Voluntad emprendedora

La carrera por emprender un negocio no es nada fácil. // Foto: bizkaried.es

La carrera por emprender un negocio no es nada fácil. // Foto: bizkaried.es

Por Marta Perruca

Últimamente, es habitual escuchar testimonios de emprendedores que se han lanzado al mercado con una idea y han tenido cierto éxito en su negocio. Personalmente, me llamó la atención la historia de un chaval que rondaba la treintena y que había amasado cierta fortuna con un proyecto informático. Lejos de ser optimista, consideraba que se avecinan tiempos muy difíciles, pero ante la situación del mercado laboral, animaba a la gente a iniciar su propia actividad empresarial. Casi como en la parábola bíblica relataba que cada persona tiene un talento y que ha llegado el momento de encender la maquinaria para hacer de él una idea empresarial con la que lanzarse al mercado. Reconocía que esta vía requiere mucho esfuerzo y sacrificio, pero sobre todo de voluntad. En eso estoy de acuerdo: la voluntad es el arma más poderosa que posee el ser humano y, al mismo tiempo, el único límite para conseguir todo lo que nos propongamos. Quizá poner en marcha esas habilidades en un proyecto económico tenga recompensa, como la que recibieron aquellos hermanos que sí sacaron rendimiento a los talentos que se les había dado. Quién sabe.

No obstante, tenemos que admitir que no es el mejor escenario para emprender una iniciativa particular si tenemos en cuenta que, según publica la Federación Nacional de Asociaciones de Trabajadores Autónomos (ATA), en Castilla-La Mancha se han dado de baja más de 47.000 autónomos en el último año.

Poner en marcha una empresa, desde luego, no es Jauja: Aunque se ha aliviado en cierta medida, la tramitación burocrática sigue siendo bastante tediosa, mientras la carga impositiva y fiscal supone un importante hándicap, más teniendo en cuenta las dificultades propias del despegue de un proyecto hasta su consolidación , eso sin mencionar algunas injusticias que arrastra esta modalidad laboral, como la ausencia de una prestación continuada por desempleo cuando la actividad fracasa o tiene que cerrar, a pesar de afrontar las correspondientes cuotas mensuales a la Seguridad Social, que la gravan considerablemente.

Las administraciones no son ajenas a estas complicaciones. Al menos, así lo manifiestan en el título preliminar de la Ley de Emprendedores de Castilla-La Mancha, que entraba en vigor en el mes de marzo del año pasado. Sin embargo, desde mi punto de vista, se trata de una normativa cargada de buenas intenciones, pero que no termina de dar en el clavo. Lo cierto es que lo más significativo de la misma parece ser la creación de un Observatorio Regional del Mercado, para promocionar las distintas potencialidades empresariales de los territorios de la región, pero como tantos otros organismos públicos que han surgido a lo largo de nuestra historia, no tengo mucha confianza en que podamos constatar su utilidad. Luego también plantea el fomento del “espíritu emprendedor” en las distintas vertientes de la educación, lo que se materializaba con la implantación de una nueva asignatura “Taller de iniciación a la actividad emprendedora y empresarial’, que según el consejero, Marcial Marín, pretende que los jóvenes no vean al empresario como “un demonio” –creo que ni siquiera merece la pena entrar a valorar esta cuestión-. Existe también un punto destacable en la prevención de riesgos laborales, algo importante, pero que en sí mismo no va a favorecer el emprendimiento; y, por último, lo que podría ser más interesante para los posibles emprendedores: las facilidades para el acceso al crédito, que la Ley no desarrolla de una manera clara.

Una medida positiva del Gobierno regional de cara al emprendimiento podría ser, por ejemplo, la recientemente anunciada convocatoria de once talleres y 53 cursos para desempleados que llegarán a muchos vecinos de la provincia, cuando parecía que la crisis había arrojado el olvido este tipo de medidas, que ahora son más necesarias que nunca. No obstante, es cierto que la formación mejora las capacidades de los futuros emprendedores, pero existen otros muchos obstáculos que no se pueden salvar solo con individuos bien formados. Lo que necesitamos es una reforma estructural, porque estos momentos requieren de medidas nuevas e imaginativas que cambien totalmente el modelo actual, aunque sea de manera puntual y excepcional, mientras se crea un entramado empresarial que pueda aliviar en cierta medida la acuciante situación en la que nos encontramos.

Es cierto que las pequeñas y medianas empresas (PYMES) no serán capaces de absorber por completo el creciente paro que acumula nuestra sociedad, pero ayer mismo acudía como invitada al programa “19 Horas” de Canal 19 en compañía de la también periodista Blanca Corrales, que señalaba, con bastante tino, que el autoempleo es una salida a tener en cuenta para las zonas rurales de la provincia, como es el caso de la comarca de Molina de Aragón, donde parece más complicado que lleguen las iniciativas empresariales, y el autoempleo se dibuja como un mecanismo para el sostenimiento de la vida en nuestros pueblos. Ella misma es un ejemplo, tal y como recordaba el director de este programa, Óscar Cuevas, del emprendimiento personal con un periódico digital que ha sobrevivido a la debacle de la prensa en Guadalajara y que próximamente celebrará su cuarto cumpleaños.

Emprender hoy en día, con la que está cayendo, no solo es una muestra de valentía, para muchos es más que eso, es una necesidad. Podemos poner en juego todos nuestros talentos y darle al botón para que se ponga en marcha el motor de la voluntad, pero requerimos de unas administraciones competentes que tiendan los puentes necesarios para que se incrementen las probabilidades de éxito, sin perder de vista que las sociedades son maquinarias complejas con multitud de engranajes que tienen que estar bien engrasados para garantizar su óptimo funcionamiento.

2 comentarios en “Voluntad emprendedora

  1. ¿Y qué me dices de buscar una solución colectiva?, quiero decir. ¿ qué tal pensar en formar cooperativas?, claro que no me refiero a las cooperativas que tenemos por CLM, donde se juntan normalmente los agricultores para sumar los kilos de los cereales y venderlos a mejor precio. o las cooperativas forestales que se formaron para chupar de la administración. Me refiero a toda esa tradición que hay en el Pais Vasco, sobre todo por Mondragón, donde la gran mayoría de las empresas son coopertivas y donde todos los trabajadores, que trabajan todos los días, son además los dueños. ¿Qué tal si en la Comarca de Molina de Aragón estudiamos sus recursos y hacemos cooperativas?, de setas y hongos, de resinas, y porqué no de I+D con gente joven del mundo de la informática?. A mi realmente me pueden paracer interesante, pero engañosas, esas salidas exitosas individuales que de vez en cuando nos sacan los medios, mucho más interesante, que duda cabe, es la salida colectiva, empezando a pequeña escala……..ahí lo dejo, un debate interesante para esos más de 200 jóvenes que se han quedado en 2012 sin trabajo en nuestra Comarca.
    PD.- Marta, aqui te dejo un enlace de las Colectividades de Aragón que tuvieron lugar en 1937 en Caspe, las resoluciones anexas son muy interesantes. http://es.wikisource.org/wiki/Reglamento_de_la_Federaci%C3%B3n_de_Colectividades_de_Arag%C3%B3n .No hay que decir que aquella época nada tiene que ver con esta, pero la idea es la idea, y se podría adaptar a nuestra situación actual. NO HAY SALIDA INDIVIDUAL, TIENE QUE SER COLECTIVA.
    Salud, Miguel

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  2. Muy interesante tu artículo Marta. Y muy interesante el comentario de Miguel. El caso de Mondragón es un ejemplo muy interesante en el que las individualidades caben y suman en la colectividad.
    Ahora, donde hay un verdadero problema es en estos gestores de lo público que nos fríen a impuestos y nos hurtan los servicios. Yo soy autónomo, diez años pagando casi 300 euros al mes y si mañana ceso en mi actividad no tengo derecho a paro, o si me doy de baja por enfermedad, tres cuartas partes de lo mismo. Además me han subido el iva del 8 al 21, el irpf del 15 al 21 y, a pesar de hacer más de 50.000 kms al año contando cuentos por toda España (y después de haberme obligado a comprar un «coche de empresa» que sigo pagando), ahora resulta que ya no me desgrava el coche (ni la gasolina).
    Sí, el autoempleo es una opción muy interesante (te lo digo por experiencia), pero los que administran lo público deberían también darse cuenta de ello y dejarse de buenas intenciones y meterse, de verdad meterse, en harina.
    Saludos

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