En el barranco del Hierro

Operario de un centro comarcal detectando una avería de agua en un pueblo. // Foto: Diputación de Guadalajara.

Por Rubén Madrid

Este artículo iba a ser una encendida defensa de las diputaciones. Guadalajara se prepara para celebrar los 200 años de la primera experiencia institucional de ámbito provincial, que se vivió a rebufo del espíritu liberal de las Cortes de Cádiz, y lo hace coincidiendo con una crisis económica que, en plena operación bikini del estado del biniestar, recurre con frecuencia a proponer la eliminación de este ámbito administrativo para ahorrar gasto público.

Hay sobrados motivos para defender esta institución que, como destacaba su actual presidenta, Ana Guarinos, en un reciente acto, sigue siendo “insustituible”. Y daba la dirigente molinesa en el clavo, porque la Diputación de Guadalajara no sólo es insustituible (como Messi) por importante y necesaria, sino -aquí creo ver el adjetivo intencionado- porque su labor no es una tarea que puedan asumir otras administraciones con la misma eficacia. La proximidad, la constitución a partir de los propios ayuntamientos y el ámbito geográfico de competencias la convierten en la más adecuada para echar un cable a los municipios, combatir la despoblación -asunto vital para los pueblos situados en este triángulo desértico que forman Guadalajara, Teruel y Soria- o relanzar la imagen de marca de la provincia de cara a sectores tan rurales como el turismo o la agroalimentación.

Las instituciones provinciales arrastran la fama bien merecida del caciquismo que ha habido también en Guadalajara hasta antes de ayer -y lo dejamos ahí-; se las acusa, también con razón, de duplicidad de competencias (¿deben las diputaciones tener conservatorios o polideportivos, sobre todo en las capitales? ¿han de poner en marcha museos de arte vanguardista? ¿tienen que organizar campamentos ‘urbanos’ en navidades?); y se dice, también con cierto sentido, que algo falla en una institución que se come más de la mitad del presupuesto en gastos fijos (su funcionamiento), dejando poco margen para invertir en las actuaciones sobre el terreno.

Pese a todo, hay motivos para racionalizar la estructura y las funciones de las diputaciones y mantenerlas vivas, incluso refortalecerlas, para seguir con sus tareas: llevar la música a las fiestas, al cobrador a la puerta del ciudadano que debe cumplir con la hacienda local y al operario donde hay una avería… Muchos pequeños ayuntamientos no pueden hacerlo por sí mismos; ¿lo harían las consejerías? ¿con la misma eficacia?

Construir unos centenares de metros de asfalto a la entrada del pueblo y arreglar el camino o el cauce del río. Promocionar la marca turística de una comarca y pelearse los fondos europeos para permitir que abran o reabran algunos negocios… Esta es la misión “insustituible” de una institución que debe dejar de perder el tiempo en imitar a los parlmentos de Madrid o en debatir mociones impuestas sobre el aborto o el pueblo saharaui.

El debate llega a Guadalajara cuando los diputados provinciales de todos los colores (por fin unanimidad de buenas intenciones) llevaban un tiempo felizmente centrados en la tarea, en un giro muy oportuno que tiene en la aprobación y la ejecución del Plan de Carreteras a su buque insignia, pero también un buen ramillete de políticas verdaderamente destinadas a los pueblos.

Obras, hace dos años, del edificio ya rehabilitado para el Museo de la Plata de Hiendelaencina. // Foto: R.M.

Sin embargo, y como les decía, este artículo que iba a desarrollar (hay todavía más argumentos) una defensa firme de las diputaciones ha sufrido un cortocircuito. Un correo electrónico ha interferido en su redacción. Un mail enviado por un veterano miembro de una asociación cultural de un pueblito de la sierra me traslada cómo andan las cosas por allí. Y, como comprenderán cuando lo lean, este ciclón de realidad ha hecho polvo los cimientos de esta reflexión.

Obviando los saludos, dice así nuestro buen amigo:

“Nos acaban de confirmar la noticia que ya nos habían adelantado hace meses, en el sentido de que nos suprimen las urgencias de nuestro Centro de Salud. Como comprenderás es un palo para el pueblo y para toda la zona, son pocas las cartillas que atiende, pero las especiales condiciones geográficas y demográficas de la zona (8 pueblos de la sierra dependen del Centro de salud) suponen que la gente mayor va a tener serios problemas para desplazarse, especialmente en invierno. No se les ocurre más que asignarnos a los 8 pueblos que se atienden desde aquí, Atienza como centro de urgencias; es decir, te pones malo, subes a Atienza (20 km. desde Hiendelaencina, casi 50 km desde Aldeanueva) para que te digan que tienes que ir al hospital, te vuelves otros 20 km. de vuelta hasta aquí y 60 a Guada…. En fin, nos moriremos en el barranco del Hierro.

Otro palo es que han suprimido un montón de servicios del autobús de Campisábalos, que antes era servicio diario y ahora sólo 4 días a la semana; más dificultades para ir a consultas al hospital, o al dentista o a cualquier gestión capitalina. ¿Cuántas personas mayores pueden desplazarse por sus propios medios?

También nos acaban de comunicar que un Convenio que estaba firmado en 2011 entre la Consejería de Cultura de la Junta y nuestro Ayuntamiento para equipamiento del Museo de la Plata (120.000 euros) se anula. Esta ayuda tu la conocías, ya que has sido buen conocedor de nuestro proyecto minero, y tanto el alcalde como yo te hemos ido informando de los avatares de nuestro Proyecto. Ahora estamos con edificio nuevo, reluciente y …… vacío”.

El pueblo, como habrán averiguado por las alusiones mineras, es Hiendelaencina, pero podría ser cualquier otro de la provincia. Y el buen amigo es Joaquín Latova, hasta hace poco presidente de la Asociación Loín de la Encina. Su carta, como se comprenderá, no está escrita con intenciones partidistas ni políticas, sino que es un mail personal (que me perdone Joaquín por revelarlo) escrito con algunos detalles ya difundidos por la prensa y con la sinceridad esperable entre dos personas a las que les ha unido en realidad un proyecto ilusionante y una desigual sensibilidad -pero compartida- por el medio rural.

Cuando uno lee en la orden firmada por el consejero Echániz que el cierre de las urgencias pretende “racionalizar la atención sanitaria urgente” (ya ni siquiera habla del gasto); cuando se mira a Molina, a la Alcarria o la Serranía y se ve que las zonas más deprimidas de nuestra provincia, que ya de por sí tenían poco, se quedan sin casi nada; cuando la realidad pone de actualidad las palabras escritas hace años por Julio Llamazares, que en un célebre artículo (‘España menguante’) decía que a las gentes de estos pueblos el Estado “no sólo les cobra impuestos como a cualquiera, sin darles igual servicio, sino que últimamente parece que lo que quiere es que se vayan todos de allí, a juzgar por la gran cantidad de trabas que les pone para abrir cualquier negocio y por las facilidades que les ofrece para cerrar los que existen”; y cuando, en definitiva, toda la arquitectura de razonamientos teóricos que habíamos levantado para este artículo se viene abajo con los hechos; entonces… qué quieren que les diga, ya sólo queda la pregunta original: ¿tiene sentido mantener las diputaciones?

¿Sin asistencia sanitaria pública por un trámite?

Los parados sin prestación han de acudir a la Seguridad Social y realizar un trámite para continuar teniendo asistencia sanitaria pública. // Foto: Hospital Universitario

Por Abraham Sanz

Son más de 8.000 y suponen más de un 30% de la población desempleada de Guadalajara. Estamos hablando de los trabajadores que a causa de esta crisis ya acumulan más de dos años sin encontrar un empleo y que ya no perciben ningún tipo de prestación. Su rutina diaria no es otra que llevar su currículum vitae de nave en nave, de ETT en ETT, de oficina en oficina para que al final, esos dos folios donde se recoge todo una historia de vida queden apalancados encima de una mesa o, peor aún, terminen en la papelera de la empresa dos minutos después de irse.

Todos ellos cuentan ya con bastante drama dentro de sus vidas para que la burocracia les prive de alguno de sus derechos más sagrados. Y es que en aras de ahorrar ya cada céntimo desde la Administración, los recortes han llegado hasta los servicios fundamentales y, o alguien te informa o te puedes encontrar en tesituras que nunca te hubieras imaginado. Estamos hablando del caso de la Sanidad, uno de los pilares del Estado del Bienestar que tanto se encargan de ‘defender’ nuestros políticos y que últimamente, junto con la Educación está siendo atacado de forma continua con la excusa de la crisis.

Si bien antes daba igual el sexo, la raza, la condición social e incluso tu situación laboral para tener derecho a esa atención sanitaria; ahora todos aquellos desempleados que no estén cobrando el paro, además, deberán perder su tiempo en realizar un nuevo trámite para poder asegurarse esa asistencia sanitaria gratuita.

No lanzaríamos las campanas al vuelo si fuera algo a lo que, incluso, ya estuviéramos acostumbrados o se informase con claridad; sino lo realmente alarmante que esto es desconocido por muchos no sólo quienes se quedan en el par por primera vez; sino por los afectados, todos aquellos que han perdido ya su prestación y que, por desconocimiento, se pueden ver privados de una asistencia sanitaria. Todo ello por un trámite que casi la Administración debía hacer de forma automática para evitar agobios y situaciones desagradables para quienes ya su vida se ha convertido en un auténtico drama.

Vivimos en la sociedad de la información y si se utilizan todos los canales habidos y por haber para que la ciudadanía se entere de cosas que muchas veces bien poco le interesan, se ha de facilitar lo posible todos los datos cuando se trata de cuestiones inherentes a los derechos más básicos de una persona humana como es gozar de una atención sanitaria pública, que no gratuita pues es subvencionada a través de los impuestos que pagan todos los españoles. Y es que si bien inicié el artículo enfocándolo hacia donde nos toca por situación geográfica, esta medida abarca a todo el territorio nacional.

Entró en vigor este 1 de septiembre y en virtud de la norma, los desempleados sin prestación deben acudir a un link de la Seguridad Social –especialmente aquellos mayores de 26 años- donde primero comprobar si tienen derecho aún a esa asistencia sanitaria. Y posteriormente pedir cita previa a través de internet  para registrarse como beneficiario de una persona que sea titular de este derecho, como cuando éramos niños que se nos inscribía en la cartilla junto a nuestros padres para poder ser atendidos por el médico.

Sinceramente, no discuto la medida aunque ni la entiendo ni la comparto. Si discuto los procedimientos dado que por lo novedoso de la situación que estamos viviendo y que está sacando a colación extremos de diferentes leyes que parecían casi imposibles que se produjeran, deberían estar acompañados de una campaña informativa mucho más ágil y que eliminase la tediosa burocracia con la que simplemente se entorpece el pedir lo que por derecho te pertenece.

En definitiva, si eres parado y ves que por desgracia tu prestación va a concluir, no dejes de visitar la web de la Seguridad Social o pasarte un día por ella; para no encontrarte posteriormente con facturas médicas por atención sanitaria que percibas una vez se te haya agotado la prestación y no hayas hecho un trámite que desconocías que debías hacer. Más información y menos propaganda señores gobernantes.

“Lo que es de Celestino”

Vallejo, en una rueda de prensa durante su etapa en el Deportivo.

Por Roberto del Barrio

Más allá del plano futbolístico, ya he expresado en El Hexágono mi opinión sobre la peculiaridad del proyecto que ha elegido el Deportivo. Lejos de la potente figura que siempre había constituido la secretaría técnica, Germán Retuerta quiso dar un giro radical ante la propuesta de Carlos Terrazas. En este club había caído el entrenador del ascenso a Segunda B -Yoyo Ocaña- y el que llevó al equipo a estar 36 jornadas de 37 en zona de play-off -Arnaiz Lucas-. También Carrillo, al que se le agotó el crédito tras una buena temporada inicial, y Kike Liñero, el predecesor del propio Terrazas y que apenas duró un asalto en el banquillo.

En todas esas etapas el sistema contenía un funcionamiento bien diferente al actual. Celestino Vallejo marcaba unas líneas generales en consonancia con el entrenador, cuya figura nunca superaba en jerarquía a la del máximo responsable de la parcela deportiva. Además, Retuerta creía fielmente en esa figura y en la capacidad personal del soriano, un hombre de convicciones inalterables y que nunca se casó con nadie. Ni en el club ni fuera, según se puede interptretar por el desarrollo de los acontecimientos.

De hecho, en lo que me toca más de cerca, su relación con la prensa -“la prensa sentimental de Guadalajara”-, según sus palabras, siempre fue tensa. Recuerdo perfectamente el reguero de ataques indiscriminados de un amplio sector de la crítica cuando después del ascenso de Las Palmas apostó por el cambio en el banquillo. Recién llegado a Guadalajara, observe todo aquello -también participé- y cinco años y medio después puedo decir que nunca más volví a ver tanta dureza en los medios de la capital. Celestino nunca rehuyó el enfrentamiento con los periodistas, ni entonces ni a partir de entonces, y tampoco se preocupó demasiado por cultivar buenas relaciones. Actuó según sus preceptos y nadie puede dejar de reconocer que el tiempo acabó por darle la razón. Más allá del debate sobre sus formas, el fondo -los resultados- decantan la balanza a su favor. También algunos de sus argumentos, especialmente el que aseguraba que “en el fútbol no hay sentimientos”, una evidencia que le ha tocado vivir ahora desde el otro lado.

Él dirigió la construcción de la plantilla que ascendería en Anduva, con fichajes de especial mérito como los de Ernesto, Aníbal o Saizar, y apostó por el relevo temprano para confiarle el equipo a Carlos Terrazas, paradojas de la vida una decisión que hizo historia y que al mismo tiempo terminaría por costarle el puesto. Quizá fue el cabo que le faltó por atar a Celestino, pues el técnico vasco ya había comenzado a desarrollar en Jaén un modelo similar al que ahora ha extrapolado a Guadalajara (allí ejercía también de mánager general).

El rotundo éxito del bilbaíno le convirtió en ídolo y le otorgó toda la fuerza moral posible para plantear el gran reto al presidente. Pronto deslizó, incluso públicamente, su incredulidad en la figura del director deportivo, la clave de su idea, en la que el entrenador ejerce absoluto control. Era algo impensable por la estructura tradicional del club, pero Retuerta dio el paso y desplazó paulatinamente al que, hasta entonces, había sido su mano derecha. Vallejo no participó en las decisiones deportivas del mercado de invierno y antes de acabar la temporada Retuerta y Terrazas comparecieron para anunciar la buena nueva, el secreto a voces que todo el mundo intuía: Plenos poderes.

A partir de ese momento, el ostracismo de Vallejo, evidente, fue tildado por la cúpula del club como “labores administrativas”, un eufemismo en toda regla que se ha caído por su propio peso. Hace apenas un par de semanas Vallejo abandonaba la disciplina del Deportivo Guadalajara, aunque no ha habido ningún comunicado ofcial al respecto -tampoco me atrevería a asegurar si por el deseo del propio Celestino o el de la entidad morada-.

Sea como sea, su salida, silenciosa y lejos del más mínimo reconocimiento por parte del club, refuerza aún más el poder de Terrazas y la apuesta unidereccional del presidente. Como vengo defendiendo, el éxito del proyecto, repleto de riesgos, estará en los resultados. La idea es la de Terrazas y solo sobrevivirá con victorias, como todas. Pero a Celestino, lo que es de Celestino.

El Depor asegura sus cimientos. Mientras tanto, el equipo mantiene su particular lucha por salir del lío en el que se ha metido en este primer cuarto de la temporada. Evidentemente, el primer punto a tratar se fijaba en la extrema fragilidad defensiva mostrada y sufrida, un aspecto que parece mejorar a pasos agigantados en las últimas semanas. Un gol recibido en los partidos disputados ante Xerez, Ponferradina y Hércules da fe de ello, al mismo tiempo que eleva el nivel competitivo del Depor (cinco puntos sobre nueve posibles).

Aitor, de nuevo titular, durante el partido ante el Hércules. // Foto: http://www.deportivoguadalajara.es

Como dije en artículos pasados, la mejora defensiva es una materia directamente atribuible al entrenador, poseedor de mil y una herramientas y obligado a conseguir rebajar la media de tantos encajados, sangrante en el caso de los alcarreños en las primeras seis jornadas del campeonato.

Superado ese trauma, al menos aparentemente, el Depor parece ahora un bloque mucho más fiable, tanto como para resistir en el Rico Pérez durante 66 minutos con un jugador menos y regresar con un punto. Un paso, aún pequeño, para empezar la reconstrucción que se anhela en el Escartín y que podría solidificarse definitivamente en el duelo ante Las Palmas, otro de los equipos con urgencias, del próximo fin de semana.

¿Balance ahora, o en febrero?

Imagen Ernesto Morán, periodista de Guadalajara

Por Ernesto Morán

Considero que después de tres partidos sin perder y dos sin haber encajado ni un sólo gol es momento de analizar la mejoría del Deportivo Guadalajara que ha comenzado en estas tres jornadas la temporada, eso si, casi diez jornadas después que el resto. Momento de hacer balance y reconocer la buena línea del equipo en los dos partidos en casa frente a Xerez y Ponferradina y el empate en el Rico Pérez después de estar con diez jugadores durante casi todo el partido, pero seremos nosotros los medios de comunicación o los aficionados los que hagamos este balance ya que el entrenador del Depor, Carlos Terrazas, tiene el mes de febrero como momento para analizar la temporada del equipo. Nosotros medimos el tiempo de otra manera diferente a él, o al menos eso es lo que transmite semana tras semana. De todas formas seguro que en los próximos días escuchamos o leemos alguna frase del entrenador repasando los puntos conseguidos en octubre.

¿Qué dice Terrazas?

Esta es la pregunta más frecuente que me hacen algunos aficionados al Depor, sobre todo cuando pierde el equipo, para saber qué opina el entrenador sobre el último partido disputado. Mi respuesta varía según el encuentro: que hemos tenido ocasiones pero no hemos acertado en la portería, que hemos cometido errores de bulto, que el árbitro determinó el choque, que el campo estaba impracticable… Yo creo que o la pregunta es retórica o lo que esperan es que les diga que ha reconocido el mister que ese día no hemos jugado una patata; pero no les puedo dar esa satisfacción porque no recuerdo yo que en los 42 partidos del año pasado, ni en los jugados este año haya habido una autocrítica dura por lo desempeñado en el terreno de juego.

Algo que sorprende porque reconocer los errores propios engrandece a la persona y la dignifica y en Guadalajara hemos tenido ejemplo de ello. Precisamente la semana pasada el entrenador de la Ponferradina, el ex jugador Claudio Barragán, que tantos disgustos nos dio a los madridistas con el Super Depor, reconocía abiertamente que habían jugado el peor partido de la temporada y que habían sido justos perdedores del partido y que tenían que pensar en el siguiente encuentro. Es más, entre semana hemos escuchado al mismísimo Vicente del Bosque reconocer que el equipo no supo jugar los últimos minutos de encuentro, y que el cambio de Torres, que consideraba que era positivo para el grupo, no lo fue tanto, y pidió perdón y lo sentía si la afición lo consideraba así. Hasta el mismo rey de España, ha reconocido que se ha equivocado y pidió perdón por el episodio de Botswana.

Ese es uno de los puntos débiles del entrenador del Deportivo Guadalajara, que es un gran mister, ha ascendido al equipo, lo ha mantenido en segunda, pero que cuando las cosas vienen mal dadas no asume esa parte de culpa y se remite al mes de febrero para hacer los primeros balances de la temporada. Una fecha que efectivamente es apropiada para ver con perspectiva lo que llevamos de temporada, pero vamos que analizar el día a día no deja a nadie calvo y sobre todo a una afición que esta pendiente de su equipo y que se preocupa cuando sufre muchas derrotas en poco tiempo. De todas formas todo hace indicar que se ha pasado la etapa mala de esta temporada porque poco a poco se van acoplando los nuevos jugadores, se han frenado las lesiones de larga duración y se empieza a recuperar efectivos como ha sido esta semana con Alex Ortiz y Alex García.

Hay otro aspecto que me preocupa con respecto al Deportivo Guadalajara: es el alejamiento de la afición con la directiva del club. Cuando me refiero a la afición no sólo es al abonado que paga su abono a principio de temporada, por ellos me quito el sombrero, me refiero al seguidor de los morados que esta pendiente del equipo pero que no va al campo porque no quiere o no puede pagar 30 euros de entrada y tampoco quiere o puede pagar los 205 euros anuales; ese guadalajareño que bajaría cuatro o cinco partidos pero que con esos precios no lo hace y poco a poco se va desvinculando del club. Ese es un fallo que no ha conseguido solucionar el club, porque no ha llevado una buena campaña de marketing para “adoptar” a todos estos aficionados, porque puede ser que Guadalajara no dé para más de tres mil y pico aficionados cada dos semanas, pero se me hace extraño que se hable tanto de fútbol en la ciudad y todavía no se haya visto un lleno en esta nueva temporada (el único que vimos la temporada pasada fue con el Deportivo de la Coruña y fue por los aficionados gallegos). Echo en falta una reducción del precio de la entrada para los colectivos con cargas personales, como los parados o las familias numerosas,… O sacar packs de dos, tres, cuatro o cinco partidos a un precio reducido para conocer si hay más afición o nos quedamos en esos tres mil y pico.

En cuanto al objetivo de esta temporada, luchar para meternos en playoff, está descartado al no poder contar con Zazo y Kepa y haber comenzado la temporada con un registro de partidos tan malo.

Espero que les haya gustado esta reflexión sobre la forma de afrontar las situaciones deportivas de nuestro Depor. Si a alguien no le ha gustado les pido perdón, que como he dicho antes reconocer los errores dignifica a la persona.

Ernesto Morán es en la actualidad la voz de Guadalajara en el Tiempo de Juego de la Cadena Cope. Ademas, presenta los espacios deportivos de la misma emisora y de Popular Tv Guadalajara en sus dos tertulias semanales: El Palco y La Previa. Vinculado a Guadalajara desde hace un lustro cubre la información, local, provincial y deportiva para ambos medios de comunicación. En sus inicios trabajó con los periodistas deportivos Angel Gonzalez Ucelay y Gaspar Rosety en Radio Intercontinental y Somosradio cubriendo partidos de primera división en campos como Bernabeu, Calderón o Alfonso Pérez de Getafe.

Cuestión de prioridades

Imagen del aparcamiento de la Diputación de Guadalajara. // Foto: PSOE

Por Yago López

No sé cómo lo han conseguido pero lo cierto es que de tanto meternos el miedo en el cuerpo amenazando con la que se avecina estamos encajando un recorte social tras otro con resignación cristiana. No quiero quitar valor a las constantes manifestaciones en contra de unas medidas que están acabando con el sistema de bienestar, pero lo cierto es que, lamentablemente, en este país en los últimos años las protestas ciudadanas no han cambiado mucho las decisiones de nuestros dirigentes, salvo que estemos en plenas elecciones y se limiten a posponerlas.

La pérdida de servicios sociales que estamos sufriendo no tiene precedentes. En Guadalajara por ejemplo, si hablamos de Sanidad podemos comprobar que el máximo exponente de la provincia, el Hospital Universitario, tiene desde este mes de octubre dos secciones completas cerradas a cal y canto, lo que supone 150 camas menos y más de un centenar de profesionales despedidos, y eso que estaba en proceso de ampliación para atender a la creciente demanda, que ironía.

A esto hay que sumarle que la lista de espera para operaciones quirúrgicas ha incrementado un 30% en el último año y que la Ley de Garantías de Atención Sanitaria, aquella esperanzadora norma que aseguraba al paciente su tratamiento gratuito si se superaban los tiempos de espera máximos es ahora papel mojado. Y podría seguir todo el día enumerando recorte tras recorte sanitario, en especial en el medio rural donde creen ya que un centro de especialidades es un edificio con cuatro autómatas que te derivan a la capital por defecto.

Y si esto sucede en Sanidad, no digamos ya en Educación. Otro pilar básico que antes de las elecciones el Gobierno regional primero, y el central después, no iban a tocar bajo ningún concepto. Basta comprobar los cientos de profesores menos con los que cuenta la provincia, la masificación de aulas, la desaparición de las clases de refuerzo, la supresión del transporte escolar en muchos pueblos o de la eliminación de las ayudas para el comedor o el material escolar. Y si esto sucede en estas dos materias, tan visibles a la sociedad en su conjunto, cuyos recortes llevan en principio aparejado un alto coste político, imaginen lo que está ocurriendo en otros campos que afectan exclusivamente a los colectivos más vulnerables, como por ejemplo los inmigrantes.

Todas estas medidas son justificadas por el Partido Popular, a nivel nacional, regional y local, -hay que ver que facilidad para cerrar filas- bajo el argumento de que no es posible salir de la crisis por otra vía que no sea la reducción del gasto público. “No nos gusta, pero no queda más remedio” , no se cansan de decir. Pero claro, uno no es idiota y aunque dispuesto a apretarse el cinturón hasta el vómito en favor del bien común no acaba de entender la escala de prioridades que manejan a la hora de repartir el dinero público.

Me acusarán de demagogo pero no puedo comprender como la Diputación de Guadalajara puede destinar hace dos días más de 300.000 euros a renovar su parque de automóviles, incluyendo un turismo que supera los 20.000 euros en el mercado y no hay dinero para mantener la decena de escuelas rurales que han desaparecido en la provincia. No entiendo de verdad como la presidenta, Ana Guarinos y el vicepresidente, Lorenzo Robisco, de esta misma institución tienen la desvergüenza de cobrar las dietas por asistir a los plenos del Ayuntamiento capitalino como concejales del mismo cuando el consistorio está a 300 metros de su lugar de trabajo y la nómina de ambos supera de largo los 50.000 euros anuales.  Son detalles, tristemente comunes a todas las administraciones, que de evitarse no nos sacarán de pobres, pero que resultan un insulto constante.

Quizás ha llegado la hora de tomar distancia y empezar a exigir que se destinen nuestros impuestos a lo verdaderamente necesario, si es que realmente no hay presupuesto para educar a nuestros hijos, atender a nuestros mayores, apoyar a los desempleados y cuidar a los enfermos. Mientras que esto no esté cubierto no es lícito que se pague un solo coche oficial a quien tiene cuatro en el garaje, que los eurodiputados viajen en primera clase y cobren sueldos astronómicos, que a los parlamentarios nacionales se les costee un hotel de primera cuando acuden a Madrid –más aún si viven a media hora -, y así un sinfín de privilegios que antes eran difíciles de comprender pero que a día de hoy resultan intolerables. Es más, si creen que no queda otra que dejar a ciudadanos sin trabajo, sanidad ni educación habrá que empezar a replantearse cada partida del presupuesto, pero de verdad.

Y no me vengan señores dirigentes contándome eso de que comparado con sus homólogos europeos salen perdiendo de largo porque efectivamente, muy a nuestro pesar, hoy por hoy con el resto de países del viejo continente, excepto con Italia, Grecia y Portugal –el dream team del recorte social- desde luego no hay comparación posible.

Un cuarto de pobres

Dos usuarios de un comedor social comparten mesa.//Foto: Arciniega.

Dos usuarios de un comedor social comparten mesa.//Foto: Arciniega.

Por Elena Clemente

Dice Accem, la Asociación Católica de Cooperación Española de Migraciones, que en nuestra región los pobres suman ya más de una cuarta parte. Reflexionen un momento porque la cifra irrita y llega al corazón a partes iguales. Mañana es el Día Internacional de Lucha contra la Pobreza. La radiografía que ha hecho esta semana el guadalajareño Braulio Carlés, vicario de Pastoral Social y coordinador de Accem en Castilla-La Mancha no es nueva, es verdad, pero no por ello deja de ser descorazonadora. Cada vez son más las personas que no tienen qué comer y acuden a los comedores sociales -Casa Nazaret reparte 200 comidas al día-. Cada vez son más los nacionales y no los inmigrantes los que recurren a este tipo de servicio social cuando antes sucedía al revés -y también era descorazonador-.

Nacionales y sin tener qué comer. Son los nuevos pobres que ha creado la crisis. Muchos de ellos, gente normal, con una vida normal, un trabajo normal, que han visto cómo de la noche a la mañana, se les ha acabado el trabajo y su vida ha caído como un castillo de naipes que se desmorona con un simple soplido. Gente a la que le da vergüenza ir a pedir la comida semanal a las puertas de Cáritas porque hace unos meses, un año, no tenía por qué hacerlo. La pobreza está más cerca de lo que pensamos. La línea que la separa de la normalidad es más delgada de lo que parece, siempre lo he pensado. Y por eso, debe haber una red fuerte que sostenga a los desheredados de la crisis.

Esta asfixiante situación económica está abriendo más si cabe el abismo -cada vez más inseparable- entre la clase alta y los pobres, haciendo desaparecer la clase media. Porque si ha aumentado el porcentaje de gente que vive por debajo del umbral de la pobreza, también lo ha hecho el porcentaje de gente, de familias mediomileuristas que viven viendo el precipicio todos los días desde su ventana.

La crisis cuadra presupuestos, recorta, cambia vidas, pero debe dejar inmutables ciertas cosas. Una de ellas, es sin duda, los servicios sociales, donde no se entiende que existan tijeretazos. No se trata de mantener una beneficiencia, de garantizar “lo primario, lo básico”, como me comentó la concejala Verónica Renales hace casi un año, en una entrevista.

En realidad, se trata de mantener eso pero tener, además, un colchón presupuestario, para lo que está por venir -para los nuevos pobres a los que antes me refería- porque no hay que ser muy listo para saber que la crisis multiplicará las necesidades sociales. En Guadalajara, además de recortarse las partidas para Servicios Sociales se han hecho de pago servicios de Bienestar Social que antes eran gratuitos como las ludotecas.

Entre los retos para la nueva legislatura de Román destacaba el Plan de Inserción Social, que pretendía optimizar todos los recursos sociales para agilizar gestiones y evitar que las atenciones se dupliquen. El Plan parece que ha sido objeto de recorte total también -creo que sólo ha habido una reunión entre técnicos, Ong´s y asociaciones-, y ha quedado paralizado. Aunque eso sí, el Ayuntamiento es “solvente” y hace sus deberes, obteniendo en 2011 un remanente positivo superior a 1.300.000 euros.

Que el día de mañana sirva para reflexionar sobra la necesidad de encontrar soluciones a la pobreza, cómo atajarla, cómo vivir con ella. Todos somos responsables.

¿Una fórmula mágica contra la sequía?

Las aguas del Tajo discurrían cálidas este verano a consecuencia de la sequía. // Foto: M.P.

Por Marta Perruca

En ocasiones, cuando me enfrento a un comunicado de prensa me siento ciertamente estúpida. Y es que por más que leo una y otra vez la información del gabinete en cuestión no llego a comprenderla. Vamos, que no le encuentro ni pies ni cabeza. El pasado domingo, nuestra firma invitada, el periodista Paco Campos, analizaba con bastante tino el tema del trasvase Tajo-Segura, después de la aprobación de una nueva cesión de caudales a la cuenca murciana de 101,7 hectómetros cúbicos.

Pues bien, puede que sea fruto de mi supina ignorancia en relación a las cuestiones técnicas de esta infraestructura, pero no entiendo cómo es posible trasvasar casi 102 hectómetros cúbicos de agua cuando la cabecera se encuentra al 25 por ciento de su caudal –Entrepeñas y Buendía acumulan 591 hectómetros cúbicos de sus 2.474 posibles- y afirmar al mismo tiempo que “el volumen de agua disponible se mantendrá en los embalses de Entrepeñas y Buendía”. Claro, que a renglón seguido la nota dice que se trasvasará “en función de la demanda”. ¡Ah! entonces ya me queda todo mucho más claro.

Dejando mi “estupidez” aparte y sin profundizar más en la cuestión del trasvase, que Paco Campos analizó someramente ya el domingo pasado, quiero manifestar mi preocupación por este año hidrológico, el más seco de los registrados en las mediciones de la Confederación Hidrográfica del Tajo (CHT), y sus consecuencias.

La sociedad de pescadores de Molina de Aragón alertaba, el pasado mes de agosto, de la preocupante situación de algunos tramos del río Gallo a su paso por los términos municipales de Prados, Pradilla y Chera donde, a causa de esta sequía, el río se quedaba sin agua provocando la muerte a centenares de truchas. Esta sociedad enviaba una carta a la Consejería de Agricultura y Medioambiente reclamando actuaciones urgentes que nunca llegaron, según afirman, porque el responsable de turno entendió que se trataba de una situación provocada por la naturaleza y que, por tanto, tenía que ser la propia naturaleza la responsable de restituir esta zona cuando llegue un año hidrológico más favorable. Me pregunto por qué no se le dice lo mismo a los agricultores murcianos: “Ya sembrará usted cuando llueva lo suficiente ”.

Los pescadores molineses conocen otros casos similares ocurridos en la región, concretamente en la provincia de Cuenca, donde la Administración sí intervino con camiones cisterna salvando de una muerte segura a cientos de peces.

Ya es demasiado tarde para esta zona del río Gallo, uno de los más trucheros de nuestro territorio, fuente de ocio y recurso turístico de la provincia, por lo que los pescadores reclaman ahora un protocolo de actuación para situaciones futuras. Además, recuerdan que la sociedad no es el órgano competente para actuar –si lo hicieran estarían incurriendo en delito- por lo que tienen que contemplar con impotencia la decadencia del río a causa de la sequía y cómo con mayor asiduidad El Cabrillas, en el Alto Tajo, se queda a menudo sin agua sin que nadie haga nada por ese preciado tesoro que tienen los pescadores, que es la trucha autóctona –la trucha fario-.

Y sí, estoy francamente preocupada, y tengo que afirmar que sentí nostalgia y tristeza cuando al volver a bañarme en las frías aguas del río Tajo, esté verano, comprobé que ya no estaban frías, porque el Tajo baja este año con menos caudal. También lo constataron en Taravilla cuando celebraban la fiesta ganchera y los troncos se quedaban enganchados en el fondo del río.

Ya es sabido que las desgracias nunca vienen solas por lo que, si no tuviéramos bastante con esta crisis económica, que nos estrangula a todos, este año, además, hace su aparición la sequía y toca llamar la atención de los ciudadanos en relación a lo importante que es ahorrar agua. Y corresponde ahora también repartir tirones de orejas entre nuestros representantes políticos para que no hagan política con ella y sí una buena gestión, que para eso les pagamos. Aunque quizá no deberíamos preocuparnos nunca más por la falta de agua, porque, al parecer, ¿o acaso sí soy una estúpida?, el Ministerio de Agricultura ha descubierto la fórmula mágica para aprobar trasvases sin disminuir por ello los caudales de la cuenca cedente. Pues asunto arreglado, ¿no?