La que se avecina

María Dolores de Cospedal e Ignacio González, presidentes de Castilla La Mancha y Comunidad de Madrid respectivamente. // Foto: estrelladigital.com

La presidenta de Castilla La Mancha, María Dolores de Cospedal, y su homólogo en la Comunidad de Madrid, Ignacio González. // Foto: estrelladigital.es

Por Yago López

Dice el refranero que cuando veas las barbas de tu vecino cortar pongas las tuyas a remojar. Pues ya pueden empezar los habitantes de Castilla La Mancha a echarse a temblar viendo lo que está sucediendo en la Comunidad vecina de Madrid, cuyo equipo de Gobierno parece haberle tomado ventaja a Cospedal en eso de privatizar los servicios públicos esenciales. Pero estas mismas medidas, que ya se han producido aquí a pequeña escala, se aplicarán con la misma intensidad o mayor que en Madrid más temprano que tarde, ya lo creo que se aplicarán.

Esta semana, los sucesores de Esperanza Aguirre se han pasado de nuevo por el forro el clamor popular en defensa de la sanidad pública, las continuas huelgas y manifestaciones -con un más que notable seguimiento- del sector sanitario, y han aprobado, sin admitir una sola enmienda de la oposición, lo que han venido a denominar Ley de Acompañamiento de los Presupuestos Regionales de la Comunidad de Madrid.

Dicha Ley incluye en su contenido un Plan de Sostenibilidad Sanitaria que, simple y llanamente, da miedo. De primeras da vía libre a la privatización de golpe y porrazo de seis hospitales y 27 centros de salud de la región. Casi nada. Medida que responde a la necesidad, dicen desde el Gobierno, de abaratar el gasto sanitario en la Comunidad ante la imposibilidad de sostenerlo con los ingresos actuales. Miren a ver si no les suena el discurso y apuesten conmigo cuánto tiempo tardará en seguir este camino el consejero Echániz. Yo creo que es cuestión de meses, si no de semanas.

En ambas comunidades ocurre que en demasiadas ocasiones el discurso del ahorro se cae por su propio peso y deja ver a las claras que más que medidas de austeridad, obligadas por la nefasta situación económica de las administraciones, de lo que se trata es de aplicar recetas claramente ideológicas al amparo del paraguas de la crisis. No se entiende si no cómo es posible que ni el propio consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, el señor Fernández-Lasquetty, supiera responder, ni siquiera de manera aproximada, la cuantía que se pretende ahorrar con estas privatizaciones, una semana antes de aprobarlas en la Asamblea.

Una circunstancia común en estas dos regiones, donde sus Ejecutivos están dilapidando el sistema de bienestar socialdemócrata construido en las últimas tres décadas, a base de aplicar medidas propias de un liberalismo salvaje en nombre de una recuperación económica que, a pesar de las promesas, cada día que pasa parece más lejana.

Todo este embrollo deja una pregunta fundamental. ¿Quién sale beneficiado y quién perjudicado con estas privatizaciones? En el último punto parece claro que el ciudadano. Por mucho que se empeñe el PP en asegurar que la sanidad seguirá siendo pública, con patéticos vídeos promocionales realizados con pésimo gusto por sus Nuevas Generaciones, lo cierto es que no será así ni por asomo.

Hago un inciso para hablar del vídeo en cuestión, donde una mujer saca una tarjeta de crédito para pagar la consulta y un médico le mira como pensando “hay que ser palurda e idiota”, mientras en un tono paternalista le dice “no señora, es la de siempre”. Todo ello envuelto en una estética abominable que no alcanza ni la categoría de cutre. Un ataque masivo contra los sentidos, incluido el común.

Después de pedirles que intenten olvidar para siempre este vídeo si han tenido la valentía de pinchar en el enlace retomo el porqué no será pública la sanidad si se privatiza su gestión. Lo fundamental es que pasará de ser un servicio al ciudadano con cargo a sus impuestos a ser un negocio. Y como todo negocio que se preste persigue un beneficio. Y ése es el quid de la cuestión, por mucho que se quiera desviar la atención poniendo el foco en nimiedades.

Una gerencia en un hospital público debe velar por dar un servicio al ciudadano lo más eficiente posible haciendo uso de los recursos que están a disposición del centro en función de las necesidades del paciente. Sin embargo, en una gestión privada lo interesante para la empresa adjudicataria es dar el servicio mínimo requerido con el objeto de sacar el mayor beneficio posible. Atenderán  a los pacientes que vengan con un resfriado, pero lo harán un poco más rápido, ¿o creen que no aumentarán a los médicos la presión asistencial? Pero eso no es lo peor. Para que les hagan una radiografía deberán ir con el brazo colgando y si tienen una enfermedad que requiera un tratamiento largo y costoso mejor que no piensen mucho en que a la empresa encargada de su atención le vendría mejor, económicamente hablando,  que se muriera.

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