Molina ¿de Aragón?

Por Marta Perruca

El Señorío de Molina volvió a unirse un verano más por la supervivencia de la comarca. // Foto: M.P.

El Señorío de Molina volvió a unirse un verano más por la supervivencia de la comarca. // Foto: M.P.

Suele haber cierta confusión a la hora de vincular Molina con su vecina comunidad de Aragón, más teniendo en cuenta el apellido que la acompaña desde hace casi siete siglos, pero lo cierto es que este Señorío, salvo un breve espacio de tiempo de seis años, siempre ha caminado de la mano de la corona de Castilla y sus monarcas.

Eso no quiere decir, no obstante, que las relaciones políticas, sociales y económicas no hayan sido muy estrechas a lo largo de los siglos, dado su cercanía y sus semejantes circunstancias, que han dejado cierto arraigo cultural en esta tierra, tanto en sus costumbres como en su folklore.

El apellido de la que hasta la segunda mitad del siglo XIV se denominó Molina de los Caballeros se debe a un particular episodio de su historia. Fue una huida hacia adelante, ante una situación que los molineses consideraron injusta e inaceptable. El rey Enrique II de Trastamara quiso premiar a un francés, Beltrán de Guesclin, por su contribución a su violenta ascensión al trono de Castilla, con el Señorío de Molina de los Caballeros. Ante tamaño despropósito, la Común de Villa y Tierra cerró filas ante un intruso impuesto, reconociendo solo a la corona de Castilla.

Hizo caso omiso el monarca castellano a las súplicas de los molineses, que en 1370 entregaron el Señorío al de Aragón, Pedro IV, quien no tardó en cambiarle el nombre por Molina de Aragón. No tuvo que pasar mucho tiempo para que el Señorío desandara su camino para integrarse de nuevo en Castilla en virtud de las nupcias de la hija del rey Pedro IV, Doña Leonor, con el infante de Castilla, Don Juan, al calor de la conocida como concordia de Almazán, en 1375. Desde entonces, la Común de Villa y Tierra se ha cuidado mucho de alejarse de Castilla y así en 1475, la reina Doña Isabel “La Católica”  juró no apartar estas tierras del reino castellano, quedando sus señores al amparo de las coronas de los Austrias y los Borbones desde entonces.

Sin embargo, como fruto de este breve capítulo y de la determinación mostrada por los molineses al marcharse al reino vecino cuando los vientos no fueron propicios, siempre se ha observado a esta tierra casi con un pie en la provincia de Guadalajara y otro en tierras aragonesas.

No es para menos. Los molineses cubrimos nuestras necesidades en cuanto a servicios en ambos lugares a partes iguales: Las universidades de Guadalajara, Madrid, Zaragoza o Teruel, son nuestros centros de referencia a la hora de completar nuestra educación; también los centros hospitalarios de estas capitales o los grandes centros comerciales, y cuando fuera de nuestras fronteras coincidimos con un aragonés, no dudamos en manifestarle: “Somos de Molina” y la reacción es casi como cruzarse con un primo hermano.

Precisamente, el otro día conversaba con Jerónimo Lorente, portavoz de La Otra Guadalajara, a este respecto con motivo del artículo que amablemente brindó a este espacio el pasado domingo. No quiero ser reiterativa, dado que él expuso la situación de una manera bastante esclarecedora, pero no quería dejar pasar la oportunidad para profundizar un poco más en este tema. Y es que parece que cuando se tocan determinadas sensibilidades, como es el caso de la sanidad, una cuestión crucial para los vecinos de cualquier zona, no parece tan descabellada la idea de dar el paso definitivo y encontrarnos con los dos pies en la vecina Aragón.

Desde luego, no es de recibo tener que recorrer 500 kilómetros para recibir una atención sanitaria necesaria y de derecho, cuando tenemos centros hospitalarios mucho más cerca. En este sentido podrían levantar la voz también los habitantes de la capital, del Corredor, de la Alcarria o de la Sierra Norte, que antes tenían que desplazarse poco más de 50 kilómetros hasta Madrid y ahora se encuentran con los mismos inconvenientes e incomodidades.

En verdad, cuando se llevó a cabo la cesión de competencias a las autonomías se perdió por el camino todo razonamiento lógico. Se puede entender que las administraciones regionales son mejores conocedoras de las necesidades concretas de sus vecinos a la hora, por ejemplo, de construir un centro de salud, un colegio o un hospital, pero es estúpido supeditar la atención en estos dos pilares esenciales (Sanidad y Educación) a unas fronteras levantadas a base de escuadra y cartabón, que no atienden a necesidades ni sensibilidades, enfrascadas en una riña pueril de lo que es tuyo o mío, cuando son servicios que pagamos entre todos. Cada vez que escribo en este espacio se me viene a la cabeza otra crisis grave que estamos padeciendo: La del sentido común, y no puedo evitar ponerlo de manifiesto.

Por mi parte, siempre he evitado esa concepción del molinés atrapado en la provincia de Guadalajara, pero con corazón maño. Más bien, he querido pensar que tenemos una entidad propia, más allá de pertenecer a una comunidad o a otra, por lo que me ha sorprendido encontrarme con vecinos que valoran esta sensibilidad, e incluso consideran seriamente la alternativa que ya tomamos hace siete siglos, de emprender la huida definitiva a Aragón en busca de socorro sanitario, si ambas comunidades no llegan a un acuerdo.

Y hablando con Jerónimo, me atreví a pensar que esta postura, de alzarse y mantenerse de manera seria por parte de la gran mayoría de los vecinos de la comarca, ya no sería ni un chantaje, ni una actitud revanchista, sino más bien, una cuestión de supervivencia.

2 pensamientos en “Molina ¿de Aragón?

  1. Hola Marta:

    No dudo quizás de tu buena intención, pero tu desconocimiento de la historia de Molina de Aragón es apabullante. Al parecer desconoces no sólo tu propia historia, Molina es una reconquista aragonesa del año 1128, sino que además debes pensar qué demonios hace un castillo aragonés coronando la población, nada más y nada menos que un castillo construido por Alfonso I el Batallador.

    Por favor, lee un “poquico” antes de publicar cosas por ahí.

  2. Buenas noches.
    En algo tiene razón. Molina de Aragón fue reconquistada por el rey aragonés Alfonso I El Batallador en 1128, pero su repoblación corrió a cargo de la corona de Castilla, para constituirse después como Señorío Independiente. Tampoco era mi intención relatar con pelos y señales la historia de un Señorío al que pertenezco -aunque no conozca con detalle todos los pormenores de su historia-, sino simplemente señalar que la historia de esta tierra ha estado unida durante centurias a la corona de Castilla, reconocer que existe cierto sentimiento aragonés entre los molineses y concluir que es normal que en los tiempos que corren a muchos se les pase por la cabeza una nueva huida hacia la comunidad vecina. Por cierto, el origen del castillo es árabe y se construyó sobre un castro celtíbero, para más datos. No obstante, aporto enlace,aclaratorio sobre el papel de El Batallador en esta fortaleza http://www.jdiezarnal.com/castillodemolina.html Me disculpo en todo caso si este artículo ha podido llevar a confusión.

    Gracias por seguirnos

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