Con trabajo, sin sueldo

Trabajadores de la empresa Transaltozano.

Los trabajadores de Transaltozano, núcleo que sufrió la aberración de trabajar sin cobrar.

Por Abraham Sanz

El otro día, tras compartir una tertulia televisiva con otros dos compañeros de profesión, no salía de mi asombro al comprobar cómo se está convirtiendo en habitual no sólo ya cobrar ínfimos salarios; sino que situaciones tan anormales como trabajar sin percibir tu merecida nomina al final de mes sea algo ya de lo más habitual desde que la crisis se instauró en nuestras vidas. En aquella tertulia éramos tres, pero al momento recordamos a muchos más compañeros periodistas que han padecido esta situación donde, cerca del 90% de los que se han dedicado a la prensa escrita durante los últimos años, han tenido que sufrir este paradójico estado.

Dos años ya han transcurrido desde que Noticias Guadalajara quebró y cerró. Fue el primero de muchos que cayeron y el debate sobre el trabajar sin cobrar ya se convirtió en una materia habitual en cualquier tertulia, puesto que poco a poco, todos iban cayendo en este tipo injusticia laboral surgida por la mala gestión de un empresario que nunca supo comprender que es mejor cerrar bien una empresa, que dejarla morir alargando el sufrimiento de sus trabajadores. Pero cómo en este país no se penaliza a estos nefastos empresarios ni, mucho menos, los tribunales cargan contra ellos; esto ocurre con total impunidad día tras día.

Son situaciones extrañas que casi nadie debía padecer y que a muchos les crea una gran controversia pues que hacer continuar con un trabajo donde cobrar es casi materia divina; o bien aceptar ser incluido en un ERE de extinción para poder cobrar la prestación por desempleo, conociendo que el mercado laboral está como está actualmente donde, volver a reinsertarse en el mismo es casi imposible aun siguiendo al pie de la letra el manual del perfecto desempleado.

Como bien señalaba al principio, estas reflexiones surgieron en el marco de una tertulia donde analizábamos la situación de los trabajadores que se responsabilizan del transporte interurbano y escolar de la zona de Molina de Aragón. Conductores que acumulan ya nueve nóminas sin cobrar y, a pesar de la insostenibilidad de su situación, siguen cumpliendo con su servicio. Cierto que, como es obvio, en este camino han protagonizado diferentes protestas y huelgas puesto que son más que justificadas y evidentes, como lo es la necesidad de mantener este servicio en las mejores condiciones para que todos los niños de esta comarca, excepcional por todas sus características, puedan acudir sin problema alguno a sus centros escolares.

No dejan de sorprenderme las palabras del delegado de la Junta, José Luis Condado – cuyo papel en la provincia cada día comienza a ser más un papelón-, en las que elude a la Junta de toda culpa entendiendo que es un problema de la empresa con los trabajadores. Y es cierto, pero ¿quién es el garante de que este servicio PÚBLICO se lleve a cabo todos los días?; y ¿quién es el responsable PÚBLICO de cortar situaciones anómalas en estas concesiones? Sin duda, no es otro que la Administración que ha aceptado esta concesión. Es evidente que en todo concurso público, pueden aparecer problemas con la empresa elegida, pero las medidas contra la misma, buscando la rescisión de contrato para buscar una nueva mercantil que asuma esta labor;  así como la posibilidad de aplicar diversas sanciones, deberían haberse puesto mucho antes sobre la mesa.

No es el único caso de otro servicio público, concedido a una empresa,  donde sus trabajadores se han visto envueltos en una controversia similar. Todos recordamos las protestas de los dos últimos años de los trabajadores de Transaltozano, es decir, los conductores de las ambulancias que llegaron a estar hasta seis meses sin ver un euro. Y ahora, tras el cambio de empresa adjudicataria, todavía desconocen qué pasará con aquella cantidad adeudada. Si bien, el dinero es importante, más aún en un mundo capitalista como en el que vivimos donde no pagar una factura puede suponer la pérdida de los cánones mínimos de bienestar; más importante es el daño moral y psíquico que han padecido durante estos meses donde ir a trabajar era un suplicio y un martillo a la moral de cualquier trabajador. ¿Quién compensa este maltrato psicológico vivido?

En definitiva, trabajar y no cobrar es una de las perversiones del sistema que hoy vivimos tan sacudido con la crisis que, incluso, llegó a contribuir a que aparecieran hashtags en twitter en el mundo del periodismo como el  #gratisnotrabajo, debido a las irrisorias ofertas de empleo aparecidas o bien por ofertas donde se ofrecían prácticas sin retribución económica.

Tácticas perversas que son alentadas por la crisis en las que las instituciones públicas han de alinearse de una vez por todas al lado de los trabajadores y realizar políticas que realmente ayuden a generar empleos o a incentivar la creación de nuevos negocios que permitan que nos olvidemos de estas aberraciones.

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