Contra el desprecio de la cultura

Por Luis Moreno *

La cultura, entendida como el conjunto de conocimientos, sensibilidades, gustos y criterios que poseemos, es un bien inherente al ser humano. Tras satisfacer la necesidad de alimento y cobijo, la cultura (la cultivación del alma y la mente) aparece rápidamente como una importante necesidad a cubrir y es uno de los principales rasgos diferenciadores respecto al resto de mamíferos. Cualquier gobierno mínimamente sensible sabe que promover la cultura y hacerla accesible a todos los ciudadanos es una de sus obligaciones, que además se recoge en el artículo 44 de la Constitución.

Sin embargo, nuestros gobernantes se refieren constantemente a la cultura como algo prescindible, un lujo que no nos podemos permitir, algo que cada ciudadano debe costear de su propio bolsillo, algo superfluo e innecesario. Lo dicen y lo repiten hasta la saciedad, como un mantra, y consiguen que en los chascarrillos de mucha gente cuajen esas ideas.

Siguiendo esta línea, nuestro gobierno regional decidió terminar con todas las ayudas al cine, finiquitar todas las actividades para bibliotecas, cancelar el programa ‘Tal como somos’ que recorría los pueblos más pequeños de nuestra región con teatro y música, eliminar las ayudas a creación y giras de grupos profesionales de teatro y música; política que complementan ahora con el cierre del que consideran, según sus abultados datos, “carísimo” Teatro Moderno de Guadalajara, y con otras medidas de similar índole. Su desprecio hacia la cultura no puede camuflarse bajo la consabida insignia de “la herencia recibida”, puesto que si hubieran tenido la intención de hacer todo lo posible por mantener un apoyo, por mínimo que fuera, a la industria cultural de la región, seguramente no percibiríamos ese tono con el que parecen decir que la cultura es una cosa molesta de la que es mejor desprenderse o dejar en manos privadas. Una cosa es no poder mantener el nivel de ayudas de años atrás y otra cosa es ni tan siquiera reunirse con los agentes culturales para explicarles la situación y buscar soluciones y consensos entre todos.

El Artículo 44 de la Constitución, que dice que “los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho”, ha quedado obsoleto. Está trasnochado. Pronto habrá que volver a reformar la Carta Magna con un parche que sustituya este párrafo por “los poderes públicos no son responsables de la promoción cultural y quien quiera cultura que se la pague y de paso abone un 21% al Estado”.

La cultura nos hace seres humanos, nos hace libres, nos hace personas con sentido crítico, diferentes unos a otros. Y, en el fondo, creo que eso es lo que incomoda a nuestros políticos. ¿Realmente no nos podemos permitir la cultura porque no hay dinero para cosas superfluas? ¿Se trata simplemente de una industria que aprovechan unos cuantos para forrarse?

Lo que no nos podemos permitir son los encierros y las corridas de toros, porque nos degradan como seres humanos, porque nos educan en la insensibilidad, el machismo y el costumbrismo, porque no son una necesidad básica. Y porque hay unos cuantos que se forran con eso.

No nos podemos permitir los grandes clubs de fútbol que fomentan el rencor, la competitividad, la agresividad, la segregación, porque no son una necesidad básica. Y porque hay unos cuantos que se forran con eso.

No nos podemos permitir tener tantas autovías y rotondas en obras, porque en la mayor parte de sus tramos están en perfectas condiciones y no son una necesidad básica. Y porque hay unos cuantos que se forran con eso.

No nos podemos permitir sueldos de políticos astronómicos, incluido el trasnochado senado, con dietas y privilegios impensables. Porque no son una necesidad básica y porque hay unos cuantos que se forran con eso.

Y sobre todo, no nos podemos permitir tener un Consejero de Educación, Cultura y Deportes, un Director General, un Jefe de Servicio de Actividades Culturales, un Delegado Provincial, una Coordinadora de Educación y Cultura y un Asesor de la Coordinadora de Cultura, porque no hay cultura que gestionar, y a pesar de todo, hay unos cuantos que se forran con eso.

No concibo para qué quiero una carretera si no me lleva a una biblioteca, a un museo, a un teatro o al cine. No concibo para qué quiero un gestor de la cultura si no me facilita el acceso a un festival, a una exposición, a un concierto, a un espectáculo de danza. No concibo cómo los guadalajareños permitimos que nuestros políticos se mofen de nosotros, nos agredan, eliminando todo el apoyo a tantas iniciativas culturales que van cayendo una tras otra por inanición. Quizás en el fondo la mayoría esté de acuerdo en que habría que parchear el artículo 44 de la Constitución.

* Luis Moreno, natural de Aaiún (Sahara), es uno de los cineastas más reconocidos de Guadalajara. Formado  en dirección cinematográfica en Portsmouth University y en Bournemouth and Pool College of Art and Design (Reino Unido), tras una etapa como gerente y productor de la compañía Comando Teatral, y un efímero contacto con el mundo de la producción para televisión, funda la productora alcarreña Cinefilia y se centra en la realización de cortometrajes, consiguiendo varios premios con ‘Noveno Ve’ (1999), ‘250 bocadillos de mortadela’ (2002) y ‘Cebolla’ (2004). En 2003 se lanza a dirigir el Fescigu (Festival de Cine Solidario de Guadalajara), cuya décima edición se celebra a partir de este martes. Moreno ha combinado esta labor con su faceta como productor, guionista, director y montador de su último corto, ‘La presa número 7’.

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