Sin agua, sin futuro

En la imagen, el pantano de Entrepeñas cuando en 2010 contaba con un buen nivel de reservas.  Foto: A.S.

Por Abraham Sanz

Que el problema del agua es algo recurrente en esta provincia, es de sobra conocido. Pero también lo es que no existe una solución satisfactoria para los pueblos ribereños que ven como su oro azul es algo tan efímero que no permite crear ningún tipo de iniciativa basada en él que permita reflotar la economía de una zona rural abocada cada vez más a la depresión por falta de alternativas.

Antaño se ideó un plan, que aunque no recogía todas las demandas de los municipios de la zona, si que prometía una serie de infraestructuras que permitiría apoyar a unos pueblos donde la despoblación es cada vez más acuciante, en contraste con la multitud de viviendas que se hicieron años atrás al albor de la ejecución de estos pantanos que se vinieron a llamar el Mar de Castilla.  Se trataba de un plan ambicioso que planeaba no sólo la construcción de un sistema de abastecimiento que asegurase el suministro a estos pueblos, sino que también incluía mejoras en muchas de sus carreteras y la construcción de otros dos azudes, uno en Sacedón y otro en Buendía.

El primero de los proyectos quizá era el más importante puesto que aseguraría el agua a 62 municipios porque, a pesar de tener el pantano a escasos kilómetros, muchos municipios veían como en verano debían contar con las cisternas de la Diputación para tener agua para ducharse, cocinar o beber; mientras se veía como el liquido se encaminaba hacia Murcia para satisfacer otras necesidades que nada tenían que ver con lo que aquí sucedía. Sin embargo, esto no es aislado, sino que este mismo año se han vuelto a producir y ha habido municipios de Cuenca y Guadalajara con cortes de hasta 9 horas; así como otros siete tuvieron que pedir de nuevo esta ayuda de agua para llenar sus depósitos. Sin duda, algo dantesco cuando estamos hartos de escuchar que primero se han de atender las necesidades de la cuenca cedente, pero resulta que los votos de esta cuenca son menos importantes que los de la zona de Levante. Es más importante que en la huerta murciana no falte de nada, que un ciudadano de Mantiel pueda ducharse tranquilamente en la mañana de un sábado.

Aunque, lo más doloroso es que esta obra tan necesaria con la que se llenaban la boca políticos de un lado y ahora de otro, no estará lista hasta 2013, acumulando retraso tras retraso y haciendo que pueblos como Chillarón o Pareja pasen penurias con cortes de agua o faltas de presión. Sobre los azudes ya, mejor ni hablar. El de Sacedón lleva años estudiándose y nunca se logra una solución que aseguraría un caudal mínimo en Entrepeñas y que permitiría un uso recreativo del mismo y, consigo, reactivar la actividad económica en este municipio.

Pero, ¿cómo vamos a hablar de azudes si apenas queda agua? Y es que los pantanos de cabecera de un año a esta parte han visto como sus reservas se han reducido a la mitad, en especial, durante este verano donde en apenas un mes han disminuido 100 hectómetros, haciendo levantarse en armas de nuevo a los municipios ribereños. Declaraciones de todo tipo ya se han escuchado e, incluso, el Ayuntamiento de Sacedón ha colgado de su balcón una pancarta mostrando su contrariedad a la política trasvasista del Ejecutivo Central.

En enero se autorizó el envío de 228 hm3 para los seis primeros meses de 2012, aunque luego se redujo en 40 hm3; y en junio se aprobó otro de 114 hm3 para el próximo trimestre. Una auténtica barbaridad porque no sólo se esquilma las reservas del Tajo, sino que puede hacer que otra vez los pantanos de cabecera ofrezcan una imagen esperpéntica y desalentadora que poco puede ayudar ya a la maltrecha economía de estos pueblos.

Lo peor de todo no es que Confederación Hidrográfica del Tajo y Gobierno sigan haciendo de su capa un sayo en este tema y continúen sin aprobar el plan de cuenca para este río con el que se regularían los trasvases; sino que inicialmente no se quería incluir a los municipios ribereños y, salvo conciencia de última hora, poca repercusión tendrá  su aportación. Más que nada porque, aunque no sirvió de mucho , antes contaban con el apoyo institucional de la Junta de Comunidades y de su presidente Barreda, que luchó por el fin de este acueducto de una manera quizá más retórica que plausible. Ahora ya ni eso, a Cospedal le ha comido la lengua el gato desde que está en el Gobierno y es incapaz de levantar la voz hacia su jefe para defender algo que interesa y mucho a Castilla-La Mancha. Ya pasó algo similar con el ATC y finalmente terminó esta infraestructura en la región; ahora, hasta que los pantanos no sean más que lodazales, pocas esperanzas tendremos los alcarreños y, aún menos, los ribereños de que el Gobierno regional alce la voz en contra de la actual política trasvasista. Nadie duda de la legalidad porque lo es, pero ya no es ni ética ni moral con los pueblos de Entrepeñas y Buendía.

El agua es fuente de riqueza allá donde se encuentra y si no se conserva, hace que lo que existe a su alrededor empobrezca. Así está ocurriendo en una comarca ribereña a la que le obligaron a cambiar su actividad hacia una floreciente economía basada en su Mar de Castilla y que, a día de hoy, no hacen más que esquilmarles sus reservas, aniquilando así toda posibilidad de desarrollo. Los ribereños vuelven a estar solos en una lucha cuyo fin estará enlazado al final del acueducto Tajo-Segura, pero, ¿hay fin para éste?

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