No sin mi casa

Marcha de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca de Guadalajara en el Jardinillo. A la derecha, usuarios de Cáritas esperando a las puertas de San Nicolás.

Por Elena Clemente

Los desahucios son uno de los más graves efectos colaterales que ha tenido el boom inmobiliario y sus crisis posterior y por eso, sus víctimas, han de tener voz. La tan pedida dación en pago o el código de buenas conductas para los bancos no han tenido el efecto deseado.

En 2011 se produjo un desahucio al día en Guadalajara y en 2012 la cifra sigue creciendo y no para. Según los datos de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) de Guadalajara, se producen tres desahucios de media cada dos días y eso es casi un 30% más que en 2011.

Lo único positivo de todo esto es que los ciudadanos han logrado que a los políticos se les caiga la cara de vergüenza y comiencen a frenar -ojalá que a erradicar- un problema que ha costado la vida ya a varias personas.

En estos momentos, en Castilla La Mancha existen mil viviendas de protección oficial que son propiedad de Gicaman, es decir, de la Junta de Comunidades. Hay 800 en venta y 200 en alquiler, lo que demuestra, como muy bien han razonado desde el Gobierno regional, que “la función social de las VPO no se ha cumplido”.

Deberían de hacer precios mucho más asequibles para que todo el mundo pudiera tener acceso a la vivienda según sus posibilidades y su situación. En primer lugar, porque así lo dice la Constitución: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos (Art. 47 Constitución Española). 

La responsable de la campaña del Día de las Personas Sin Hogar en Guadalajara, Miriám Montón, dijo la pasada semana que en el último año, Cáritas atendió a unas 300 personas por este problema. Aproximadamente el 15 por ciento, acudió porque se había quedado sin casa a consencuencia de la crisis. El resto, por problemas familiares o fruto de realidades que motivan esta situación: discapacidades, adicciones, enfermedades mentales e inmigración. Y añadió algo más: que la crisis no sólo está dejando a la gente sin casa, sino que está propiciando otro tipo de ‘sin-hogarismos’ como las ocupaciones, el chabolismo y el hacinamiento en viviendas.

Francamente, hay medidas que tomar. Porque si hubo un tiempo de la felicidad en el que no importaba construir sin ton ni son, donde hubo quienes veían con facilidad cómo llovían euros del cielo y se les permitió soñar -equivocadamente- con una vida más acomodada, ahora hay que afrontar lo permitido entonces. Es una responsabilidad que los gobernantes tienen que resolver, sólo por justicia.

Y lo de los bancos es un abuso manifiesto. No sólo desahucian sino también chantajean. Mientras ellos tienen al Gobierno arrinconado por todo lo que han dado al poder, el Gobierno se encuentra en la tesitura de devolver los favores a la banca pero sin olvidar que fue elegido por los ciudadanos.

Fachada de CatalunyaCaixa en Virgen de la Amparo, con pegatinas contra los deshaucios.

Esa es la clave o. al menos, la única respuesta para explicar por qué el Gobierno ha rescatado antes a los bancos, se ha ocupado de hacer una ley para facilitar la fusión bancaria y hacer desaparecer las ‘cajitas’ de ahorro para ser más competitivos en Europa; en fin, dar todas las facilidades del mundo mientras han sido incapaces de frenar el abuso de los bancos, con una ley que verdaderamente pusiera punto y final a esta sangría social.

Nadie deja de pagar su piso por complacencia. Y no debería de olvidarse algo más: un piso no es un viaje de placer, es una necesidad, y deberían darse facilidades antes de llegar al desahucio. Porque un banco no desahucia si no quiere.

Ahora, las paredes de las entidades financieras están llenas con carteles de pisos tasados a un precio inimaginable hace tan sólo cuatro o cinco años. Para algunos serán pisos-chollo; pero son pisos ‘manchados’, con una historia de dolor detrás. Pisos que alguno recomprará, mientras los antiguos propietarios siguen pagando -con deudas sangrantes-. El banco, entre tanto, se frotará las manos, como un vampiro antes de clavar el colmillo a su víctima y chupar su sangre.

Propuestas como la dación en pago -no exclusivamente para los que tengan todos los miembros en paro- y la creación de un depósito de vivienda social cuyo alquiler suponga menos del 30 por ciento de los ingresos mensuales de la unidad familiar, como propone la PAH, son dos de las propuestas a tener en cuenta para solucionar un problema que, insisto, a los gobernantes les corresponde resolver. Ahora, toca complacer a los ciudadanos.

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