El valor de las tradiciones rurales

Las mascaritas y botagas de Almiruete, una tradición digna de admiración. // Foto: A.S.

Las mascaritas y botagas de Almiruete, una tradición digna de admiración. // Foto: A.S.

Por Abraham Sanz

Conservar las tradiciones es uno de los más bellos ejercicios que se pueden llevar a cabo desde los diferentes pueblos de la provincia. No sólo porque supone buscar los orígenes de una localidad, sino porque así se puede enraizar de nuevo a aquellos habitantes que, bien por trabajo o por otros motivos, decidieron abandonar el mundo rural por el urbano; para que así sigan teniendo un vínculo con su pueblo natal –o el de sus padres- que permita mantener su pulso en la actualidad. Y si hay una época especialmente proclive para ver como emergen estas añejas tradiciones, es la época invernal, especialmente en estos días de carnaval; donde botargas y otras fiestas tradicionales se han ido recuperando especialmente por la Sierra de la provincia.

Entre ellas, merece especial atención el trabajo que se realiza en Almiruete donde, sus botargas y mascaritas se han convertido ya en toda un reclamo para los pueblos de la Arquitectura Negra como lo será en junio la Octava del Corpus de Valverde o los danzantes de Majaelrayo. Una tradición desaparecida que, gracias al coraje de unos cuántos, se volvió a recuperar en 1985 y que años más tarde sería declarada como Fiesta de Interés Turístico Provincial, poniendo en valor un evento que según se dice, cuenta con una antigüedad ancestral. Tal es el trabajo que se hace desde este pueblo en lograr que este día sea cada año especial y diferente, que el interés del gentío cada año es mayor pues la ocasión lo merece sólo por ver tan extravagantes como tenebrosas vestimentas tanto de las botargas como de las particulares mascaritas.

Además, no sólo logran atraer la presencia de autoridades políticas como la de la presidenta de la Diputación, Ana Guarinos que allí quiso estar; sino que logran cada día recabar mayor atención mediática pues los flashes a los protagonistas de esta fiesta estaban por doquier. Es más, todo este trabajo, se recoge en un museo que el visitante puede admirar y contemplar en este recóndito pueblo de la Sierra de Guadalajara que lucha por sobrevivir gracias a mantener sus más añejas tradiciones.

Valga Almiruete como ejemplo, dado que su gran fiesta tuvo lugar este fin de semana; pero mismo patrón han seguido otros lugares que buscan poner en valor su entorno o su municipio gracias a las tradiciones pues son estas las que pueden aportar un sabor diferente a cada uno de los pueblos y así lograr atraer a nuevos visitantes, dado que es el turismo una de las grandes fuentes de riqueza de estas comarcas donde, la ausencia de un gran número de habitantes, se convierte en un reclamo para aquellos que buscan tranquilidad y un entorno singular.

De ahí que esfuerzos como el de esta localidad serrana se vean reflejados en otros municipios con fiestas igual de originales como puedan ser ‘Los diablos’ de Luzón; ‘Los vaquillones’ de Villares de Jadraque; los danzantes de Albalate o la Feria de San Matías en Tendilla. Y sólo por citar alguna, a las que se podrían unir otras de igual valía como el magistral Festival Medieval de Hita; las jornadas medievales de Sigüenza; la Fiesta Ganchera que tiene lugar en los pueblos del Alto Tajo o las pasiones vivientes que con tanto esmero se preparan año tras año en Hiendelaencina o Fuentelencina.

Las mascaritas se recuperaron en 1985. // Foto: A.S.

Las mascaritas se recuperaron en 1985. // Foto: A.S.

Muchas veces, gobernantes y dirigentes, se quiebran la cabeza en crear fiestas artificiosas y artificiales que supongan la atracción de nuevos visitantes y que, luego, no cumplen las expectativas ni de comunión con el pueblo ni de llegada de turistas. Y sí, se está demostrando, que es mejor escarbar en la tradición y en la historia de cada uno de los pueblos para encontrar citas, eventos o trozos de historia que permitan poner de nuevo en el calendario al pueblo, otorgándole no sólo originalidad a sus fiestas; sino un mejor nexo de unión con sus vecinos.

El origen de muchos se encuentra en estos pequeños pueblos de Guadalajara cuyo valor es innegociable y cuyas tradiciones siguen siendo uno de sus principales activos. Salvemos estas, logremos un mayor enraizamiento de la población con sus orígenes y, así lograremos, además, salvaguardar el mundo rural tan poco rentable para las administraciones y de tanto valor, para todos nosotros.

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