Veinte años de emociones

Modesto Salgado. // Foto: elheraldodelhenares.es

Modesto Salgado. // Foto: elheraldodelhenares.es

Por Modesto Salgado*

Hace tiempo me reuní con un grupo de madres, todas terminaron llorando, sus hijos habían caído en la droga hacía bastante tiempo. El de una de ellas llevaba varios años en la cárcel, allí había cogido el sida y estaba mucho peor que cuando entró. Otra de ellas me contaba que el suyo estaba tirado en la calle y cuando iba a su casa era peor, pues les robaba y se iba de nuevo; oí después a otra de ellas que apenas podía hablar por el llanto, su hija hace años que desapareció, solo sabe que la han visto drogándose por Canarias…y así una tras otra me contaron su angustia, su vida destrozada… Fue entonces, hace 20 años , cuando decidimos abrir Proyecto Hombre.

Entonces la plaga de la heroína era uno de los problemas más importantes del país. Ahora para la mayoría de la gente la droga ya no es un problema, en las encuestas de las preocupaciones que tienen los españoles está en el puesto 24, aunque en nuestros centros atendemos al doble de personas que en aquella época.

¿Qué ha cambiado?, pues que los consumidores que llegan pidiéndonos ayuda en su mayoría son adictos a la cocaína, y ya no están tirados en la calle, apenas delinquen, algunos de ellos trabajan, y sólo saben de su problema con las drogas  los más cercanos, y lo padecen los familiares.

Hace unos días diez jóvenes, de unos 30 años, terminaron el programa ambulatorio que tenemos en Guadalajara para personas con problemas de cocaína y celebramos la fiesta final que hacemos con cada grupo, que después de año y medio de tratamiento, asistiendo al centro dos tardes a la semana, consigue dejar su adicción y cambiar su estilo de vida. Además de ellos, estuvieron muchos familiares, y todo el que quería nos contaba su experiencia.

“Antes de venir aquí (decía uno de ellos) no podía mirarme al espejo, me daba tal vergüenza verme tan tirado, arrastrándome todos los días detrás de esa sustancia, no era una persona, era una piltrafa que iba perdiendo a todos los de mi familia, ya no hablaba con nadie, todo eran broncas… eso no era vivir, perdí todo el dinero, vendí el piso y el coche y al final terminaron echándome del trabajo…. Han pasado estos dos años y ahora me veo otra  persona, disfruto de cualquier cosa por pequeña que sea, he recuperado a mi mujer y mi hijo, la vida me parece otra vez maravillosa.”

Habla después el más joven del grupo, con 23 años: “ Cuando voy ahora por mi pueblo las señoras me dicen: Que bien estás, y se te ve, ahora nos saludas y te paras a hablar; y yo les digo como os iba a saludar antes si no os veía.” Y observo a su madre escuchándole y desbordando de felicidad, las lágrimas corren por sus mejillas. Ha recuperado a su hijo, con el que antes solo tenía voces, broncas y ausencias. Los dos se levantan y se funden en un abrazo, y la emoción nos llena a todos, y yo me limpio las lágrimas, como hace 20 años.

Uno a uno nos van contando como llegaron al centro y como han recuperado las ganas de vivir, la libertad, el volver a ser ellos, lo que fueron hace años y ya no recordaban.

Un día después, recordando la jornada y tantas emociones fui al programa de madres con niños pequeños;  una de ellas hablaba con su terapeuta y me estremecí al  escuchar lo que le estaba  contado : “ Tengo 35 años, y eres la primera persona que me quiere en mi vida. Hasta ahora solo he recibido malos tratos, abusos…. “. Me fui pensando lo mucho que nos va a costar ir cerrando esas heridas que trae, conseguir que llegue a ver  todas las cosas buenas que tiene, para que suba su autoestima…y pueda salir del centro con la cabeza alta y orgullosa de ella misma; y pienso en cuanta gente de su barrio al verla tirada y de cualquier manera le habrá puesto verde, sin saber que lo único que necesitaba era un poco de cariño.

Nuestra vida aquí en Proyecto Hombre es así de intensa, pasamos del dolor más desgarrador al gozo  de ver como los que llegan a nuestra casa sin saber que quieren hacer con sus vidas, van recuperando la ilusión por vivir , como empiezan a sonreír , pues muchos ya no sabían que era eso.

En nuestro trabajo  intentamos mezclar la mayor profesionalidad posible, con un clima de cariño y afecto que les ayude a sacar a la luz sin ningún miedo a sentirse juzgados o condenados,  todo aquello que  lleva años haciéndoles daño y que han tapado con la droga o el alcohol. Queremos que descubran lo esencial que necesita todo ser humano:  un grupo de personas que te quiere y a quien tú quieras , pues nadie soporta estar solo, y ahí es donde les había llevado su adicción, a la más inmensa  e insoportable soledad.

Hace pocos días paseando por Guadalajara, entré  en un bar, y las dos camareras, que estuvieron con nosotros hace años rehabilitándose, me saludaron llenas de alegría y me dijeron “Modesto tomate un café con nosotras” y vi sus caras y sus ojos llenos de vida e ilusión. Cuanto ha cambiado su vida, necesitaron un tiempo para pararse, reflexionar, girar el rumbo, volver ser ellas mismas, poner punto y final a la pesadilla que habían vivido hasta entonces y sacar a la luz todo el potencial que tenían dentro. Me siento un afortunado por tener este trabajo , pues pocas cosas son tan bellas en la vida como contribuir un poco a la felicidad de los demás.

* Modesto Salgado lleva 20 años trabajando en Proyecto Hombre, formando parte además del patronato de la Fundación. Anteriormente, ejerció ocho años de sacerdote en el municipio de Peralejos de las Truchas en Guadalajara. Estudió en el Seminario de Sigüenza y posteriormente en la Universidad de Comillas realizando la licenciatura en Teología. 

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