Del talento de Antón a la rigidez de Terrazas

El futbolista burgalés, en su presentación como jugador del Deportivo. // Foto: http://www.guadaque.com

Por Roberto del Barrio

Una semana más, mi lado de El Hexágono se orienta hacia el Deportivo. Una vez más, sin victoria que contar. Un lunes más, con la inquietud que dan el último puesto y ciertas sensaciones negativas que se arraigan en el equipo. El Real Madrid Castilla no necesitó una actuación brillante para poner en evidencia la debilidad del cuadro alcarreño, de nuevo voluntarioso y ambicioso sobre el campo, pero, como es tónica habitual desde tiempos inmemoriales, deficiente en la faceta defensiva. El 3-4 con el que acabó el encuentro ratifica el análisis, tanto como los 17 tantos en contra que acumulan los de Terrazas, empeñado, por cierto, en no cambiar su inalterable sistema de juego.

La semana pasada comenté en este espacio que la mejoría defensiva de un equipo es una materia propia y atribuible directamente al técnico. Digamos que es el cimiento fundamental de cualquier construcción futbolística, la base sobre la que creer y crecer. El Depor no la tiene, como no la tuvo en toda la segunda vuelta del pasado campeonato. El denominador común es el sistema, el dichoso 4-1-4-1 con el que Terrazas exige hasta la saciedad a sus futbolistas. Él mismo ha declarado que le gustan las disposiciones tácticas “difíciles” para los jugadores, una dificultad que se multiplica por su apuesta de presión en todo el campo. En definitiva, un derroche de alta intensidad que se desmorona cuando los rivales superan la primera línea de las barricadas alcarreñas y se asoman a la zona en la que el Depor ofrece todas las facilidades del mundo. Hablo de esa franja enorme propiedad de los centrales y del único medio centro en la que el sábado emergió Jesé para hacer saltar la banca (Jandro o Valerón, por citar otros, también se beneficiaron en su momento de ese aspecto del juego deportivista).

Parece claro que el problema se genera ahí. Los centrales, sea cual sea la combinación elegida, están obligados a salir en auxilio de Jony, por su parte con demasiado ancho y largo de campo por cubrir en los días de zafarrancho. Evidentemente, en la concepción idílica del sistema, Terrazas imagina un Depor dominador, con esa línea de cuatro centrocampistas ahogando al rival en su propio campo y propiciando el catálogo ofensivo de su libreta muy cerca de la portería contraria. Eso es lo que quiere el míster vasco, lo que consiguió brillantemente el año del ascenso y lo que persigue sin tino, por el momento, en estas dos temporadas en Segunda División.

¿Qué hacer? Ya hay algunas voces, y también muchos precedentes similares en el fútbol, que hablan de proteger la “franja maldita” con un medio centro más, el llamado doble pivote tan de moda y tan poco del gusto de Terrazas. Esa adaptación, quién sabe si una alternativa a la sangría goleadora casi crónica del Deportivo, parece una utopía por la rigidez del míster pero, vaya por delante, nada tendría que ver con la renuncia a sus ideales o a las señas de identidad de su fútbol. ¿Por qué no probar? ¿Qué de malo habría en facilitar que el Depor se arropara un poco más para distribuir de forma más ecuánime el terreno a defender? La pregunta está en el aire y la asignatura en la carpeta de Terrazas, sin duda un hombre de ideas fijas, muy fijas. Pero no hay que olvidar que en un entrenador tan importante es la confianza en su método como la capacidad para flexibilizarlo y resolver problemas.

Mientras, sigue lanzando mensajes positivos pese a los resultados, como el último que destacaba “la buena línea” por la que, a su juicio, camina el equipo. Dependerá del cristal con el que se miré y seguramente el mío sea diferente -más sucio o más grueso, qué se yo-, pero no deja de chocarme el discurso optimista en plena crisis de marcadores. Yo veo a un equipo con problemas graves que le impiden competir (goles encajados), con contratiempos inesperados (las lesiones han dejado a la plantilla con 17 efectivos) y con unos grilletes pesadísimos en forma de clasificación. Urge solucionar cada una de estas vertientes y, entre tanto, ganar. Ganar como sea, ganar donde sea. Respirar.

Álvaro Antón es la esperanza. Pero el partido del sábado dejó, al menos, una grata noticia. Por si había alguna duda, Álvaro Antón confirmó lo que venía apuntando. Antón es el fútbol del Deportivo, el jugador al que darle el balón en caso de duda, el que lo cuida y siempre elige bien. Es el talento y el rumor de expectación que se instala en la grada. El tipo del que siempre se puede esperar una genialidad y el mejor futbolista del equipo hasta que nadie demuestre lo contrario. Y reconozco que con este jugador no soy del todo objetivo.

Hace diez años presencié su irrupción en Primera División desde la cantera del Valladolid. Siempre me pareció un jugador especial, diferente y nunca me expliqué del todo sus dificultades para asentarse en la máxima categoría. Su sitio, finalmente, parece estar en Segunda y ahora en el Pedro Escartín. Seguramente este mal comienzo le haya despertado los fantasmas de su agónica aventura en el Cartagena, pero aquí tiene otra misión adicional y debe asumirla. El equipo le necesita como un líder, como principal protagonista y clavo al que agarrarse para salir del lodo. Quizá un nuevo rol. Tal vez el momento de demostrar todo aquello que apuntaba cuando le convertí en mi particular debilidad. Nunca es tarde y su suerte será la del Depor.

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