Noches de paz

Akorra, en una jugada del último partido ante el Racing de Santander. // Foto: Mariano Viejo (www.deportivoguadalajara.es)

Akorra, en una jugada del último partido ante el Racing de Santander. // Foto: Mariano Viejo (www.deportivoguadalajara.es)

Por Roberto del Barrio

Será una Navidad feliz. Definitivamente, sí. El Depor despidió el 2012 con un empate ante el Racing que no se fraguó en su mejor encuentro pero que queda enmarcado, obligatoriamente, en un ilusionante tramo final. La mejoría del conjunto alcarreño ha desembocado en unas vacaciones placenteras y en una sensación dulce, casi entrañable al estilo más clásico de estas fechas tan señaladas.

Digamos que si en los dos primeros meses del torneo la música que emanaba del vestuario se traducía en canciones de desamor extremo con el acento apocalíptico de Álex Ubago, el fin de año del equipo de Terrazas bien podría visualizarse con un matasuegras, un villancico panderetero y un gorro de Papa Noel como tocado de gala en la cabeza del técnico vasco. Fuera de la zona de descenso y con el aval de cinco jornadas sin perder, el Depor se va de vacaciones como un equipo optimista y convencido de que el extenso argumentario del líder de la manada va tomando forma.

Terrazas no vaticina el fin del mundo –al menos por el momento-, pero arriesga más que Nostradamus y los Mayas. Lo hace hacia el exterior y es asumible que casi en mayor medida de cara a sus jugadores, que habrán empezado a creerse obligatoriamente las ambiciosas profecías del míster. Además, no pronostica a milenios vista, lo cual se agradece entre este gremio tan maltratado que se dedica a contar, analizar y opinar sobre lo que sucede cada semana, cada día y, últimamente, casi cada tweet.

Carlos Terrazas firma un autógrafo en un acto navideño del club celebrado la semana pasada. // Foto: Mariano Viejo (www.deportivoguadalajara.es)

Carlos Terrazas firma un autógrafo en un acto navideño del club celebrado la semana pasada. // Foto: Mariano Viejo (www.deportivoguadalajara.es)

Me pongo a imaginar y atisbo a Terrazas recibiendo la Navidad en su Bilbao natal pensando en cómo alargar la progresión de este Depor hasta poder sentir bajo sus pies un verdadero nivel de play-off (estén seguros de que se clasifique o no el arsenal de teorías terracistas acabará por encontrar un dato, una secuencia o una cita literaria que relacione al Depor y su estadística con el objetivo marcado). Lo pasará mal sin fútbol, pero que muy mal, hasta el punto de rastrear cualquier resquicio para encontrar algún partido que añadir a su libreta, sea de solteros contra casados, de toreros contra colaboradores de Sálvame o el torneo de medios que se avecina en Guadalajara, cuyo ínfimo nivel heriría gravemente su sensibilidad futbolística. No le recomiendo acudir, míster (valga la broma para ensalzar la pasión infinita del bilbaíno por su profesión).

Por su parte, Razak podrá contar que los planetas se alinearon para dejarle con acierto ante los focos de la Segunda División y llevará hasta África los sueños del Deportivo, mientras Cristian disfrutará de Guadalajara con el orgullo de ser profeta en su tierra.

Azkorra recordará en euskera la exigencia del Escartín que le obligó a pasar de pitado a goleador, Barral mantendrá su brillante calma y se encargará de servir la mesa (por supuesto no derramará ni una gota sobre el mantel; el capitán nunca falla) y Jony degustará una paella entre algún rayito de sol y acompañado por toda la estirpe de futbolistas que pasean el apellido Ñíguez desde la Elche del gran Boria.

Alvarito Antón, sin duda, volverá a acertar con los regalos -por momentos he llegado a pensar que era Papá Noel, Melchor, Gaspar, Baltasar y el calvo de la Lotería en una misma persona- y Aitor podrá recorrer seis veces Asturias sin parar de correr para felicitar a cada paisano. ¡Será por pulmones!

Escalona, Espín, Kepa y Zazo lamentaran la mala suerte que les ha llevado a la enfermería y les ha apartado del césped más de lo debido, pero le pedirán salud al nuevo año para colaborar en los siguientes capítulos deportivistas. Como Gaffoor, que llevará sus mejores deseos hasta la Torre Eiffel y a buen seguro serán los del Deportivo, Guadalajara y la afición del Escartín. Principalmente uno: seguir disfrutando del fútbol, esa cosa tan importante dentro de las cosas menos importantes de la vida.

Porque en esta época tan repleta de dificultades también tenemos derecho a sonreír. Y que no nos lo quiten nunca. Feliz Navidad, “hexagoneros”.

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