Y ahora… ¿en quién confiamos?

Por Marta Perruca

Y ahora… ¿en quién confiamos?

La manifestación contra el cierre de los PAC ocupó la imagen de portada de El País del domingo. // Foto: elpais.com

La manifestación contra el cierre de los PAC ocupó la imagen de portada de El País del domingo. // Foto: elpais.com

Veíamos en la portada del domingo de El País una imagen de la manifestación del pasado sábado en Guadalajara con motivo de el cierre de los Puntos de Atención Continuada (PAC) en 21 centros de salud de Castilla-La Mancha -pendientes de la resolución del Tribunal Superior de Justicia (TSJ)- en la que aparecía un concejal del PP de El Pobo de Dueñas con una pancarta que rezaba “Soy un concejal del PP estafado y engañado”.

La repercusión y la difusión que se ha dado a la noticia representan un auténtico éxito para las distintas asociaciones y plataformas convocantes, de lo cual, sinceramente, me alegro, porque la medida es injusta y afecta a un ya maltrecho medio rural que durante esta crisis no ha dejado de recibir reveses.

Sin embargo, no he podido evitar pensar en los motivos por los que un diario de referencia nacional lleva a su portada la imagen de una manifestación de carácter provincial, más si hablamos de Guadalajara -esa provincia que, parece, a nadie importa fuera de nuestras fronteras-, cuando en el panorama actual, este tipo de protestas están a la orden del día y tampoco es un hecho insólito que ediles populares o votantes del PP se sientan “estafados y engañados”.

En mi humilde opinión, no es casual. Primero porque el cargo que ostenta María Dolores de Cospedal en la Ejecutiva de su partido está poniendo a Castilla-La Mancha en los papeles mucho más a menudo de lo que estábamos acostumbrados, y en segundo lugar, porque la legitimidad de los políticos está ahora más que nunca en tela de juicio, cuando la vieja trama Gürtel ha sacado a la luz que el extesorero del PP, Luis Bárcenas, tenía cuentas en Suiza por valor de 22 millones de euros, por no hablar de los sobres que supuestamente circulaban por Génova, lo que ha degenerado en una espiral imposible de desconfianza.

Por lo tanto y desde mi punto de vista, la portada de El País reflejaba la decepción de los peldaños más bajos del PP con las políticas que está aplicando su propio partido desde el Gobierno, pero indirectamente hablaba de esa pérdida de credibilidad ante este tipo de tramas que están salpicando a sus altos dirigentes: Los mismos que están pidiendo esfuerzos desmesurados a la población, pero eso sí, desde una situación cómoda y gozando de privilegios que están fuera del alcance de cualquier ciudadano; los mismos que cuando abandonan sus puestos en el poder se enriquecen ocupando cargos importantes en empresas o, por ejemplo, en la dirección de entidades bancarias, sin importar que su gestión las lleve a la ruina y tengan que ser rescatadas con dinero público, es decir, con el dinero de todos. Pero no conformes con ello, esta nueva aristocracia mete la mano en la bolsa de todos.

El otro día conversaba distendidamente con mi padre, quien  me expresaba con gran preocupación: “Y ahora… ¿en quién confiamos?”. Mi padre es un gran conversador y un hombre de firmes convicciones políticas, pero esta semana era igualmente atrapado por esa espiral de desconfianza. “Papá, ¿no llevamos toda esta crisis preguntándonos dónde estaba el dinero? Pues bien, ya lo sabemos: Está en Suiza”.

Cuando se aprobó la amnistía fiscal del PP, al menos yo, la juzgué como una medida estrambótica, injusta, pero sobre todo, desesperada. Creí realmente que tenía un afán recaudatorio. Lo que no se me ocurrió pensar es que pudiera servir a políticos corruptos para blanquear el dinero que han robado.

Mi padre argumentaba entonces que la Democracia se ha tejido a la medida de los intereses políticos y ponía como ejemplo los privilegios de los aforados y la inmunidad parlamentaria, que más allá de ser una medida en la que los gobernantes puedan escudarse ante las posibles consecuencias de sus decisiones políticas, constituye una barrera para llegar al fondo de los casos de corrupción y para el ejercicio de la Justicia, ya que son los mismos políticos quienes eligen a los jueces de los  tribunales que les tendrán que juzgar.

Afirmaba que el sistema es el espejo de nuestra sociedad, que todavía carece de una convicción básica y esencial: el valor de lo público. Durante mucho tiempo se ha entendido que lo público no es de nadie, por lo que no estaban tan mal vistas ciertas prácticas como defraudar a Hacienda, pedir recetas innecesarias a nuestro médico de cabecera o llevarnos distinto material de los hospitales, por poner un ejemplo. Si lo público no es de nadie no parece tan indigno meter la mano en las arcas públicas, otorgar concesiones a familiares o amigos y llevarse bajo manga jugosas comisiones.

Cospedal se refirió a las cuentas de su partido durante la inauguración del XV Congreso del PP en Galicia. // Foto: Efe-Eliseo Trigo

Cospedal se refirió a las cuentas de su partido durante la inauguración del XV Congreso del PP en Galicia. // Foto: Efe-Eliseo Trigo

Estoy convencida de que las cuentas del Partido Popular –como señalaba la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal– están en orden, no cabe duda. Si yo tuviera una empresa y cobrara en negro algún servicio no se me ocurriría reflejarlo en mi libro de cuentas.

También creo firmemente en las palabras del presidente del Gobierno, cuando afirmaba que la inmensa mayoría de los políticos son honrados, principalmente, porque muchos de ellos, como recordaba Rajoy, no cobran un duro por ejercer como tales, y me estoy refiriendo a alcaldes y ediles de los cientos de ayuntamientos pequeños de nuestro país. Políticos menos sometidos a las directrices de sus partidos, auténticos servidores públicos que en los últimos días están dando verdadera muestra de dignidad y coherencia.

Con lo que no puedo estar de acuerdo, aunque pueda ser necesario para mantener la estabilidad, es que la solución sea confiar en nuestro sistema democrático, porque cada día me reafirmo más en que no existe tal, que la Democracia en este país se reduce a introducir una papeleta en una urna cada cuatro años y “confiar” en que quienes resulten elegidos gobernarán con responsabilidad, honradez y diligencia y, en este sentido, estoy de acuerdo con mi padre: ¿En quién confiamos ahora?

1 comentario en “Y ahora… ¿en quién confiamos?

  1. Estoy muy de acuerdo contigo, ¿ En quién podemos confiar ?. Ya que nuestra democracia se está pervirtiendo y la clase política se ha erigido como nueva clase social intocable, debemos ser los ciudadanos los que debemos empezar a tomar partido . Debemos reclamar una sociedad más justa y no es tiempo de mirar para otro lado . No creo en las manifestaciones puntuales, pero sí en un movimiento ciudadano pacífico y que cada uno actúe en su círculo más cercano para denunciar las injusticias que están sucediendo, porque como dices, lo público es de TODOS, y todos conocemos a alguien que se aprovecha de todos , muchos pequeños gestos pueden cambiar la situación.

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