Proyecto: volver a ser hombres

Modesto Salgado, director de Proyecto Hombre, junto a la presidenta de la Diputación Provincial, Ana Guarinos, tras la firma del convenio.

Por Elena Clemente

La semana pasada leí que la asociación Proyecto Hombre de Guadalajara estaba recibiendo durante los últimos años menos pacientes con adicción a la cocaína. Buena noticia. La mala es que, con la misma rapidez que descendían estos casos, estaban aumentando los adictos al alcohol.

Medio centenar de guadalajareños tratan su adicción al alcohol en Proyecto Hombre. Tienen entre 30 y 40 años y llevan consumiendo desde que eran adolescentes. Son más de los que había hace unos años. Desde Proyecto Hombre, consideran que el aumento es “tremendo”.

El dato lo reveló Modesto Salgado, director de Proyecto Hombre, durante la firma de un convenio con la presidenta de la Diputación, Ana Guarinos, que asciende a 15.000 euros (5.000 más que el año pasado) y que permitirá financiar un programa de tratamiento ambulatorio de las personas adictas a la cocaína.

El dinero viene como maná en el desierto porque la asociación ha tenido que hacer un ERE, uno más de los que se están haciendo en Guadalajara, para reducir gastos de personal y así poder mantener todos los programas de atención, que intentan salvar del abismo a 300 personas con diferentes tipos de adicción.

Es de agradecer que Diputación incremente su cuantía. Porque Proyecto Hombre sólo se mantiene gracias a las donaciones de familias y pacientes y de las subvenciones públicas y en momentos de crisis, donde lo más fácil es recortar y decir: “es que no hay dinero”, hay que alabar el buen gesto, responsable por otro lado, de aumentar las donaciones para que prosigan su labor asociaciones como Proyecto Hombre.

Tuve la oportunidad de acercarme a las instalaciones de Proyecto Hombre en Guadalajara -hace diez años visité por primera vez la Comunidad Terapeútica que la asociación tiene en un pueblo del Bierzo leonés- con motivo de la finalización de un curso de cría. Un grupo de diez drogodependientes del centro nos enseñaron sus habilidades a lomos de un caballo. El curso les había dado un título profesional y les había ayudado a superar su adicción. Charlé con algunos de ellos y me hablaron de sueños, querían trabajar, había destellos de ilusión.

Proyecto Hombre no es un lugar cualquiera. Es un refugio para muchas personas, un espacio donde crecer en comunidad, en equipo, donde uno no se mira el ombligo sino intenta conocerse mejor y darse a los demás. Es un lugar donde “uno no se manifiesta ni como un gigante, ni como un enano, sino como un hombre parte del todo”.

Por eso hoy quería alabar la tarea de proyectos como este, aplaudir el apoyo de administraciones públicas a este tipo de programas y recordar que hay iniciativas que merece la pena apoyar, que hay que apoyar, pese a la crisis. Precisamente por ella.

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