Derecho a tener derechos

Chiste de El Roto en El Pais.

Chiste de El Roto en El Pais.

Por Elena Clemente

“No puede ser que los últimos sean los últimos”. La frase, del Vicario de Pastoral Social, el guadalajareño Braulio Carlés, pronunciada a propósito del Día Internacional del Voluntariado esta semana, explica muy bien el porqué de esta agitación social con la que nos desayunamos cada día y deja entrever el sinsentido -en parte- de una Constitución que celebrábamos ayer, y que pide una reforma -esta sí- a gritos, para devolverle la utilidad perdida.

A la Constitución le pasa como a El Quijote. Está en todas las casas, pero se lee poco o nada, aunque ambos sean libros míticos y de referencia. Está muy bien que se recuerde que la Carta Magna nació fruto del consenso. Las circunstancias obligaban, salíamos de una dictadura y España no se podía permitir otra cosa que estar unidos para conseguir una senda de libertad y democracia.

Pero se me queda un poco cojo el discurso del anfitrión de este año en la fiesta que dan los políticos un día antes de la fiesta de la Constitución. El subdelegado del Gobierno, Juan Pablo Sánchez Sánchez-Seco, se acordó en su intervención de otra Constitución, la Pepa, que en este año que termina cumple bicentenario y también de la unidad de la patria, que es lo que parece que toca, tras los recientes delirios nacionalistas.

La Constitución, si por algo es importante, es por los valores que defiende: la libertad, la justicia, la igualdad o el pluralismo político. Piensen, por un momento, cuánto de esto se ha conseguido. También por defender la solidaridad territorial, un Estado de Derecho, que pone límite a los poderes públicos, para que estos garanticen la igualdad y la libertad del individuo y, además, un Estado social, para que estos mismos poderes trabajen para lograr una igualdad y una libertad efectiva, verdadera, de verdad.

La Constitución también exige una redistribución de la renta más justa y equitativa y que el Estado intervenga en asuntos vitales como la vivienda, la salud, el trabajo o el acceso a la cultura y también a la hora de fijar unas condiciones laborales adecuadas. ¿Dónde está el derecho al trabajo? Que se lo pregunten a los casi 25.000 parados de Guadalajara ¿dónde está el Defensor del Pueblo? Fue suprimido por la presidenta regional en 2011.

¿En qué punto desapareció el derecho a una vivienda digna? Todos los días deshaucian. ¿Y el acceso universal a la Sanidad pública? Se desmantela a pasos agigantados, a favor de las empresas privadas y aseguradoras -dirán que para generar empleo-. Por cierto, ¿dónde está la soberanía del pueblo, cada vez más asfixiado por las decisiones de quienes gobiernan? ¿cuándo volverá todo lo que se está perdiendo?

¿Y dónde, finalmente, se quedó el derecho a la información? En Guadalajara, cada vez más mermado por el cierre de medios y el goteo de despidos de profesionales. No lo digo ya por las cifras de desempleados sino por lo que supone. El poder necesita otros ojos que cuenten, que reflexionen, que denuncien, que critiquen, que aplaudan también. El periodista es un representante de los ciudadanos. Por eso, si no hay periodismo, pierde la sociedad.

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