Un escaso pero necesario patrimonio que proteger

El Palacio del Infantado pudo ser demolido para situar en su lugar la estación de autobuses. // blogs.ua.es

El Palacio del Infantado pudo ser demolido para situar en su lugar la estación de autobuses. // blogs.ua.es

Por Abraham Sanz

Conservar el patrimonio es una cuestión que en Guadalajara no se nos ha dado bien de largo y que ha motivado que la bella ciudad que la nuestra debió ser en el siglo XIX, nos la tengamos que imaginar o disfrutar en dibujos de época que aún se conservan en el Archivo Municipal. Tanto la guerra civil española como los diferentes planes de expansión urbanística de la ciudad, dieron al traste con grandes joyas arquitectónicas que contó la ciudad a lo largo de este siglo que hace que apenas queden vestigios históricos de una época medieval y renacentista en las que nuestra ciudad contaba con cierto peso específico en el conjunto del reino de Castilla y, por ende, esto se traducía en notables inmuebles.

Guadalajara conserva Alcázar –o lo que queda de él-, varios conventos e iglesias dignas de contemplar así como grandes construcciones civiles como el palacio de la Cotilla o su mayor emblema, el Palacio del Infantado. Lugar donde el consejero de Educación y Cultura, ha querido escenificar su discurso sobre las bondades de la futura Ley de Patrimonio que busca renovar la existente en la actualidad para, agilizar la conservación del legado histórico que aún conserva la región y que carecen de alguna figura que les proteja de movimientos que busquen terminar con los mismos.

Sobran ejemplos en la ciudad para ver añejas plazas del centro de la ciudad, han visto como su entorno ha variado en los últimos 50 años; cambiando añejas construcciones por otras más modernas, pero que afearon la parte noble de la ciudad. Véase el ejemplo de la plaza de San Esteban, otrora rodeada de antiguos palacetes; donde ahora se malconservan los antiguos inmuebles del Ateneo; el palacio de San Esteban –antigua sede de la Junta- sigue sin comprador; mientras que el palacio de los Vizcondes de Palazuelos –que databa del siglo XVI- finalmente se demolió en teoría para dar lugar a un edificio residencial del que, nada se ha visto y se mantienen los escombros de este añejo edificio que, más se podría haber hecho por haber frenado su destrucción.

También la trama de la calle Mayor ha ido sufriendo modificaciones conjugando una arquitectura propia de años atrás que se ha logrado conservar como es el caso del Palacio de los Duques de Coruña –en la plaza del Jardinillo-, con ejemplos aberrantes que rompen la dinámica arquitectónica de esta vía con novedosas estructuras que no aportan nada positivo a la misma. Incluso, otra joya como el Palacio del Infantado tuvo también problemas de conservación. A mediados del siglo XX, se debatió en pleno su posible demolición para ejecutar en este punto la actual estación de autobuses, ¿se imaginan?

No obstante, por el camino se perdió el arco que cerraba la plaza Mayor por la calle Miguel Fluiters, de San Gil sólo nos queda ya su ábisde mientras que de la capilla de Luis de Lucena, sólo podemos admirar un pedazo de lo que un día fue y que, ha sobrevivido a pesar de estar flanqueada durante muchos años por una gasolinera.  Otro ejemplo de que el miramiento por el patrimonio alcarreño ha sido bastante escaso.

Sin duda, hubiera sido una aberración, pero ha habido tantas en esta ciudad contra el patrimonio que no es de extrañar que sean tantos los que manifiesten su desacuerdo con su actual estética. No obstante, hemos de destacar que si bien se han cometido grandes y graves errores; también en los últimos años se realizó un esfuerzo en mejorar buena parte de los grandes vestigios históricos que se conservan como es el caso de los torreones, el puente de las infantas, la ornamentación de San Gil o redescubrir un Alcázar que, quizá algún día, podamos contemplar esta estructura sin miedo a que se termine de desplomar.

De ahí que sí esta norma va en la línea que aporta el consejero, buena parte de las construcciones propias del último siglo podrán ser mejor conservadas así como incentivará una mayor conciencia patrimonial de que conservar el legado de nuestros antepasados es un trabajo imprescindible para conocer cada vez mejor la historia de una ciudad como la de Guadalajara que es más intensa y dilatada de lo que muchos piensan.

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