Menos leña al fuego

Cospedal, durante el incendio en el Parque Nacional de Cabañeros / Foto: JCCM.

Por Rubén Madrid

Otro verano de pertinaz sequía y Guadalajara vuelve a arder por sus cuatro puntos cardinales: Alcarria, Campiña, Serranía y, sobre todo, Señorío de Molina. Era de esperar, pero al menos estábamos mejor preparados que nunca. Por vez primera los forestales habían estado limpiando el monte durante todo el año.

Dijo el otro día la consejera María Luisa Soriano que en lo que llevamos de 2012 ha habido unos 280 incendios en la región, más otros 700 conatos. Un conato es eso: abortar unas llamas cuyo indicio adquiere la categoría de incendio si no se ataja a tiempo. Su balance, por tanto, era positivo: «no podemos luchar contra las condiciones, pero sí podemos estar alerta y poner todos los medios para proteger los montes».

Hasta aquí, todo bien, en un verano en el que hemos revivido la tragedia de La Riba con su incendio de 2005 y el triste balance de responsabilidades penales: un único condenado a sólo dos años de cárcel por encender una barbacoa que se escapó de su control. La consecuencia ya la saben: once muertos y unas 13.000 hectáreas quemadas.

Frente a las más que razonables dudas que arrojaron la gestión política y la respuesta técnica ante aquella catástrofe, los actuales responsables de la Junta, encabezados por la presidenta regional Cospedal y la provincial Guarinos -que hizo de La Riba una batalla personal- se han empeñado en demostrar que tienen un modo muy diferente de reaccionar ante la declaración de un incendio en un lugar alejado de las capitales y alimentado por condiciones meteorológicas muy adversas.

Tanto Cospedal como Guarinos se trasladaron en plena faena hasta Chequilla, en el que ha sido el incendio más peliagudo de este verano. Está bien acercarse hasta el fuego para sentir el chasquido de las ramas y dar a entender que importa lo que está pasando; y es de rigor tirarse al monte con la vara para amenazar a los pirómanos y los negligentes con penas más duras por arrasar con el patrimonio natural de todos y poner en riesgo la vida de las gentes de estos siempre maltratados pueblecitos.

Todo esto está muy bien, claro, pero ante todo hay que pasar de la forma al fondo y creerse los discursos. Y nadie pone «todos los medios» en la lucha contra el fuego, utilizando la expresión de la propia consejera, si recorta precisamente los medios disponibles, da un paso atrás en las condiciones de trabajo de los profesionales y mengua los recursos materiales y humanos en la lucha contra un enemigo que se alía tan bien con las desgracias, que nunca vienen solas.

La propuesta de reducción de plantilla a través de un ERE -así la dieron a conocer inicialmente los sindicatos- o de variación de contratos en Geacam sin despidos, pero donde, en todo caso, durante una cuarta parte del año no habrá limpieza de los montes, jamás será un avance (al fin se había logrado tratar el monte los doce meses del año) ni supone poner «todos los medios».

El mejor combate contra el fuego, lo dicen los expertos una y otra vez, se lleva a cabo en invierno. La mejor política contra incendios no pasa por subirse al helicóptero para trasladarse hasta el frente para insuflar ánimos a la tropa y serenar a la retaguardia. No hay mejor dispositivo contra el fuego que el que jamás tiene lugar. Conviene echarle menos leña al fuego y hacer caso del refranero: no se quemará quien no juegue con fuego.

3 comentarios en “Menos leña al fuego

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