Más que nuestros, parte de nosotros

Vista del Señorío de Molina desde uno de los cerros de Rillo de Gallo. // Foto: M.P.

Vista del Señorío de Molina desde uno de los cerros de Rillo de Gallo. // Foto: M.P.

Por Marta Perruca

En aquellos domingos estivales solíamos meternos todos en aquel viejo Seat 1500 de tercera mano, pertrechados con la mesa plegable azul y aquellas desvencijadas  sillas de campo desparejadas. Mi madre preparaba una ensalada campera y un par de tortillas de patata y pasábamos todo el día en aquel paraje cercano a Rinconcillo en el que mi padre había fabricado un rudimentario columpio con una cuerda y una gruesa tabla de madera asida en sus extremos, que había colgado entre dos chopos. Aquel rincón mágico, donde cantaba el río y saltaban las truchas, era nuestro. Más nuestro de lo que pudiera decir cualquier papel o administración. Ese rincón habla de nuestra familia, de nuestros momentos más felices. Si algún día paseáis por la ribera del río Gallo solo tenéis que prestar atención para escuchar los murmullos de nuestros juegos de infancia, nuestras risas de merienda de pan con chocolate, las exclamaciones de asombro que rodeaban a papá cuando volvía al atardecer y sacaba de la nasa las truchas que había pescado y de las tardes en que nos afanábamos en fabricar barcos de juncos que luego fletábamos desde la orilla y que sólo dios sabe hasta dónde viajarían: A Lisboa –decía mi hermano-.

Para quienes hemos nacido y crecido en el medio rural nuestros montes son un pedazo importante de nuestra vida, forman parte de lo que somos, de nuestra identidad. Los hemos cuidado y protegido y  hemos velado porque se mantengan, tal y como los conocimos, para las generaciones venideras.

No podríamos entender nuestra vida sin el cortante frío en la cara de esas mañanas de otoño, de cesta de mimbre y navaja, de olor a humedad y a pino fresco en las que identificamos níscalos, boletus, aceiteros o senderuelas; sin la alegría de encontrar la primera seta de cardo de la temporada en un paseo eterno con aroma a tomillo, romero y espliego; sin  tantas tardes de merienda, de Jueves Lardero, de expediciones hasta cerros desde donde se divisan los confines de la tierra.

También han sido el plato sobre la mesa de quienes han pasado largas jornadas recogiendo la resina de nuestros pinos; de aquellos que han arriesgado su vida cuando el fuego acechaba en los incendios forestales; de esos otros que se sienten orgullosos de los páramos que rodean su modesto negocio rural; de quienes han recogido leña para avivar su hogar o se levantan con ilusión al alba para disfrutar de una jornada de caza, que buenas rentas dejan en los ayuntamientos.

Imagen nocturna de un monte de la provincia. // Foto: M.P.

Imagen nocturna de un monte de la provincia. // Foto: M.P.

Sin tantos sentimentalismos, la propia LEY 3/2008, de 12 de junio, de Montes y Gestión Forestal Sostenible de Castilla-La Mancha reconoce en su Exposición de motivos: “En muchas áreas rurales de nuestra región la actividad forestal se manifiesta de forma relevante, tanto en términos de empleo como de generación de renta. Si, además del valor económico de los productos forestales obtenidos del monte, se tiene en cuenta su creciente valor social, en el contexto de una sociedad cada vez más urbanizada que practica de forma creciente el turismo rural, y demanda más actividades al aire libre en contacto con la naturaleza, o la interpretación del paisaje, la presencia de los montes, en especial los arbolados, es insustituible.

La erosión, uno de los principales problemas medioambientales en amplias zonas de Castilla-La Mancha, principalmente en su modalidad hídrica, no solo ocasiona importantes pérdidas de fertilidad del suelo, también es causa de otros efectos indeseados que merman la efectividad de ciertas infraestructuras, en especial las de comunicación vial y las hidráulicas. La existencia de masas forestales es esencial, sobre todo en terrenos en declive, para paliar los efectos negativos del fenómeno erosivo, así como para la contención de riadas, regulación de la de escorrentía, etc.”

Esta misma Ley  reconoce que “los montes de dominio público son inalienables, imprescriptibles e inembargables y no están sujetos a tributo alguno que grave su titularidad”. Inalienables, imprescriptibles e inembargables, palabras grandes, palabras de peso, que sin embargo se las lleva el viento en boca de quien no tiene palabra.

Yo me imagino las historias que cuentan los parajes de la Carravieja y la Cuesta del Valle  en Guadalajara, de Jocar en Arabancón, de los de las Cabezas y el Botijoso en Semillas y Tortuero, respectivamente; los de Robredarcas, Umbría de los Parejones, Canalejas, Barranco y otros, en Semillas; el Espinar en El Cardoso de la Sierra; Fraguas en Monasterio; Solana de la Cabeza en Peralveche; Valhondillo y otros en Guadalajara; Carravieja, Camino de Valdenoches y otros en Tórtola de Henares y el perímetro de la localidad de Tendilla, todos ellos contenidos en el informe presentado por Ecologistas en Acción el pasado lunes y que, según la organización, están siendo estudiados por la Junta para su puesta a la venta al mejor postor. Cabe decir, además, que seis de ellos se encuentran en el Parque Natural de la Sierra de Ayllón.

Se trata de casi 48.500 hectáreas en toda Castilla-La Mancha de las que el 30 por ciento se encontrarían en espacios protegidos y con las que la Junta, según recogen los presupuestos regionales, pretende embolsarse 45 millones de euros.

Unos montes a los que, tal y como sospechan los ecologistas, el Gobierno regional, en los tiempos que corren, sacará un escaso rendimiento económico, pero que a la vuelta de la crisis su valor subirá como la espuma. Unos montes que ya no serán nuestros y que cortarán nuestro paso con una cerca, y ya nada podremos decir de lo que se haga en ellos, sobre si se edifica o se talan sus árboles, si destruyen nuestro columpio y desdibujan con él  todas nuestras historias. Serán espacios en los que ya no nos reconoceremos, ni dotarán de identidad a los que vengan después.

Claro, si nos has visto cómo el sol se esconde entre las montañas, si no has oído cantar a los árboles, ni chillar al viento en el barranco, si no has sentido el latido de la tierra paseando entre los pinos, encinas, quejigos o sabinas, no puedes comprender de lo que hablo, porque no se puede amar aquello que no se conoce y, cuando no se ama, parece fácil poner precio a los recuerdos, a las historias y a la identidad de una tierra.

En este país en el que lo público no es de nadie, parece que cualquiera que entre a presidir una Administración puede colgar el cartel de “Se Vende” a un patrimonio natural que es de todos, a esas 10.000 hectáreas de monte de nuestra provincia que deberían ser inalienables, imprescriptibles e inembargables. Parajes que susurran historias, porque ya lo decía la semana pasada, la naturaleza nos habla, pero parece que nos hemos olvidado de escucharla.

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La dieta Dukan

El ministro de Hacienda, Montoro.

El ministro de Hacienda, Montoro.

Por Rubén Madrid

Me ha resultado muy llamativo el eco que ha tenido en los medios de comunicación de la provincia la reforma de las administraciones locales, escaso en comparación con su descomunal importancia para la cosa pública. Más allá de las valoraciones de unos y otros, positivas o contrarias como imponen sus prejuicios partidistas, el análisis detenido y con expertos de cómo afectará esta revuelta tiene un recorrido enorme. La tan esperada transferencia local se ha convertido en una revolución bestial para nuestras administraciones más próximas, los ayuntamientos, las mancomunidades y las diputaciones.

Los puntos principales de esta reforma afectan a aspectos como la imposibilidad de crear nuevos servicios locales, la transmisión de competencias de asuntos sociales a las comunidades autónomas a las que han venido reivindicando el pago pendiente por los convenios, la redefinición a la baja de los sueldos de los administradores y la más que controvertida posibilidad de que los ayuntamientos pasen a ser gestionados por la Diputación si no cumplen criterios de eficiencia económica.

Menos sueldos de alcaldes y asesores. Como si fuese una respuesta refleja a las gravísimas sospechas de corrupción estructural del partido en el poder, el Gobierno ha dado impulso justo ahora a esta esperada reforma de las administraciones locales, que pretende redimir a la clase política llevando a la cruz los salarios de concejales y alcaldes, pero que tendrá numerosas consecuencias, entre ellas los despidos de funcionarios, según alertan no pocos expertos.

En Guadalajara, la mayoría de los regidores se quedarán sin retribución, porque será asi para los de municipios con menos de mil habitantes, lo que afecta a la mayoría en esta provincia: sólo una treintena de consistorios de los 288 tienen más de mil vecinos empadronados. También los  concejales lo serán por amor al arte porque el presidente Rajoy quiere que la participación en política sea voluntaria. Un arma de doble filo, porque de voluntaria podría pasar a ser demasiado interesada (que los pagos vengan de otra parte) y que beneficia el ejercicio de la política por parte de los estratos acaudalados de la sociedad, que dudamos que primen el interés general sobre el particular en el ejercicio altruista de sus cargos. Sólo este tema da para un ensayo.

Más oportuno parece, en cambio, que se aclaren de una vez por todas los conceptos en materia de competencias o que se ponga coto a la enorme legión de asesores que hay en las administraciones locales, incluidas esas mancomunidades de servicios donde las asesorías políticas se confunden con las asesorías técnicas en la materia, y en las que las secretarías personales del presidente se confunden con los gabinetes de prensa de la institución y con las cuentas de Twitter del concejal en otra casa… de modo que además del número, también sería correcto clarificar las tareas: dinero público para asesores en la materia para la que sean contratados, si es que son necesarios, y para hacer su trabajo, no pluriempleos o política de partido desde un foro público.

Secuestro de voluntades políticas. Un asunto que genera más que dudas radica en la intervención de las diputaciones en la gestión de los ayuntamientos. Tal vez podamos verlo con un ejemplo. Reconozco que puede resultar simplista, pero espero que refleje bien la reflexión que quiero proponer al lector.

Pongamos que usted vive en un hipotético municipio de la provincia, Villaconejos de la Alcarria, con cierta relevancia porque tiene 900 habitantes. Las elecciones municipales las gana un partido independiente cuyo alcalde aplica en Pleno uno de sus principales compromisos, construir un nuevo cementerio, porque el actual está ya saturado. Para ello es necesario gastar el año próximo más de lo que se ingresará en la caja local, lo que nos disparará el déficit. Pero la cuestión es urgente y el déficit responderá a la atención a una necesidad, no a una mala gestión continuada en el tiempo. Por descontado que la Coca-Cola no se presta a patrocinar esta obra. ¿Qué hace el alcalde?

La decisión de dar luz verde a la inversión, aplaudida por la mayoría de los villaconejeros, podría conllevar que Diputación se hiciese con las riendas de la gestión municipal, porque no ha sido eficiente. Y en adelante podría ser un partido, el PP en este caso (que gobierna Diputación) quien secuestre la voluntad popular: la mayoría había votado a Independientes de Villaconejos de la Alcarria, paradójicamente llamado el IVA, y no a otro partido. Frente a la elección de los ciudadanos, los criterios de eficiencia imponen el gobierno por parte de una institución que, para colmo, no tiene una representación directa, lo que la hace menos democrática que el Pleno de Villaconejos.

Recordamos que por mucho menos que esto, cuando Yebra optó al concurso estatal para albergar el cementerio nuclear, algunos dirigentes provinciales del Partido Popular enarbolaron en su día la bandera de la autonomía municipal. En este caso también hay motivos para asegurarse de que la medida, avalada por la necesidad de tener las cuentas claras en los consistorios, no derive en prácticas que comprometan la representatividad democrática, principio básico sobre el que descansa cualquier otro.

Las competencias impropias. Una vez más, cabe lamentar que una reforma de tal calado no fuese propuesta de forma concisa en el programa electoral del PP, el paso previo a las urnas y la mejor forma de legitimar las decisiones del Gobierno resultante. Hasta ahora, además, las manifestaciones populares apuntaban hacia una transferencia clásica a los ayuntamientos, basada en dotarles al fin de recursos para cumplir con sus muchos compromisos en servicios y asistencia a los ciudadanos, más que en cortar las alas o las manos para que gasten menos, en un gesto en el que no pocos expertos advierten los riesgos de que se fomente indirectamente la privatización de servicios locales.

Pero lo que más nos preocupa a quienes todavía creemos en la indudable labor que pueden prestar nuestros gestores públicos es, sobre todo, la dieta Dukan que se pretende aplicar a las administraciones locales, bajando peso a base de sacrificar proteínas para acabar con el colesterol.

La dieta Dukan, alertaron muchos expertos cuando gozó de tanta fama, se basa sobre todo en un método rápido pero insostenible de adelgazamiento y en un régimen poco saludable, no tanto en lo que se ve (equilibrar el gasto de energía con el ingreso de calorías) como en las consecuencias que no se ven, la pérdida de salud (democrática). Decían estos especialistas en nutrición que no hay dietas milagro. La reforma de las administraciones locales, aún por aprobar de forma definitiva, obedece a una filosofía política en la que la báscula impone su dictadura.

Un apunte sobre el Depor – Como muchos de nuestros lectores, sigo como ciudadano y aficionado con gran estupor y preocupación el ‘Depor-gate’, que dice aquel. Quisiera hacer simplemente una puntualización. Dice el comunicado emitido ayer por el Deportivo (una vez más, un asunto de primer orden no merece una rueda de prensa en Guadalajara) que las acusaciones de la Liga son “inciertas”. ¿Por qué no habla de que son falsas? Si son inciertas, pueden ser verdaderas, porque incierto también es aquello que no tenemos claro que ocurrirá o, como bien señala la Real Academia de la Lengua, lo “no seguro, no fijo” y lo “desconocido, no sabido, ignorado”. ¿Es el contenido de la querella falso o inconstante, no seguro, no fijo, no sabido o ignorado? Mala respuesta ante unas acusaciones muy graves. Pinta tan feo como las explicaciones del presidente Retuerta en las ondas de todo el país.

Y a todo esto, ¿dónde está el gabinete de comunicación del Depor para lidiar con tal esperpento mediático?

Un escaso pero necesario patrimonio que proteger

El Palacio del Infantado pudo ser demolido para situar en su lugar la estación de autobuses. // blogs.ua.es

El Palacio del Infantado pudo ser demolido para situar en su lugar la estación de autobuses. // blogs.ua.es

Por Abraham Sanz

Conservar el patrimonio es una cuestión que en Guadalajara no se nos ha dado bien de largo y que ha motivado que la bella ciudad que la nuestra debió ser en el siglo XIX, nos la tengamos que imaginar o disfrutar en dibujos de época que aún se conservan en el Archivo Municipal. Tanto la guerra civil española como los diferentes planes de expansión urbanística de la ciudad, dieron al traste con grandes joyas arquitectónicas que contó la ciudad a lo largo de este siglo que hace que apenas queden vestigios históricos de una época medieval y renacentista en las que nuestra ciudad contaba con cierto peso específico en el conjunto del reino de Castilla y, por ende, esto se traducía en notables inmuebles.

Guadalajara conserva Alcázar –o lo que queda de él-, varios conventos e iglesias dignas de contemplar así como grandes construcciones civiles como el palacio de la Cotilla o su mayor emblema, el Palacio del Infantado. Lugar donde el consejero de Educación y Cultura, ha querido escenificar su discurso sobre las bondades de la futura Ley de Patrimonio que busca renovar la existente en la actualidad para, agilizar la conservación del legado histórico que aún conserva la región y que carecen de alguna figura que les proteja de movimientos que busquen terminar con los mismos.

Sobran ejemplos en la ciudad para ver añejas plazas del centro de la ciudad, han visto como su entorno ha variado en los últimos 50 años; cambiando añejas construcciones por otras más modernas, pero que afearon la parte noble de la ciudad. Véase el ejemplo de la plaza de San Esteban, otrora rodeada de antiguos palacetes; donde ahora se malconservan los antiguos inmuebles del Ateneo; el palacio de San Esteban –antigua sede de la Junta- sigue sin comprador; mientras que el palacio de los Vizcondes de Palazuelos –que databa del siglo XVI- finalmente se demolió en teoría para dar lugar a un edificio residencial del que, nada se ha visto y se mantienen los escombros de este añejo edificio que, más se podría haber hecho por haber frenado su destrucción.

También la trama de la calle Mayor ha ido sufriendo modificaciones conjugando una arquitectura propia de años atrás que se ha logrado conservar como es el caso del Palacio de los Duques de Coruña –en la plaza del Jardinillo-, con ejemplos aberrantes que rompen la dinámica arquitectónica de esta vía con novedosas estructuras que no aportan nada positivo a la misma. Incluso, otra joya como el Palacio del Infantado tuvo también problemas de conservación. A mediados del siglo XX, se debatió en pleno su posible demolición para ejecutar en este punto la actual estación de autobuses, ¿se imaginan?

No obstante, por el camino se perdió el arco que cerraba la plaza Mayor por la calle Miguel Fluiters, de San Gil sólo nos queda ya su ábisde mientras que de la capilla de Luis de Lucena, sólo podemos admirar un pedazo de lo que un día fue y que, ha sobrevivido a pesar de estar flanqueada durante muchos años por una gasolinera.  Otro ejemplo de que el miramiento por el patrimonio alcarreño ha sido bastante escaso.

Sin duda, hubiera sido una aberración, pero ha habido tantas en esta ciudad contra el patrimonio que no es de extrañar que sean tantos los que manifiesten su desacuerdo con su actual estética. No obstante, hemos de destacar que si bien se han cometido grandes y graves errores; también en los últimos años se realizó un esfuerzo en mejorar buena parte de los grandes vestigios históricos que se conservan como es el caso de los torreones, el puente de las infantas, la ornamentación de San Gil o redescubrir un Alcázar que, quizá algún día, podamos contemplar esta estructura sin miedo a que se termine de desplomar.

De ahí que sí esta norma va en la línea que aporta el consejero, buena parte de las construcciones propias del último siglo podrán ser mejor conservadas así como incentivará una mayor conciencia patrimonial de que conservar el legado de nuestros antepasados es un trabajo imprescindible para conocer cada vez mejor la historia de una ciudad como la de Guadalajara que es más intensa y dilatada de lo que muchos piensan.

Transparencia obligatoria

El presidente del Deportivo Guadalajara, Germán Rertuerta, junto a Carlos Terrazas. // Foto: www.lacronica.net

El presidente del Club Deportivo Guadalajara, Germán Rertuerta, en una comparecencia junto a Carlos Terrazas. // Foto: http://www.lacronica.net

Por Roberto del Barrio

Pensando en cómo estructurar en este espacio las sensaciones que me dejó el empate ante el Almería y el lance de Razak con Charles, aparece como un torbellino la información de la Cadena Cope sobre la ampliación de capital del Deportivo Guadalajara del pasado verano y la querella -según esta emisora- que la Liga de Fútbol Profesional, a instancias de la comisión delegada de Segunda División formada por siete clubes, ha presentado por “estafa, apropiación indebida y administración desleal” en la realización del proceso. Vaya por delante que, en un inicio, la noticia contó con una grave inexactitud que hablaba de la conversión en Sociedad Anónima Deportiva -y no de la ampliación- como origen del problema, un proceso que el club alcarreño ya completó en el año 1998. En cualquier caso, rectificado el error, las redes sociales, los teléfonos y el deportivismo en general se convirtieron en un reguero de reacciones, la mayoría por el miedo que infunde la posibilidad, pese a no existir precedentes, de sufrir un descenso administrativo.

El Hexágono es un rincón de periodismo independiente, sin ataduras, influencias ni ningún interés más allá del de opinar con absoluta libertad, algo más fácil de decir que de encontrar en estos tiempos que corren. Por eso no tengo ninguna intención de agarrarme al corporativismo para potenciar la información radiofónica sin más, ni de ceñirme al populismo sencillo que sería bramar y defender a capa de espada al Deportivo como una víctima o una cabeza de turco. Me veo en la obligación de tomar distancia antes de opinar y, sobre todo, apelar a la transparencia, palabra clave en asuntos de este calado.

No descubro nada si digo que German Retuerta nunca ha sido partidario de dar demasiadas explicaciones públicas sobre los aspectos económicos del club, algo tan lícito como cuestionable. Tampoco que las juntas de accionistas han sido siempre poco publicitadas y han gozado de una afluencia escasa -evidente consecuencia-, algo muy similar a lo que sucedió en la ampliación de capital del pasado 30 de junio, la fecha en la que se celebraba la primera fase de la operación. Además, permítanme la confidencia, me consta que el presidente alcarreño ha rechazado tajantemente hablar sobre el tema en varias de las entrevistas concedidas durante el presente curso -conste que son detalles que aporto para contextualizar la política comunicativa del club más que para arrojar luz sobre el caso en cuestión-.

Porque esa luz tendrá que encenderla el propio Retuerta en los próximos días y, por supuesto, la querella y el curso judicial que prosiga, si es que es finalmente admitida a trámite, algo que está por ver. Por el momento, lo único palpable y tangible es que ha sido presentada por la LFP y las declaraciones públicas del presidente del Deportivo Guadalajara, que protagonizó ayer un particular tour radiofónico que le llevó a explicar el asunto en Cope, SER y Radio Castilla-La Mancha.

Y he de decir que las comparecencias fueron más tibias que esclarecedoras. Retuerta aseguró no ser el propietario del club y apuntó a la empresa Gestión Deportiva Integral como la dueña de la entidad. Al mismo tiempo negó tener ningún tipo de relación accionarial con ella y rechazó desvelar la persona que encabeza GDI y, por ende, la que sería, según esa tesis, máxima responsable del Deportivo. En defintiva, omitió un nombre, el del consejero del C.D. Guadalajara y su mano derecha, Jesús Sotillo, que poco ha tardado en hacerse público. Basta consultar el Boletín Oficial del Registro Mercantil para comprobar que Sotillo es el administrador único de la sociedad desde el pasado 26 de octubre, día en el que se extinguiera el consejo de administración que presidía Retuerta, anterior órgano de administración de la empresa (ahora el presidente deportivista ocupa el cargo de apoderado).

Fue la parte más sinuosa e incomprensible de sus declaraciones, en las que también reconoció no tener constancia de ningún tipo de irregularidad en ese proceso de ampliación de capital por valor de casi tres millones de euros, pero en el que no acabó de aportar con claridad un cimiento indiscutible sobre el que construir una versión clara y creíble. Por eso se me antoja fundamental una comparecencia extensa después de capear el shock inicial -por supuesto también una de la LFP al respecto- en la que despejar el mar de dudas que desde ayer tiene en vilo al deportivismo.

Todo pasa por conocer de qué forma realizó Gestión Deportiva Integral la ampliación de capital del pasado verano, la procedencia de esos 2,9 millones de euros y el destino posterior del dinero, causa del origen del embrollo (la información inicial de la Cope ponía en boca de la LFP la sospecha de que el montante de la ampliación pudo ser retirado con posterioridad y no formar parte, por lo tanto, del activo del club). No se me ocurre otro camino que no sea ése, el de la transparencia, para buscar la salida a este laberinto repentino. Más allá del aspecto legal y jurídico, y partiendo evidentemente de la presunción de inocencia, Retuerta debe plantarse ante la masa social del club y mirarla a los ojos para convencer con autoridad de que no hay nada extraño en ese nuevo argumento con el que niega ser el propietario del club, aclarar la función de GDI y su relación con ella e iluminar los pasos dados el pasado verano.

Con el nudo deshecho, será el momento de ir de lo particular a lo general para hacerse otras preguntas. Por ejemplo, si en estos tiempos que corren no hay ningún club más con problemas similares o irregularidades denunciables o por qué esa comisión de Segunda División se interesa en señalar directamente al Club Deportivo Guadalajara. Pero antes lo urgente que lo importante, o quizá a la inversa.

Lo grande, lo pequeño

Pep Bruno, durante una reciente sesión de cuentacuentos con niños. // Foto: R.M.

Pep Bruno, durante una reciente sesión de cuentacuentos con niños. // Foto: R.M.

Por Pep Bruno *

Que un día te llame el director de la sucursal bancaria en la que guardas los ahorros de toda tu vida para ofrecerte un producto que sabe, a ciencia cierta lo sabe, es un lobo con piel de plazo fijo, un ardid legal para zamparse tu dinero, sólo puede suceder cuando para el banco tú has dejado de ser una persona y has pasado a convertirte en una sencilla oportunidad de negocio, un bolsillo del que sacar un puñado de euros.

El asunto de las participaciones preferentes, con su más de un millón de personas afectadas y sus miles de millones de euros rapiñados, nos da la medida de una cuestión nada baladí: la dimensión humana de los días que vivimos.

Hace unos cuantos años, no muchos, una situación como esta de las preferentes era, sencillamente, impensable. Mis padres acudían siempre a la misma sucursal y hablaban en todo momento con el mismo empleado que les conocía, sabía sus nombres, preguntaba por la salud, la familia… El empleado en cuestión vivía en la misma ciudad, se lo podía uno encontrar en el parque con sus hijos o en un bar tomando el vermut con algunos amigos (que también podían ser clientes), y se iba a jubilar en esa misma mesa de esa misma sucursal con una cartera de clientes conocidos que confiaban en él.

Igual que sucedía con el empleado del banco pasaba con el farmacéutico, el maestro, el médico, el librero, el panadero… todos tenían nombre y apellidos, eran, además de profesionales en los suyo, personas en quienes confiar. Y la vida seguía teniendo lazos entre las personas más allá de oficios, empresas, marcas.

En aquellos años era fácil escuchar que Guadalajara era un pueblo y raro pasear por la calle y no saludar o detenerse a charlar con alguien conocido.

 

Sin embargo han llegado estos tiempos difíciles y nos repiten por activa y por pasiva que que para resistir hay que ser grande. Grandes las empresas, grandes los bancos, grandes las cadenas, grandes los centros comerciales, grande. Porque siendo grande es más fácil hacer frente al oleaje, al menos eso nos dicen.

Y de los pequeños bancos provinciales hemos pasado a los grandes bancos multinacionales cuyos empleados son obligados a rotar por sucursales y puestos en un intento de evitar cualquier tipo de lazo afectivo con los clientes. Y mientras tanto los clientes, desorientados, son invitados a confiar en una marca y no en una persona. Pero la marca no entiende de carne, ni de mirada, ni de alma, sólo entiende de números. Y entonces es cuando llega el asunto de las preferentes.

 

Para las grandes empresas, para las grandes marcas, no somos personas, somos oportunidades de negocio. Habitamos un mundo diseñado para estructuras suprahumanas que sólo entienden de datos estadísticos y beneficios económicos, entidades bestiales que acumulan recursos y poder. Los hay quienes cabalgan en esas monturas y desde su atalaya consideran que este es el mejor de los mundos posibles (sobre todo cuando a final de mes miran sus cuentas bancarias o los abultados sobres que llegan hasta sus bolsillos).

Y cuanto más grandes son esos entramados económicos más aprecio muestran por la dimensión económica y mayor desprecio muestran por la dimensión humana de la vida.

 

Sin embargo este mundo, nuestro mundo, está habitado por personas, y las personas precisamos que este lugar se ajuste a nuestras capacidades y necesidades. Necesitamos habitar en una comunidad formada por hombres y mujeres cuyos nombres conozcamos, cercanos, responsables, en quienes podamos confiar. Necesitamos habitar espacios cuyos mapas y rincones quepan en nuestro corazón. Y sobre todo necesitamos instituciones cercanas y ajustadas a la dimensión humana de la vida, de nuestra vida.

En esto, como en todo, he aprendido mucho de los cuentos. Contar un cuento es algo que suele hacerse a un grupo más bien pequeño de personas, a una comunidad que se puede mirar a los ojos y se refuerza cuando se emociona junta, se ríe junta y junta es capaz de edificar y sostener las tramas de palabras que el narrador va hilando (en gran parte en función de ese grupo que escucha y participa).

 

Por todo esto pienso que lo grande, esta medida desmedida que se impone cada vez con más entusiasmo, no es el futuro, lo grande es el final. Lo verdaderamente nuestro es lo pequeño. Y por eso reivindico la vuelta a lo pequeño: vivir en pequeños pueblos o en ciudades pequeñas, con unos servicios dignos (y valorados por su dimensión humana y no por su valor económico), con pequeñas escuelas (ya sean centros completos o agrupados en CRAs), con una red de pequeños servicios sanitarios y sociales adecuados, pequeñas salas de lectura bien conectadas, pequeños teatros (¡ay, el Moderno!), pequeños bancos (muy pequeños, sin capacidad para especular), pequeños comercios (con tenderos que te conocen), pequeños rincones para el juego (un campo, un regato, un árbol)… y, sobre todo, pequeños espacios para la convivencia, para el encuentro y el diálogo (una plaza, una olma, un soportal).

Lo nuestro es lo pequeño. Una buena red de pequeñas comunidades, de verdad comunidades (grupos humanos que se afianzan en lo común), es en verdad fuerte. Y grande.

Reivindico esta forma de vida, defiendo lo pequeño como más habitable, como más humano, como necesario para ser feliz. Y creo que en este asunto una provincia como Guadalajara, con sus pueblos pequeños y medianos, con sus gentes y sus tierras, tiene mucho que ofrecer. Mucho.

* Pep Bruno se dedica profesionalmente a la narración oral desde hace casi dos décadas, aunque también escribe literatura infantil y para adultos. Su último álbum ilustrado es ‘La mejor bellota’, editado por Almadraba. Es responsable además de la editorial Palabras del Candil y participa activamente en la vida cultural de Guadalajara. También es muy dinámica su presencia en internet a través de varios espacios como la web www.pepbruno.com, los blogs ‘Por los caminos de la tierra oral’‘Palabras del candil’ y ‘Las toponimias fantásticas de don Tadeo‘; y tiene cuentas en las principales redes sociales: en Twitter pueden seguirlo en @pep_bruno, donde cada día escribe al menos un microcuento.

De vieja carretera a eje cultural

Por Concha Balenzategui

Presentación de la reforma, este lunes, en el Ayuntamiento de Guadalajara. //Foto:Jesús Ropero

Presentación de la reforma, este lunes, en el Ayuntamiento de Guadalajara. //Foto:Jesús Ropero

El Ayuntamiento de la capital ha presentado esta semana el plan de reforma de las calles Ingeniero Mariño y Ramón y Cajal, lo que ha dado en llamar el Eje Cultural. Nomenclaturas aparte, no me cabe duda de que estamos ante el proyecto más trascendental del actual mandato de Antonio Román, en una época marcada por la contención en los gastos y nada dada a las obras faraónicas. Hay que tener en cuenta que en un periodo de cuatro años, las otras realizaciones de calado que se llevan a cabo o se prevén en la capital se cuentan con los dedos de una mano: la rehabilitación del cuartel del Henares, la más que necesaria reforma de la plaza de Dávalos, la creación del museo Sobrino y la reforma de Francisco Aritio, esta última impulsada por la Junta de Comunidades.

Pero el plan integral de Francisco Aritio-Ingeniero Mariño es una obra auténticamente transformadora de la estructura de una ciudad. De esas con las que un alcalde deja su impronta de su paso por el Ayuntamiento. Una reforma de la entidad de la peatonalización de la calle Mayor, el desarrollo y el túnel de Aguas Vivas, la conquista de espacios al otro lado de la A-2 con el nuevo ferial o el puente de la Ronda Norte.

Y esta reforma lo es, especialmente, por la conversión de esta arteria del tráfico en una vía de un único sentido. Por la transformación de lo que no ha dejado de ser la antigua carretera de Zaragoza en un espacio de convivencia entre el paseante, que tendrá aceras a la medida de la lógica, y los vehículos.

La apuesta de Antonio Román es valiente y decisiva. Supone un cheque en blanco para las quejas y las molestias que ocasionará en el tráfico un año largo de obras. Y sobre todo la incertidumbre de si el resultado final acabará convenciendo a unos vecinos que siempre somos reacios a los cambios.

El nuevo planteamiento de movilidad es sin duda arriesgado. Eliminar la opción de pasar por esta calle a los 1.500 vehículos que a diario hacen el trayecto entre la plaza de los Caídos y Bejanque es toda una revolución. No podemos olvidar que las alternativas son escasas. A un lado, una calle Mayor peatonal, y al otro un barranco que distancia bastante el otro acceso rodado.

Dice Román que la decisión ha sido ampliamente meditada y debatida por los servicios técnicos y la empresa que se encarga de la movilidad. Es evidente que no es una idea sacada de la chistera, entre otras cuestiones, porque lo de implantar el único sentido en estas dos calles ha figurado en varios planes de urbanismo de la capital antes de ahora. Era, por ejemplo, una de las claves del Plan Especial del Casco Histórico tan denostado por el actual Equipo de Gobierno.

Pero también hay que dejar claro que si no hubo antes un alcalde que se atreviera a tomar tal decisión, tampoco ha habido la prudencia necesaria en anteriores gobernantes para ir allanando el camino a su implantación. Unos y otros han dado la espalda a la idea, sin poner los pilares que hubieran evitado que la decisión pueda ser, a estas alturas, traumática.

Está claro que cuando se planeó convertir esta vía en una carretera de una sola dirección, la alternativa en sentido contrario estaba pensada al otro lado del barranco del Alamín. Al pasar los años, es evidente que allí no se ha hecho una calle con la capacidad y el trazado adecuados para soportar el tráfico que ahora se le va a exigir. También se ha dejado pasar la oportunidad de dar mayor amplitud a Doctor Creus, donde la mayoría de los edificios han sido derribados y levantados de nuevo en esta última década, y que podía haberse convertido en una alternativa al tramo de Ramón y Cajal.

Evidentemente, aún será clave la determinación sobre las pequeñas calles colindantes, la prolongación de Pedro Pascual, la dimensión de la plaza de Santa María y el aparcamiento adyacente o incluso la propuesta del acceso a la calle Cádiz desde Pescadores, detalles que habrá que limar minuciosamente. Pero no me apeo de la convicción de que esta ciudad ha perdido el tiempo por falta de visión de futuro con esta vía.

Calle Ingeniero Mariño. // Foto: eldiadigital.es

Calle Ingeniero Mariño.

Y no quiero quedarme sólo en el aspecto del tráfico rodado. Creo que también hemos llegado tarde para hablar con orgullo de un auténtico eje cultural. Conozco bien el tramo del que estamos hablando. Como muchos guadalajareños, he caminado maldiciendo sus estrechas aceras, tropezando en sus levantadas losetas y lamentando su falta de iluminación. He soportado interminables atascos que me provocan sonrisa cuando algún concejal dice que se tarda tres minutos en un recorrido que en algunos momentos del día pueden ser 15 o 20. He saludado cada tramo de acera que se arreglaba y he aplaudido la apertura de una plaza junto al convento San José, como muchos años antes, me congratulé de la plazoleta que nos dejó ver la fachada completa de Santa María.

Pero sobre todo he lamentado la desidia que ha dejado caer o derribar bellos inmuebles sin una voz que los reivindicara ni una normativa que los salvara. Desgraciadamente, estoy hablando de los años más recientes, incluso meses, que se han llevado por delante aleros, frisos y ventanales con solera y elegancia. Por eso ahora, aun alegrándome del nuevo tiempo que se abre para estas traseras del corazón de la ciudad, no deja de sorprenderme la bandera cultural que se intenta colgar en los monumentos que perviven, cuando se ha dejado morir una buena parte de su valiosa arquitectura civil.

Socialismo deluxe

La secretaria general de La Unión Internacional de Juventudes Socialistas, Beatriz Talegón

La secretaria general de La Unión Internacional de Juventudes Socialistas, Beatriz Talegón.

Por Yago López

Esta semana, las declaraciones de la secretaria general de la Unión Internacional de Juventudes Socialistas (IUSI), la guadalajareña Beatriz Talegón, durante el consejo de la Internacional Socialista en un hotel de lujo en Cascais (Portugal), han dado la vuelta al mundo y han vuelto a poner sobre la mesa la necesidad de renovación de un partido que no para de hacer aguas por todos lados.

Ya a finales de los 80, el maestro Krahe decía que lo único en lo que el PSOE hace honor a sus siglas es en que es un partido político, ya que de socialista y obrero tiene poco y español es cada día menos, teniendo en cuenta el poder de influencia en sus políticas de algunas multinacionales y entidades bancarias internacionales.

Es innegable que el PSOE tiene una historia llena de luces y sombras, pero no lo es menos que finalmente un partido lo definen las personas que lo componen. Dirigentes que en demasiados casos han estado y están muy lejos de ser socialistas, lo que genera un desajuste evidente entre su gestión y el interés del ciudadano que lo elige en las urnas.

Y ese es el gran problema. Los dos grandes partidos se han convertidos en marcas que garantizan votos, independientemente de quienes los conformen. Aparatos complejos que promocionan intereses y manejan y son manejados mucho más de lo que deberían. Prácticamente son el cuarto poder, una vez que están logrando acabar con los medios de información y son ellos y sus lobbys los que manejan la comunicación.

Poco pueden hacer contra su capacidad de manipulación los pequeños partidos que chocan una y otra vez contra una ley electoral injusta que no les deja crecer, además de tener que afrontar la problemática de competir con dos titanes que cuentan con una inmenso potencial económico, procedente de fondos públicos y de algunas empresas, que no titubean a la hora de cobrarse los favores. Esta claro que si se quieren ganar unas elecciones en un municipio de más de 100.000 habitantes es indispensable hacerlo bajo las siglas de uno de los dos grandes partidos, tal y como está montado el sistema.

Basta mirar las últimas encuestas electorales. En plena crisis salvaje con seis millones de parados y unos recortes sociales sin precedentes, aunque bien es cierto que IU y UPYD han recogido muchos de los votos que pierden los dos grandes partidos no se acercan ni de lejos a PP y PSOE, que continúan dominando ampliamente el espectro electoral. Y eso que vamos de escándalo en escándalo de corrupción.

Por tanto, la salud democrática de este país depende en gran medida, nos guste o no, de los dos grandes partidos que son los que tienen la capacidad de cambiar las cosas desde el poder. En este punto vuelvo a las palabras de Talegón en las que acusa al PSOE de intentar hacer la revolución desde un hotel de cinco estrellas llegando en coches de lujo. Unas declaraciones que la mayoría de los ciudadanos comparten y que tienen de novedosas que esta vez proceden del mismo corazón del partido. Y eso es siempre una buena señal, siempre y cuando no sea una estrategia del propio PSOE para lavar un poco su imagen de cara a la galería.

No entro a valorar si Talegón es o no la persona ideal para lanzar este mensaje. No es mi intención juzgar si gana mucho o poco, si viaja en business o en turista y si va encadenando contratos a dedo y nóminas sustanciosas. Para mí lo importante es que los socialistas necesitan una revolución en sus filas de nombres y de ideas que les acerquen a la ciudadanía, muy desengañada con su gestión.

Si quieren volver al menos a que se les escuche con un cierto grado de confianza, los viejos barones que tanto daño han hecho a la imagen del partido, deberán dejar paso a políticos sin contaminar. Sinceramente, no encuentro razones más allá de intereses particulares de políticos profesionales, para que continúen en primera fila Rubalcaba o Chacón, como máximos exponente nacionales, o Alique y Valerio, como parlamentarios por la provincia de Guadalajara

La democracia española en su etapa postfranquista supera las cuatro décadas y está peor que cuando empezó. Es necesario realizar verdaderos cambios estructurales que permitan una participación ciudadana en la gestión política adaptada a los tiempos que corren, donde se recupere la figura del político con vocación de servicio público real y no solo de discurso y desaparezca el dirigente que recita desde su púlpito cuatro manidas consignas mientras pone el cazo.

No es admisible que Alique y Valerio, parlamentarios nacionales del PSOE por Guadalajara, enarbolen el ideal socialista y hablen de su lucha por la justicia social mientras se embolsan en torno a 6.000 euros al mes de dinero público, entre nómina y complementos. El señor Pablo Bellido, actual máximo responsable del PSOE en la provincia, tiene mucho que limpiar en casa,  y si quiere realmente ser convincente, no debe dejarse llevar por los grandes dinosaurios y tiene que confiar en las bases para recuperar el espíritu de Pablo Iglesias y lograr que su partido haga de una vez honor a su nombre, al menos a nivel provincial. Solo así dejarán de engañar a sus votantes.