De espaldas a la ciudadanía

Cientos de ciudadanos concentrados en la Plaza Mayor de Guadalajara. // Foto: acampadaguada.blogspot.com

Por Yago López

“Le repito que no me sé los datos de memoria y daré cuenta de lo que me pide cuando el equipo de Gobierno lo considere oportuno”. Así me respondió la pasada semana el concejal de Festejos de Guadalajara,  Jaime Carnicero, en una rueda de prensa convocada por el Ayuntamiento capitalino para hacer balance de las Ferias y Fiestas de la ciudad – no vale la excusa de que no procedía la cuestión- cuando le pregunté por lo que habían cobrado los grupos que actuaron en los conciertos incluidos en el programa.

No es que me quite el sueño a mí particularmente si el Ayuntamiento de Guadalajara se ha gastado mucho o poco en el caché de los grupos, y, al ser un comportamiento generalizado, no pretendo ni mucho menos atacar personalmente al señor Carnicero, lo que me preocupa es la soberbia con la que cualquier dirigente decide administrar el dinero de los ciudadanos y, sin embargo, no se ve en obligación alguna –por mucho que se lo pregunte un periodista- de rendir cuentas sobre sus decisiones, más allá de lo que le exija la ley. Entender que en política solo es necesario renovar la confianza en las urnas y durante cuatro años puede uno gestionar de espaldas a la ciudadanía es anacrónico, demuestra estrechez de miras, y provoca una desafección del pueblo hacia la política extremadamente peligrosa.

Como decía, desgraciadamente, este no es un caso aislado. A lo largo de mi carrera periodística, muchos son los dirigentes, tanto del PP como del PSOE, que me han negado información en múltiples ocasiones y se han quedado tan anchos. Por no hablar de la nueva moda de las comparecencias sin preguntas, máxima expresión de la falta de transparencia. La distancia entre el ciudadano de a pie y el dirigente político, lejos de acercarse con el paso de los años y la presumible madurez democrática del país, cada vez es mayor, y el cristal que separa a representantes y representados día a día resulta más opaco. El sistema parlamentario ha caído en un juego perverso donde las disputas se producen entre los dos grandes partidos compitiendo por acumular poder y  lograr el mayor número de cargos públicos lejos del debate ideológico y lo peor de todo, a años luz del interés ciudadano.

El “No nos representan”, se ha convertido en un himno ya en cualquier manifestación, da igual el asunto por el que se reivindique. Y es que desde su atalaya no solo los grandes dirigentes pierden el norte sobre la realidad que viven los ciudadanos, es que el problema parte del eslabón más básico: la política local.

Discutía el otro día con un periodista de un gabinete, no importa de qué partido, y me contaba que tenía que comprender que los dirigentes con los que él trabajaba, aunque llenos de buenas intenciones, tenían que amoldar sus decisiones a  las posibles reacciones del electorado, o lo que es lo mismo, venía a decir a mi entender, aunque de forma suave, que cuando se opta a un cargo público los ciudadanos pasan a ser votos y no personas.

Mal camino seguimos si un político lleva a cabo una medida por el rédito electoral que supone y no pensando en el interés general. Pero claro, esto sucede cuando aferrarse al sillón está por encima de todo. Después de estos años de crisis, y con la que está cayendo, a nivel nacional basta echarle un vistazo a los nombres de los representantes de Guadalajara en el Congreso y en el Senado para darse cuenta del problema. Román, De Las Heras, Alique o Valerio, entre otros, todos jóvenes promesas, iconos de la renovación política de la provincia. Aquí nadie parece haber hecho nada mal. Uno no sabe si es para echarse a reír o a llorar.

Ya está bien de mofarse del pueblo. Es hora de hacer política con mayúsculas y de ser transparentes. Ha llegado el momento de abrir las puertas y ventanas de las instituciones fomentando la participación ciudadana e informando con claridad de cuentas y decisiones. Es vital abrir un debate ideológico real para determinar cómo afrontar la difícil situación económica que atravesamos y contar con los legítimos dueños del dinero, los ciudadanos, para decidir cómo administrarlo. Señores políticos, electos o en la oposición, no se crean tan listos y dejen ya de tomarnos por tontos.

1 comentario en “De espaldas a la ciudadanía

  1. Curioso que para otros contratos si se supera cierta cifra (no estoy seguro de si son 30.000 euros) éste deba salir a información pública y sin embargo el contrato de un servicio como es un concierto no solo no deba salir a concurso (cosa lógica por otro lado, si quieres a Amaral quieres a Amaral) sino que no estés obligado a dar la información de lo que cuesta.

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