La vieja Castilla-La Nueva

Grabado de Gustave Doré sobre Don Quijote de La Mancha.

Grabado de Gustave Doré sobre Don Quijote de La Mancha.

Por Rubén Madrid

Nueva y sin manchas. Como las camisas de los domingos, así quieren muchos guadalajareños su región. Tan artificial como siempre (la única realidad es Castilla, tan grande que ofende) y con capital en Madrid en vez de en Toledo, si hace falta. La Mancha, reivindicada como universal en Nueva York y en Tokyo, estorba como identidad para La Alcarria, que ve en Cervantes a un paisano impostado y en los molinos a un paisaje impuesto de un modo más bien forzado.

El debate está muy trillado, pero toca un punto sensible cada vez que alguien lo resucita. Esta vez lo ha conseguido Tomás Ramón Fernández, un catedrático de Derecho Administrativo que acaba de dar a conocer su estudio La España de las Autonomías: un Estado débil devorado por diecisiete estaditos’, cuyo título no hace ningún favor al presumible rigor académico que requeriría la defensa de su propuesta. Aunque si más bien buscaba eco mediático, la operación ha sido un éxito.

Dice este profesor que hay que reducir el número de autonomías -por razones más econónimas que identitarias- e incluye, para ello, a Guadalajara en una región con sus mismas cinco compañeras de ahora, pero añadiendo Madrid. El nombre volvería a ser el del anterior régimen, Castilla-La Nueva, pero incluiría Albacete, que por entonces andaba adosada a la actual Región de Murcia.

A algunos lo de Castilla-La Nueva nos resulta ciertamente rancio, admito que por prejuicios: resucita antiguos fantasmas de una educación nacionalcatólica a reglazo limpio y nos relega a mapas de una España una, grande y libre con un pollo en la bandera. Pero hay que reconocer que la propuesta tiene tirón en estas latitudes. De hecho, ha obtenido eco en los medios de comunicación, respaldo en una encuesta entre internáutas en uno de ellos y bastantes manifestaciones a favor en las redes sociales. También el alcalde Antonio Román entraba a valorar estas opciones, sin rechazarlas, días antes de conocer el informe del profesor Fernández. La propuesta de la vieja Castilla-La Nueva ha encandilado estos días por igual a los amantes de la ‘Gran Castilla’, porque la propuesta incluye por fin a Madrid (vieja aspiración castellanista) y también a los alcarreños puros, aquellos que sobre todo reniegan de Toledo y del Toboso.

El debate viene de lejos, los tiempos de la Transición, en que finalmente Guadalajara quedó separada de Madrid, con quien ha seguido guardando una intensa relación de amor y odio, pero relación al fin y al cabo, cosa que no ha acabado de ocurrir con Toledo.

Desde entonces,han sido muchas las manifestaciones de oposición a lo manchego. Uno de los primeros grupos en Facebook ligado al nombre de la provincia de Guadalajara reivindicaba ya hace ya más de tres años una ‘Guadalajara sin manchas’, lema que recuerdo pintado a menudo en las paredes durante mi infancia. Por cierto que el rechazo es mutuo, por lo que se puede ver también en las redes sociales por quienes reclaman ‘Mancha sin Guadalajara‘.

El fútbol es siempre un interesante termómetro de las pasiones. En el Pedro Escartín se popularizó durante los años de Tercera la chanza contra los rivales del grupo XVII y así, cada vez que el cancerbero del Villarrobledo, Almansa o Puertollano sacaba de puerta, la afición gritaba «¡manchego, cabrón!»; y, en idéntico sentido, el peor insulto de la grada contra el árbitro no era otro que «¡manchego!», escupido, dicho sea de paso, con todo el desprecio posible.

Cierto es que hay que llamar a cada cosa por su nombre (un guadalajareño no es manchego, como tampoco un pucelano es leonés, ni un molinés es alcarreño, como un cartagenero no es murciano), aunque la ofensa no me parece grave cuando casi siempre se hace más por ignorancia que por mala baba.

Mapa y bandera de Castilla-La Mancha.

Mapa y bandera de Castilla-La Mancha.

La artificialidad del modelo parido en 1978 para algunas de las comunidades como las dos castillas ha obligado a convivir con una formalidad administrativa extraña. La realidad del guadalajareño es más próxima a Alcalá de Henares o Madrid. Ningún aficionado al fútbol acude al estadio del Albacete, pero sí hay madridistas, atléticos y rayistas. Los guadalajareños estudian en las universidades de Madrid y el campus alcarreño pertenece a la Universidad de Alcalá. Compartimos frontera, agua, tren y asfalto con los madrileños. En nuestro portal viven alcalaínos y torrejoneros recién llegados a nuestras ciudades, miramos hacia Madrid mucho más que hacia ninguna otra provincia limítrofe y vivimos la vecindad con la normalidad que demuestra el refranero con aquello de «como el que tiene un tío en Alcalá», porque muchos tíos (y sobre todo abuelos) se marcharon de nuestros pueblos a la capital del reino y a otros municipios del Corredor del Henares para buscarse la vida hace ya medio siglo.

El debate, qué duda cabe, tiene lugar. Sin embargo, ¿es el momento idóneo para abrir este melón? Cierto que andan a vueltas de temas similares desde Cataluña hasta el Condado de Treviño, pero ¿no hay asuntos más apremiantes?

Habrá tiempo de hablar de reformas territoriales y anexiones a Madrid, que también deberían contar con un factor que en Guadalajara parecemos obviar: ¿querrán los madrileños anexionarse a una comunidad con menos capacidad de ingresos que, sin embargo, exige un gasto ingente, por ejemplo en dar los servicios necesarios a unos núcleos de población muy dispersos?

Haríamos bien en preservar sobre todo los cimientos tambaleantes de nuestra autonomía y que sobreviva a esta crisis una comunidad capaz de dar respuesta a los problemas de los ciudadanos, con empresas competitivas, orgullosa tanto o más de su educación, su sanidad y su solidaridad con los más débiles como de sus fogones, sus paisajes, sus bailes y sus fronteras. Una comunidad humana, sea región, nación o federación de estados, debe lograr la identificación de sus habitantes porque es uno de los mejores pegamentos sociales, pero sólo será el punto de partida para alcanzar las metas que nos engrandecen: cooperar por el bien común y avanzar en el bienestar de todos.

Empecemos, por tanto, por no perder el pulso como sociedad civil ante las amenazas de quienes exigen un estado o una autonomía a medida de sus intereses particulares. Sigamos, después y si les parece, tirando de escuadra y cartabón. El desempleo, el aumento descontrolado de la exclusión social o la regeneración democrática son hoy asuntos mucho más importantes que los mapas. Lo importante no siempre es lo urgente. Ojalá más pronto que tarde podamos ocupar esfuerzos en debatir sobre las reformas constitucionales pendientes e impulsar las consultas populares oportunas, entre ellas la reválida de la Corona en la jefatura del Estado o el reajuste (en grado y extensión) de las comunidades autónomas. Eso sí, llegado el día, convendría olvidar aquello de Castilla-La Nueva y adoptar para nuestra región, por fin, un nombre sin manchas.

6 comentarios en “La vieja Castilla-La Nueva

  1. Totalmente de acuerdo. El nacionalismo en cualquiera de sus versiones no es más que un espantajo agitado ante nuestras narices para tapar los verdaderos problemas que tenemos, entre los cuales, el más importante me parece una desigualdad social que crece a pasos agigantados. Al fin y al cabo, las fronteras solo son convenciones, mientras que las desigualdades son mucho más difíciles de superar. Quizá por eso, algunos pretenden que nos entretengamos en ser castellanos sin Mancha o catalanes sin España, mientras nos comen la merienda. ¿Tiene mucho en común un vecino de Orcasitas con uno de La Moraleja, aunque ambos vivan en Madrid? ¿No tendrán más intereses comunes Botín y Amancio Ortega que cualquiera de ellos con sus paisanos cántabros o gallegos?

    Recomendación sobre patriotismo: http://www.youtube.com/watch?v=GosHGzBu9_k

  2. Castilla La Nueva… ¿franquista? ¿nacional católica? Efectivamente, son prejuicios tuyos, Rubén, bastante absurdos. Ese un nombre muy adecuado y de un trasfondo histórico innegable: La «nueva» Castilla frente a la «vieja», a medida que avanzaba la reconquista. De hecho, jamás debió cambiarse el nombre a la región, por más que saliera Madrid y entrara Albacete, por este absurdo Castilla-La Mancha que crea confusión, molesta, equipara una mera comarca con una región histórica (tan histórica, que fue un imperio), y que discrimina a Guadalajara como provincia no manchega, frente a todas las demás.
    Anda, Rubén, mira este mapa de Castilla La Nueva de… ¡1785! y déjate de prejuicios.

  3. Lo admitía de antemano y por eso te doy la razón en que los prejuicios (que tan buen favor prestan, por cierto, a nacionalismos y provincianismos), siempre son absurdos.
    Pero tengo más prejuicios. Por ejemplo la Reconquista (con sus grandes personalidades y cargas simbólicas, de don Pelayo a los Reyes Católicos, y pasando por los mitos del Cid y de Santiago Matamoros) no me convence como argumento de cohesión territorial. La historia de Castilla es muy larga y como castellano no me siento especialmente orgulloso de echar a los moros infieles. Aunque ya sé que la identidad casi siempre se fabrica en contra (de los franceses, de los españoles, de los ingleses…).
    A mi juicio (ya no prejuicio) toda Castilla comparte una misma identidad, y no hay razón que valga en el siglo XXI para dividirla en dos, sea la Nueva y la Vieja o las que se les endosa León o La Mancha… No me atrae, por eso mismo, hablar de una Castilla La Nueva precisamente remontándonos medio milenio para justificar al nombre. Soy alcarreño nacido en Madrid, con ascendencia conquense y salmantina, y personalmente no veo razones para compartir región con Toledo y no con Salamanca o con la limítrofe Cuenca y no con Soria. Si lo que quieren es dividir Castilla, por cuestiones administrativas, para no hacer una región enorme, lo más sensato sería hablar de Castilla del Norte y Castilla del Sur, acudiendo a un hecho objetivo (la geografía) y que no debería generar rechazos. ¡Pero a ver quién es el guapo que hace un himno a Castilla del Sur!

  4. Que es lo que ocurre con nuestra region? muy sencillo, mientras en otras regiones historicas, llamase, cataluña, navarra, eskadi, asturias etc. hacian piña para no les tocasen sus territorios, mejor dicho es que la administracion del gobierno encargado de crear las nuevas regiones, ni se lo plantearon, ni se les paso por la cabeza, por que? porque se los comian si tocaban a esas tierras.Por que sus politicos eran gente comprometida con tu tierra. Y por que Guadalajara y Castilla si? sencillamente por que somos unos ¨ GUEVONES¨ Sabeis cuantos salimos a manifestarnos por las calles de Guadalajara, ! cuatro monos eramos ¡ donde estaban todos los guadalajareños, en casita, y los polilitos? asegurandose un despacho en cualquier admistracion, es lo que nos dejamos hacer, ahora ajo y agua, a mi me duelen los pies de manifestarme, la garganta de gritar, incluso de llevarme mas de un porrazo por parte de la policia. Es lo que nos merecemos por no saber defender lo nuestro, la unidad de una region, la mejor y mas prospera, ahora nos arrastramos, no se respeto nuestra historia, nuestras raices, ni cultura, solo interesaba un despachito o toma esta finquita, o este apartamentito, pero firma la nueva region. Jamas Guadalajara ni Castilla ha sido defendida, JAMAS, Y ahora a llorar, no amigos haber salido a la calle, como salimos ulgunos que ya sabiamos que esta comuniidad seria una payasada. Nos llaman manchegos y nos callamos, ¿ por que no llaman catalanes a los aragoneses, gallegos a los astures, navarros a los valencianos? sabeis por que no les llaman asi, por que defendieron lo suyo con algo mas que cojo…….s ,SU HISTORIA miestras nosotros rascandonos los guev…s y la barriga, a todo esto, nuestros poliicos mirando para otro lado.
    Lo dicho a llorar guadalajareños-mancheguitos, por cierto seguramente este escrito o comentario lo quitaran de la pagina.

  5. Tiene razón Manuel en su comentario. Si de verdad en Guadalajara se hubiera salido a la calle a decir ¡¡NO!! a Castilla-La Mancha tal vez Irizar y compañía se habrían echado atrás. Lamentablemente fueron muy poquitos los que de verdad se opusieron, sólo hay que ver como estaba el salón de plenos en la famosa «traición». Si de verdad la gente hubiera estado indignada con la inclusión de Guadalajara en el futuro ente, la plaza Mayor hubiera estado abarrotada de gente y la realidad no fue así.
    Es verdad que todo el proceso autónomico se hizo con engaños y a escondidas, amenazando a muchos alcaldes, pero el pueblo tampoco fue capaz de mover un sólo dedo, ya no por Castilla, sino por Guadalajara. Ahora estamos viendo las consecuencias de todo aquél despropósito, la derivación de guadalajareños a hospitales de Toledo, Ciudad Real o Albacete, teniendo los mejores hospitales del país a 50 kilómetros. Y eso que la autosuya era para acercar la administración al ciudadano.
    Puede que la situación actual ayude a tomar conciencia de lo absurdo de ésta división administrativa entre provincias castellanas, pero no veo yo a la gente saliendo a la calle a defender la unión de Castilla, sino es capaz de salir a defender la sanidad, educación o servicios sociales dudo mucho que salga a defender la unión de Castilla. Por desgracia para los utópicos que creémos que Castilla debe ser una.

  6. A mi entender lo más racional es crear la región de Castilla con las provincias indudablemente castellanas por medio de referéndum: Burgos, Segovia, Valladolid, Palencia, Soria, Ávila, Madrid, Toledo, Guadalajara, Cuenca y Ciudad Real. A partir de ahí que se sumen las que consideren que deben formar parte sin límite alguno, como puedan ser Albacete o Salamanca por poner algunos ejemplos. El grave problema que existe en la meseta se debe al separar Madrid y crear una autonomía diferenciada. La gente se va yendo de su pueblo o ciudad y hace su vida en Madrid. Con una sola administración por ejemplo no hace falta irse de Talavera o de Tordesillas a Madrid a vivir porque los mismos impuestos, la misma legislación existiría en ambas ciudades y el dinero que se generaría en común sería suficiente para asegurar las prestaciones sociales y no un Madrid que le sobra y el resto de Castilla que necesita dinero y gente y en grandes cantidades. Las comunidades autónomas se crearon bien para regiones como Aragón, Andalucía o Navarra pero cuando se trató de las provincias castellanas se hizo tan mal que aún hoy lo estamos pagando.

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