Una declaración de amor

Imagen del Barranco de la Hoz en el Señorío de Molina. // Foto: wikipedia.org Imagen del Barranco de la Hoz en el Señorío de Molina. // Foto: wikipedia.org

Por Marta Perruca

¿No lo oís? A veces, solo es preciso unos instantes de silencio para escucharla palpitar, sobre todo en algunos rincones donde su latido es más fuerte, donde parece que habla con más elocuencia. Entonces, no resulta tan difícil comprenderla, entonces me vuelvo a enamorar.

El latido me habló del amor una noche de verano, mientras paseaba entre la oscuridad por un sendero que discurría a las afueras de Albendiego. Y allí mismo la encontré palpitando, envuelta en un manto de estrellas, la iglesia románica de Santa Coloma. Aquella noche susurraba el viento en las copas de los árboles y las tumbas de un viejo cementerio dibujaban la silueta de algunas cruces a lo lejos. También los muertos palpitan y cuentan historias. Historias de amor, por supuesto.

El sol me invitó cierto día a pasear en bicicleta. Los girasoles miraban al cielo como esferas de fuego emergiendo de la tierra, cantaban las hojas de los árboles y los pájaros trinaban en un universo perfecto. Y al doblar una curva me las encontré en el horizonte, tan imponentes, cortando el paisaje  donde el río Gallo ha trazado una hoz entre las formaciones rocosas, que se levantan como rascacielos rojizos. Dicen que el antiguo monasterio de la Virgen de la Hoz desprende una energía especial y yo lo contemplo desde la parte más alta del mirador. Veo esa monumental garganta con enaguas de árboles y agua, y entonces su corazón y el mío laten al mismo tiempo.

Cogí el coche una tarde sin rumbo y el azar me llevó a un pueblo amurallado, salpicado de fuentes y surcado por galerías subterráneas. Paseé por parques y jardines, y las ruinas del viejo castillo de la Piedra Bermeja me relataron la leyenda de una dama ultrajada cuya sangre tiñe una de sus piedras. Unos segundos de silencio bastaron, Brihuega también palpita.

Paraje de Valverde de los Arroyos. // Foto: http://comunidad.fotolibre.net/

Paraje de Valverde de los Arroyos. // Foto: http://comunidad.fotolibre.net/

Correr entre las flores de cantueso de las praderas que se abren en las faldas del pico Ocejón, en Valverde de los Arroyos; meterse bajo la cascada y sentir el frío del deshielo; disfrutar de un pan preñado de Tamajón ya en la cima, después de pisar la nieve en plena primavera y sentir lo pequeños que somos ante la inmensidad del paisaje de la sierra guadalajareña, mientras nos habla directamente al corazón.

A lo lejos diviso una gran cola de agua entre las piedras cortantes del Barranco del Río Dulce. Un águila demuestra que es la reina de los cielos conquistando en su majestuoso vuelo las sombras que poco a poco se apoderan de la gran montaña, en este atardecer. Se me vienen a la memoria los paisajes de esos viejos documentales de Félix Rodríguez de la Fuente. Él también lo escuchó palpitar.

He paseado por Cogolludo; me he asomado al balcón enrejado de la Princesa de Éboli en Pastrana; he contemplado el bello paisaje de las Parameras entre las almenas de la Torre de Aragón; me he maravillado ante el paisaje sublime que brinda el mirador del Puente San Pedro; me he bañado en las aguas turquesas de la laguna de Taravilla; he paseado por la vega del río Henares y he escuchado los murmullos de las rondas a los pies del castillo de Torija.

También me enamoré de Cifuentes, de Trillo y Sigüenza, por los estrechos callejones de sus calles medievales. Disfruté del privilegio de poder caminar sobre la cúpula barroca de Santa María, contemplando el antiguo artesonado de madera que se esconde detrás y he visto una hermosa Guadalajara desde su campanario; me he perdido en mis pensamientos tantas y tantas veces en el Patio de los Leones del Palacio del Infantado… Y en todos esos lugares lo he visto latir.

Esta mañana de San Valentín me he levantado con ganas de gritarle al mundo que estoy enamorada de esta provincia, porque soy una romántica impenitente; porque llevo toda mi vida prestando atención a su latido incombustible y he comprendido que en sus bellos rincones, Guadalajara susurra palabras de amor. A veces basta con permanecer unos minutos en silencio para escuchar lo que tiene que decirnos ¿No lo oís?

2 comentarios en “Una declaración de amor

  1. Qué bonito artículo de hoy, como no podía ser de otra manera, y es que tienes razón, tenemos unos pasajes preciosos a los que la costumbre a veces empaña, por eso, viene bien limpiarnos la mirada y volver a verlos con los ojos del amor …Feliz día de San Valentín.

  2. Después de leer tu artículo he puesto la mano en el suelo y he sentido físicamente el latido de mi tierra. Mi propio palpitar se une al ritmo telúrico. Agáchate, aprieta tu palma sobre el suelo de Guadalajara… ¿No lo sientes?….

    Yo ahora tengo en mi mano el son de tu corazón.

    Un abrazo igualica.

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