El patrimonio arruinado

Por Antonio Herrera Casado *

Asistía yo hace unos días a una conferencia que organizaba la Asociación de Amigos del Museo de Guadalajara, que impartía el profesor de origen alcarreño José Luis García de Paz, y que iba a tratar un tema que, en principio, parece siempre minoritario, porque venía a mostrarnos algunos ejemplos recientes de la pérdida y desmoronamiento del patrimonio histórico y artístico de Guadalajara. La sorpresa fue que allí no se cabía, que se llenaron todos los asientos del salón de actos, todas las paredes encontraron quien se apoyara en ellas, y hasta fuera del local, como en las bodas de postín, quedó gente que había llegado allí a escuchar aquéllo. Que estaba interesada en el tema, vamos.

Hace unos años, no había tanta gente interesada, porque si no no se explica que se haya llegado a la situación a la que se ha llegado: a que las pérdidas y arrasamientos de los últimos años den para una conferencia. Citó el autor los casos clásicos de nuestra tierra: la compra del monasterio de Ovila por William Randolph Hearst, en 1931, y la de las pinturas de San Baudelio de Berlanga, por el judío León Levi, en 1925. Pero nadie se esperaba que mencionara el derrumbamiento del castillo calatravo del Cuadrón, en Auñón, en 2010, o la destrucción del Portegao de Labros, en 2011. Esto es: la evidencia de que al patrimonio histórico-artístico de Guadalajara se le sigue zurrando, hoy mismo, como hace cien, o doscientos años, ante la pasividad de autoridades y pueblo en general que anda preocupada por otros temas. El económico, por ejemplo, y los resultados de la Champions League, entre otros.

Algo ha tenido que pasar, en las mentes de los españoles, para que se tire un castillo medieval, o se arrase un edificio de arquitectura popular de libro, y no pase nada. Y lo que ha ocurrido es que se le ha quitado la importancia a “las cosas viejas” a las que se ha calificado de rancias, en un sistema educativo que prima por la interculturalidad y los cacharros mágicos de las “nuevas tecnologías”. Hoy los niños saben manejar un ordenador con sus complejas rutinas informáticas, pero nadie les ha explicado los mensajes que llevan talladas las arquivoltas de la portada de un templo románico. Y así es que no se lamentan por la pérdida de algo cuyo mensaje no entienden, y se entretienen con las novedades coloristas que cada día les ofrecen las aplicaciones de su iPhone.

El libro “Patrimonio desaparecido de Guadalajara” que escribiera hace unos años el profesor García de Paz, ha vendido muchos ejemplares, pero se ve que nadie se los ha leído, o al menos los que están encargados de velar por la conservación y la promoción de ese patrimonio. Y así hoy nos encontramos, todavía, con que las ruinas del monasterio cisterciense de Bonaval, solitario en las alturas de la vega del Jarama, siguen siendo sistemáticamente devastadas, expoliadas, por gente que se lleva los capiteles, las piedras y los marcos de las ventanas. En Atienza, el ábside de un convento franciscano de estilo gótico inglés, y que fue lo único que quedó tras su desamortización y destrucción sistemática en el siglo XIX, amenazan ruina inminente si no se hace algo para detener su deterioro. En las salinas de Imón, quizás las más emblemáticas del interior de la Península, con siglos de explotación y mimo por parte de antiguos gobiernos (ilustrados, del siglo XVIII) vemos con preocupación que sus edificios principales siguen derruyéndose lentamente ante la pasividad de todos.

En el reciente Día de la Serranía de Guadalajara, se mostró en Jadraque una colección de fotografías con elementos del patrimonio serrano (casas, tainas, pero también iglesias, castillos y calzadas romanas) que siguen en el peligroso olvido que les supone que el tiempo atmosférico y cuatro gamberros que andan por ahí sueltos y sin rozal les vayan metiendo el diente y desmoronándose poco a poco. Todo esto parece, seguro que al lector tranquilo le parece, un lamento inútil que no sirve para nada. Seguro que sirve, porque yo que llevo ya unos cuantos años en esto de la defensa del patrimonio de Guadalajara, tengo la experiencia de que cuando una cosa se propone, y se dan razones para llevarla adelante, después de mucho tiempo, se consigue. A veces, después de tanto tiempo, que quien se lleva el mérito de la defensa es algún recién llegado.

Hay cosas, sin embargo, que ya no tienen marcha atrás. La Fábrica de Motores “La Hispano” de Guadalajara, un edificio que hoy se incluiría en la lista de monumentalidades de orden industrial, para las que la Ley de Patrimonio que el gobierno regional de Castilla-La Mancha está preparando reserva un importante hueco, no podrá gozar de esa defensa, porque ha pasado ya, por la dejadez de quienes nos han gobernado en los últimos decenios, a la lista de ruinas totales.

El profesor García de Paz, con sus libros y conferencias; el doctor Pedro J. Pradillo y Esteban, con sus investigaciones y acertadas visiones de los edificios y el urbanismo guadalajareño, José Ramón López de los Mozos, con sus tenaces defensas de lo tradicional, y pocos más (porque somos muy pocos en esta lucha) se han ido desgañitando a favor de conservar, de contener, de recuperar, de respetar, de mejorar. Sobre todo, de parar las progresivas ruinas que vemos que se nos vienen encima. De salvar aquellos restos, ahora mínimos, pero que hasta hace pocos años no lo eran (¿sigo dando ejemplos? La Salceda de Tendilla, San Salvador de Pinilla, el castillo de Pelegrina, la iglesia de Querencia, diversos puentes antiguos, la Peña Escrita de Canales, el poblado de Villaflores en lo alto de la cuesta del Monte… ). Mejor no seguir.

En cualquier caso, la defensa de lo patrimonial y las raíces será no ya sólo una opción de voluntaria elección, un prurito de atarnos a la tierra en que hemos nacido, un compromiso con las generaciones futuras que nos reprocharán no haber salvado las cosas a tiempo. Será, además, una obligación para quienes, fundamentalmente desde una perspectiva política, están en el mando y tienen capacidad de priorizar, de presupuestar y de orientar tendencias sociales, que primen la defensa de un patrimonio, aunque “viejo”, frente a un jolgorio (ferias taurinas, que en algunos pueblos se repiten a lo largo del año, y ferias medievales de bullanga y guardarropía) que no pasa en su trascendencia del fin de semana en que se celebra.

Para terminar, y puesto que tan amablemente El Hexágono me ofrece esta tribuna donde decir cosas que deberían tenerse en cuenta, dar el apunte de que otra parte de nuestro patrimonio está entrando en zona de peligro. Es la grandiosa composición pictórica “Retablo Arriacense” que Víctor de la Vega hacia 1975 pintó por encargo de la Caja Provincial de Ahorro, para adornar la pared del fondo de la sala del Consejo de esa Entidad Bancaria. Fenecida la tal, trasladada primero a un moderno edificio del otro lado de la autovía, sin Consejo ahora, recibiendo la luz solar porque la sala en que está es todo cristal, y con los residuos de la Caja en manos de los catalanes, esto pinta mal. Alguien debería hacer gestiones para que esa preciosidad de cuadro, inmenso y representativo de nuestra tierra, pasara a lugar público y pudiera ser admirado cada día por quienes gustan del arte y aman su tierra ¿Quién debe hacerlo? Buena pregunta, para la que no tengo respuesta. Aunque creo que en el ámbito de la cultura oficial (léase Junta, Diputación, Ayuntamiento) hay suficientes asesores como para poder valorar esta cuestión y tomar decisiones que vayan en la senda de salvar el cuadro y aumentar el caudal patrimonial de nuestra tierra.

Pero de momento, y dado que los horizontes se enturbian, vamos a lo claro y definido: sigamos acudiendo al patio de los Leones del palacio del Infantado, o a la capilla de Luis de Lucena, o al Panteón de la Condesa de la Vega del Pozo, más la catedral de Sigüenza, el castillo de Torija o el templo de Santa Coloma en Albendiego. Allí podremos sentir que el aire entra, libre y fresco, en los pulmones y que, con esas muestras, y muchas otras que sí se han ido salvando, tenemos asegurado el oxígeno que nos da la vida.

* Antonio Herrera Casado (Guadalajara, 1947) es doctor en Medicina, profesor emérito de la Universidad de Alcalá de Henares, Cronista Provincial de Guadalajara desde 1973, Académico correspondiente de la Real de Historia desde 1987, y fundador de la editorial alcarreñista AACHE. Ha escrito 80 libros sobre temas de historia, arte, patrimonio, naturaleza y personajes de Guadalajara, y colabora semanalmente en “Nueva Alcarria” desde 1970, estando en posesión de algunas distinciones, como la “Abeja de Oro” de la provincia de Guadalajara y recibido algunos premios como el Camilo José Cela de literatura de viajes.

2 pensamientos en “El patrimonio arruinado

  1. Como siempre nuestros amigos, Antonio Herrera y José Luis Gª de Paz, hablando alto y claro en defensa del patrimonio de Guadalajara. A esa lista me gustaría añadir Villaescusa de Palositos, pueblo de trazado y corte medieval impunemente arrasado por un particular en pleno siglo XXI ante la indiferencia de los poderes públicos. Y su iglesia románica, recientemente declarada BIC, y en grave peligro de desplome ante la pasividad de los responsables de su conservación. Todo un tratado de lo que no se debe permitir que ocurra. Saludos.

  2. Gracias por tu articulo amigo Antonio!!

    Me deje un tercio de trasparencias al final de la charla porque se me iba el tiempo, y de los que hable, lo hice lo más conciso. Es imposible abarcar todo en una hora, ni todo en un libro. En el libro que mencionas, “solo” trato desde la Edad Media, incluida. Espero que no le pase lo mismo que a los discos de gregoriano de los monjes de Silos.

    Amigo Carlos: en la charla dedique tres trasparencias a Villaescusa de Palositos, iglesia y caminos. Me tendran que me perdonar los que se me quedaron sin mencionar… Uno era la fabrica de la Hispano, algun castillo o alguna casona mas (como la de Orea), libros perdidos de los que apenas quedan ejemplares, los molinos de agua y de viento, arquitectura tradicional, despoblados… Y eso que delos casos “clasicos” (p.e. Ovila) solo conte las novedades de los ultimos 5 años.

    Finalmente, muchas gracias a los que fueron a la charla, porque bastantes tuvieron que oirla de pie y eso que se trajeron las sillas de las habitaciones circundantes y en el estrado solo quedo mi silla.

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