Azkorra sostiene al Depor

El delantero vasco ha marcado en las tres últimas jornadas. // Foto: Mariano Viejo (www.deportivoguadalajara.es)

Por Roberto del Barrio

El deporte es un conglomerado de historias repletas de héroes y villanos. Quizá sea una definición exagerada o demasiado bélica, pero creo que explica a la perfección el motivo de este artículo. En plena zozobra, el Depor de Terrazas parece haber encontrado su particular tabla de salvación en Gorka Azkorra, uno de los jugadores señalados por la crítica y la afición en el tramo más delicado del campeonato. El delantero vasco le dio la victoria al conjunto alcarreño con un tanto capital ante el Recreativo y amplía su brillante bagaje de las últimas semanas.

Azkorra marcó el primer gol y forzó el penalti del segundo contra el Sporting (2-1); y también firmó el tanto morado en El Alcoraz de Huesca (2-1). Un claro ejemplo de la balanza desequilibrada que mueve el fútbol. De los pitos a los aplausos, de la duda al elogio, de la sequía al gol. Tanto como eso o tan solo eso. Depende de cómo se mire.

También es justo reconocer el mérito de los defensores de Azkorra, que también los hubo. Un habitual compañero de tertulia me insistió durante semanas en las posibilidades del ariete, en sus movimientos, en su valor más allá del lucimiento propio en torno al balón. No le creí del todo, como tampoco acabé de creerme aquello que dijo Terrazas: “Azkorra hace cosas que los defensas no esperan”. Durante los dos primeros meses de competición me pareció un jugador desconectado y con muchas dificultades para generar juego cerca de la portería. Cierto es que tampoco le ayuda de cara al público su apariencia algo fría y sus movimientos poco eléctricos; no es precisamente un jugador que transmita sensaciones de forajido y eso siempre vende menos.

Pese a todo, Azkorra asumió las críticas, su mal comienzo e incluso llegó a reconocer como habitual esa tardanza en alcanzar su mejor forma en los inicios de campaña. La lesión de Kepa, además, le obligaba todavía más por tener el foco encima de forma irremediable. Pero, por fortuna para el Depor, el vasco ha respondido. No me atrevería a asegurar si porque realmente no alcanzábamos a ver ese juego “oculto” del que hablaba mi compañero tertuliano o porque la simple evolución y mejora del futbolista le ha llevado a traducir su esfuerzo en jugadas de valor gol. Al menos, así lo muestra esa estadística que señala la participación de Azkorra en los últimos cuatro goles del equipo.

Inevitablemente, esa balanza, cruel en ocasiones, también encumbra a los protagonistas del área y multiplica su valor en tiempo récord. En 20 días, Azkorra se ha convertido en el hombre-gol del Depor; y era algo imprescindible. Al equipo de Terrazas aún no le llega para imponerse con solvencia y cada palmo de terreno en campo contrario vale su peso en oro, por no hablar de cada tanto (16, apenas uno por partido). Por eso parecía crucial que a alguno de los jugadores del sistema ofensivo se le encendiera la bombilla de la inspiración para cubrir la ausencia de Álvaro Antón.

Y la luz se ha hecho con Azkorra para aliviar en parte la angustia del Deportivo, cuyos seis puntos sobre los últimos nueve dibujan un horizonte menos dramático. De hecho, la última jornada ha sido absolutamente propicia y la zona de salvación aparece a solo tres puntos. El delantero criticado ha pasado directamente a recolectar puntos y victorias con sus goles. Todo eso apaga los debates, sean los que sean. El de su rendimiento o el de Terrazas, otro de los actores fundamentales que demuestra esa bipolaridad absoluta en el fútbol. Nadie fue tan ídolo como él ni tan criticado en los últimos meses. La balanza, ya saben. Los héroes y los villanos.

Anduva, próxima parada. Con ese refuerzo vital que supuso el triunfo ante el Decano, el Deportivo viajará el próximo domingo al lugar donde empezó todo, en el que escribió la página más especial e inolvidable de su historia. 17 meses después del glorioso ascenso los alcarreños jugarán en Anduva ante el Mirandés. Me es imposible pronunciar el nombre de ese mágico campo y no esbozar una sonrisa.

Tampoco hacerlo y no acordarme del gol de Ernesto, del abrazo de Juanjo a Terrazas, de las lágrimas de Rubén Cuesta sobre el césped pese a llevar medio año sin jugar, de los balones despejados por el alma de Quesada en un tramo final agónico, del esfuerzo de Jorge, que no pudo acabar el partido, o de la mano salvadora de Saizar a Lambarri. Sé que la vida sigue y el fútbol no se caracteriza por rodearse de mucha memoria, pero el corazoncito del deportivismo tendrá para siempre una raíz eterna en aquel lugar y una vinculación platónica con aquellos jugadores. Algo de romanticismo siempre queda.

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