La importancia de decir la verdad

Alberto Girón, periodista de SER Guadalajara.

Alberto Girón, periodista de SER Guadalajara.

Por Alberto Girón

 

“¿Jura decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad?”. Seguro que han oído esta frase miles de veces. Es, sin duda, una las más repetidas en la historia del cine y la televisión. El momento siempre es parecido, pero no por ello dejar de tener valor o pierde un ápice de tensión. El acusado (o testigo) se pone delante del juez  y éste le pregunta si va a decir la verdad y le advierte que, en caso contrario, podría cometer perjurio. Siempre, aunque alguno sepa previamente que va a  mentir, se repite la misma respuesta: “Sí, juro”.

La frase me ha venido a la cabeza estos días al hacer balance del primer año de la llegada de Mariano Rajoy en La Moncloa. Un año marcado por la crisis, la incertidumbre, los recortes, las protestas en las calles, las reformas y las huelgas. Pero un año marcado, por encima de todo, por los incumplimientos y las mentiras del presidente y su Gobierno.

Mentiras que empezaron ya el mismo día en que Rajoy fue elegido presidente. Minutos antes de ser investido, subió a la tribuna y realizó un discurso plagado de promesas. Dijo que bajaría los impuestos, que revalorizaría las pensiones, que no tocaría la Educación y la Sanidad… Sabía que esas promesas eran mentira. Sabía que no podría cumplirlas. Sabía que no las necesitaba para asegurarse la investidura. Aun así prefirió decirlas. Y lo peor es que no ocurrió sólo ese día. En este primer año de mandato la escena se ha repetido en numerosas ocasiones: el presidente dice una cosa y, sin esperar demasiado, esa misma semana, aprovecha el Consejo de Ministros para aprobar lo contrario.

Rajoy, ese hombre previsible del que hablan sus conocidos (y con lo que él ha llegado a ironizar en ocasiones), ha convertido esa forma de actuar en una triste rutina política. Cuando el presidente habla (no muy a menudo, la verdad), cuando deja un titular (tampoco demasiadas veces), cuando hace una promesa, muchos son ya los que piensan que acabará ocurriendo todo lo contrario. Y a menudo aciertan.

El líder del Ejecutivo ha elegido la senda de la mentira y los incumplimientos y, de momento, prefiere mantenerse en ella. Quizá, acuciado por la crisis y por los sobresaltos diarios de la Prima de Riesgo, no ha tenido ni siquiera un minuto para sentarse a pensar en los efectos nocivos de esa forma de actuar, de esa manía reiterada de ocultar la verdad a los ciudadanos.

Podría fijarse en lo que le ocurrió a Aznar por sus mentiras con ETA tras el 11-M. Podría hacerlo también en Zapatero y ese afán desmedido por ocultar durante meses una crisis que ya empezaba a asomar la patita y que después le acabó devorando. Dos casos diferentes, dos personajes antagónicos, pero un final parecido: mentiras (o intentos de engaño a los ciudadanos, por decirlo suavemente) que los españoles castigaron duramente en las urnas y que ambos llevarán muchos años asociadas a su imagen. También hay ejemplos aquí en Guadalajara, sí, aunque lo dejaremos para otro momento.

Por suerte, Rajoy tiene todavía por delante mucho tiempo para cambiar las cosas, pero debe empezar a hacerlo cuanto antes. Puede que sus medidas sean necesarias o incluso imprescindibles, por injustas que nos puedan parecer, pero lo único seguro es que debe explicarlas sin engaños. Los ciudadanos quieren, se merecen saber la verdad, por dura que sea.

Y lo peor es que ni siquiera necesita recurrir a esos engaños. El presidente tiene una mayoría tan amplia en el Parlamento y una situación tan calmada dentro de su partido que puede afrontar sin problemas todo lo que venga por delante. Ni siquiera la oposición, todavía golpeada por los efectos de la anterior legislatura y sus debates internos, está en disposición de hacerle frente. Necesita recuperar la confianza perdida en apenas 12 meses. Que la gente de la calle, la gente normal de la que tanto hablaba en su campaña, empiece a fiarse de él. Y lo necesita cuanto antes. De lo contrario, el crédito se le acabará pronto, antes incluso de lo que él mismo pensaba, y pasará a la historia como un presidente que no fue capaz de cumplir sus promesas.

Estamos, no lo neguemos, ante un problema serio, más incluso del que podemos imaginar. Y, para ser justos, Rajoy no es, ni mucho menos, el único culpable. El drama de nuestro país es que esta forma de actuar, de engañar a sabiendas y de incumplir una tras otra las promesas, se ha convertido en la manera de gobernar de todos (o casi todos) nuestros gobernantes. Está tan extendida que todos, sin diferencias de partidos, cargos o lugares (también en nuestra provincia), se han acabado contaminando.

Los ciudadanos ya no se fían de sus representantes. Y no lo digo yo, lo dicen las encuestas. Esas encuestas que hablan de los políticos como uno de los  principales problemas de los ciudadanos. El mundo al revés: la solución convertida en el problema.

Quizá sería bueno copiar esa pregunta de “¿Jura decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad?” de los juzgados y llevarla también al Congreso, el Senado, a las diputaciones, los ayuntamientos o los parlamentos autonómicos. Porque nuestros políticos juran (o prometen) sus cargos al ocuparlos. Lo hacen delante de la Constitución y en algunos casos de un crucifijo. Se comprometen públicamente a defender la legalidad y a cumplir y hacer cumplir las normas fundamentales del Estado, pero en ningún momento juran o prometen decir la verdad a los ciudadanos.

Muy duro

2012 no ha sido un buen año para Rajoy, pero tampoco para los periodistas. En este año que ahora despedimos han cerrado muchos medios de comunicación y, en aquellos que siguen vivos, muchos compañeros han ido a la calle. Ha sido un año muy duro, especialmente en Guadalajara. Esperemos que 2013 sea mejor para nuestra profesión. Que las iniciativas de muchos compañeros que han apostado por seguir ejerciendo el periodismo, que están arriesgando fuerte por seguir vinculados a este mundo, acaben llegando a buen puerto. Esa sí sería una buena noticia que contar en 2013.

 * Alberto Girón es licenciado en Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Su carrera profesional siempre ha estado vinculada a su provincia, Guadalajara, donde nació y sigue viviendo. Sus primeros pasos y aprendizajes en este mundo, hace ya más de una década, fueron en el diario digital La Crónica de Guadalajara. De allí saltó a Guadalajara Dos Mil, donde trabajó durante varios años, primero en el área de deportes y después en la sección de Local. Su último salto (hasta el momento) fue para sentarse ante un micrófono de radio, su pasión de siempre. En 2006 llegó a SER Guadalajara para incorporarse a los Servicios Informativos, donde todavía continúa. Actualmente dirige el informativo HORA 14 GUADALAJARA.

 

 

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