nuestros secretos, convenientemente archivados en vetustos legajos y no tan antiguos. Se respiraba un ambiente especial, como decía, casi mágico, que llegaba al cenit en ese fin de semana especial de junio, cuando las palabras se apoderan del Palacio, durante el Maratón de los Cuentos.

Creo que eso es lo que ocurre cuando los grandes monumentos de una ciudad adquieren un uso público y se convierten en parte de nuestra vida cotidiana, que uno aprende a amarlos y a entenderlos como suyos, como parte de su identidad y, entonces, la poderosa imagen del edificio, tal y como lo conocemos, reducida a escombros amontonados en un patio, resulta impactante.

Además de contar con algunos requerimientos, que se tienen en cuenta a la hora de valorar una candidatura, como su belleza formal y el hecho de constituir un referente artístico y cultural, la UNESCO contempla lo siguiente: “Estar directa o tangiblemente asociado con eventos o tradiciones vivas, con ideas o con creencias, con trabajos artísticos y literarios de destacada significación universal”.

Las palabras se apoderan del Palacio del Infantado, durante el Maratón de los Cuentos. // Foto: http://www.afgu.org/

Las palabras se apoderan del Palacio del Infantado, durante el Maratón de los Cuentos. // Foto: http://www.afgu.org/

Y es que parece obvio que no existe mejor manera de perpetuar, poner en valor, dar a conocer y conservar nuestro legado patrimonial, que integrarlo en la vida diaria y cultural de una ciudad. Recuperar el Palacio del Infantado y convertirlo en el principal epicentro de la cultura en Guadalajara siendo la sede del Museo Pronvincial más antiguo de España, para albergar después un evento de alcance internacional, como el Maratón de los Cuentos, fue un gran acierto.

Es por ello que resulta incomprensible que se  trate de hacer política con el patrimonio que los vecinos de una ciudad han hecho suyo y se empiecen a cerrar las puertas a la celebración de eventos culturales que propician el intercambio de ideas al antojo de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, responsable de su gestión desde el año 1984, que considera política una conferencia del expresidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, y no una fiesta particular con motivo de la Interparlamentaria del Partido Popular, o que decide, no se sabe muy bien bajo qué criterio, cobrar una entrada de tres euros para acceder a un edificio. Visto desde fuera alguien podría pensar que la entrada al Palacio del Infantado bien merece que se paguen tres euros, como se hace en otros muchos monumentos de nuestra geografía, pero no hay que olvidar que a fuerza de millones de instantes y recuerdos y, por mucho que la Junta ostente su gestión, este edificio pertenece a los guadalajareños y, además, eso es parte de ese valor intangible que incrementa su encanto y riqueza cultural, por lo que resulta incomprensible que se les vete la entrada.

Afortunadamente, y como hemos dicho ya en este foro, la Junta ha dado marcha atrás a la medida y en un mar de políticas desacertadas en cuanto a Cultura ha virado su dirección para apostar por nuestro Palacio para la obtención de un reconocimiento que brilla por su ausencia en la provincia y que, me atrevería a decir, no se debe a la carencia de valores que lo merezcan, sino a un arrastrado problema de autoestima.

¿Quién capitalizará el descontento?

Por este orden, representantes de Podemos, Ganemos, Equo, UPyD, IU y PSOE respaldaron a Manuel Granado, presidente de los guías, en la convocatoria de 'Abraza el Infantado'. // Foto: Cultura EnGuada.

Representantes de Podemos, Ganemos, Equo, UPyD, IU y PSOE respaldando a Manuel Granado, presidente de los guías, en la convocatoria ‘Abraza el Infantado’. // Foto: Cultura EnGuada.

Por Rubén Madrid

No sé ustedes, pero esperaba más asistencia a las últimas manifestaciones vividas en las calles de Guadalajara. Cerca de 400 alcarreños abrazaron el domingo el Infantado en un gesto de cariñosa reivindicación de puertas abiertas en el monumento. Fueron bastantes si se tiene en cuenta que la convocatoria llegó después de que las propias autoridades del “guateque” sofocasen su propio incendio, al dar marcha atrás al pago por acceder al Patio de los Leones. Pero no alcanzaron a sumar el medio millar que esperaba la propia organización: nada menos que catorce colectivos, todos los partidos menos el PP y un buen puñado de asociaciones culturales con muchos socios, mucho tirón en sus eventos y muchos seguidores en sus redes sociales.

Tampoco una semana antes la suma de esfuerzos de cinco plataformas y los sindicatos de la provincia logró un llenazo en las calles de la provincia a la altura de la confluencia de voces y de la intensidad y el volumen de los recortes que denunciaban. Sobraban los motivos, pero faltaron ciudadanos detrás de las pancartas. Estuvieron unos 2.000. Pero es que tampoco la manifestación de abril por el principal caos municipal de la legislatura, el servicio de autobuses, logró rebasar el millar de manifestantes. Aunque la política municipal no es un asunto que generalmente toque la fibra, siguen pareciendo más bien pocos como para dar por ganada la batalla en la calle.

¿Se ha agotado acaso el aliento? ¿Ha ingresado la ciudadanía en la senda del crecimiento y transita por la vía mariana de la buena dirección?

Detalle de la manifestación convocada para el 8 de noviembre por varias plataformas y sindicatos. // Foto: La Otra Guadalajara.

Detalle de la manifestación convocada el 8 de noviembre por varias plataformas y sindicatos. // Foto: La Otra Guadalajara.

Uno, que dedica un buen trozo de su tiempo a observar, tiene la impresión -y sólo es eso, una impresión- de que precisamente el hartazgo es tan desbordante que incluso hay cierta desidia a la hora de salir a la calle: la legislatura ha sido larga y caliente en movilizaciones. La indignación llega muy justa al ‘sprint’ final. Y la gente -esta es la impresión, insistimos- ya no quiere manifestarse, sino votar. Y probablemente este es el gran cambio operado entre los descontentos en apenas una legislatura, porque si en la antesala de las elecciones de mayo de 2011 eran muchos los que salieron día sí y día también a las calles -e incluso hicieron noche en las plazas- pero votaron con desgana o no votaron, sólo cuatro años después se observa que tienen ganas de votar incluso los que nunca solían tener demasiadas ganas de votar.

El malestar ciudadano seguiría ahí, pero la gran pregunta, a estas alturas de la película, sería otra: ¿quién logrará capitalizar este desconento? Y la respuesta nos remite a las caras que aparecen en la foto que encabeza este artículo, la de los representantes políticos que precisamente se sumaron a una de estas últimas manifestaciones.

UPyD. La marca PP es una marca depreciada. Ocurre con todo partido que gobierna en plena crisis y se lo ha ganado a pulso el PP con medidas no sólo impopulares sino ineficaces como solución a los problemas de los ciudadanos. Muchos de quienes creyeron en sus milagros están hoy defraudados, como le ocurrió al PSOE hace cuatro años. Y tampoco cala el mensaje de que la corrupción es cosa de todos: se ha filtrado hasta los cimientos de la sede de la calle Génova, se ha metido en su caja fuerte, ha acaparado casi todo el consejo de ministros de Aznar, ha campado por casi todas las comunidades donde ha gobernado… Todo esto también influye en las municipales, sobre todo en las capitales.

Y, por si fuera poco, el galimatías formado con el paso para delante y el paso para detrás de la Ley del Aborto de Gallardón ha enervado a su ala más radical. Veremos si el experimento surgido a principios de año, Vox, es capaz de pescar en este río revuelto de la derecha. Lo cierto es que su actividad pública en la provincia tras las europeas, en las que tampoco dieron la campanada, ha mantenido una intensidad muy baja. Si acudimos a su web o hacemos un barrido en sus redes sociales no hay aún debate ni propuestas en clave local. La misma incertidumbre trasladan, al menos de momento, proyectos como Ciudadanos -hace un par de días convocaron una reunión con vecinos, pero ningún medio informa de ella- o los independientes de la región que en principio se reunirán en torno a unas mismas siglas, UCIN.

Consejo local de UPyD, con su candidato a la Alcaldía, Dámaso Cabrera, segundo por la derecha. // Foto: Guadaqué.

Consejo local de UPyD, con su candidato a la Alcaldía, Dámaso Cabrera, segundo por la derecha. // Foto: Guadaqué.

Parece más posible que sea UPyD quien más se pueda beneficiar en Guadalajara del descontento entre ciertos sectores del centro y de la derecha. La formación magenta ha pasado casi toda la legislatura en blanco, después de una crisis interna que se solucionó con la renovación del Consejo Local a las puertas de las elecciones europeas. Su reaparición pública en los últimos tiempos da la sensación de un oportunismo forzado por la proximidad de las elecciones. Pero tampoco son los únicos. Y, con independencia de que haya ciudadanos que pongan sobre la balanza lo que unos y otros hacen entre elecciones, habrá muchos otros que vean en ésta opción el camino más corto para emitir un voto de castigo contra el PP. Y, en cualqueir caso, parecen dispuestos a recuperar el tiempo perdido: se han convertido en los primeros en ponerle cara a sus candidaturas, incluyendo a su alcaldable, Dámaso Cabrera. A partir de ahí, todo lo que tienen que hacer es aportar al debate local.

La suma de Ganemos. Tal vez muchos no sepan apenas nada de Ganemos, pero existe. Supone un ambicioso proyecto de articulación de movimientos políticos y sociales de izquierda de la ciudad, de cuyo banderazo de salida ya hablamos en verano con motivo de su primera asamblea; desde entonces siguen construyendo la compleja arquitectura del proyecto, con el reflejo de su confluencia en unas listas, un programa común y una necesaria presencia en la calle como justificación de su esencia ciudadana.

Un viejo dicho asegura que si se juntan dos tipos de izquierdas pueden formar tres partidos. Hace cuatro años el tercero en discordia acampó en la Plaza Mayor. Y el cuarto, la plataforma ‘Más de un ciudadano’, sumó algunos votos pero seguramente restó una voz de izquierdas en la Corporación, aun cuando su propuesta se parece tanto a la que ahora todos ponen en marcha de forma conjunta. El resultado fue que de aquellos que hoy se unen para poner en marcha un proyecto de ‘nueva política’, sólo IU obtuvo un edil y un diputado provincial que son, a día de hoy, el único y verdadero patrimonio del que parte esta iniciativa, porque las expectativas a rebufo de los aires de cambio en todo el país o de los resultados de las europeas son sólo castillos en el aire.

Pancarta de Ganemos Guadalajara en la manifestación 'Defiende tu tierra, defiende tus derechos'. // Foto: Ganemos Guadalajara.

Pancarta de Ganemos Guadalajara en la manifestación ‘Defiende tu tierra, defiende tus derechos’. // Foto: Ganemos Guadalajara.

Hasta donde uno sabe, la construcción de este proyecto camina sin prisas pero sin pausas. La ambición de su configuración se traduce en desgaste de tiempo y aquí radica tal vez uno de sus principales riesgos. Muchos de quienes pueden respaldarles en mayo no dudarán en hacer uso del voto útil para el PSOE de Guadalajara si no ven que Ganemos sea capaz de presentar un proyecto sólido cuando la carrera acelere, sseguramente en cuanto estrenemos el calendario de 2015. Más allá de su capacidad para articular un movimiento de izquierdas y a su vez un laboratorio de democracia ciudadana con presupuestos participativos y una candidatura pegada a un verdadero código ético, para muchos ciudadanos lo que está en juego es un asunto central: desbancar al PP. Dicho sin circunloquios: quieren fuera del Consistorio a Román, a Guarinos de Diputación y a Cospedal de Fuensalida. Y eso, que incluso para el PSOE supone un esfuerzo ímprobo, desde este otro ámbito sólo se hará sumando. Y sumar exige, paradójicamente, ciertas renuncias de lo propio.

Podemos. Las encuestas estatales les sitúan como la tercera formación del país, casi en empate técnico con PP y PSOE. Acaban de culminar su proceso constituyente, cuyas principales consecuencias han sido aupar a la cúpula al grueso de los miembros fundadores y conformar una estructura de partido más clásica de lo que pregonaban, pero menos clásica de lo que les reprochan quienes ventilan el asunto diciendo que los de Iglesias ya son casta. Otra de las consecuencias directas para lo que aquí nos toca, en el análisis local, pasa por la renuncia a ingresar en los ayuntamientos. Es obvio, por más circunloquios que ofrezcan, que no quieren arriesgar su marca en la arena municipal. En esta estrategia sobran los románticos y los valientes. Es un planteamiento tremendamente conservador, pero que deja abierta la puerta de la democracia participativa a los Ganemos.

Integrantes del círculo de Podemos en la manifestación del día 8 // Foto: Facebook Podemos Guadalajara.

Integrantes del círculo de Podemos en la manifestación del día 8 // Foto: Facebook Podemos Guadalajara.

La renuncia de Podemos a la batalla local deja no obstante una batería de dudas. ¿Qué papel está dispuesto a jugar su círculo arriacense en la candidatura de convergencia? ¿Le importan las diputaciones lo suficiente como para respaldar una marca en la que puedan confluir también otros ‘ganemos’ de la provincia? ¿Se presentará Podemos a las elecciones en Castilla-La Mancha? ¿Lo hará también si tira para adelante -ha habido ya una asamblea fundacional- de ‘Ganemos’ regional? ¿Cuál es el discurso de Podemos en una escala provincial y local? ¿Qué propuestas tienen para mejorar la vida de los guadalajareños en materia fiscal, de empleo o de infraestructuras? ¿Defienden, si es que es posible, la remunicipalización de los servicios públicos? ¿Cuál es el modelo de ciudad para Guadalajara capital?

En una entrevista emitida el jueves en Televisión Guadalajara en la que tuve oportunidad de participar, sus dos portavoces insistían en pedir tiempo para elaborar su proyecto para Guadalajara. Embarcados en sus asuntos internos, hasta ahora han aportado muy poco al debate local. Llegan subidos en la cresta de la ola, con un discurso renovador y ganador, con una fantástica imagen comercial, pero a partir de ahora tendrán que empezar a dar respuesta a muchas de estas preguntas. Hay pocas noticias de Podemos en Guadalajara, y se les espera.

José Luis Maximiliano, concejal de IU. // Foto de http://jlmaximiliano.blogspot.com.es/.

Maximiliano, edil de IU. // Foto de su blog personal http://jlmaximiliano.blogspot.com.es/.

IU. Desde un extremo opuesto parte Izquierda Unida. Aporta experiencia en la vida municipal, un muy buen concejal como José Luis Maximiliano y un diagnóstico profundo de la sociedad guadalajareña al que proponen soluciones desde su perspectiva ideológica. Y están renovando su etiqueta. Cayo Lara ha renunciado a concurrir a las primarias, abriendo así el particular proceso de renovación interna que tantos consideraban imprescindible en la coalición. El gesto, si finalmente acaba con la llegada de líderes del perfil de Alberto Garzón, reafirma procesos como el que vive IU en Guadalajara, de mayor apertura a la ciudadanía. IU, al menos en nuestra ciudad, parece consciente de que por sí misma no constituye el retrato completo de la izquierda. Sus dirigentes alcarreños están poniendo mucha carne en el asador, pero también tienen mucho más que perder que nadie. Su fortaleza es también su debilidad. La apuesta por la confluencia tiene sus costes, como la renuncia (mayor o menor, ya veremos) a las siglas, un sacrificio directamente proporcional a su aproximación al 15M. Presupongo muchos desvelos entre sus dirigentes para culminar este encaje.

En Ganemos está también Equo, que no sólo pinta de verde el programa, sino que tiene su público y aporta talento y una experiencia política a medio camino de IU y Podemos. La formación ecologista entendió también en Guadalaajara que su papel pasaba por sumar, como lo comprendieron sin ponerse estupendos desde ‘Más de un ciudadano’. A pesar de todo, la agrupación ciudadana recién nacida ha venido renunciando desde sus inicios a ser una sopa de letras para colgar de su percha todas las propuestas que converjan, también desde colectivos sociales o con el concurso de ciudadanos no adscritos a organizaciones.

PSOE. La agrupación local socialista intenta sobreponerse al batacazo histórico de hace cuatro años, tiene un electorado que por sí mismo no logra mayorías y se enfrenta a no pocos desafíos externos e internos que puso encima de la mesa mi compañero Óscar Cuevas en su artículo ‘Primarias a tres bandas’, por lo que no volveremos a ahondar mientras nos haya mucho más que decir. Sus tres precandidatos, que han obtenido los avales necesarios, presentan perfiles muy diferenciables que a buen seguro pondrán un acento propio al proyecto que finalmente se impulse. Pero también en la elección de su candidato un paso en falso puede resultar un error sin marcha atrás.

Aun con todas las dudas que puedan generar sus nuevos liderazgos estatal, regional y local, los socialistas presentan de partida un ‘producto’ más previsible, o, dicho en positivo, identificable. Y eso genera confianza. Incluso con la tibieza o la falta de ambición que a menudo hemos juzgado desde aquí mismo al abordar su estrategia en plena crisis, lo cierto es que cualquier elector se hace hoy en día mucho mejor a la idea de qué puede esperar de un socialista en el Consistorio frente al perfil mucho menos nítido de otras iniciativas donde se están operando cambios mucho más profundos. Lo que aquí hay es un partido con una estructura tradicional, con los dos pies en las instituciones y al que se le presupone una hoja de ruta clásica que culmina en una campaña al uso.

Aún así, queda mucho tiempo. Algún maestro me enseñó que seis meses en política son un mundo. Las primarias en el PSOE y la presentación de candidatos de UPyD sólo han inaugurado esta carrera contra un mismo archienemigo que consiste, desde ya, en responder a la pregunta de quién va a ser capaz de capitalizar el malestar ciudadano. Ese descontento que esta vez tiene hambre de urnas.

Asustapadres

El subdelegado de Gobieno, Juan Pablo Sánchez, junto al teniente coronel de la Comandancia de la Guardia Civil,  Pascual Luis Segura. // Foto: Lacronica.net

El subdelegado de Gobieno, Juan Pablo Sánchez, junto al teniente coronel de la Comandancia de la Guardia Civil, Pascual Luis Segura. // Foto: Lacronica.net

Por Concha Balenzategui

Como soy madre, como padre es Rafael Esteban, puedo entender perfectamente los motivos que llevaron al alcalde de Marchamalo a escribir el comunicado que el pasado miércoles inundó las redes sociales, hablando de un presunto intento de secuestro en el pueblo. Como soy madre, como padre es Juan Pablo Sánchez, entiendo también que el subdelegado de Gobierno quisiera contrarrestar toda sensación de alarma entre los vecinos, al día siguiente del comunicado.

No, no voy a situarme en la equidistancia en esta polémica, seguramente porque ni siquiera voy a entrar en el rifirrafe de las declaraciones. Pero permítanme algunas consideraciones más generales antes de “mojarme”, que es para lo que me “pagan” (dicho sea metafóricamente) con su lectura.

El mundo está lleno de padres y madres, personas que asumimos la importante tarea de sacar a nuestros hijos adelante, satisfacer sus necesidades básicas (alimento, vestido, cuidado), educarlos para convertirlos en buenas personas, y tratar de que sean felices. Ahí es nada. Pero desde el mismo momento en que se corta el cordón umbilical, los niños comienzan el camino irreversible de la autonomía, un camino que está lleno de peligros y amenazas que no podemos controlar. Desde el mismo momento en que actúan las tijeras en el paritorio, se descarga automáticamente en el cerebro de padres y madres una especie de aplicación de alerta para tratar de que a nuestro hijo no le pase nada malo. Por eso, como la mayoría de los animales con los que compartimos el planeta, se activan nuestros instintos de protección al cachorro ante la más leve amenaza.

En este contexto de inseguridad nos debatimos, con la preocupación inserta en nuestro ADN y nuestra sensibilidad a flor de piel, pero intentando mantener la cabeza fría para que la vida siga y nuestras criaturas crezcan sin volverlas ni volvernos locos. Así, nos acostumbramos a no intervenir en las pequeñas disputas del parque, para que también los niños aprendan a resolver sus propios conflictos, o nos permitimos dormir cuando el adolescente no ha regresado a casa de anochecida. Quizá también la pugna entre la preocupación y la cabeza fría hayan estado detrás de la actitud adoptada por Esteban y Sánchez en este episodio.

Una de las alertas que circulan por wasap estos días.

Una de las alertas que circulan por wasap estos días.

Pero prosigamos con el contexto social. El imaginario colectivo está lleno de figuras que tratan de inculcar en los niños el miedo como vieja fórmula para atajar los peligros que les acechan: El hombre de saco, el que regala caramelos en la puerta del colegio o las calcomanías impregnadas de sustancias estupefacientes… ¡Cuánto habremos inventado y nos habremos creído a un tiempo! Ocurre que, según evolucionan las amenazas, van transformándose las figuras del mal, encarnadas ahora por rumanos -casi siempre rumanos, a veces albanokosovares- que venden perfumes en tu propia casa o que te hacen encuestas a la entrada del cine, por citar dos de las alertas que he recibido últimamente en mi teléfono. Y ese es el problema. Que si el mensaje se mantiene muy similar, solo cambiando los personajes, el medio es totalmente nuevo. Porque el miedo viaja ahora en grupos de wasap y en las redes sociales. Y lo hace a velocidad vertiginosa y con un impacto brutal por las constantes réplicas. Viralidad lo llaman.

Como afortunadamente no hay nadie dañado, vamos a recordar que al reciente caso de Marchamalo se une otro más el mes pasado en Alovera, cuando una alarma similar recorrió los grupos de wasap. A mi móvil había llegado otra más, muy parecida, el pasado verano, que hablaba de intento de secuestro de niños, y en este caso citaba la puerta de un supermercado de otra localidad del Corredor, indicando el color del vehículo del supuesto delincuente. Mi reacción fue y es la del susto inicial; supongo que es inevitable. Pero mi respuesta siempre ha sido la de no reproducir ningún mensaje “asustapadres” de este tipo. Cuando tengo tiempo, busco en los medios de comunicación una confirmación de que la denuncia existe y es pública, y si encuentro información, matizo o desmiento en el mismo grupo que la propaga. Con alguna historia rocambolesca de las que circulan, esas de los rumanos de las que hablaba, me ayuda bastante el perfil de Twitter de la Policía Nacional (@policia), que suele atajar los bulos que circulan.

Y este, el del premiadísimo community manager de la Policía, es un buen ejemplo de cómo adaptarse a los medios para transmitir información y cómo difundir alertas sin crear alarmas innecesarias. Y miren que es difícil hacerlo de forma impecable, cuando solo tiene 140 caracteres a su disposición. Estoy convencida de que, lejos de la guerra de declaraciones entre el subdelegado de Gobierno y el alcalde de Marchamalo, lo sucedido en estos meses, con un caso real y espeluznante como el del pederasta de Ciudad Lineal como telón de fondo y caldo de cultivo de nuestras angustias paternales, debería hacernos reflexionar.

Creo seriamente que las autoridades deben replantearse los protocolos de información y de alerta ante las emergencias en los nuevos tiempos. Sabiendo que el miedo es más viejo que nosotros y que el gusto por el chismorreo es inherente a la condición humana, pero también que los medios a nuestro alcance mucho más poderosos. Para bien y para mal.

Rafael Esteban, alcalde de Marchamalo. // Foto: PSOE

Rafael Esteban, alcalde de Marchamalo. // Foto: PSOE

No se han hecho bien las cosas en estas semanas, claro que no. Pienso que el alcalde de Marchamalo se precipitó, porque debía haber coordinado su información con la Subdelegación de Gobierno en lugar de alertar -o alarmar- por su cuenta. Y sobre todo que su mensaje no debía aportar datos que serán esenciales para la investigación (la descripción del vehículo y su conductor), pero pueden convertirse en una caza de brujas entre la población cuando no hay nada demostrado. Pero también prefiero recibir un mensaje firmado por un ayuntamiento, al que doy más credibilidad, como ocurrió en Marchamalo, que el caso de Alovera, donde el comunicado era más confuso, y a mí me llegó cuando ya había leído dos mensajes con versiones contradictorias sobre el supuesto ocurrido.

También pienso que el subdelegado, ese mismo que cuando era alcalde recorrió Pastrana megáfono en mano alertando a sus vecinos de que las monjas se llevaban los cuadros del convento, exacerbando los ánimos en un episodio en el que hubo hasta un obispo zarandeado, tendría que ser más comprensivo. No debería utilizar el tema para la pugna política, porque estoy convencida de que sus palabras hubieran sido otras si el alcalde “asustapadres” fuera del PP. Y sobre todo, debería informar. Pero claro, la Subdelegación el Gobierno casi nunca informa. Su máxima es que aquí no pasa nada, y si se reduce el parte de sucesos, la sociedad dormirá más tranquila. Y no es así. Si comunicara de forma más transparente, si desmintiera en los medios los bulos que circulan o los atajara con los hechos ciertos, estaríamos más informados. Seríamos menos presa del miedo irracional.

Y uso deliberadamente el término Subdelegación. Porque este modo de actuar es habitual en la institución, y no en este subdelegado en concreto. Las quejas por la opacidad son ya viejas en la prensa. Incluso recuerdo a María Dolores de Cospedal, siendo candidata, prometiendo ante los medios una mejor comunicación de los sucesos cuando el PP llegara al Gobierno. Pero de lo dicho nada. Las notas de prensa, redactadas en Toledo y no en Guadalajara, son escuetas y se limitan a contar los sucesos esclarecidos, los delincuentes detenidos, no los hechos denunciados. Las ruedas de prensa solo se dan para hablar de las operaciones exitosas. En lugar de un periodista encargado del asunto en la Subdelegación, en su puesto hay un recomendado militante sin conocimiento ni experiencia en comunicación. Últimamente veo más a Juan Pablo Sánchez ante los micrófonos azotando al PSOE, en su papel de secretario provincial del PP, que atizando a los “malos”, como subdelegado. Y no es de recibo.

Pero vuelvo a lo que nos ocupa esta semana: Es necesario que la Sudelegación de Gobierno convoque una reunión de la Junta Provincial de Seguridad y repase las últimas alarmas suscitadas en el Corredor. Y debe revisar con todos los implicados los protocolos de coordinación de la información y los pasos para comunicar las alertas a la población. Abrir canales directos e inmediatos con los medios de comunicación, y utilizar los nuevos medios que usa la población. De lo contrario, seguiremos asustados como en los tiempos del hombre del saco.

El Depor y su sino en Euskadi

El Depor se mantiene entre los cuatro primeros clasificados. Foto: Deportivo Guadalajara

El Depor se mantiene entre los cuatro primeros clasificados. Foto: Deportivo Guadalajara

Por Ana G. Hernández

Tres visitas al País Vasco, tres derrotas, tres expulsados y dos pérdidas del liderato. Ése es el balance de los viajes del Deportivo Guadalajara a Euskal Herria. Un balance negativo para el cuadro alcarreño que comenzó en la jornada 4 ante el Real Unión, continuó en la jornada 6 en Zubieta y se refrendó en Lezama este fin de semana. Un balance negativo al que todavía le queda para estar cerrado, puesto que el Depor deberá regresar por esas tierras en cuatro ocasiones más: Barakaldo, Sestao, Amorebieta y Leioa.

La mala racha en tierras vascas comenzó con un gol de Abel Molinero y con el Depor como líder de la categoría. Era la jornada 4 y los morados comenzaron en Irún una cuesta debajo de la que tardarían en recuperarse. En ese partido, el Real Unión remontó el choque, mientras Pérez Salvachúa daba la alternativa a Nouaman, hermano de Rida, y que vio la roja en las postrimerías del duelo. Era el minuto 92 y la expulsión no afectó al desarrollo del encuentro. Nada que ver con la roja que se ganó Rangel en Zubieta en el mayor correctivo que ha recibido el cuadro guadalajareño en lo que va de temporada. La Real Sociedad B endosó a los morados un doloroso 4-0 que vino a refrendar esos primeros síntomas que se entrevieron en Irún y que conducirían a cinco jornadas sin ganar y la eliminación de la Copa del Rey. Superado el bache con dos victorias consecutivas, el Depor volvió a morder el polvo en las Vascongadas con pérdida del liderato incluido. En esta ocasión, la expulsión de Gonzalo Verdú, por doble amarilla en el minuto 71, obligó a los alcarreños a buscar el empate de forma desesperada y avocó a una derrota merecida ante el filial del Athletic Club.

Se da la circunstancia, al igual que en la jornada 4, que los deportivistas regresarán a Euskadi en apenas dos semanas para enfrentarse al Barakaldo. Quizá un mal presagio o quizá la forma de quitarse de encima la estadística negativa que arrastran los de Pérez Salvachúa por estas tierras. Lo que está claro es que el puzle morado está lejos de verse colgado en las vitrinas del Pedro Escartín. Para el técnico, faltan un centenar de entrenos y más rodaje; para mí, que el entrenador encaje las piezas correctas y les dé confianza. Solo así se conseguirá el gran objetivo de la temporada.

El Rugby Guadalajara cumplió con la iniciativa solidaria. Foto: Nueva Alcarria.

El Rugby Guadalajara cumplió con la iniciativa solidaria. Foto: Nueva Alcarria.

Movember

“Un deporte de villanos jugado por caballeros”. Ese axioma que abraza al rugby tiene más vigencia que nunca durante este mes de noviembre. No en vano, es durante ese mes cuando los rugbiers aceptan dejarse bigote por una buena causa: recaudar fondos para concienciar a los hombres de la importancia del diagnostico precoz de enfermedades como el cáncer de testículos o de próstata. Y como no podía ser menos, el equipo de rugby de nuestra ciudad llevó a cabo la iniciativa que culminó durante este fin de semana con un partido en la Fuente de la Niña, tercer tiempo y concurso de bigotes incluido.

Aunque se trata de una iniciativa internacional y que incluso apadrinan gente del espectáculo, es en el rugby donde llega a su máxima expresión. Un deporte absolutamente minoritario en España, muy poco conocido y/o entendido y con muchos prejuicios de por medio. Claro que el rugby padece todas esas circunstancias en nuestro país, pero es mucho más que eso. Porque cuando te introduces en el mundo del balón ovalado, es imposible olvidarte de él.

El Rugby Guadalajara está en la Tercera Madrileña, ganando, perdiendo o simplemente dejándose la piel sobre la hierba enlodada todos los fines de semana. Y ahí, sobre la hierba enlodada permanecerá, divirtiéndose e intentando hacerse un hueco en la mente de los guadalajareños, incluso enseñando y fortaleciendo unos valores que en otros deportes se perdieron para no volver.

Reflexiones desde el Sur

La misionera y médico guadalajareña Rosa Muñoz, en Costa de Marfil, junto a hermanas de la congregación de Santa Ana.

La misionera y médico guadalajareña Rosa Muñoz, en Costa de Marfil, junto a hermanas de la congregación de Santa Ana.

Por Rosa Muñoz*

Vivimos en una realidad cambiante: Cuando nos levantamos no sabemos qué ocurrirá a lo largo del día. Pero es verdad que en Abidjan (Costa de Marfil) en estos momentos se respira paz, tranquilidad. Se están construyendo puentes, mejorando carreteras. Es verdad que nos gustaría que las gentes, y sobre todo los jóvenes, tuvieran trabajo, que pudieran disfrutar de una vida digna, que las calles estuvieran más limpias, que “l’emergence” de la que tanto se habla, supusiera desarrollo en todos los sectores. Y es verdad también que los musulmanes y los católicos bien en paz: El otro día asistimos a una boda en la que un musulmán convertido al catolicismo se casaba con una católica y recordé a las gentes del EI, tan de moda últimamente.

Es verdad que tenemos el ébola en los países limítrofes -Liberia, Guinea y Sierra Leona-, que el presidente del país vecino, Burkina Faso, ha sido expulsado del Gobierno y se ha venido a refugiar aquí, pero vivimos en paz. Las gentes lo que buscan es poder trabajar, comer, poder curarse y vivir en paz.

La estructura sanitaria en Costa de Marfil está bien organizada y aunque no es perfecta, desde hace muchos meses, casi un año, cuando se empezó a hablar de ébola, se fueron tomando las medidas necesarias: no comer cierto tipo de animales, prohibir su venta, poner cubos con grifos y agua, con jabón y papel para secarse las manos a la entrada de todos los edificios oficiales, oficinas y universidades, no establecer contacto físico, no darse la mano en las grandes asambleas, formación del personal sanitario, formación en los colegios… Ha existido sensibilización pero no miedo, todo se ha vivido con humor e intentando desdramatizar, que es como se viven la mayoría de las cosas. Hasta ahora no se ha publicado la existencia de ningún enfermo infectado por ébola en el país. Se sigue manteniendo el estado de alerta y se conservan las medidas preventivas.

Es una epidemia que ha despertado múltiples preguntas, al mismo tiempo que ha puesto al descubierto lo mejor y lo peor del ser humano, en todos los países y en los distintos lugares por los que ha pasado, ha hecho a cada uno a reflexionar sobre su actitud de cara a todas las situaciones que se han creado.

Desde aquí mi agradecimiento y mi reconocimiento a todas las personas sanitarias y no sanitarias que se han implicado en la ayuda a los enfermos, los que han dejado su vida en el surco y los que siguen con vida afortunadamente. Los que en el país siguen intentado que la vida siga adelante y los que desde fuera siguen ayudando.

La misionera y médico Rosa Muñoz. // Foto: Ecclesia

La misionera y médico Rosa Muñoz. // Foto: Ecclesia

No olvidemos a esos países que siguen luchando contra esta plaga y que una vez que la enfermedad se controle quedaran reducidos a la más absoluta miseria, ¿Cómo quedará la organización del país? ¿Escuelas? ¿Hospitales? ¿Estructura política? ¿Instancias oficiales? ¿Con qué personal se podrá contar para volver a poner en pie todo lo que ha sido destruido? ¿Y cómo quedaran las personas? ¿Cuántas heridas no habrá provocado esta situación? ¿Y los huérfanos? La historia se sigue repitiendo, vivimos un momento apasionante y tenemos la posibilidad de aprender de los errores cometidos. Como decía Gandhi: “¡O vivimos todos como hermanos, o moriremos todos como idiotas!”.

*Rosa Muñoz nació en Guadalajara hace 50 años. Es miembro de la congregación de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, en cuyo colegio, en nuestra capital, estudió la Primaria y el Bachillerato. Después cursó medicina en la Universidad de Alcalá de Henares y Medicina Tropical en Barcelona. En 1994 conoció África y desde entonces ha ejercido allí la Medicina de forma continua. Primero estuvo en Ruanda, después en El Congo, y actualmente en Costa de Marfil. Su misión no ha sido fácil, y entre otras visicitudes, fue secuestrada junto a otras misioneras de su congregación durante la guerra de Ruanda. En estos años ha vuelto periódicamente a Guadalajara, y aunque no es muy amiga de los actos públicos, en 1998 fue la encargada de pronunciar el pregón navideño en Guadalajara. Ese mismo año recibió el premio de Valores Humanos de la Asociación de la Prensa de Guadalajara y en 2012 el premio de la fundación Siglo Futuro por su trabajo con los más necesitados.