El verde, sinónimo de lucha y esperanza

No han cesado este año las manifestaciones en defensa de la Educación Pública. // http://nouvellesdelalcarria.blogspot.com.es/

No han cesado este año las manifestaciones en defensa de la Educación Pública. // http://nouvellesdelalcarria.blogspot.com.es/

Por Abraham Sanz

Educar es uno de las acciones que forja a los integrantes de una sociedad; la que crea esa nueva generación que ha de relevar a la anterior llegando más lejos en el conocimiento y en el progreso; la que actualiza sus parámetros para conseguir llevar los contenidos del papel a la mente del alumno desde la tinta y el papel hasta el ordenador y las pizarras electrónicas. Educar y formar nuevos alumnos no es sólo una obligación para el Estado también lo es mantenerlos una vez han concluido sus estudios para aprovechar su saber; así como es mantener las libertades que han de regir todo proceso entorno a la Escuela pública.

La Educación es un concepto que tiene su mejor arma en lo público y como tal ha de seguir siendo concebida, como un ejercicio que ha de alejarse de tenebrosos pasados donde el conocimiento sólo lo guardaban anquilosados religiosos que, con métodos poco ortodoxos, hacían que la letra base de sangre, sudor y lágrimas. En el contrapunto, estaban aquellos maestros que hicieron de su profesión una vocación; que hicieron que el saber llegase hasta el más recóndito lugar, a pesar de pasar hambre –bien lo dice el refrán- por lograr que este servicio público se siguiera manteniendo.

Aunque la lucha del laicismo en el colegio es una batalla que todavía no ha terminado de concluir y más aún con este Ejecutivo nacional que parece tener su modelo en una anticuada escuela de otra época por muchos denostada; la defensa de la Escuela Pública cobra mayor vigor viendo como este Gobierno conservador, configurado con gente que desconoce lo que es la clase obrera en muchos casos, no hace más que echar más leña al fuego a favor de una escuela concertada –que debería desaparecer de inmediato- y, apoyar cada vez menos la enorme labor social que realizan los colegios hoy en día.

Ya no sólo son los recortes presupuestarios, sino la futura ley que propugna nuevas reválidas coartando más la creatividad del profesor y el interés del alumno sometiéndoles a innecesarias presiones; o creando más espacios para crear conciertos potenciando una escuela concertada vinculada a ciertos confesiones religiosas cuando el adoctrinamiento debería estar fuera de toda norma pública. ¿Tanto miedo tiene el gobernante de que el ciudadano piense? Ya lo decía el Che Guevara en otro marco diferente, pero que cada vez cobra más actualidad viendo la segregación social que se busca de forma enmascarada desde el Gobierno en busca de que nadie le rechiste: “Un pueblo que no sabe leer ni escribir es un pueblo fácil de engañar”.

Un chiste del genial Forges.

Un chiste del genial Forges.

Y si una de las libertades es la de elegir, ¿por qué no poder también elegir el centro donde educar a mi hijo? Pero una elección dentro de un marco que haga más razonable el reparto entre todas las infraestructuras públicas construidas que permitan amortizar el gasto público, repito, público; que se ha realizado para asegurar el mantenimiento de este servicio tan esencial como obligatorio. Sin embargo, bajo esta bandera se esconden unos criterios de admisión en Castilla-La Mancha y, por ende, en Guadalajara, que vienen a remover un sistema que funcionaba con algún que otro fin oculto.

No sólo no tiene en cuenta a todos aquellos que por la crisis no se pueden permitir una conexión a internet –la Administración no se lo puede permitir en folios, pero pagar ciertos sueldos le sobra y en demasía-, puesto que este año sólo se podrá matricular por esta vía a los alumnos. Y no, la Delegación no habilitará un espacio con cincuenta o cien ordenadores para tal fin en aras de atender a aquellas familias que bien no tienen internet o bien no son duchos  en el manejo de una computadora; sino que esta tarea recaerá en los centros y en su área de Secretaría. Una unidad del equipo directivo que ha visto como su horario para tal función no sólo ha mermado incrementando las horas lectivas, sino que además han visto reducido el apoyo del administrativo con el que contaban para tal fin años atrás. En resumen, vuelven a cargar más trabajo sobre el obrero de la tiza y la pizarra, para justificar sus recortes.

Los cambios no se detienen en ese punto. Ahora no existe límite geográfico para solicitar un centro en una ciudad obteniendo todos el mismo baremo de puntos; mientras que todos aquellos que vivan en el resto de localidades –da igual Cabanillas que Molina de Aragón- contarán con la misma cuantía de puntos para optar a los centros que deseen. Esta modificación no sólo originará un ‘efecto tapón’ a la hora de distribuir a los alumnos, haciendo que los criterios sean mucho más arbitrarios que hasta el momento; sino que puede crear situaciones en las que el centro finalmente atribuido pueda ocasionar dificultades a la hora de conciliar vida familiar y profesional por su distancia tanto al trabajo o a quien pueda acudir a llevar o recoger el alumno que no siempre son los padres –especialmente en las grandes urbes-.

Y este cambio ¿no puede tener que ver con la rebaja en la demanda de colegios concertados al florecer tantos centros públicos por el mundo rural y los diferentes barrios de la capital? ¿No puede ser una estrategia para que estos centros reciban un nuevo empujón para que no pierdan su peso frente a la Escuela Pública? Hemos de recordar que los conciertos con centros privados sólo han de prevalecer en aquellos puntos donde la Pública no llega por cuestiones de falta de infraestructuras o docentes y, sólo por este motivo. Estos conciertos, sin duda, han lastrado  la Educación pública privándola de contar con más inversión en sus instalaciones cuyo estado, en muchos casos es manifiestamente mejorable; y por tanto, de progresar con una formación cada vez más adecuada a los tiempos que corren.

La Escuela concertada ha de ser un complemento, un mal necesario; pero no se la puede alentar como se hace desde el Gobierno de Cospedal o desde el Ministerio de Wert; mientras que para la Escuela Pública se desayunan con medidas tan ‘imaginativas’ como  las prácticas gratuitas para estudiantes que terminaron el Grado de Magisterio…

Sin palabras y eso que aún la nueva ley de Educación está en el horno. Vayamos enfundándonos todos la camiseta verde, porque viene curvas…

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