Hace falta conciencia social

concienciasocialPor Yago López

Casi todas las mañanas amanecemos con un caso de corrupción entre nuestros políticos y otras tantas con la noticia de su intención, cada vez más recurrente, de hacer desaparecer los servicios públicos en favor de la empresa privada. Dos hechos que en principio no parecen guardar relación alguna pero que, sin embargo, están más cercanos de lo que pudiera parecer.

El sistema de bienestar en nuestro país, al igual que en el resto de Europa, se ha construido sobre un pilar fundamental: la justicia social. Una justicia que se apoya fundamentalmente en la solidaridad de los ciudadanos que aportan de forma progresiva –en principio- a sus ganancias una cuantía económica en forma de impuestos para que posteriormente dicha cantidad sea redistribuida de acuerdo a las necesidades de la población. El argumento parece irrebatible.

El problema llega cuando para su correcta aplicación es condición imprescindible la conciencia social de los ciudadanos que deben creer en la necesidad de redistribuir su riqueza para equilibrar las desigualdades sociales y garantizar a toda la población unos servicios esenciales, entre los que se encuentran de forma innegociable la sanidad y la educación.

forges_20040929Sin embargo, cada vez de forma más acentuada, la sociedad española no cree en sí misma como conjunto, bien por la falta de confianza en la clase dirigente tras su continuos desmanes o tal vez por la ausencia de educación social que padecen las aulas. El ciudadano de a pie no concibe en general que aquello que se le descuenta de la nómina mensualmente, el dichoso IRPF, es simplemente un fondo común que garantiza los servicios públicos. Y no lo cree fundamentalmente porque no existe una conciencia social y el modelo que ha proliferado es la picaresca española, una especie de sálvese quien pueda, donde sobrevive el más avispado que aporta lo justo mientras se llena el zurrón a costa del prójimo. O dicho de otra forma, el capitalismo salvaje ha ganado la batalla.

 

La clase política no se escapa ni mucho menos de esta forma de entender la vida y como un espejo de la sociedad en la que vivimos representa el reflejo exacto de la mentalidad de los ciudadanos. Nuestros dirigentes despilfarran y roban, no todos eso está claro, pero sí demasiados. Basta con echarle un vistazo a los índices de corrupción, única clasificación donde destacamos a nivel mundial.

Y no solo debemos pensar en el robo directo puro y duro, hay otras muchas formas de estafar a la sociedad, aunque sean legales. Un ejemplo claro lo hemos podido ver en la declaración de bienes de los disputados de las Cortes de Castilla La Mancha, y en especial en la de su presidenta, María Dolores de Cospedal. Una dirigente que presume de austeridad y rigor en el gasto y se ha llevado en un par de años en plena debacle económica más de 300.000 euros del erario público entre su sueldo como presidenta, senadora, los trienios como abogada del Estado y su nómina como secretaria general del Partido Popular, que si bien no es directamente un ingreso público no debe olvidarse que los partidos se mantienen fundamentalmente de la asignación del Estado en función de su representación.

La cuestión es que la actitud de Cospedal, más allá del cinismo que lleva implícita, no es un hecho aislado y es la consecuencia directa de una mentalidad que nos lleva inexorablemente a la ruina. Una forma de pensar y de actuar que comparte la clase empresarial y, lo que es peor, mucha de la trabajadora, que si no sisa de la caja pública es porque no tiene oportunidad. Con este panorama la solución, que pasa por un cambio profundo en la educación, se antoja harto complicada, toda vez que la espiral en la que estamos sumidos nos conduce inevitablemente a su privatización.

El círculo vicioso es dramático. Yo aporto al conjunto de la sociedad lo menos que pueda y a regañadientes y como no siento como míos los servicios públicos, viendo además como se derrocha el dinero de todos en sueldos estratosféricos, estatuas fastuosas, aeropuertos sin aviones, tanques para desfiles y dietas varias, no los cuido, y solo ahora que están al borde del abismo, los comienzo a defender.

Aún así no creo que sea demasiado tarde, si de veras este tsunami privatizador sirve para despertar a la ciudadanía del letargo y provoca un cambio real de mentalidad que lleve a la población a defender lo que es suyo y a exigir un correcto funcionamiento y una gestión transparente de los servicios que funcionan con su dinero. Eso sí, no resultará sencillo.

 

About these ads

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s