Transparencia obligatoria

El presidente del Deportivo Guadalajara, Germán Rertuerta, junto a Carlos Terrazas. // Foto: www.lacronica.net

El presidente del Club Deportivo Guadalajara, Germán Rertuerta, en una comparecencia junto a Carlos Terrazas. // Foto: http://www.lacronica.net

Por Roberto del Barrio

Pensando en cómo estructurar en este espacio las sensaciones que me dejó el empate ante el Almería y el lance de Razak con Charles, aparece como un torbellino la información de la Cadena Cope sobre la ampliación de capital del Deportivo Guadalajara del pasado verano y la querella -según esta emisora- que la Liga de Fútbol Profesional, a instancias de la comisión delegada de Segunda División formada por siete clubes, ha presentado por «estafa, apropiación indebida y administración desleal» en la realización del proceso. Vaya por delante que, en un inicio, la noticia contó con una grave inexactitud que hablaba de la conversión en Sociedad Anónima Deportiva -y no de la ampliación- como origen del problema, un proceso que el club alcarreño ya completó en el año 1998. En cualquier caso, rectificado el error, las redes sociales, los teléfonos y el deportivismo en general se convirtieron en un reguero de reacciones, la mayoría por el miedo que infunde la posibilidad, pese a no existir precedentes, de sufrir un descenso administrativo.

El Hexágono es un rincón de periodismo independiente, sin ataduras, influencias ni ningún interés más allá del de opinar con absoluta libertad, algo más fácil de decir que de encontrar en estos tiempos que corren. Por eso no tengo ninguna intención de agarrarme al corporativismo para potenciar la información radiofónica sin más, ni de ceñirme al populismo sencillo que sería bramar y defender a capa de espada al Deportivo como una víctima o una cabeza de turco. Me veo en la obligación de tomar distancia antes de opinar y, sobre todo, apelar a la transparencia, palabra clave en asuntos de este calado.

No descubro nada si digo que German Retuerta nunca ha sido partidario de dar demasiadas explicaciones públicas sobre los aspectos económicos del club, algo tan lícito como cuestionable. Tampoco que las juntas de accionistas han sido siempre poco publicitadas y han gozado de una afluencia escasa -evidente consecuencia-, algo muy similar a lo que sucedió en la ampliación de capital del pasado 30 de junio, la fecha en la que se celebraba la primera fase de la operación. Además, permítanme la confidencia, me consta que el presidente alcarreño ha rechazado tajantemente hablar sobre el tema en varias de las entrevistas concedidas durante el presente curso -conste que son detalles que aporto para contextualizar la política comunicativa del club más que para arrojar luz sobre el caso en cuestión-.

Porque esa luz tendrá que encenderla el propio Retuerta en los próximos días y, por supuesto, la querella y el curso judicial que prosiga, si es que es finalmente admitida a trámite, algo que está por ver. Por el momento, lo único palpable y tangible es que ha sido presentada por la LFP y las declaraciones públicas del presidente del Deportivo Guadalajara, que protagonizó ayer un particular tour radiofónico que le llevó a explicar el asunto en Cope, SER y Radio Castilla-La Mancha.

Y he de decir que las comparecencias fueron más tibias que esclarecedoras. Retuerta aseguró no ser el propietario del club y apuntó a la empresa Gestión Deportiva Integral como la dueña de la entidad. Al mismo tiempo negó tener ningún tipo de relación accionarial con ella y rechazó desvelar la persona que encabeza GDI y, por ende, la que sería, según esa tesis, máxima responsable del Deportivo. En defintiva, omitió un nombre, el del consejero del C.D. Guadalajara y su mano derecha, Jesús Sotillo, que poco ha tardado en hacerse público. Basta consultar el Boletín Oficial del Registro Mercantil para comprobar que Sotillo es el administrador único de la sociedad desde el pasado 26 de octubre, día en el que se extinguiera el consejo de administración que presidía Retuerta, anterior órgano de administración de la empresa (ahora el presidente deportivista ocupa el cargo de apoderado).

Fue la parte más sinuosa e incomprensible de sus declaraciones, en las que también reconoció no tener constancia de ningún tipo de irregularidad en ese proceso de ampliación de capital por valor de casi tres millones de euros, pero en el que no acabó de aportar con claridad un cimiento indiscutible sobre el que construir una versión clara y creíble. Por eso se me antoja fundamental una comparecencia extensa después de capear el shock inicial -por supuesto también una de la LFP al respecto- en la que despejar el mar de dudas que desde ayer tiene en vilo al deportivismo.

Todo pasa por conocer de qué forma realizó Gestión Deportiva Integral la ampliación de capital del pasado verano, la procedencia de esos 2,9 millones de euros y el destino posterior del dinero, causa del origen del embrollo (la información inicial de la Cope ponía en boca de la LFP la sospecha de que el montante de la ampliación pudo ser retirado con posterioridad y no formar parte, por lo tanto, del activo del club). No se me ocurre otro camino que no sea ése, el de la transparencia, para buscar la salida a este laberinto repentino. Más allá del aspecto legal y jurídico, y partiendo evidentemente de la presunción de inocencia, Retuerta debe plantarse ante la masa social del club y mirarla a los ojos para convencer con autoridad de que no hay nada extraño en ese nuevo argumento con el que niega ser el propietario del club, aclarar la función de GDI y su relación con ella e iluminar los pasos dados el pasado verano.

Con el nudo deshecho, será el momento de ir de lo particular a lo general para hacerse otras preguntas. Por ejemplo, si en estos tiempos que corren no hay ningún club más con problemas similares o irregularidades denunciables o por qué esa comisión de Segunda División se interesa en señalar directamente al Club Deportivo Guadalajara. Pero antes lo urgente que lo importante, o quizá a la inversa.

Lo grande, lo pequeño

Pep Bruno, durante una reciente sesión de cuentacuentos con niños. // Foto: R.M.

Pep Bruno, durante una reciente sesión de cuentacuentos con niños. // Foto: R.M.

Por Pep Bruno *

Que un día te llame el director de la sucursal bancaria en la que guardas los ahorros de toda tu vida para ofrecerte un producto que sabe, a ciencia cierta lo sabe, es un lobo con piel de plazo fijo, un ardid legal para zamparse tu dinero, sólo puede suceder cuando para el banco tú has dejado de ser una persona y has pasado a convertirte en una sencilla oportunidad de negocio, un bolsillo del que sacar un puñado de euros.

El asunto de las participaciones preferentes, con su más de un millón de personas afectadas y sus miles de millones de euros rapiñados, nos da la medida de una cuestión nada baladí: la dimensión humana de los días que vivimos.

Hace unos cuantos años, no muchos, una situación como esta de las preferentes era, sencillamente, impensable. Mis padres acudían siempre a la misma sucursal y hablaban en todo momento con el mismo empleado que les conocía, sabía sus nombres, preguntaba por la salud, la familia… El empleado en cuestión vivía en la misma ciudad, se lo podía uno encontrar en el parque con sus hijos o en un bar tomando el vermut con algunos amigos (que también podían ser clientes), y se iba a jubilar en esa misma mesa de esa misma sucursal con una cartera de clientes conocidos que confiaban en él.

Igual que sucedía con el empleado del banco pasaba con el farmacéutico, el maestro, el médico, el librero, el panadero… todos tenían nombre y apellidos, eran, además de profesionales en los suyo, personas en quienes confiar. Y la vida seguía teniendo lazos entre las personas más allá de oficios, empresas, marcas.

En aquellos años era fácil escuchar que Guadalajara era un pueblo y raro pasear por la calle y no saludar o detenerse a charlar con alguien conocido.

 

Sin embargo han llegado estos tiempos difíciles y nos repiten por activa y por pasiva que que para resistir hay que ser grande. Grandes las empresas, grandes los bancos, grandes las cadenas, grandes los centros comerciales, grande. Porque siendo grande es más fácil hacer frente al oleaje, al menos eso nos dicen.

Y de los pequeños bancos provinciales hemos pasado a los grandes bancos multinacionales cuyos empleados son obligados a rotar por sucursales y puestos en un intento de evitar cualquier tipo de lazo afectivo con los clientes. Y mientras tanto los clientes, desorientados, son invitados a confiar en una marca y no en una persona. Pero la marca no entiende de carne, ni de mirada, ni de alma, sólo entiende de números. Y entonces es cuando llega el asunto de las preferentes.

 

Para las grandes empresas, para las grandes marcas, no somos personas, somos oportunidades de negocio. Habitamos un mundo diseñado para estructuras suprahumanas que sólo entienden de datos estadísticos y beneficios económicos, entidades bestiales que acumulan recursos y poder. Los hay quienes cabalgan en esas monturas y desde su atalaya consideran que este es el mejor de los mundos posibles (sobre todo cuando a final de mes miran sus cuentas bancarias o los abultados sobres que llegan hasta sus bolsillos).

Y cuanto más grandes son esos entramados económicos más aprecio muestran por la dimensión económica y mayor desprecio muestran por la dimensión humana de la vida.

 

Sin embargo este mundo, nuestro mundo, está habitado por personas, y las personas precisamos que este lugar se ajuste a nuestras capacidades y necesidades. Necesitamos habitar en una comunidad formada por hombres y mujeres cuyos nombres conozcamos, cercanos, responsables, en quienes podamos confiar. Necesitamos habitar espacios cuyos mapas y rincones quepan en nuestro corazón. Y sobre todo necesitamos instituciones cercanas y ajustadas a la dimensión humana de la vida, de nuestra vida.

En esto, como en todo, he aprendido mucho de los cuentos. Contar un cuento es algo que suele hacerse a un grupo más bien pequeño de personas, a una comunidad que se puede mirar a los ojos y se refuerza cuando se emociona junta, se ríe junta y junta es capaz de edificar y sostener las tramas de palabras que el narrador va hilando (en gran parte en función de ese grupo que escucha y participa).

 

Por todo esto pienso que lo grande, esta medida desmedida que se impone cada vez con más entusiasmo, no es el futuro, lo grande es el final. Lo verdaderamente nuestro es lo pequeño. Y por eso reivindico la vuelta a lo pequeño: vivir en pequeños pueblos o en ciudades pequeñas, con unos servicios dignos (y valorados por su dimensión humana y no por su valor económico), con pequeñas escuelas (ya sean centros completos o agrupados en CRAs), con una red de pequeños servicios sanitarios y sociales adecuados, pequeñas salas de lectura bien conectadas, pequeños teatros (¡ay, el Moderno!), pequeños bancos (muy pequeños, sin capacidad para especular), pequeños comercios (con tenderos que te conocen), pequeños rincones para el juego (un campo, un regato, un árbol)… y, sobre todo, pequeños espacios para la convivencia, para el encuentro y el diálogo (una plaza, una olma, un soportal).

Lo nuestro es lo pequeño. Una buena red de pequeñas comunidades, de verdad comunidades (grupos humanos que se afianzan en lo común), es en verdad fuerte. Y grande.

Reivindico esta forma de vida, defiendo lo pequeño como más habitable, como más humano, como necesario para ser feliz. Y creo que en este asunto una provincia como Guadalajara, con sus pueblos pequeños y medianos, con sus gentes y sus tierras, tiene mucho que ofrecer. Mucho.

* Pep Bruno se dedica profesionalmente a la narración oral desde hace casi dos décadas, aunque también escribe literatura infantil y para adultos. Su último álbum ilustrado es ‘La mejor bellota’, editado por Almadraba. Es responsable además de la editorial Palabras del Candil y participa activamente en la vida cultural de Guadalajara. También es muy dinámica su presencia en internet a través de varios espacios como la web www.pepbruno.com, los blogs ‘Por los caminos de la tierra oral’‘Palabras del candil’ y ‘Las toponimias fantásticas de don Tadeo‘; y tiene cuentas en las principales redes sociales: en Twitter pueden seguirlo en @pep_bruno, donde cada día escribe al menos un microcuento.

De vieja carretera a eje cultural

Por Concha Balenzategui

Presentación de la reforma, este lunes, en el Ayuntamiento de Guadalajara. //Foto:Jesús Ropero

Presentación de la reforma, este lunes, en el Ayuntamiento de Guadalajara. //Foto:Jesús Ropero

El Ayuntamiento de la capital ha presentado esta semana el plan de reforma de las calles Ingeniero Mariño y Ramón y Cajal, lo que ha dado en llamar el Eje Cultural. Nomenclaturas aparte, no me cabe duda de que estamos ante el proyecto más trascendental del actual mandato de Antonio Román, en una época marcada por la contención en los gastos y nada dada a las obras faraónicas. Hay que tener en cuenta que en un periodo de cuatro años, las otras realizaciones de calado que se llevan a cabo o se prevén en la capital se cuentan con los dedos de una mano: la rehabilitación del cuartel del Henares, la más que necesaria reforma de la plaza de Dávalos, la creación del museo Sobrino y la reforma de Francisco Aritio, esta última impulsada por la Junta de Comunidades.

Pero el plan integral de Francisco Aritio-Ingeniero Mariño es una obra auténticamente transformadora de la estructura de una ciudad. De esas con las que un alcalde deja su impronta de su paso por el Ayuntamiento. Una reforma de la entidad de la peatonalización de la calle Mayor, el desarrollo y el túnel de Aguas Vivas, la conquista de espacios al otro lado de la A-2 con el nuevo ferial o el puente de la Ronda Norte.

Y esta reforma lo es, especialmente, por la conversión de esta arteria del tráfico en una vía de un único sentido. Por la transformación de lo que no ha dejado de ser la antigua carretera de Zaragoza en un espacio de convivencia entre el paseante, que tendrá aceras a la medida de la lógica, y los vehículos.

La apuesta de Antonio Román es valiente y decisiva. Supone un cheque en blanco para las quejas y las molestias que ocasionará en el tráfico un año largo de obras. Y sobre todo la incertidumbre de si el resultado final acabará convenciendo a unos vecinos que siempre somos reacios a los cambios.

El nuevo planteamiento de movilidad es sin duda arriesgado. Eliminar la opción de pasar por esta calle a los 1.500 vehículos que a diario hacen el trayecto entre la plaza de los Caídos y Bejanque es toda una revolución. No podemos olvidar que las alternativas son escasas. A un lado, una calle Mayor peatonal, y al otro un barranco que distancia bastante el otro acceso rodado.

Dice Román que la decisión ha sido ampliamente meditada y debatida por los servicios técnicos y la empresa que se encarga de la movilidad. Es evidente que no es una idea sacada de la chistera, entre otras cuestiones, porque lo de implantar el único sentido en estas dos calles ha figurado en varios planes de urbanismo de la capital antes de ahora. Era, por ejemplo, una de las claves del Plan Especial del Casco Histórico tan denostado por el actual Equipo de Gobierno.

Pero también hay que dejar claro que si no hubo antes un alcalde que se atreviera a tomar tal decisión, tampoco ha habido la prudencia necesaria en anteriores gobernantes para ir allanando el camino a su implantación. Unos y otros han dado la espalda a la idea, sin poner los pilares que hubieran evitado que la decisión pueda ser, a estas alturas, traumática.

Está claro que cuando se planeó convertir esta vía en una carretera de una sola dirección, la alternativa en sentido contrario estaba pensada al otro lado del barranco del Alamín. Al pasar los años, es evidente que allí no se ha hecho una calle con la capacidad y el trazado adecuados para soportar el tráfico que ahora se le va a exigir. También se ha dejado pasar la oportunidad de dar mayor amplitud a Doctor Creus, donde la mayoría de los edificios han sido derribados y levantados de nuevo en esta última década, y que podía haberse convertido en una alternativa al tramo de Ramón y Cajal.

Evidentemente, aún será clave la determinación sobre las pequeñas calles colindantes, la prolongación de Pedro Pascual, la dimensión de la plaza de Santa María y el aparcamiento adyacente o incluso la propuesta del acceso a la calle Cádiz desde Pescadores, detalles que habrá que limar minuciosamente. Pero no me apeo de la convicción de que esta ciudad ha perdido el tiempo por falta de visión de futuro con esta vía.

Calle Ingeniero Mariño. // Foto: eldiadigital.es

Calle Ingeniero Mariño.

Y no quiero quedarme sólo en el aspecto del tráfico rodado. Creo que también hemos llegado tarde para hablar con orgullo de un auténtico eje cultural. Conozco bien el tramo del que estamos hablando. Como muchos guadalajareños, he caminado maldiciendo sus estrechas aceras, tropezando en sus levantadas losetas y lamentando su falta de iluminación. He soportado interminables atascos que me provocan sonrisa cuando algún concejal dice que se tarda tres minutos en un recorrido que en algunos momentos del día pueden ser 15 o 20. He saludado cada tramo de acera que se arreglaba y he aplaudido la apertura de una plaza junto al convento San José, como muchos años antes, me congratulé de la plazoleta que nos dejó ver la fachada completa de Santa María.

Pero sobre todo he lamentado la desidia que ha dejado caer o derribar bellos inmuebles sin una voz que los reivindicara ni una normativa que los salvara. Desgraciadamente, estoy hablando de los años más recientes, incluso meses, que se han llevado por delante aleros, frisos y ventanales con solera y elegancia. Por eso ahora, aun alegrándome del nuevo tiempo que se abre para estas traseras del corazón de la ciudad, no deja de sorprenderme la bandera cultural que se intenta colgar en los monumentos que perviven, cuando se ha dejado morir una buena parte de su valiosa arquitectura civil.

Socialismo deluxe

La secretaria general de La Unión Internacional de Juventudes Socialistas, Beatriz Talegón

La secretaria general de La Unión Internacional de Juventudes Socialistas, Beatriz Talegón.

Por Yago López

Esta semana, las declaraciones de la secretaria general de la Unión Internacional de Juventudes Socialistas (IUSI), la guadalajareña Beatriz Talegón, durante el consejo de la Internacional Socialista en un hotel de lujo en Cascais (Portugal), han dado la vuelta al mundo y han vuelto a poner sobre la mesa la necesidad de renovación de un partido que no para de hacer aguas por todos lados.

Ya a finales de los 80, el maestro Krahe decía que lo único en lo que el PSOE hace honor a sus siglas es en que es un partido político, ya que de socialista y obrero tiene poco y español es cada día menos, teniendo en cuenta el poder de influencia en sus políticas de algunas multinacionales y entidades bancarias internacionales.

Es innegable que el PSOE tiene una historia llena de luces y sombras, pero no lo es menos que finalmente un partido lo definen las personas que lo componen. Dirigentes que en demasiados casos han estado y están muy lejos de ser socialistas, lo que genera un desajuste evidente entre su gestión y el interés del ciudadano que lo elige en las urnas.

Y ese es el gran problema. Los dos grandes partidos se han convertidos en marcas que garantizan votos, independientemente de quienes los conformen. Aparatos complejos que promocionan intereses y manejan y son manejados mucho más de lo que deberían. Prácticamente son el cuarto poder, una vez que están logrando acabar con los medios de información y son ellos y sus lobbys los que manejan la comunicación.

Poco pueden hacer contra su capacidad de manipulación los pequeños partidos que chocan una y otra vez contra una ley electoral injusta que no les deja crecer, además de tener que afrontar la problemática de competir con dos titanes que cuentan con una inmenso potencial económico, procedente de fondos públicos y de algunas empresas, que no titubean a la hora de cobrarse los favores. Esta claro que si se quieren ganar unas elecciones en un municipio de más de 100.000 habitantes es indispensable hacerlo bajo las siglas de uno de los dos grandes partidos, tal y como está montado el sistema.

Basta mirar las últimas encuestas electorales. En plena crisis salvaje con seis millones de parados y unos recortes sociales sin precedentes, aunque bien es cierto que IU y UPYD han recogido muchos de los votos que pierden los dos grandes partidos no se acercan ni de lejos a PP y PSOE, que continúan dominando ampliamente el espectro electoral. Y eso que vamos de escándalo en escándalo de corrupción.

Por tanto, la salud democrática de este país depende en gran medida, nos guste o no, de los dos grandes partidos que son los que tienen la capacidad de cambiar las cosas desde el poder. En este punto vuelvo a las palabras de Talegón en las que acusa al PSOE de intentar hacer la revolución desde un hotel de cinco estrellas llegando en coches de lujo. Unas declaraciones que la mayoría de los ciudadanos comparten y que tienen de novedosas que esta vez proceden del mismo corazón del partido. Y eso es siempre una buena señal, siempre y cuando no sea una estrategia del propio PSOE para lavar un poco su imagen de cara a la galería.

No entro a valorar si Talegón es o no la persona ideal para lanzar este mensaje. No es mi intención juzgar si gana mucho o poco, si viaja en business o en turista y si va encadenando contratos a dedo y nóminas sustanciosas. Para mí lo importante es que los socialistas necesitan una revolución en sus filas de nombres y de ideas que les acerquen a la ciudadanía, muy desengañada con su gestión.

Si quieren volver al menos a que se les escuche con un cierto grado de confianza, los viejos barones que tanto daño han hecho a la imagen del partido, deberán dejar paso a políticos sin contaminar. Sinceramente, no encuentro razones más allá de intereses particulares de políticos profesionales, para que continúen en primera fila Rubalcaba o Chacón, como máximos exponente nacionales, o Alique y Valerio, como parlamentarios por la provincia de Guadalajara

La democracia española en su etapa postfranquista supera las cuatro décadas y está peor que cuando empezó. Es necesario realizar verdaderos cambios estructurales que permitan una participación ciudadana en la gestión política adaptada a los tiempos que corren, donde se recupere la figura del político con vocación de servicio público real y no solo de discurso y desaparezca el dirigente que recita desde su púlpito cuatro manidas consignas mientras pone el cazo.

No es admisible que Alique y Valerio, parlamentarios nacionales del PSOE por Guadalajara, enarbolen el ideal socialista y hablen de su lucha por la justicia social mientras se embolsan en torno a 6.000 euros al mes de dinero público, entre nómina y complementos. El señor Pablo Bellido, actual máximo responsable del PSOE en la provincia, tiene mucho que limpiar en casa,  y si quiere realmente ser convincente, no debe dejarse llevar por los grandes dinosaurios y tiene que confiar en las bases para recuperar el espíritu de Pablo Iglesias y lograr que su partido haga de una vez honor a su nombre, al menos a nivel provincial. Solo así dejarán de engañar a sus votantes.

Una declaración de amor

Imagen del Barranco de la Hoz en el Señorío de Molina. // Foto: wikipedia.org Imagen del Barranco de la Hoz en el Señorío de Molina. // Foto: wikipedia.org

Por Marta Perruca

¿No lo oís? A veces, solo es preciso unos instantes de silencio para escucharla palpitar, sobre todo en algunos rincones donde su latido es más fuerte, donde parece que habla con más elocuencia. Entonces, no resulta tan difícil comprenderla, entonces me vuelvo a enamorar.

El latido me habló del amor una noche de verano, mientras paseaba entre la oscuridad por un sendero que discurría a las afueras de Albendiego. Y allí mismo la encontré palpitando, envuelta en un manto de estrellas, la iglesia románica de Santa Coloma. Aquella noche susurraba el viento en las copas de los árboles y las tumbas de un viejo cementerio dibujaban la silueta de algunas cruces a lo lejos. También los muertos palpitan y cuentan historias. Historias de amor, por supuesto.

El sol me invitó cierto día a pasear en bicicleta. Los girasoles miraban al cielo como esferas de fuego emergiendo de la tierra, cantaban las hojas de los árboles y los pájaros trinaban en un universo perfecto. Y al doblar una curva me las encontré en el horizonte, tan imponentes, cortando el paisaje  donde el río Gallo ha trazado una hoz entre las formaciones rocosas, que se levantan como rascacielos rojizos. Dicen que el antiguo monasterio de la Virgen de la Hoz desprende una energía especial y yo lo contemplo desde la parte más alta del mirador. Veo esa monumental garganta con enaguas de árboles y agua, y entonces su corazón y el mío laten al mismo tiempo.

Cogí el coche una tarde sin rumbo y el azar me llevó a un pueblo amurallado, salpicado de fuentes y surcado por galerías subterráneas. Paseé por parques y jardines, y las ruinas del viejo castillo de la Piedra Bermeja me relataron la leyenda de una dama ultrajada cuya sangre tiñe una de sus piedras. Unos segundos de silencio bastaron, Brihuega también palpita.

Paraje de Valverde de los Arroyos. // Foto: http://comunidad.fotolibre.net/

Paraje de Valverde de los Arroyos. // Foto: http://comunidad.fotolibre.net/

Correr entre las flores de cantueso de las praderas que se abren en las faldas del pico Ocejón, en Valverde de los Arroyos; meterse bajo la cascada y sentir el frío del deshielo; disfrutar de un pan preñado de Tamajón ya en la cima, después de pisar la nieve en plena primavera y sentir lo pequeños que somos ante la inmensidad del paisaje de la sierra guadalajareña, mientras nos habla directamente al corazón.

A lo lejos diviso una gran cola de agua entre las piedras cortantes del Barranco del Río Dulce. Un águila demuestra que es la reina de los cielos conquistando en su majestuoso vuelo las sombras que poco a poco se apoderan de la gran montaña, en este atardecer. Se me vienen a la memoria los paisajes de esos viejos documentales de Félix Rodríguez de la Fuente. Él también lo escuchó palpitar.

He paseado por Cogolludo; me he asomado al balcón enrejado de la Princesa de Éboli en Pastrana; he contemplado el bello paisaje de las Parameras entre las almenas de la Torre de Aragón; me he maravillado ante el paisaje sublime que brinda el mirador del Puente San Pedro; me he bañado en las aguas turquesas de la laguna de Taravilla; he paseado por la vega del río Henares y he escuchado los murmullos de las rondas a los pies del castillo de Torija.

También me enamoré de Cifuentes, de Trillo y Sigüenza, por los estrechos callejones de sus calles medievales. Disfruté del privilegio de poder caminar sobre la cúpula barroca de Santa María, contemplando el antiguo artesonado de madera que se esconde detrás y he visto una hermosa Guadalajara desde su campanario; me he perdido en mis pensamientos tantas y tantas veces en el Patio de los Leones del Palacio del Infantado… Y en todos esos lugares lo he visto latir.

Esta mañana de San Valentín me he levantado con ganas de gritarle al mundo que estoy enamorada de esta provincia, porque soy una romántica impenitente; porque llevo toda mi vida prestando atención a su latido incombustible y he comprendido que en sus bellos rincones, Guadalajara susurra palabras de amor. A veces basta con permanecer unos minutos en silencio para escuchar lo que tiene que decirnos ¿No lo oís?

El déficit, punto por punto

Cospedal durante su comparecencia de hace una semana en el palacio de Fuensalida // Foto: Juan Antonio Echagüe Acosta (Junta de CLM).

Cospedal durante su comparecencia de hace una semana en el palacio de Fuensalida // Foto: Juan Antonio Echagüe Acosta (Junta de CLM).

Por Rubén Madrid

La presidenta de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal, anunció hace justo una semana que la Junta había cumplido con el objetivo del déficit, rebajado de 7,7% al 1,48%, lo que se traduce en unos 11.000 millones de euros. Lo ha calificado de «hito» y ha agradecido a los ciudadanos «los esfuerzos», en un abierto reconocimiento a los costes sociales que están teniendo sus políticas económicas. Me permitiré realizar diez observaciones sobre el asunto, para intentar ordenar un debate que ha quedado muy enmarañado por las reacciones a favor y en contra y por algunas dudas.

  1. Un buen indicador. No cabe duda que servido en frío, sin más connotaciones que el registro estadístico, la rebaja en más de seis puntos del nivel de déficit de la Administración regional es un dato positivo. Tener las cuentas en orden y no disparar el gasto sobre los recursos reales forma parte del abc de una correcta gestión o, cuando menos, de un buen ejercicio contable.
  2. El único buen indicador. Asociar este dato a un síntoma de mejoría, un punto de inflexión o un brote verde, en la desafortunada calificación de la exministra Salgado, resultaría del todo perturbador. La economía va fatal, y los números de 2012 son peores incluso que los de 2011… La región es menos rica (el PIB ha descendido entre un 2,2 y un 2,5%, según qué fuentes), hay 300.000 parados en la región (70.000 más en las cinco provincias) y 120.000 no tienen prestación; la Junta ha despedido a 10.000 trabajadores; y así, todo un suma y sigue de indicadores, como los más de 2.700 autónomos desaparecidos en el último año.
  3. Menos gastos. El déficit es el desequilibrio de la balanza entre ingresos y gastos. Cospedal ha logrado que la diferencia sea menor, pero a costa de adelgazar el gasto y no de insuflar oxígeno en las arcas regionales. El día en que el déficit quede rebajado por la vía de los ingresos no sólo habrá un buen dato, sino una buena noticia.
  4. Los papeles que explican los datos. La oposición ha desconfiado enseguida de los datos aportados por la presidenta y ha acusado al gobierno regional de maquillar las cifras, dejando al margen obligaciones con las que no se habría cumplido y que, al no computar, permitirían alcanzar el objetivo. El mejor modo de esclarecer si se trata de cifras reales o de una pirueta contable es mostrar toda la información necesaria a la oposición, los expertos, los economistas y la prensa especializada. No se ha hecho y la duda persiste. Veremos si dentro de un año no han aflorado facturas pendientes que hagan incumplir el objetivo del déficit, lo que sería una tremenda ironía.
  5. Objetivo prioritario. Quienes hemos estudiado Ciencias Sociales sabemos que la política aborda el modo en que una comunidad destina sus recursos limitados para obtener unos objetivos compartidos. Si como sociedad nuestro objetivo prioritario era el déficit, la misión está cumplida; si era otro, pongamos por caso una buena prestación de servicios públicos o contribuir a generar empleo, la asignatura sigue pendiente.
  6. Los costes. La rebaja del déficit ha tenido precisamente unos costes tremendos. Es un hecho constatado, no una cuestión sometida a debate. Rebajar el gasto sin que aumentasen los ingresos ha llevado a renunciar a inversiones para colegios y hospitales, desmantelar planes de limpieza de montes, retirar subvenciones para conciliación o despedir profesores. Otra cosa es la valoración del alcance de esta estrategia, si llega incluso a poner en riesgo el Estado del Bienestar o no, como debaten PSOE y PP. Pero es evidente que la respuesta de la Junta como administración a los problemas de todos resulta hoy más deficiente que ayer.
  7. ¿Y el paro? Combatir el desempleo era el objetivo proclamado en campaña electoral, aquel por el que Cospedal reclamaba «el cambio» a través de los votos. Sus políticas para rebajar el déficit no sólo no han reducido el paro en la región, sino que lo han incrementado en este último año. Así pues, se cumple un objetivo (déficit) pero se incumplen dos (calidad del servicio a la ciudadanía y lucha contra el desempleo).
  8. Empate con el PSOE. Tampoco el PSOE lo hizo mejor. De hecho, el resultado es el mismo con un cambio de factores. Así, con Barreda se garantizaron las políticas sociales pero a costa de que se disparase el déficit sin amortiguar la hecatombe laboral. La presidenta -si lo sigue siendo- tiene todavía más de media legislatura por delante, en la que puede inclinar este saldo. En ese sentido se ha manifestado: la preocupación ahora será el paro. Sobre el gasto social, que nadie espere una mejora en la calidad de la enseñanza, la sanidad o el bienestar social. La tónica seguirá siendo, ha dicho, un gasto a la baja que a menudo llama austeridad a lo que no es sino insuficiencia.
  9. La cuadratura del círculo. Nada sucede aleatoriamente. La rebaja del déficit envía el mensaje inequívoco de que el buen gestor es el que gasta poco; que esto suponga devaluar los servicios que se ofrecen a los ciudadanos envía a la vez otro mensaje soterrado: quien quiera mejoras asistenciales, que recurra a la empresa privada. Que el paro esté en las nubes contribuye a su vez a que esos negocios que se harán con nuestras enfermedades, el cuidado de nuestros mayores o la educación de nuestros hijos dispongan de una mano de obra muy barata, ya que la precarización del mercado laboral afecta a quienes fueron yeseros y electricistas del boom, pero también a licenciados con master y con dominio de varios idiomas. La reforma laboral ha puesto las bases. Todo apunta a que se creará empleo, pero ¿qué empleo? Valdremos menos como sociedad y valdremos menos como trabajadores. Sólo los precios de mercado seguirán creciendo año tras año.
  10. El mejor de los casos. Así, pues, cabe esperar que, si todo va medianamente bien, se puedan dar por cumplidos dos objetivos desde un punto de vista estadístico, invertir la tendencia en empleo y equilibrar las cuentas de la Administración. Pero no lancemos tan pronto las campanas al vuelo. Sigamos esforzándonos en cumplir los objetivos.

El valor de las tradiciones rurales

Las mascaritas y botagas de Almiruete, una tradición digna de admiración. // Foto: A.S.

Las mascaritas y botagas de Almiruete, una tradición digna de admiración. // Foto: A.S.

Por Abraham Sanz

Conservar las tradiciones es uno de los más bellos ejercicios que se pueden llevar a cabo desde los diferentes pueblos de la provincia. No sólo porque supone buscar los orígenes de una localidad, sino porque así se puede enraizar de nuevo a aquellos habitantes que, bien por trabajo o por otros motivos, decidieron abandonar el mundo rural por el urbano; para que así sigan teniendo un vínculo con su pueblo natal –o el de sus padres- que permita mantener su pulso en la actualidad. Y si hay una época especialmente proclive para ver como emergen estas añejas tradiciones, es la época invernal, especialmente en estos días de carnaval; donde botargas y otras fiestas tradicionales se han ido recuperando especialmente por la Sierra de la provincia.

Entre ellas, merece especial atención el trabajo que se realiza en Almiruete donde, sus botargas y mascaritas se han convertido ya en toda un reclamo para los pueblos de la Arquitectura Negra como lo será en junio la Octava del Corpus de Valverde o los danzantes de Majaelrayo. Una tradición desaparecida que, gracias al coraje de unos cuántos, se volvió a recuperar en 1985 y que años más tarde sería declarada como Fiesta de Interés Turístico Provincial, poniendo en valor un evento que según se dice, cuenta con una antigüedad ancestral. Tal es el trabajo que se hace desde este pueblo en lograr que este día sea cada año especial y diferente, que el interés del gentío cada año es mayor pues la ocasión lo merece sólo por ver tan extravagantes como tenebrosas vestimentas tanto de las botargas como de las particulares mascaritas.

Además, no sólo logran atraer la presencia de autoridades políticas como la de la presidenta de la Diputación, Ana Guarinos que allí quiso estar; sino que logran cada día recabar mayor atención mediática pues los flashes a los protagonistas de esta fiesta estaban por doquier. Es más, todo este trabajo, se recoge en un museo que el visitante puede admirar y contemplar en este recóndito pueblo de la Sierra de Guadalajara que lucha por sobrevivir gracias a mantener sus más añejas tradiciones.

Valga Almiruete como ejemplo, dado que su gran fiesta tuvo lugar este fin de semana; pero mismo patrón han seguido otros lugares que buscan poner en valor su entorno o su municipio gracias a las tradiciones pues son estas las que pueden aportar un sabor diferente a cada uno de los pueblos y así lograr atraer a nuevos visitantes, dado que es el turismo una de las grandes fuentes de riqueza de estas comarcas donde, la ausencia de un gran número de habitantes, se convierte en un reclamo para aquellos que buscan tranquilidad y un entorno singular.

De ahí que esfuerzos como el de esta localidad serrana se vean reflejados en otros municipios con fiestas igual de originales como puedan ser ‘Los diablos’ de Luzón; ‘Los vaquillones’ de Villares de Jadraque; los danzantes de Albalate o la Feria de San Matías en Tendilla. Y sólo por citar alguna, a las que se podrían unir otras de igual valía como el magistral Festival Medieval de Hita; las jornadas medievales de Sigüenza; la Fiesta Ganchera que tiene lugar en los pueblos del Alto Tajo o las pasiones vivientes que con tanto esmero se preparan año tras año en Hiendelaencina o Fuentelencina.

Las mascaritas se recuperaron en 1985. // Foto: A.S.

Las mascaritas se recuperaron en 1985. // Foto: A.S.

Muchas veces, gobernantes y dirigentes, se quiebran la cabeza en crear fiestas artificiosas y artificiales que supongan la atracción de nuevos visitantes y que, luego, no cumplen las expectativas ni de comunión con el pueblo ni de llegada de turistas. Y sí, se está demostrando, que es mejor escarbar en la tradición y en la historia de cada uno de los pueblos para encontrar citas, eventos o trozos de historia que permitan poner de nuevo en el calendario al pueblo, otorgándole no sólo originalidad a sus fiestas; sino un mejor nexo de unión con sus vecinos.

El origen de muchos se encuentra en estos pequeños pueblos de Guadalajara cuyo valor es innegociable y cuyas tradiciones siguen siendo uno de sus principales activos. Salvemos estas, logremos un mayor enraizamiento de la población con sus orígenes y, así lograremos, además, salvaguardar el mundo rural tan poco rentable para las administraciones y de tanto valor, para todos nosotros.

Un cerrojo que desactiva

Jony intercepta un avance del delantero barcelonista Luis Alberto. // Foto: www.fcbarcelona.cat

Jony intercepta un avance del delantero barcelonista Luis Alberto. // Foto: http://www.fcbarcelona.cat

Por Roberto del Barrio

Un cerrojo por los números; un equipo que desactiva al rival por fútbol y sensaciones. Es la definición algo estrafalaria que me permito realizar del Deportivo Guadalajara: alma al alza, grupo convencido, equipo sobrado de fuerzas en los últimos dos meses. El partido del Mini Estadi fue el punto culmen de todo eso, una nueva demostración de cómo se anula el juego del rival -nada menos que el del filial culé-, de la optimización de recursos.

El Barcelona se topó con un muro infranqueble, una piraña insaciable y desesperante en los tobillos que no le permitió jugar y le sacó de la pista de baile. Deulofeu y los suyos acumulaban una media de tres goles en los últimos seis partidos. Su munición quedó reducida a balas de fogueo, como si el cuadro alcarreño se vistiera de artificiero para convertir a un ejército temible en una manifestación pacifista.

De alguna manera es la idea de Terrazas llevada a la máxima expresión. El Depor se ha convertido en un equipo prácticamente «indesarbolable» -valga el palabro-, capaz de reducir la fabricación de juego de sus oponentes por creativos que sean y pese al brillo que saquen a sus números y a su clasificación. Encuentro un mérito infinito al rendimiento defensivo del equipo ante elencos atacantes como los de Elche, Alcorcón, Villarreal o Barcelona (ninguno consiguió batir la portería de Razak), entendiendo «rendimiento defensivo» como la virtud del cuadro alcarreño de posicionarse en campo contrario y evitar el avance rival, de relalizar una presión acertada, trabajada y meditada del minuto 1 al 90 y de robar el balón en zonas de alto riesgo. No descubro nada si reitero que ése es el pilar fundamental de la identidad futbolística de Carlos Terrazas y que su empeño en conseguir esta versión del equipo no sufrió ni una grieta durante esas fatídicas siete derrotas del primer tramo liguero.

Lo normal hubiera sido dudar de esos ideales, como dudó un amplio sector de la crítica -yo mismo en estas líneas- y de la afición, pero el técnico vasco no lo hizo y ha conseguido meter la letra con sangre en la cabeza de sus futbolistas. La traducción es evidente: seguramente la mejor versión deportivista en Segunda División y un arsenal de números que cierran el círculo en toda esta reflexión. El Depor acumula cinco victorias y cinco empates en las últimas once jornadas (sólo ha perdido en Girona) y ha encajado cuatro goles en este camino, en el que se ha topado con los mejores equipos del campeonato. Se ha enfrentado a cinco de los primeros siete clasificados y la semana que viene recibirá al Almería, segundo en la tabla.

Este registro, descomunal en cuanto a balance defensivo, indica que estamos ante el mejor equipo de la categoría en ese apartado. Sólo el imparable Elche resiste la comparación (también ha recibido cuatro tantos en las últimas once semanas), aunque con un gol menos a su favor que los alcarreños -once por doce del Depor-. Ahora bien, este Evangelio de sensaciones y números repleto de méritos debe refrendarse con tinta de la buena en la clasificación, desgraciadamente el aspecto menos optimista y a la vez el más importante de todo este invento. Obviamente, el Deportivo, por la crudeza del calendario, no ha podido encadenar triples que le saquen definitivamente del atolladero. La zona de descenso se sitúa a tres puntos y el próximo rival es otro de los gigantes. Por eso, el primer paso para el despegue pasaba por ganar fuera de casa y apelar al Escartín como jabalina hacia la tranquilidad.

El juego, de autoridad incuestionable en cada metro del campo, señala el momento de despejar el horizonte. La defensa en campo contrario y el conocimiento perfecto de las armas ofensivas, también, si bien ésa es una faceta mejorable con un mayor porcentaje de acierto en el remate. Quizá la recta de lanzamiento multiplique su impulso cuando la exigencia del calendario rebaje su intensidad. O tal vez no sea necesario y veamos una nueva demostración de forzaleza el próximo fin de semana. El Depor se ha convertido en el rival más incómodo de la categoría, no tengo ninguna duda. Y ése es su aval para seguir escalando.

El baloncesto de élite vuelve a Guadalajara

Por Pablo Carnicero

Pablo Carnicero junto a su equipo. // Foto: CEBA Guadalajara

Pablo Carnicero junto a su equipo. // Foto: CEBA Guadalajara

El corazón late con fuerza. Pierdes de dos y te remueves inquieto en tu asiento. A tu alrededor más de un millar de espectadores contienen el aliento sobrecogidos. Uno de los jugadores rivales acaba de anotar una canasta triple que coloca a su equipo por delante. Es injusto, piensas. Sientes un momento de rabia, porque durante todo el partido tu equipo ha ido por delante en el marcador. La primera jugada del partido levantó a todo el pabellón del asiento: Víctor, aquel chaval que el año pasado apenas recibía oportunidades en una categoría inferior, recibe el balón debajo del aro y lo machaca sin compasión. Como si le debieran dinero, como si quisiera transmitir al público y sus compañeros: “Aquí estoy”.

Y ahora pierdes de dos. Aún queda más de un periodo, pero esa canasta te instala en la duda y el temor. Todo el partido ganando, mandando con autoridad. Respondiendo cada canasta del rival con otra mejor aún, defendiendo cada posesión con la pasión de un depredador en la sabana. Pero ya todo lo pasado carece de validez, porque los ovetenses han salido del descanso con esa mirada asesina característica del que nada tiene que perder. Quizá los más de cien aficionados que se han desplazado desde Oviedo les haya insuflado energías renovadas con sus constantes ánimos. Los miras con envidia sana. Ya quisieras tú que tu afición fuese así. Pero aprietas los dientes, porque el partido continúa. Parpadeas. No hay tiempo para lamentos. A tu alrededor alguien elogia a los rivales: llevan tres triplazos seguidos, parece un torbellino de puntos.

Sacamos de línea de fondo. Sientes el miedo y la adrenalina que hace que tu corazón lata con mayor frecuencia. Es la droga que te engancha a este deporte, lo que te hace levantarte del asiento eufórico o hundirte en la más triste de las miserias. El balón llega a Jose María. El veterano es un ejemplo de pundonor, energía y ganas. Con más de treinta años es el primero en entrenar y uno de los que más pasión y entrega ponen en cada momento. Su defensor está demasiado cerca y no le concede espacio para poder moverse. Va a hacer pasos, piensas. Pero saca el balón por detrás de la espalda y se lo pasa a un compañero que se encuentra situado en la esquina completamente solo. Un pase casi imposible, un escorzo realizado sin tan siquiera mirar a su objetivo. Un pase a ciegas.

Y en la esquina se encuentra situado Pablo.

El chaval. El último en llegar. Dieciocho años recién cumplidos en Guadalajara. Pablo nació respirando pasión por el baloncesto, y creció soñando con jugar en el primer equipo de su ciudad, cuando el desaparecido CB Guadalajara jugaba en aquel mismo pabellón no muchos años atrás. “Mama, de mayor quiero jugar en ese equipo”, decía muy a menudo. Y todo su esfuerzo y sacrificio le han llevado a jugar en ese equipo que tanto ha deseado, a jugar aquellos partidos que siempre había soñado con jugar. Porque es un ganador.

Las miradas de más de mil paisanos se clavan en el chaval de la cantera que acaba de recibir el balón. El momento es muy complicado, porque hemos recibido un aluvión de puntos y estamos tratando de sobrevivir como el barco que desarbola los aparejos en una tempestad con la esperanza de resistir. Como el boxeador que acaba de recibir una serie de mandobles

que le arrojan contra las cuerdas aguardando el momento adecuado para respirar sin doblar la rodilla.

El balón vuela y da vueltas sobre sí mismo. Y antes de que puedas asimilarlo, más de mil gargantas gritan al unísono eufóricas. Lo ha metido. El chaval acaba de meter el triple con la sangre fría de un veterano curtido en mil batallas. De nuevo te pones por delante en el marcador, recuperando la iniciativa que te había arrebatado el rival de un manotazo. Y la pasión que sientes la transmites, te levantas del asiento con el puño en alto eufórico. Porque sabes que es una final, y estos pequeños detalles son importantísimos. Una gran defensa de tu equipo y una nueva canasta te conceden un respiro. Y aunque el rival pelea negándose a dar su brazo a torcer, consiguiendo canastas increíbles y poniendo tanta pasión y empuje como tu equipo, sabes que los tuyos no te van a fallar.

Y no lo hicieron.

¡Ganamos!

Hemos ganado una final en Guadalajara, con más de mil espectadores animando a tu equipo al unísono. Como en los viejos tiempos, los gloriosos, aquellos en los que sentías las mismas emociones que acabas de sentir. Lo sientes de vuelta. Sabes que el baloncesto de nivel ha vuelto a Guadalajara.

Lo hemos conseguido.

En los veranos y periodos vacacionales siempre tenemos a los equipos nacionales de categorías inferiores concentrados en nuestra ciudad, hemos organizado partidos de máximo nivel (torneo ACB en Septiembre, y en Agosto del año anterior un partido de la selección Absoluta), y que un equipo de Leb Plata juegue en Guadalajara, con presencia de canteranos en este equipo, significa que el baloncesto de nivel regresa al Polideportivo San José . Los aficionados llevan disfrutando toda la temporada de un juego imposible de ver en la zona centro de España, puesto que después de los tres equipos ACB que militan en la Comunidad de Madrid, tan solo Ávila y Guadalajara pueden ofrecer un espectáculo parecido. El pasado lo perdimos, ahora debemos preservarlo.

Tan solo os pido que lo probéis, y repetiréis.

*Pablo Carnicero de la Cámara es un amante del baloncesto con una dilatada experiencia tanto en el baloncesto profesional (varios años entrenador ayudante del CB Iber de LF2 y el CB Guadalajara, equipos con los que disputó 3 fases de ascenso), como en el baloncesto de formación (subcampeón de Castilla la Mancha infantil femenino, campeón regional cadete femenino en dos ocasiones, campeón regional junior femenino en una ocasión, numerosas presencias en los diferentes Campeonatos de España, tanto como entrenador como colaborador en la organización). Es Entrenador Nacional de Baloncesto desde el 2010 y actualmente es el Director Técnico del CEBA Guadalajara, club que milita en Adecco Leb Plata.

Carnaval con cara de Cuaresma

Por Concha Balenzategui

Cartel del Carnaval de Guadalajara 2013. // Fernando Benito

Cartel del Carnaval de Guadalajara 2013. // Fernando Benito

Es sábado de Carnaval, pero parece que la ciudad no se ha despertado animada por el frenesí y la chanza que debieran acompañar a Don Carnal. Las personas que a estas horas están dando las últimas puntadas a su disfraz, que las hay, son una clarísima minoría. Esta es una ciudad, hemos de reconocerlo, poco dada a la máscara y a la lentejuela.

No pretendo hacerme eco del lamento, al que en Guadalajara estamos muy acostumbrados, de pensar que lo que se cuece en casa tiene menos sustancia que en el puchero del vecino. No vamos a estas alturas a aspirar al gracejo gaditano o a la vistosidad tinerfeña. Pero tampoco me vale como justificación la prohibición franquista a la que solo escaparon los bailes cerrados del Casino y algunos escarceos más populares en El Alamín o el Cerro del Pimiento.

Hay que reconocer que Guadalajara tiene sus propias señas carnavalescas. La fiesta rural, esa de cuerna y arpillera, resulta una manifestación de enorme valor etnográfico. En la capital, el grupo Mascarones ha cubierto largamente un cuarto de siglo de gloriosa presencia, vistosidad y laboriosidad en sus comparsas.

Pero ambos casos son honrosas excepciones a la falta de sangre carnavalera que impera. En ellos, además, la celebración tiene más de espectáculo que de rito. Más de exposición para curiosos que de frenesí participado o contagiado.

En nuestra capital, la juerga propia de las carnestolendas ha corrido casi siempre por rutas muy distintas a las del programa oficial. No me duelen prendas en decir que aflora más imaginación y divertimento en algunos desfiles de carrozas y bailes de disfraces de muchos municipios de la provincia que en el desfile del Sábado de Carnaval de la capital.

Desfile de adultos.// Ayuntamiento de Guadalajara

Desfile de adultos.// Ayuntamiento de Guadalajara

Por muchos intentos que hayan hecho las sucesivas corporaciones desde que en 1981 Javier Irízar estableciera unas actividades “oficiales”, no se ha logrado una fiesta participativa. El desfile del sábado, el de adultos, casi siempre resulta pobre y frío. Si algunas comparsas alcanzan la brillantez, si algún disfraz es meritorio, el conjunto queda insípido o escaso. Porque falla la propia concepción del acto, donde unos pocos desfilan y otros muchos miran sin disfrazarse; donde unos bailan y otros soportan frío con cara de Cuaresma. Al final del acto, casi siempre encorsetado por dorsales y premios, cada uno a su casa.

Y sin embargo, sorprende que horas más tarde, una fauna multicolor empiece a pulular por los bares y pubs. Es el carnaval nocturno, ese que no desfila y no compite, pero que se divierte y participa. Con disfraces pensados unas semanas antes, cuatro trapos improvisados o la visita de última hora al bazar chino. Gente con ganas de divertirse, de jugar al “¿quién soy?” detrás de un antifaz y un cubata. Gente joven, que no sabe de prohibiciones franquistas; que se ha curtido en las celebraciones colegiales o en el propio desfile infantil de cada año, en el que quienes derrochan habilidad son… los mismos padres y madres mañosos que no se aplican el arte a sí mismos.

Para ellos, los de espíritu libre, es esta noche de fiesta. Y también para Mascarones, que aliados con el Ayuntamiento -unos años más y otros menos- tratan de impregnarnos de fiebre carnavalesca. Y para las asociaciones y grupos que pelean cada año para que la botarga, la mascarita, el zarragón o la vaquilla, vuelvan a salir por las calles de su pueblo.