Diagnóstico erróneo

Echániz anuncia que recurrirá la decisión del TSJ sobre los PAC. // Foto: castillalamancha.es

Echániz anuncia que recurrirá la decisión del TSJ sobre los PAC. // Foto: castillalamancha.es

Por Marta Perruca

Cuando estamos enfermos y acudimos al médico esperamos que éste tome nota de todos nuestros síntomas; realice las pruebas convenientes y, con toda esa información, lance su diagnóstico. Solo de esta manera y, si todo el proceso se desarrolla satisfactoriamente, nos puede prescribir el tratamiento más adecuado para nuestra dolencia.

Las crisis ponen de manifiesto que algo no marcha bien, que existe un problema importante de salud que hay que solucionar para que el organismo de nuestra sociedad, con el tratamiento oportuno, pueda sanar.

Parece obvio que si padecemos, por poner un ejemplo, una gripe y en lugar de medicamentos antigripales nos suministran antidepresivos, no notaremos ninguna mejoría. Quizá, qué sé yo, estemos más felices o relajados, pero seguiremos manifestando fiebre, tos, congestión nasal y el cuerpo dolorido.

El problema es que la enfermedad que padece nuestra sociedad no es una gripe que pueda curarse con una semana de reposo en la cama, quizá sea algo más semejante a un cáncer, o a un proceso viral escondido, cuyo diagnóstico tardío ha producido un fallo multiorgánico que la mantiene en coma, casi entre la vida y la muerte.

Nuestros cirujanos, esos que se encuentran al frente de las administraciones, no acaban de acertar. Es más, me atrevería a decir que no tienen un diagnóstico y hacen como esos médicos que en lugar de realizar las pruebas determinantes se dedican a probar distintos tratamientos con sus pacientes a la espera de que alguno haga efecto.

A veces tengo la sensación de que ni siquiera desean que el paciente sane, sino simplemente que no se desangre, porque de esa manera es más vulnerable y, mientras tanto, ellos  pueden sentirse superiores, casi como dioses, con el destino de sus súbditos a su merced, para poder obrar a sus anchas.

Me gustaría preguntarle al Gobierno de Castilla-La Mancha y a su presidenta, María Dolores Cospedal, cuál es diagnóstico que han realizado de la situación de nuestra región. Me encantaría que explicasen a todos los castellano-manchegos, de manera detallada y minuciosa, cuál es el tratamiento que se está aplicando y cuáles las mejorías que se pretenden conseguir.

Me imagino el informe médico de esos cirujanos que nos representan. En la casilla de diagnóstico pone: fallo multiorgánico. No se especifica más porque no se han realizado las pruebas diagnósticas de rigor; hay otra casilla destinada a las recomendaciones con dos sugerencias: austeridad y reducción del déficit; y por último el posible tratamiento: centralizar y privatizar los servicios públicos para ahorrar.

En el apartado de observaciones se detalla que el medio rural es un lastre para el desarrollo de la sociedad, una especie de cáncer que hay que extirpar para la continuidad del resto del organismo, para lo que se propone concentrar los principales servicios en las ciudades y capitales de provincia.

Primero fue esa especie de campaña de desprestigio de la escuela rural, con el cierre de algunas aulas que, me temo, irá en aumento en próximos cursos. De manera indirecta, la presidenta regional sugería que ésta era la responsable del fracaso escolar en Castilla-La Mancha, cuando, al menos en el caso de la comarca de la que procedo, Molina de Aragón, ha dado en proporción más licenciados que los centros educativos urbanos. También se eliminaba la gratuidad del transporte escolar para enseñanzas no obligatorias, para complicar todavía más la vida de nuestros vecinos rurales, un empujón más a las dificultades añadidas de vivir en un pueblo para que muchos determinen tomar esa decisión que les ronda la cabeza: marcharse.

Los despidos de los trabajadores de Geacam, por otra parte, han supuesto una importante reducción del empleo en el medio rural.

También se han cerrado los Centros de Interpretación, recursos que dotan de calidad al turismo de estas zonas, un sector que representa una de las principales oportunidades de empleo y desarrollo para nuestros pueblos. La intención de la Junta, al parecer, es privatizarlos, pero llevan más de un año cerrados sin que la administración regional haya dado paso alguno para su reapertura.

La reducción de interinos también ha perjudicado a nuestros pueblos, pues la mayoría de las plazas de la administración se cubrían de esta manera, con personal interino, en lugar de funcionarios.

Por último nos encontramos con esa amenaza de cierre de 21 Puntos de Atención Continuada (PAC) o centros de urgencia de la región. Esta semana conocíamos que la Junta recurrirá la decisión del Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha (TSJ) de desestimar el recurso de reposición de la Consejería de Sanidad y Asuntos Sociales contra el auto del mismo, que establecía como medida cautelar el mantenimiento del horario habitual de algunos centros de urgencias de la región, como es el caso de los de El Pobo de Dueñas y Budia, en la provincia de Guadalajara, mientras se resuelve la causa.

El consejero del ramo, José Ignacio Echániz, ya ha manifestado que el Gobierno regional no va a dar su brazo a torcer, porque esta medida entra dentro de “un plan de modernización de los PAC para atender mejor a los pacientes”. La solución para el Ejecutivo de Cospedal, en este sentido, pasa por sustituir estos puntos por unidades móviles.

El medio rural está obsoleto y necesita ser modernizado y, por supuesto, no se merece tener un centro donde exista un médico que atienda las urgencias las 24 horas del día. Para eso están las ciudades, donde todos deberíamos vivir, desde donde la prestación de servicios no les generaría tantos quebraderos de cabeza.

Ésta ya no es la España de los años 60 y creo que ya hace tiempo que desterramos esa visión trasnochada y despectiva del “paleto” de pueblo al más puro estilo de las películas de Paco Martínez Soria, donde el señorito de la ciudad miraba por encima del hombro a esas gentes que se ganaban la vida honradamente en el campo.

Es más, lo rural se puso de moda años atrás, e incluso surgieron nuevos nichos de negocio en la recuperación de nuestras tradiciones, en la arquitectura popular de nuestras casas rurales, en las fiestas ancestrales que habíamos arrojado al olvido y que han vuelto a renacer y en nuestro modo de vida apacible y saludable.

Castilla-La Mancha es una comunidad eminentemente rural y lo que verdaderamente necesita esta región es un diagnóstico serio, formulado por especialistas que conozcan esta comunidad heterogénea, que tengan la cabeza y el corazón en esta región, en lugar de en Madrid, que se paren a conocerla para aprender a amarla. Solo de esa manera podrán valorar con certeza sus síntomas y prescribir el tratamiento más adecuado.

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