¿A qué huele el Depor?

El encuentro ante el Sabadell se disputó sobre un césped maltratado por la lluvia. // Foto: http://www.deportivoguadalajara.es

Por Roberto del Barrio

Hace unos días, un lector de El Hexágono criticaba mi elección temática de los lunes. «Escribe sobre otra cosa, el Depor ya huele». No supe explicarle con claridad el porqué de mi insistencia, relacionada obviamente con la tremenda importancia del proyecto. Guadalajara vive un auténtico desierto, los patrocinios han desaparecido y con ellos se han marchado bellas historias como las del baloncesto y el fútbol sala. Sólo el balonmano permanece en la élite, y en un momento en el que este deporte sufre especialmente las consecuencias del tsunami económico y omnipresente que nos oprime.

Para el Depor, y para Guadalajara en todos sus vértices, este es un año crucial. La Liga Adelante es un paraíso para los clubes que aterrizan desde las categorías más humildes, con la opción de generar ingresos fijos (derechos de televisión, fundamentalmente) imposibles de disfrutar en divisiones inferiores y casi en cualquier otro deporte. Hasta que no se demuestre lo contrario, este es el techo del club y una posición privilegiada cuya pérdida se me antojaría trágica. El descenso -palabra maldita- significaría el derrumbamiento de buena parte del castillo y una caída de incalculables dimensiones. El salto sería brutal y difícilmente asumible en este escenario monetario; seguramente una sensación de desasosiego como la de la ficha de parchís que muere cuando está a punto de completar el recorrido. Por todo eso, y por el peso propio del planeta fútbol, la afición sufre y se cuestiona sobre el Depor, los periodistas disertan en torno al Depor y El Hexágono analiza, concluye y trata de explicar humildemente lo que ocurre en cada momento.

Y aprovechando el tirón me pregunto: ¿A qué huele el Depor? Se me ocurren varios términos que pueden encajar. Apelando a la derrota en Sabadell puede oler a impotencia, injusticia y rabia por haber merecido algo más (otra vez). Mirando la clasifiación -imposible no hacerlo-, a miedo, inseguridad e incertidumbre. Seis derrotas consecutivas pesan infinitamente y destapan el lógico vértigo ante el futuro. Dije hace semanas que la zona baja atrapa y paraliza. De alguna forma minimiza los méritos, todo cuesta más. Algo así como ese fantasma que está persiguiendo al equipo de Terrazas. La moneda al aire (Depor-Castilla) siempre sale cruz y las actuaciones notables (el gran papel en Sabadell con un jugador menos durante muchos minutos) acaban marchándose sin dejar ningún botín. Es el sino del equipo débil, un rol del que el Depor debe alejarse como sea y lo antes posible. En definitiva, sólo cabe pensar que con las victorias llegará el olor a remontada. No queda otra.

Cuando los árbitros perjudican el espectáculo. Por cierto, que en la Nova Creu Alta se temió por la celebración del encuentro. La intensa lluvia perjudicó gravemente el terreno de juego, tanto que cualquiera pensaría que no era apto para acoger el choque. Sin embargo, el colegiado dio luz verde al evento, claramente perjudicando el espectáculo. Después, Mateu Lahoz se cargaba un extraordinario partido en el Sánchez Pizjuán, «desquiciando», tal y como llegaron a reconocer algunos futbolistas del Sevilla-Barcelona, a todo bicho viviente. Hay algo que no acabo de entender de los árbitros; y es su empeño por alejarse de la normalidad más allá del comprensible error humano. Mateu Lahoz es líder en esa faceta.

Su famosa obsesión por hacerse el moderno y olvidarse de pitar lo evidente con la excusa de «dejar jugar» desvirtúa el juego. En un prinicpio todo ese circo le otorgó fama, pero el tiempo ha acabado por descubir lo inviable de su apuesta y una eternidad de carencias al aplicar el reglamento que le incapacita para tal cometido. No me gusta que los árbitros sean protagonistas, lo juro, pero mucho menos que su protagonismo buscado eclipse la grandeza del fútbol.

Primer triunfo del Quabit. Por último, me permito la licencia de compartir artículo para abrir página de balonmano. El Quabit consiguió el sábado su primer triunfo liguero ante un Cuatro Rayas Valladolid que atraviesa por una recesión económica y deportiva sangrante. El equipo de Mateo Garralda ratifica así las buenas sensaciones que le hicieron competir ante Ademar de León, Atlético de Madrid y Naturhouse; mientras la Asobal, como ya escribí en esta ventana, confirma que vivirá el campeonato más abierto que se recuerda.

La directiva alcarreña apostó por el cambio y arriesgó al prescindir de Bolea, que había cumplido los objetivos. Pero tenía un as en la manga. Su estabilidad presupuestaria le ha permitido completar una plantilla equilibrada y con capacidad, incluso, para superar el nivel de temporadas anteriores. Eso, tal y como está el balonmano español, es casi un salto de calidad, atendiendo al descalabro de muchos proyectos y al retroceso de varios de los que hasta hace nada conformaban la estirpe noble de la liga. Por eso el primer triunfo se esperaba como una rampa de lanzamiento y la ratificación de la idea. Y, si era así, el Quabit ya la tiene.

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