¿Somos libres para hacer huelga el 14-N?

Los dirigentes regionales de UGT y CC.OO animan a secundar la huelga del 14-N. / Foto: CC.OO y UGT

Por Abraham Sanz

El otro día, un compañero de profesión me hacía una pregunta que, si bien de primeras parece de lo más normal, considero que precisa de una importante reflexión. Ésta venía a cuento de la huelga general convocada para el 14-N por los sindicatos de clase mayoritarios y buscaba conocer mi opinión sobre si esta convocatoria gozaría de éxito o no. Si bien no poseemos el don de adivinar el futuro, sí podemos preverlo analizando los posibles condicionantes que se encuentran detrás de una movilización de estas características.

Será la segunda llamada de atención en apenas un año que reciba el presidente Rajoy y ya en marzo tuvimos una pequeña prueba de lo que ocurrió en Guadalajara, donde la huelga contó con un seguimiento no tan notable como el esperado por las organizaciones sindicales que, no obstante, sí lo encontraron en la posterior manifestación en contra de los recortes que estaba practicando el Gobierno popular en todos los ámbitos sociales, incluido el sector del trabajo.

Esta reacción de la ciudadanía nos debe hacer reflexionar sobre algo fundamental en un Estado democrático. ¿Somos libres para ejercitar nuestros derechos? Bien escuchamos a políticos y demás dirigentes de agentes sociales vanagloriarse del sistema dado y de la cantidad de leyes desarrolladas para garantizar no sólo nuestra libertad, sino la igualdad o la equidad; pero lo cierto es que estas cuestiones se quedan más sobre el papel y cada vez pintan menos en la realidad.

El derecho al pataleo ya no es suficiente pues está visto que el Gobierno hace oídos sordos a las continuas movilizaciones no sólo a nivel nacional, sino a nivel local. Contemplamos a diario que cuando no es la marea verde la que clama por sus derechos, son los trabajadores de Geacam; cuando no los trabajadores sanitarios y en otros casos, la sociedad en general buscando hacer ver a los diferentes gobiernos que los paganos de la crisis no pueden ser siempre los mismos. Pero ahora, como el pasado 29 de marzo, ya no se pide al trabajador que proteste, se indigne y se manifieste; sino que no acuda a su puesto de trabajo y mi pregunta es: ¿todo aquel que quiera podrá hacerlo libremente?

Mi respuesta es clara y concisa: no. Nuestro sistema, el que tanto hay que defender y que tantas imperfecciones tiene, se ha asegurado que sean estos defectos los que labren el camino. De poco sirve que tengamos una Constitución, unas leyes, si luego no tenemos un sistema judicial garante de que todas estas normas dictadas se cumplan o se permita el ejercicio libre de los derechos reconocidos. La coacción y la amenaza disfrazadas de sugerencia se sucederán en muchos centros de trabajo el próximo 14 de noviembre y, no lo digo porque sea una novedad, sino porque es una realidad palpable. Sin duda, algo lamentable que hace que se coarte la expresión de quien quiera manifestar, de forma pacífica, su rechazo a las políticas estatales o regionales del Gobierno elegido.

Pero, ¿qué pesa más en la balanza? Ante esta situación y donde hoy en día tener trabajo parece casi un éxito –hasta es objeto de una mofante rifa en una zapatería de otra ciudad- junto con el negro panorama que se vislumbra detrás de las cuentas del ministro Montoro, ¿puede más el ideario o el bolsillo? Sin duda, lo segundo por lo que la huelga volverá a tener una respuesta más tibia que lo que sería lo esperado pero, su manifestación posterior volverá a teñir de éxito la jornada. Aunque qué poco digno es por parte del empresariado –sufridor en buena medida de esta crisis, especialmente los autónomos- que deba recurrir a artimañas más propias de otra época para evitar quedarse sin trabajadores un día en la empresa.

Es complejo articular medidas que puedan solucionar esta patología del sistema, más aún en empresas familiares o de escasos trabajadores, donde ahora justificar un despido apenas requiere motivos bajo el paraguas de la crisis. Pero sin duda, requiere que tanto empresariado como sindicatos sean los que firmen un pacto de obligado cumplimiento para que se respete tanto el derecho a trabajar en día de huelga y el derecho a no hacerlo.

Y es que al otro lado se encuentran los piquetes informativos. Su actividad ya no es aquella de décadas anteriores que hacían prácticamente imposible acceder al puesto de trabajo a quienes deseaban acudir a él por no compartir los motivos de la huelga; pero sí es cierto que su actividad informativa también sobrepasa estos límites pasando a la coacción, siendo sus consecuencias, no obstante de menores consecuencias que las que puede ejercer un empresario como el despido.

Sin duda, lo peor de esta crisis es que nos ha mostrado que nos creíamos libres cuando realmente somos presos de un sistema que no ofrece soluciones más allá de nuevos recortes sociales. La huelga general no es una medida que se tome a la ligera, sino que significa una situación de hartazgo y que debe evidenciar el sentir general de un país. El miedo o el temor a perder el único sustento que una familia pueda tener, no la hará triunfar de nuevo y ya van dos en ocho meses. Guadalajara volverá a ver polígonos y centros comerciales a medio gas. Sólo esa ausencia de libertad impedirá que se pueda calibrar su calado. De nuevo, sólo nos queda el derecho al pataleo y eso está claro que no es suficiente porque la ciudadanía no es escuchada.

El futuro ya no pasa por un sistema  más justo ni por un sistema más igualitario o equitativo –que también-, sino por desarrollar de una vez un sistema que al fin nos permita ser libres para ejercer nuestros derechos.

Un pensamiento en “¿Somos libres para hacer huelga el 14-N?

  1. ¡Bueno Abraham! Todos aparentemente somos “libres”, para hacer lo que consideremos ese día, pero como muy bien dices vienen las coacciones de los jefes y la Administración imponiendo los servicios mínimos, que de mínimos sólo tienen el nombre. Los piquetes siempre han estado y deben estar pues hay gente que no oye, no quiere ver o le pesa lo que le van a descontar. En esta huelga habrá quien no pueda hacerla porque le han despedido, fruto de los brutales recortes o de los eres empresariales.
    Cuando los ciudadanos no pueden más y el gobierno hace todo aquello que dijo que no iba a hacer y no cuenta con nadie es la mejor respuesta ante el atropello de sus derechos. Mientras desea que pasen estos 4 años y poder hablar en las urnas, no atribuirse lo que pensamos y mucho menos justificarse para desmantelar el país.
    ¡¡Yo el 14 de noviembre voy a la HUELGA!!

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