Corazón partido

Un momento de la feria en el antiguo recinto ferial.// Foto: Guetaime.es

Por Marta Perruca

Cuando llegué a Guadalajara, hace ahora más de 12 años, me sentí embriagada por las luces que jalonaban el Paseo de la Concordia; por la noria que besaba el mismo cielo que el Panteón de la duquesa de Sevillano y el laberinto de casetas, tómbolas y atracciones que se extendía a sus pies. Me impresionó esa especie de pelea sosegada de las verbenas que se enfrentaban e intercalaban en el tiempo en ese antiguo ferial, y de esas otras que se desplegaban a diestro y siniestro para amenizar el ambiente de las peñas. Por aquel entonces el “Corazón Partido” de Alejandro Sanz era todo un clásico de sus repertorios.

Recuerdo que avanzaba el verano de 2004 cuando realicé mis primeras prácticas como periodista. El concejal de Festejos –por aquel entonces gobernaba el PSOE- nos convocaba a una rueda de prensa en el nuevo recinto ferial, supongo que con la intención, por un lado, de criticar una infraestructura “a todas luces pequeña”, que además había levantado el anterior equipo de Gobierno del Partido Popular y, por otro, excusar que, a pesar de contar con un recinto nuevo y listo para ser utilizado, no se llevara a cabo un polémico traslado que no gustaba nada entre los peñistas, pero que reclamaban desde hace años unos vecinos cansados de soportar el molesto alboroto de la feria.

El caso es que en  2007 el PP volvía a encabezar el Ayuntamiento capitalino y no esperó mucho para amortizar esta infraestructura, que habían construido en la Era Bris. Entonces salvaron a duras penas el conflicto con las peñas permitiendo que aquellos que “hicieron más ruido” conservaran su antigua ubicación en los parques de la Concordia y San Roque, lo que a mi entender fue una gran equivocación.

No pretendo arremeter contra esta decisión con el argumento fácil de la lejanía, cuando no se me ocurre una ubicación mejor. Es cierto que escasean los metros cuadrados y que, una vez pliegan las atracciones y se desmontan las casetas, es complicado aprehender la superficie real de este recinto ferial, que cabe recordar, se aposta sobre el parking del Corte Inglés, pero no creo que esto sea un problema insalvable, por lo que tampoco criticaré este aspecto.

Lo que sí le voy a reprochar a este equipo de Gobierno es que, a pesar de que Jaime Carnicero, concejal del ramo,  se felicite por haber «consolidado un modelo de fiestas muy criticado por algunos», la realidad es que dejaron las cosas a medias. Y digo esto cargada de razón porque vivo en el entorno de la calle Ferial y soy consciente de que no se ha dejado de agraviar a estos vecinos, es más, ahora sufren también las consecuencias los del barrio de La Amistad y sus aledaños, y porque, al echar la vista atrás, no puedo evitar recordar con nostalgia aquellos primeros años en Guadalajara en los que las ferias habían adquirido una personalidad propia, heredera de un sólo espacio en el que convivían peñas, atracciones, casetas y tómbolas.

Sigo siendo una gran admiradora de las fiestas de esta ciudad, pero para mí ahora tienen el “corazón partido”, como se cantaba en las verbenas de entonces, como las peñas que se mantienen casi inmóviles a uno o a otro lado de la ciudad, dependiendo de su suerte en el reparto y como toda esa gente que decidió dónde quería disfrutar de la feria y se olvidó prácticamente de su otra mitad.

¿Y si la abuela prefiere a Karina?

Karina, en los años sesenta, cuando era una guapa artista de moda.

Por Rubén Madrid

Guadalajara comienza a ser una provincia importante. Al salto de categoría de nuestro Corte Inglés le tenemos que adosar ahora el rifirrafe entre Guadalajara y Azuqueca, siempre soterrado y ahora por fin felizmente aireado, como en Murcia y Cartagena, Gijón y Oviedo o Pontevedra y Vigo. Lo hacemos comparando la versatilidad de ambas ciudades en un tema capital: los festejos. Así unos les tiran las carrozas a la cara a los otros, que responden presumiendo de bemoles en sus conciertos.

Decía ayer el concejal del asunto en Guadalajara, Jaime Carnicero, que en su caso prefiere pagar un poco más a cambio de garantizar unos llenazos históricos en las pistas de la fuente de la Niña como los logrados por Juan Magán y Amaral, frente al modelo azudense, que la socialista Valerio le había puesto a huevo el día anterior, donde los rigores presupuestarios rebajan el caché de los artistas. Y citó, imposible no entrever la pizca de ironía, a Karina.

Hay un dilema básico en economía, que nos enseñan incluso a los muy zoquetes en la materia, en el que los mandatarios de un país se tienen que enfrentar a una guerra intentando garantizar el suministro de mantequilla para sus compatriotas, pero también de armas para no caer rendidos ante al enemigo. Más mantequilla significa desarme; más arsenal en el frente, menos reservas en las despensas de la retaguardia. Hay que elegir entre dos recursos finitos. La escasez es siempre el objeto de esta ciencia sin conciencia.

Creo que muy pocos amantes de la música admitirán, a pesar de todas las nostalgias, que resulta más atractivo un concierto de Karina que uno de Amaral o de Sergio Dalma; o que de partida tenga más gancho un cartel con Dover que otro con un devorador de taquillas como el dj catalán Juan Magán. Ahora bien, ¿y si a mi abuela le gusta más Karina?

No hablo de música, sino de otras preferencias o prioridades. Es decir, en plena economía de guerra como la actual, ¿y si mi abuela prefiere que el esfuerzo económico se vuelque en reabrir un teatro, mantener una ludoteca o cumplir con la Ley de Dependencia (para pagar incluso a los toros de Valerio, dicho sea de paso)? A lo mejor mi abuela es de las que prefiere combatir el hambre antes que ganar la batalla, la mantequilla antes que las armas, el pan en vez del circo.

Admito que este es un debate demasiado profundo en plena semana festiva en Azuqueca y con el resacón de Ferias en Guadalajara. Resulta, en cambio, una discusión más productiva que los tribalismos entre arriancenses y azudenses que en este caso ni siquiera fomentan unas hinchadas de fútbol enfebrecidas, sino la confrontación partidista de los respectivos equipos de Gobierno.

Pese a todo, en estas fechas que se prestan al divertimento, resulta oportuno tomar distancias, abandonar el fango de la crispación y contemplar con una sonrisa cómo nuestros adorables políticos se comportan como críos que defienden su terruño igual que hacen los niños con sus papás en el patio del colegio. Incluso cuando, con tal de conseguirlo, acaban identificándose con unos estilos musicales tan reñidos con sus idearios políticos.

Digo esto porque cuesta reconocer a Carnicero el sábado botando en los bises de Amaral mientras una enorme pantalla lanzaba mensajes ‘rojos’ y mayúsculos de ‘Revolución’, o imaginar a Bellido mañana, por muy adalid que sea del nuevo socialismo, moviendo las caderas mientras Karina, recién rescatada del armario con su perfume a naftalina, canta aquello de «buscando en el baúl de los recuerdos»… Mientras, Bris y Florentino, que ya se fueron con la música a otra parte, andarán pensando aquello de que «cualquier tiempo pasado nos parece mejor».

La creatividad atrae al éxito

Homenaje a Andalucía

En la imagen, la original carroza ganadora del desfile de Azuqueca de este año.

Por Abraham Sanz

Estamos acostumbrados a que cuando hablamos de carrozas, lo hacemos para asociarlo a un evento que sirve para abrir la fiesta pero que pasa de refilón por el programa de festejos. Poco a poco se está comprobando que cuando se realza esta actividad y se consigue implicar a la ciudadanía a la hora de crear auténticas obras de arte, puede ser un gran foco de atracción turística para alguno de sus municipios. Tanto que en el caso de Azuqueca se ha convertido hasta en una seña de identidad del municipio.

Este año, el tradicional desfile de carrozas ha cumplido su 37ª edición y de nuevo, la imaginación creativa de los peñistas ha sido de sobresaliente. Parecen inagotables sus fuentes de inspiración para diseñar y fabricar estas carrozas cuyos elementos recuerdan cada vez a más a los ninots de alguna falla valenciana. Y es que esta actividad se ha convertido en un auténtico espectáculo que año tras año atrae a multitud de población que acude a la localidad azudense sólo para contemplar esta cita, con el consiguiente espaldarazo que supone para los negocios locales que en las calles del municipio se arremolinen miles de personas. Para una localidad como Azuqueca que cuenta de pocos elementos patrimoniales que posibiliten la atracción de turistas, esta cita supone un aliciente que siempre permite reactivar la hostelería del municipio.

Quizá no sea la solución a esta crisis, pero es evidente que un buen reclamo para una fiesta puede desembocar en una mayor atracción de visitantes con el consiguiente negocio que esta situación puede reportar. De ahí, extraña que a pesar de contar con unas espectaculares carrozas, sólo se puedan disfrutar ese día o visitando las peñas; cuando sería más recomendable que estas se pudieran contemplar a modo de exposición en los diferentes parques de la localidad o en algún punto estratégico de la localidad donde, todo aquel que no pudo verlas el domingo, pudiera disfrutar de ellas. Con esta idea, se lograría prolongar el impacto social de este evento, tal y como se ha hecho en Guadalajara.

Cierto es que en la capital alcarreña no existe esa cultura de construcción de carrozas por parte de las peñas y siempre han pasado con un cierto claroscuro dentro del programa de festejos, es decir, sin pena ni gloria. Hasta que hace tres años, el concejal, Jaime Carnicero, tuvo la idea de tematizar el desfile y separarlo del de peñas; dejando así patente que la vinculación entre carrozas y peñas, en la capital, se rompió hace mucho tiempo.

No sólo consiguió lograr que la apertura de las Ferias no fuese un caos como hasta entonces, sino que logró realzar un desfile de carrozas cuyo prestigio estaba por los suelos; hasta tal punto que ahora, todo el mundo espera al domingo previo al chupinazo, para poder acudir a esta cita así como son muchos los que se acercan hasta Guadalajara para ver las nuevas creaciones. Si bien, en las dos primeras ediciones el listón quedó muy alto con grandes carrozas y comparsas que escenificaron el 550 aniversario de ciudad o la evolución del cine; este año, las carrozas sobre el comic decepcionaron un tanto debido a las expectativas generadas de años anteriores o por la falta de ambientación que hubiera dado un poco más de ‘vidilla’ al desfile.

No obstante, esta senda que se abrió hace tres años, no debe ser abandonada como tampoco lo hicieron en Azuqueca con su desfile que hoy ya es de Interés Regional y porque no, algún día podrá aspirar a ser una fiesta de Interés Nacional.

Son dos fórmulas diferentes pero que logran que los festejos de las dos ciudades más importantes de la ciudad, se engrandezcan un poco más para que, poco a poco, esta provincia ya sea por las carrozas de Guadalajara y Azuqueca; ya sea por su riqueza patrimonial y artística; o por sus paisajes y sus paisanajes, comience a despegar. La creatividad siempre es una oportunidad para crecer y este ha de ser el camino que debemos seguir en la provincia para quitarnos de encima la maldita crisis.

La preocupación lógica del deportivismo

Espín, en una jugada del Almería-Depor del pasado sábado. // Foto: http://www.deportivoguadalajara.es

Por Roberto del Barrio

Créanme. Antes de escribir este artículo he analizado todas las variables a mi alcance para testar la moral del deportivismo. La calle, algunos aficionados de cabecera con los que me gusta compartir debates futboleros y las redes sociales -con cientos de opiniones consultadas- me reafirman. Llevo semanas defendiendo el derecho a la preocupación del hincha, lo hice en este espacio hace siete días y mantego la misma línea. La preocupación, tal vez cierto miedo o angustia, se ha instalado en el Depor, entendiendo el Depor como un círculo enorme que va más allá del discurso oficial y único que emana de las declaraciones de Terrazas.

Pese a que el técnico aborrece la pregunta directa de la prensa sobre su «nivel de preocupación», lo cierto es que el primer mes de competición ha dejado un reguero absoluto de malas noticias. Lo dicen, en primer lugar, los números, que empiezan a ser a todas las luces analizables. El Depor suma un punto de 15, es el equipo más goleado, el menos goleador y ha protagonizado dos «descalabros» considerables ante Girona y Almería. Las apuestas arriesgadas redoblan la altura de los precipicios y el club aceptó el reto al poner el listón en el play-off. Cinco partidos después (seis con el de Copa), el cuadro alcarreño no ha encontrado aún una línea regular en su juego y las buenas sensaciones presentadas en algunos momentos parecen diluirse por la falta de competitividad que le ha impedido apuntarse su primer triunfo. Además, quizá en los factores más atribuibles al técnico, el equipo mantiene sus dos grandes defectos de la temporada pasada -debilidad defensiva y rendimiento insuficiente en el Escartín-, seguramente las ecuaciones que habría que resolver con mayor premura para levantar el vuelo.

Por si fuera poco, este mal sueño con el que se ha iniciado el campeonato se ha radicalizado en la enfermería. Ayer se conocía que Kepa sufrió en Almería una fractura en la tibia, por lo tanto otra baja de larga duración que añadir a las de Álex García y Zazo. Tres ausencias de peso que se convierten en un lastre evidente por la corta extensión de la plantilla, otra decisión cuestionable con la que se inició el curso. Sí o sí, habrá que fichar en diciembre. O antes. Y habrá que afinar por tratarse de posiciones clave y nombres llamados a ser protagonistas. Pero ese será el examen de Navidad y hasta entonces, con lo que hay si no se da un giro y se aborda ya el mercado, habrá que crecer en el campeonato para evitar problemas mayores.

Porque los románticos empedernidos y los optimistas crónicos seguirán huyendo de lo delicado del momento, pero la Segunda División es implacable y su zona baja -lo dice la historia- es especialista en atrapar a los equipos con dudas al estilo de las arenas movedizas más agresivas. Por eso hay que despejarlas con victorias, con un paso adelante que debe capitanear Terrazas solucionando los principales puntos débiles del Deportivo. Es su momento y el de demostrar que su libro de estilo es el adecuado para escalar y para mirar a los ojos a los mejores (la meta, ¿no?).

Los «ex» brillan. Con todo ello, aunque sigo manteniendo mi confianza en que acabaremos viendo a un Depor solvente más pronto que tarde, comprendo y comparto la preocupación de la afición morada. Ver al equipo en el vagón de cola y con dos goleadas en la chepa casi obliga a ello, y más con el cosquilleo inevitable que provoca el brillante comienzo de algunos de los futbolistas referencia del año pasado.

Especialmente en el inicio de la aventura, sobresalieron Aníbal y Ernesto, líderes del gol en aquel tramo inaugural que cimentó la permanencia. Pudiera parecer ventajista, pero es misión imposible no mirar a Sabadell y pensar en el caso del delantero -pichichi actual de la categoría- como la metáfora de la limpia veraniega (nunca conoceremos a ciencia cierta el verdadero esfuerzo del club por retenerle). Más allá de su caso, no dejaré de preguntarme si el hipotético cambio de objetivo era incompatible con la permanencia de los cuatro o cinco jugadores más importantes de la plantilla, quizá fundamentales para cohesionar este periodo de adaptación que tanto le está costando al nuevo Deportivo.

Supresión de las EATIM: una operación de cosmética

Carlos Sanz Establés.

Por Carlos Sanz Establés *

La propuesta anunciada por el Gobierno de suprimir las denominadas Entidades Locales de Ámbito Territorial Inferior al Municipio (EATIM), algunas más de 3.000 en toda España, ha levando una ola de indignación entre los habitantes de estos pueblos que han llegado a manifestarse en Madrid ante lo que consideran una verdadera tropelía.

Un decisión así solo puede responder al desconocimiento absoluto desde el Ministerio, algo inaudito, sobre lo que son las EATIM y sobre el municipalismo español, especialmente en provincias como Guadalajara. Y si no es eso, tiene que tratarse de una verdadera operación cosmética para demostrar a Europa, en estos tiempos convulsos, que España es capaz de acabar de un plumazo con miles de cargos públicos. Lo que nadie le dice a Europa que, a esos efectos, se trata de un engaño monumental.

Como este Gobierno suele hacer las cosas sin explicarlas, de las pocas referencias oficiales que tenemos sobre este asunto, podremos deducir que se pretende, de cara a la opinión publica, atajar los problemas financieros y estructurales de la Administración Pública española suprimiendo las EATIM, lo que en realidad es una manera muy grosera de decir que no se tiene ni idea de cómo solucionar los problemas de competencias que se entremezclan en ayuntamientos, diputaciones, mancomunidades, comunidades autónomas y el propio Estado.

Porque otros argumentos no se conocen, nadie nos ha dicho qué nivel de endeudamiento tienen estas EATIM, ni nadie nos ha dicho si sus alcaldes y concejales cobran y cuánto cobran, ni sabemos si pagan sus facturas o tienen deudas. Esto nadie lo ha dicho, porque de hacerlo habrían puesto al descubierto el gran engaño de esta operación de cosmética.

Las EATIM nacen en Guadalajara y en el resto del Estado en los últimos años al amparo de una legislación confusa y como respuesta a la falta de atención de los ayuntamientos por sus pueblos anexionados conocidos como barrios, núcleos rurales fundamentalmente, que se fusionaron en los años 70 bajo los gobiernos de Franco. Es decir, este invento no es de ahora, ya lo hizo Franco con un sonoro fracaso.

Todos los pueblos que perdieron su personalidad jurídica en aquellos años a cambio de promesas e infraestructuras han visto cómo sus ayuntamientos les han abandonado a su suerte, incumpliendo los protocolos o convenios de colaboración que se suscribieron y se han visto dejados de la mano de Dios por las diputaciones y por las comunidades autónomas. A fin de cuentas, no eran municipios sino barrios y nadie tenía muy claro de quien era la responsabilidad.

Desde aquellos años 70, han sido constantes las quejas de los pequeños pueblos que fueron suprimidos para depender de ayuntamientos más grandes y supuestamente con mayor capacidad de gestión, como Molina, Brihuega, Sigüenza, Tamajón, Cifuentes… y el tiempo ha demostrado que estos municipios en realidad han despreciado y humillado a sus pueblos anexionados, han usado y abusado de sus recursos y no han tenido ningún interés en solucionar sus problemas básicos (agua, luz, alcantarillado…) aunque eso sí, han acumulado deudas escandalosas.

Ahora llega el Gobierno, en una demostración sin precedentes de desconocimiento de la realidad de nuestros municipios, y pretende solucionar el problema de la Administración Pública española suprimiendo las EATIM. En realidad, es la mejor manera de demostrar que no quiere, no sabe, no puede o no se atreve a meter en vereda a las comunidades autónomas y a los municipios más grandes, donde se centra en realidad el problema de la financiación municipal, aspecto éste que por otra parte lleva años en el candelero de los debates sobre el municipalismo español sin que nadie haya hecho nada.

Las EATIM, en realidad, han venido a solucionar el problema de muchos pequeños pueblos que, gracias a esta figura jurídica, han podido gestionar con alguna autonomía su escasos recursos liberándose del abandono a que les tenían sometidos sus ayuntamientos de cabecera. Y lo hacen con unos cargos públicos elegidos democráticamente que no perciben sueldos, en la mayoría de los casos ni siquiera dietas ni gastos de gestión alguno. Y han demostrado que están en política para servir y no para servirse, esta es la realidad que, al parecer, en el Ministerio desconoce por completo.

Contrariamente, no parece que sea una preocupación para nadie el hecho de que, en realidad, gran parte de la Administración Pública se haya convertido en los últimos lustros en una gran agencia de colocación de los grandes partidos políticos, exigiendo como mérito para un puesto público tener un carné de militante y ser fiel, incluso servil (esto último es más rentable laboralmente). Pero entre tanto la preocupación del Gobierno de Madrid son las EATIM.

Podrán suprimir las EATIM, acabar con lo poco que queda del medio rural, seguir abandonando a los pocos vecinos de estos pueblos, no digo que no, pero eso no evitará que el problema siga siendo el mismo, cada día más importante y más grave, un problema que conocen perfectamente los grandes partidos pero que no quieren solucionar, porque a fin de cuentas supone actuar contra la propia línea de flotación de sus formación que se basa, en buena medida, en mantener enormes estructuras de personal cuyo coste, en realidad, asumen de manera encubierta las administraciones publicas.

*Carlos Sanz Establés nació en 1957 en Cubillejo de la Sierra, una EATIM de Molina desde hace tres años, impulsada desde la Asociación Cultural Sierra de Caldereros, que ha presidido y que en su día asumió el papel de ayuntamiento. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona en 1982, ha sido redactor de Provincia en La Prensa Alcarreña y el Diario de Guadalajara y director de las revistas comarcales Tierra Molinesa y Paramera. Ha dirigido la Asociación de la Prensa de Guadalajara durante más de 20 años y actualmente es secretario de organización de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE). También es coautor del libro ‘Cubillejo de la Sierra: Historia, arte y sociedad’.

Populismo de doble filo

La presidente de C-LM, María Dolores de Cospedal, en las Cortes. //Foto: JCCM

Por Yago López

En estos tiempos que corren, donde la clase política se ha ganado a pulso la desconfianza de la ciudadanía, se hace urgente revisar el actual sistema parlamentario, o por lo menos los miembros que lo componen, para evitar que se nos escape de las manos el estado de derecho y salgan a la palestra viejas fórmulas oxidadas que afloran siempre aprovechando estas coyunturas anunciándose como salvadoras del orden perdido.

La profesionalización de la política, la falta real de representatividad territorial, el tan caduco Estado de las Autonomías, que no convence ni a propios ni a extraños, necesitan como el comer un análisis en profundidad que no puede venir de otro lado que no sea de un gran debate que incluya a la sociedad en su totalidad.

Sin embargo, el desengaño ciudadano -a todas luces justificado- no puede servir de excusa para desmontar los cimientos de un sistema de organización, y por inspiración divina de una dirigente visionaria, sustituirlo por otro modelo que puede conllevar fatales consecuencias. Aprovechar el tirón del desprestigio político para barrer de un plumazo el libre ejercicio de la representación parlamentaria es francamente peligroso.

El anuncio de la presidenta de Castilla La Mancha, María Dolores de Cospedal, de suprimir los sueldos de los diputados regionales alegando que para hacer ese trabajo sólo hace falta un rato, y que la política no puede ser un modo de vida sino que deben desempeñarla profesionales que cuenten con su puesto de trabajo es un insulto a la inteligencia.

Dejando a un lado que decenas de diputados llevan varias décadas según Cospedal llevándoselo muerto por no hacer nada, se puede creer que un parlamentario regional no es más que un monigote que coloca su partido cuya independencia es cero más allá de suscribir y defender a capa y espada las decisiones de los líderes de turno, y que por tanto es completamente prescindible. Pero entonces la respuesta lógica sería romper con el modelo presidencialista y recuperar la necesaria figura del dirigente pegado al terreno al que votan los ciudadanos de su provincia con la idea de que defienda sus intereses.

Sin embargo, Cospedal opta por la receta de que no cobren y pretende ponerlo en marcha a partir de la próxima legislatura. Una decisión que a mí particularmente me despierta una gran incertidumbre. Si un diputado ni pincha ni corta me parece que los ciudadanos que lo han elegido, y a los que representa, algo tendrán que decir y si, por el contrario participa, como debe ser y se le presupone, activamente en las Cortes -órgano que no podemos olvidar que legisla- me aterra pensar con qué independencia votará si, por ejemplo, es gerente de una empresa constructora y debe pronunciarse sobre una modificación de la Ley del Suelo. Me da la sensación de que el remedio va a ser peor que la enfermedad.

Todos contra el fuego

En Guadalajara, fueron despedidos 80 trabajadores de Geacam.//Foto:Retenesdeincendios.com

Por Elena Clemente

Los trabajadores de Geacam (empresa pública de Gestión Ambiental de Castilla-La Mancha) hicieron huelga esta semana para protestar por los recortes (de 170 millones previstos para esta campaña, a 68 millones, según el comunicado difundido el día de la huelga por los trabajadores) y para denunciar el ERE iniciado por la Junta que podría afectar a unos 680 empleados -en mayo, justo antes del verano, época de mayor riesgo de incendios, ya se despidieron 350 trabajadores en la región, 80 en Guadalajara-.

La situación -tal y como la pintan- es caótica: desaparecen retenes enteros en junio, hay torres de vigilancia inoperativas, retenes que pasan a microrretenes (4 personas)… pero el fuego no entiende de recortes. En Guadalajara, se han quemado este 2012 más de 4.300 hectáreas mientras que en 2011, se quemaron en todo el año 280 has. Las cifras cantan.

La noticia contrasta con el anuncio el pasado 7 de septiembre por la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, de que los parados serán llamados a ayudar en las tareas de limpieza de los montes calcinados por los incendios, que, por cierto, este verano, han sido especialmente virulentos. Serán llamados por las administraciones públicas, también podrán hacerlo las ONG´s (¿?). Los desempleados serán requeridos para limpiar el monte, reforestarlo y reparar las zonas afectadas y otras catástrofes. Colaborar en la lucha contra el fuego, aunque no en la extinción.

En realidad, te obligan. Si dices que sí, sigues cobrando paro y como recompensa, te suben la prestación al 100% de la base reguladora. Si dices que no, malo. Pierdes el paro o el subsidio.

La propuesta, que han elevado a Real Decreto Ley, deja de manifiesto que hacen falta manos y que, por lo tanto, es un sinsentido despedir a trabajadores del Geacam, gente que lucha por una profesionalización de su sector, que no sólo ayuda a extinguir incendios sino que realiza todas las labores que ahora el gobierno exigirá a los parados, y, sin embargo, se obliga a los que están en el paro a realizar esa tarea. Como idea para reducir la lista del INEM, es bastante mala -los parados que entran por los que van saliendo-. Y como ejemplo de trabajo bien remunerado y justo, es peor.

Señores gobernantes, el sector forestal necesita una regulación, una estabilidad en los puestos, porque eso le daría mayor profesionalidad. Necesita seriedad porque es un trabajo lleno de riesgos -no hace falta recordar la tragedia de La Riba-.

Y una última reflexión: los trabajadores que trabajan en la extinción de incendios, los retenes, hacen una llamada a la complicidad del resto de la sociedad: “También son tus bosques, también son tus pueblos”, dicen. Y no sin razón. Quienes pierden cuando un bosque se quema, cuando hectáreas y hectáreas se vuelven ceniza, son los ciudadanos, los habitantes de la zona, la economía de la zona también. Todos. Y no hay mejor manera de implicar a esta sociedad -llena de miedo, pasividad, zozobra-, que haciéndola ver que cuando llega un recorte hay que protestar porque hay algún bienestar que se pierde, pero para todos. Lo que se pierde -y quién sabe si volverá- son derechos adquiridos con esfuerzo, no a golpe de talonario o fruto de años de vacas gordas, de manga ancha gratuita. Derechos de todos, de cada uno de nosotros. Mañana, pueden ser prestaciones sanitarias claves (por ejemplo, mamografías). En este caso, son nuestros pueblos, nuestro bosque, es decir, el aire que respiramos.

La educación óptima

La escuela de Alcoroches es una de las que han cerrado sus puertas este curso escolar. // Foto: Ayuntamiento de Alcoroches

Por Marta Perruca

Voy a empezar con una afirmación obvia y comprensible para todos: Los recortes deterioran la Educación Pública. Al menos para mí es evidente que la disminución del profesorado; el incremento de alumnos por aula; la reducción de las horas de apoyo; la eliminación de ayudas para el comedor; el aumento del IVA; los ajustes en el presupuesto de los colegios, entre otras cosas, menoscaban la calidad de la enseñanza.

Con esto, no pretendo volver a incidir sobre los recortes que han marcado el inicio del curso escolar, porque entiendo que se ha hablado suficientemente de ellos en los últimos días, sino de lo que aquellos que nos representan entienden por calidad. Y es que el pasado mes de junio me cabreaban someramente las declaraciones de la presidenta regional, Maria Dolores Cospedal, sobre la escuela rural. La cabeza del ejecutivo castellano-manchego considera que este modelo, que aglutina a alumnos de distintas edades en una misma aula, no es el “óptimo” y encuentra consecuencias en el alto nivel de fracaso escolar que existe en Castilla-La Mancha.

Además de los conocidos recortes, este año el curso se ha iniciado con nueve escuelas rurales menos en la provincia, y más de medio centenar en el conjunto de la región, como fruto de la eliminación del decreto que establecía en cuatro el número mínimo de alumnos para el mantenimiento de estas aulas. Finalmente, Orea se salva de la criba. Lo que era incomprensible es que esta escuela echara el cierre cuando cuenta con 17 alumnos matriculados.

Imaginemos por un momento un modesto despacho en el que trabajan dos entusiastas técnicos que forman parte de un proyecto para fijar población en el medio rural. Podríamos estar hablando, por ejemplo, del programa “Abraza la Tierra”. Una pareja joven se sienta en dos sillas de oficina: “Lo hemos pensado mucho antes de decidirnos. Estamos cansados del agobio de la gran ciudad. Además, hace unos meses, mi marido y yo nos quedamos en paro. Resulta que teníamos unos ahorrillos guardados en una cuenta vivienda y se nos pasó por la cabeza la idea de dejar atrás los atascos, las aglomeraciones y el ruido insoportable de la capital y buscar un lugar más tranquilo. Conocíamos esta zona de unas fantásticas vacaciones que disfrutamos hace un par de años, y pensamos que este sería un ambiente saludable para criar a nuestros hijos. Tenemos dos niñas, ¿sabe?, y otro que viene en camino. Nuestro sueño siempre ha sido tener una familia numerosa”. Me figuro que diría ella.

La responsable de la oficina les preguntaría entonces si han pensado ya el tipo de negocio que quieren emprender y ellos responderían, por ejemplo, que una casa rural. Esta pareja en cuestión, la que se dibuja en mi cabeza, llega a este recurso con los deberes hechos. Ha visto una casa de pueblo, que se adapta a sus necesidades, incluso ha encargado a una empresa un estudio de viabilidad con unos resultados bastante satisfactorios: “Lo único es que no conocemos bien la zona. Nos han comentado que existe una pequeña escuela en el pueblo”, cuestionaría el marido, algo más prudente. Entonces la cara de su interlocutora adopta cierto gesto de preocupación. La técnico de esta visión hipotética es idealista y está enamorada de su trabajo, pero sabe que los recursos educativos son un elemento crucial a la hora de elegir residencia. “Pues, esto… Voy a comprobarlo”. Consultaría el ordenador para ganar tiempo con la esperanza de encontrar una respuesta que no termine aguando sus expectativas de asentar una nueva familia: “Me temo que ha cerrado, pero existe un centro a solo seis kilómetros, en esta localidad”, termina diciendo.

Pero la ausencia de escuela representa un grave problema: “Esta carretera la conocemos. No está en las mejores condiciones, que digamos, y con las nieves y las heladas… Las niñas son tan pequeñas…” La responsable trataría de quitarle hierro al asunto recordando que los conductores de los autobuses escolares son grandes conocedores de las distintas rutas. En otro momento, podría haberse referido también a los cuidadores de este transporte, pero a esta técnico, que trabaja en la zona de Molina, le han contado esa misma mañana que se han eliminado.

A mí no me cabe ninguna duda: si esta pareja fuera real decidiría no establecerse aquí, porque entendería esta carencia como un importante hándicap para su proyecto personal.

Pero, más allá del evidente problema que supondrá esta medida para el mantenimiento de un despoblado medio rural, me pregunto si es esta la “Educación óptima” que pretende el Gobierno de la Junta: Un modelo con aulas masificadas, sin profesores de apoyo, con notables carencias para hacer frente a gastos tan comunes como hacer fotocopias, en el que las familias tienen problemas para dejar a sus hijos en el comedor –en el caso de Molina es imposible, porque ha cerrado sus puertas- y los chavales, que todavía llenan de vida nuestros pueblos, tengan que viajar a diario hasta 27 kilómetros para asistir a la escuela, teniendo que ausentarse cuando las condiciones climatológicas no permitan su desplazamiento.

Uno de los alcaldes, que todavía puede presumir de tener abierta su escuela, me comentaba el otro día que el presupuesto de un aula se corresponde solamente con la nómina del maestro, ya que los ayuntamientos corren con los gastos de luz y calefacción, un precio que considero  ridículo para el mantenimiento de un modelo que, quizá no sea el “óptimo”, como reconoceremos que tampoco lo es el que se dibuja en el resto de la región, pero, desde luego, para la supervivencia de estas zonas es absolutamente necesario.

Zona catastrófica

Calles de Umbralejo, despoblado rehabilitado en la Arquitectura Negra. // Foto: R.M.

Por Rubén Madrid

Si una catástrofe, pongamos por caso un terremoto de virulencia inaudita o un diluvio de proporciones bíblicas, provocase de pronto la desaparición de un centenar de municipios de la provincia de Guadalajara nadie dudaría en rebelarse contra la tragedia como una injusticia aberrante. No cabría transigir ni tolerar ante tamaña ofensa. Sería así, aun cuando fuese ocasionada por causas naturales, sin opción de que nadie obrase para evitarlo. Habría que clamar, aunque fuese al cielo.

¿Quién puede imaginar el drama desatado ante la evaporación de ese centenar de municipios, aunque sólo fuesen los menos poblados? ¿Qué dirían las crónicas de los periódicos, si todavía quedase alguno, ante los muros derruidos de la noche a la mañana, la tierra sedienta del sudor del labriego y los relojes de los consistorios, las campanas de las iglesias y las puertas de sus escuelas calladas para siempre?

Y, sin embargo, esto mismo está sucediendo. Tan lentamente que pareciera imperceptible.

Los números rojos de la demografía nos delatan. En torno a 150 padrones guadalajareños no superan los cien habitantes, el umbral bajo el cual los expertos hacen sonar todas las alarmas. Sucede así en una provincia en la que aproximadamente el 70% de la población se concentra únicamente en diez de sus 288 municipios; con una geografía profundamente sesgada en dos zonas, las también llamadas ‘guadalajaras de las dos velocidades’. ¿Vamos a seguir permitiendo que esta provincia amanezca un día sin alguna de sus dos mitades?

El problema de la despoblación en el mundo rural es todo un género entre las asignaturas pendientes de nuestra tierra. Pese a ello, sorprende lo poco que se estudia en las universidades y la escasa literatura que ha generado en comparación, por ejemplo, con la producción editorial de ese mundo rural con fotos color sepia que analiza la Guadalajara del ayer como si jamás hubiese una Guadalajara del mañana.

Ruinas de la iglesia de Las Cabezadas, pueblo abandonado en la Sierra Norte. // Foto: R.M.

No todos los municipios pueden albergar su particular Eurovegas: hipotecar su suelo y sus recursos para instalar casinos, parques temáticos y almacenes de basura nuclear, o, al menos, aprovechar su paisaje para congelar la imagen de sus calles y envolverla en pizarra para regalo de los turistas los fines de semana. Por eso hacen falta carreteras asfaltadas, banda ancha de internet -pero también manga ancha para  proyecciones presupuestarias-, respaldo a los emprendedores -no hablamos de Sheldon Adelson, sino de peluqueros, panaderos, artesanos o agricultores- y, sobre todo, fe ciega en las posibilidades del mundo rural.

Me consta que en el PP, que maneja actualmente la práctica totalidad de los recursos públicos, hay dirigentes con excelentes ideas para enfrentar este gran problema. Es el caso de los veteranos José María Bris o Gabino Cogollo, a quienes se les han encomendado las riendas de dos caballos que galopan desbocados, los parques naturales de la Sierrra Norte y del Alto Tajo. También me he tomado más de un café largo con Mario González en el que me defendía una vuelta de tuerca y media al modelo de las mancomunidades. Pues bien: ¡adelante! ¡por fin es su momento! Ya no vale aquello de «nosotros lo haríamos de otra manera».

Sabemos que no corren los mejores tiempos para ejecutar ambiciosos planes estratégicos, que deberían ir acompañados de dotaciones presupuestarias suficientes. Pero sí es momento de preparar los análisis, de fundar los observatorios sobre la despoblación y de debatir en los foros de los que saldrán los planes necesarios para las inversiones futuras, cuando este país abandone la maldita crisis en la que un mundo urbano repleto de torres de cristal -y casinos- nos ha sumido a todos.

Y, mientras tanto, procuren no cerrar ni siquiera por un día un museo, una escuela o un centro de salud. Porque entonces, cuando quieran poner en marcha sus planes contra la despoblación rural, puede que ya sea demasiado tarde. Y les aseguro que resulta sobrecogedor recorrer las calles de un pueblo sin gente, porque uno se siente extrañamente culpable. Un pueblo sin vida es como un estanque sin peces: la mirada busca y no encuentra. La curiosidad arrastra un reguero de preguntas: ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Por qué?

Con las ruinas de un pueblo sin vida ya sólo podrán hacer una cosa: excavar entre las montoneras de piedra y polvo y abrir este yacimiento arqueológico al público. Pero ya les avisamos: la Consejería de Cultura considera que este tipo de negocios rurales no son nada rentables.

Una banda ¿con futuro?

La banda tocó por última vez en el Maratón de Cuentos donde expresó su malestar con la Diputación.

Por Abraham Sanz

Guadalajara ya no cuenta con uno de sus referentes en cuanto a música se refiere. La Banda Provincial de la Diputación no actúa desde abril ya que mantiene abierto su conflicto con la Institución provincial porque ésta última dice ser ilegal el modo en que estaban cobrando hasta el momento su pequeña compensación por sus alrededor de 50 actuaciones anuales. Su enconamiento hizo que hasta la propia presidenta decretase su cese de actividad hasta llegar a una solución para la misma y, mientras tener que ver como pasan las semanas donde fiestas y demás son amenizadas por bandas que no gozan del nivel artístico de la provincial.

Son más de 50 años de historia de una agrupación que nunca ha llegado a tener clara su posición dentro de la estructura de la Diputación pero, a nadie se le escapa, que se trataba de una institución vinculada a la misma y cuyas cuestiones eran gestionadas tanto por los técnicos como por el diputado de turno que, a la par que Cultura, asumía atender sus peticiones. En todo este tiempo, han pasado presidentes de todos los colores, diputados más afines, menos; todos debieron hacer frente a esta indefinición, pero ninguno la atajó pero todos consiguieron que la Banda continuase tocando y sus músicos cobrando de un modo legal.

Ahora, parece que  no es así y que en vez de tomar el toro por los cuernos; han decidido, y usando otro símil animal, que muerto el perro, se acabó la rabia. El último convenio que reguló las relaciones entre Diputación y banda, fue tanto para músicos como para los gestores, el mejor marco que se podía crear al respecto y, cabe apuntar, que fue objeto de duras negociaciones o si no, que le pregunten a Francisco Domingo. En él se incluyó una fecha de caducidad: el 31 de diciembre de 2011 y, a raíz de esta fecha surgieron todos los problemas, tras un año ya de Gobierno de la nueva Corporación.

El momento era ideal para ver que futuro le depararía a la banda: bien junto a la Diputación o bien separados. Al final se optó por un juntos, pero no revueltos, es decir, que se convirtieran en asociación que hizo que la polvareda se levantará hasta que el caso ha llegado  a los tribunales. Hubiera sido la ocasión y, una institución como la Banda, lo hubiera merecido no ahora, sino mucho antes; que se les hubiera reconocido como un servicio más de la Institución Provincial; como un órgano más dentro de su estructura y, estudiando los marcos legales, que se les considerase personal de la casa a sus miembros. Aunque suene bonito, supongo que fácil no será porque si no, alguna mente preclara hubiera dado con esta solución a lo largo de su historia. Pero la pregunta es, ¿qué ocurre ahora que no hubiera pasado antes? ¿Qué ha cambiado en la Banda o en la normativa que no estuviera meses atrás cuando todo parecía discurrir sobre una balsa de aceite? Lo peor es la respuesta: nada. Sorprendente.

La banda tocando en el Auditorio Nacional de Madrid en 2010.

Ni músicos ni Diputación han logrado entenderse esta vez. Quizá por cerrazón de unos, por el enconamiento cada vez más profundo de las posturas o porque ya este problema no debía alargarse más sin que un juez entrase de por medio. A todo el mundo le asusta la Justicia, no sólo por lenta, sino porque a veces no hace gala a su nombre y avala las injusticias; pero a veces puede aportar una solución salomónica que permita dar luz a un problema o bien, dinamitarlo por completo.

Triste es que se tenga que acudir hasta los tribunales y que no se haya encontrado por el camino una solución que, aunque transitoria, hubiera permitido ganar tiempo hasta que llegase un diputado con agallas que decidiera poner fin al problema de la banda, asegurando su continuidad. Ahora agallas han demostrado en Diputación, pero en no dar su brazo a torcer; ni siquiera unos centímetros. No sólo vale con lanzar una propuesta y que el contrario la acepte sin más; sino que la negociación implica una serie de tiras y aflojas sobre los que hay que tener mano izquierda para al final lograr lo que se pretende: mantener la banda, ¿o no era ese el objetivo? A la Corporación le ha faltado templanza y prudencia en este ámbito; y le ha perdido la rabia cuando han visto que les hacían frente con un desplante público como el de Domingo de Ramos. ¿Tres meses sin cobrar no desmerecían un acto así?

No entraré más allá de lo que me concierne este artículo, pero en este tema, si diré que la gestión de la Institución provincial no ha estado a la altura porque está poniendo una institución tan añeja como la Banda provincial al filo del precipicio. Ahora serán los tribunales los que tienen la última palabra, confiemos en que ahora tanto músicos como Diputación, si estén a la altura de acatar una sentencia que podría aparecer esta misma semana, cuando aún sigue sin desvelarse que banda acompañará los festejos taurinos. Quizá sea el run run de este fallo el que ambiente el coso de las Cruces…