Desprecio sanitario

Sala de espera del Hospital Universitario Guadalajara- // Foto: jccm.es

Sala de espera del Hospital Universitario de Guadalajara. // Foto: jccm.es

Por Yago López

Si para el común de los mortales la salud no tiene precio para el Gobierno de Castilla-La Mancha sí: el necesario para cuadrar las cuentas. Fiel al liberalismo salvaje al que se han subido los populares, y del que no parece que tengan intención de bajarse, la rentabilidad económica es el nuevo axioma y el resto poco o nada importa.

Que las listas de espera aumentan exponencialmente en el Hospital Universitario de Guadalajara –como en el resto de centros sanitarios de la región-, llega el consejero Echániz y despacha el asunto culpando a la herencia de Barreda y a la falta de presupuesto. No le falta razón en una cosa: los socialistas dispararon la deuda permitiendo los abusos con las peonadas –esas operaciones vespertinas que se cobraban como horas extras- y derivando sin medida al sector privado en nombre de la Ley de Garantías, con la consiguiente deuda generada con las grandes compañías sanitarias. Sin embargo, se equivoca al pensar que en materia de salud uno y uno suman dos.

Debería el señor Echániz apelar a su vocación médica, que todos esperamos que tenga, y flexibilizar su postura de gestor implacable. Bien es cierto que el PSOE se instaló en un modelo insostenible a largo plazo basado en un endeudamiento sin complejos que mantuvo mientras pudo especulando con el suelo hasta que la burbuja estalló y las deudas empezaron a hacer aguas y a punto han estado de hundir el barco, pero al menos no dejó desamparada a la tripulación. El ciudadano tenía unos sistemas de educación y de sanidad de un cierto nivel, mejorables pero dignos.

Sin embargo, y siguiendo con el símil anterior, lo que está haciendo el Gobierno popular equivale a arrojar la comida y los medicamentos por la borda para evitar el hundimiento sin sopesar las consecuencias que esto pueda ocasionar. Si en el viaje a la recuperación hay víctimas mortales serán solo daños colaterales –benditos eufemismos-. Lo peor de todo es que no se trata de una travesía por el desierto, una vez desmantelado el sistema no habrá vuelta atrás.

La fórmula que aplica la Junta o al menos en la que justifica su gestión no tiene fisuras numéricas. No hay presupuesto, no hay servicio. Se trata de rentabilidad económica pura y dura. Lo que no parece que acaben de entender es que la política no es matemática. El sistema sanitario no puede estar basado en el despilfarro, estamos de acuerdo, pero debe garantizar unos mínimos.

La ecuación es sencilla. Si hay poco presupuesto habrá que priorizar el gasto. Y ahí es donde entra la política y la ideología. Mientras los dirigentes tengan dietas, asesores de confianza y grandes despachos, y la patronal, las entidades financieras y los partidos políticos reciban subvenciones millonarias no puede tocarse un solo euro en sanidad y educación. No me vale que el señor Echániz diga que no hay dinero para atender en tiempo y forma a los pacientes que necesitan una operación y la lista de espera quirúrgica aumente en más de un millar de personas en la provincia de Guadalajara en un solo año al tiempo que se duplica el tiempo medio de espera pasando de 75 a 165 días.

Lo mismo ha sucedido con los Puntos de Atención Continuada (PAC) que la Junta se empeña en cerrar a pesar de que por el momento los tribunales se lo impiden. Los ciudadanos pagamos impuestos para gozar de una serie de servicios entre los que se encuentran algunos imprescindibles como una adecuada atención sanitaria. Esto que en otro tiempo sería una perogrullada no parece que les entre en la cabeza a los dirigentes populares, empeñados en cuadrar las cuentas a cualquier precio. No tiene sentido  recortar el déficit a base de reducir los servicios públicos esenciales mientras se mantienen otras partidas menos básicas y se deja de lado el capítulo de ingresos. El desprecio sanitario que están demostrando los populares ya nos está saliendo demasiado caro.

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