Villaescusa de Palositos

Los amigos de Villaescusa se hermanan con los muros de su iglesia. // Foto: Asociación de Amigos de Villaescusa

Por Marta Perruca

La Real Academia de la lengua Española define el término orgullo como “arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas”. Pues bien, hoy tengo que admitir que me siento orgullosa. Puede que sea arrogante, vanidosa o me estime en demasía, pero no puedo evitarlo.

La razón de mi orgullo se remonta a un 29 de abril de 2006. Esa primavera fui invitada por la Asociación de Amigos del Románico a una particular marcha sobre la que pensé que podría escribir un bonito artículo de interés humano: Los antiguos vecinos de Villaescusa de Palositos, un pueblo, como tantos otros, sacrificado por el progreso, que en los años 60 reclamaba mano de obra en las grandes ciudades, se reunían después de casi medio siglo para volver a la tierra que les vio nacer. Apenas eran una veintena de personas, incluyendo a algunos representantes de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Cuenca, ya que por este municipio transcurre “La ruta de la lana” de la peregrinación jacobea.

Aquélla iba a ser una jornada entrañable y distendida, un momento para la nostalgia de esos recuerdos, que se rememoran una y otra vez para no ser pasto del olvido. Sin embargo, nuestra marcha fue detenida por la Guardia Civil ante la incomprensión de organizadores y participantes.

Ajena a la discusión que los representantes de la marcha mantenían con los agentes, quedé atrapada por la estampa que conformaban unos cuantos mayores, que apartados del revuelo contemplaban con melancolía el paisaje lejano de las postrimerías de su pueblo. Sostenían en sus manos un ramo de flores que pretendían depositar sobre las tumbas de sus seres queridos y alguien me dijo entonces que quizá ese fuera su último viaje a Villaescusa.

La situación de este antiguo municipio es cuanto menos estrambótica. Una vez la despoblación acabó de cebarse con la villa, un terrateniente fue comprando las propiedades que algunos vecinos dejaron atrás. La hacienda fue pasando de mano en mano aglutinando nuevas parcelas cada vez, hasta el punto de que el actual dueño entendió que todo el término municipal era suyo. Una valla recorre hoy su perímetro e impide el tránsito por sus caminos. Pero, ¿qué ocurre con las plazas y edificios públicos, con las fuentes, los cauces, las calles o con los lugares sagrados? ¿Qué pasa con la iglesia románica de La Asunción, que es propiedad del Obispado?

Tras varias horas de espera y a petición de la autoridad, el propietario accedió a que la comitiva, que tachó de “manifestación” aunque no era tal su espíritu, visitara la iglesia y el cementerio durante una hora y bajo la vigilancia de la Guardia Civil.

En aquella jornada, que para los antiguos vecinos será ya por siempre “La Marcha de las Flores”, el alcalde de Peralveche confirmó a esta periodista, que la mayoría de los caminos  que surcan la localidad son propiedad de su Ayuntamiento, del que Villaescusa sería pedanía, tal y como recogen los libros y documentos que atesora en su seno, aunque no haya querido manifestarse nunca más en este sentido y demuestre escaso interés en aligerar la tramitación de los expedientes abiertos para reclamar la titularidad pública de estas vías.

Ya son muchos los capítulos escritos sobre Villaescusa de Palositos, todos ellos inspirados por su Asociación de Amigos, surgida a raíz de aquella “Marcha de las Flores”, que con su empeño y tesón ha conseguido que la Delegación de Agricultura abriera diligencias para reclamar un camino de su propiedad, cuya causa terminó resolviéndose en los juzgados a favor de la Administración regional; que la Iglesia de “La Asunción” fuera declarada Bien de Interés Cultural e incluso se integrara en el Plan del Románico. Otra cosa distinta es que, según me comentó el obispo de esta diócesis, monseñor Atilano Rodríguez, existan pocas expectativas de que se retome la inversión de este ambicioso plan, que iba a dedicar ocho millones de euros en ocho años para rehabilitar 27 templos, pero sólo las iglesias de Campisábalos y Jodra del Pinar dan testimonio de que existió, por lo que es probable, que a pesar de que el proyecto para Villaescusa ya está terminado, no se materialice jamás.

Volviendo al principio, quizá peque de “arrogante, vanidosa y de exceso de estimación propia”, porque me siento orgullosa de haber sido la primera periodista en contar la historia de estos antiguos vecinos de Villaescusa, que un día se juntaron para volver a pasear por un pueblo que ya no se reconoce en el espejo. El próximo 1 de diciembre celebran su asamblea anual y me han concedido el privilegio de ser su socia de honor de este año.

Pero sobre todo, me siento orgullosa de las personas que conforman esta asociación: personas que apuestan por mantener viva la memoria de nuestros pueblos; que no se resignan a que nuestra historia se reduzca a las pavesas del olvido y que luchan por lo que un día fueron, porque un futuro que se construye sin los cimientos de un sólido pasado corre el peligro de desmoronarse como una pirámide de naipes, y éste sí que es un orgullo nacido de una causa  “noble y virtuosa”.

Desde luego, yo estoy orgullosa de poder formar parte de vuestra historia. Muchísimas gracias.

5 pensamientos en “Villaescusa de Palositos

  1. Siempre es agradable leerte.
    A medida que estaba leyendo el artículo me ha recordado mucho a Castilnuevo y a una anécdota curiosa hace años en el puente del río cuando aparecieron los supuestos dueños del pueblo y nos quisieron echar del lugar de nuestros abuelos, diciéndonos sobre sus caballos que estábamos en propiedad privada.
    Besines

  2. Hola Marta
    Enhorabuena por el articulo, enhorabuena por ser socia de honor de la Asociacion de Amigos y me alegro de poder segui leyendote. Menos mal que los blog permiten que podais contarnos lo que el papel no deja.
    Saludos cordiales
    Jose Luis Garcia de Paz

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