Un cine de lujo

Más de la mitad de la población no ha ido nunca al cine.

Por Elena Clemente

El cine se ha convertido en un artículo de lujo. Según un estudio de la Federación de Consumidores Facua, Guadalajara tiene los cines más caros de España durante los festivos y los fines de semana, sólo por detrás de Barcelona. ¡A 8,50 oiga! Es la puntilla para los amantes del séptimo arte, que se lo pensarán dos veces antes de ver una película en las salas comerciales. Si antes ya era caro, ahora es carísimo. Si además cuentas la bebida y las palomitas, mejor te das media vuelta y te lo piensas dos veces. Si quieres ver una película en 3D, ya ni hablamos, más de 9 euros seguro… y sin contar las gafas, claro. Esas van aparte y además no tienes elección: sin ellas, no ves bien la película.

Con este panorama, es complicado atraer espectadores. Nuevas fórmulas de distribución se divisan en un horizonte no muy lejano. Hace unos meses, me contaba en una entrevista Pedro Solís, el autor de ‘La Bruxa’, que él iba poco al cine, pero que veía estrenos en casa gracias a una plataforma de pago llamada filming.

Por su parte, el director de cine Vicente Aranda contaba, durante la presentación del Festival de Cine Solidario de Guadalajara –que mañana acaba-, que el otro día fue a ver la película ‘Manolete’ y que en la sala estaban solo él y otro espectador. No era un hecho aislado, decía. Tampoco lo era este otro: Aranda se sienta en la fila 6 -cosas de directores de cine- y siempre tenía espectadores en las cinco filas por delante de él. Ahora, añadía, es difícil verlas llenas. ¿Qué sentido tiene proyectar una película para dos personas únicamente?¿eso es rentable?¿no sería mejor poner la entrada más barata y que la vean más personas?

Los precios de las entradas de cine no han dejado de subir desde 1994 y hay un 56% de la población española que no acude ni una vez al año a una sala de cine. El señor Pedro Pérez, presidente de la Federación de Asociaciones de Productores españoles (FAPAE), reconoció en un encuentro digital con el diario El Mundo que “independientemente del aumento del IVA, el cine es caro en España y los exhibidores deberían flexibilizar su política de precios para facilitar que las salas se llenen aunque sea a un coste menor”.

Ayer mismo, Pérez adelantó que se está estudiando un nuevo modelo de negocio en el que el cine sea el que pague al cine, una idea que ya se ha implantado en Alemania o en Francia. Una buena solución, si eso no se traduce en más carga para el espectador, y que eliminará, al menos, que los españoles tengamos que destinar parte de los Presupuestos Generales del Estado a pagar la deuda que les debemos, unos 50 millones de euros (en ayudas) sólo por las películas que se estrenaron en 2011.

Si quieren más espectadores, habrá que buscar fórmulas para llenar las salas -precios más baratos, por ejemplo o descuentos o promociones-. Pero no sólo hay que hacerlo por ellos sino por la cantidad de salas de cine que tendrán que cerrar porque acabarán no siendo rentables y la consabida pérdida de empleos que eso supone. Lo del IVA -del 8 al 21%- es evidente: ha hecho mucho daño.

A ‘Amelie’ le gusta mirar hacia atrás en el cine y ver la cara de los espectadores.

En todo esto, además, se pierde de vista que el cine no sólo es negocio, sino también cultura. Por tanto, además de una parte económica hay, si se quiere llamar así, otra sentimental donde los creadores de una película querrán no sólo que la taquilla dé ganancias sino también que los espectadores vean sus obras. Si no, ¿de qué sirve que exista el cine?

Y un último inciso: llevo toda la semana viendo cortos en el Festival de Cine Solidario de Guadalajara, el Fescigu, y quisiera romper una lanza a favor de este tipo de iniciativas culturales, hechas -dicho sea de paso- con más amor que pasta. Este año, sólo una institución pública -el Patronato de Cultura- ha apoyado económicamente al festival, que cumple aniversario: 10 años de vida. Esto no es San Sebastian -se antoja difícil ver pasear por la alfombra roja a Tommy Lee Jones o Monica Bellucci- pero es una cita imprescindible, donde se proyectan buenos cortometrajes, con historias necesarias, que hacen que te vuelvas a casa con ganas de arreglar el mundo.

Un pensamiento en “Un cine de lujo

  1. Dos espectadores en ‘Manolete’ ya me parecen muchos, la verdad. Tanto por la calidad nula de la peli como porque hace ya que se estrenó en Francia y circulaba en español por la Red semanas antes de que llegara a los cines de aquí. Por lo demás, evidente que a esos precios en la situación actual es imposible que las salas atraigan a gente. En verano, cuando los precios estuvieron al 50% los multicines estaban llenos.

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