Por las buenas o por las malas

Las manifestaciones contra los desahucios han proliferado en todo el territorio nacional. // Foto: noticias.lainformacion.com

Las manifestaciones contra los desahucios han proliferado en todo el territorio nacional. // Foto: noticias.lainformacion.com

Por Yago López

Parece mentira que después de haber perdido la vivienda, y en muchas ocasiones quedar arruinadas de por vida, las familias afectadas por la abusiva, ilegal y desproporcionada Ley Hipotecaria española tengan que soportar que les intenten colgar el cartel de radicales antisistema e incluso de filoterroristas los mismos responsables directos de su desgracia por su silencio cómplice y su permisividad con los verdugos, la Banca, que camina a sus anchas por una crisis que ella misma ha provocado arrasando a su paso todo lo que encuentra para sanear sus arcas.

Durante los últimos meses hemos visto a los afectados de Guadalajara por esta injusta Ley Hipotecaria manifestarse a las puertas y en el interior de las entidades bancarias que ejecutan desahucios en la provincia e incluso en la zona madrileña del Corredor del Henares, demostrando que la solidaridad no entiende de fronteras regionales. Se han conseguido cosas, pequeñas batallas individuales que por supuesto tienen un gran valor puntual pero que no suponen una solución ni de lejos a esta problemática.

Que una entidad se apiade de un drama familiar o ceda a la presión social para no perjudicar su imagen de marca y no aplique una ley que per se es terriblemente injusta es una opción que puede resultar útil a corto plazo -cada desahucio es una o varias vidas rotas-pero no puede considerarse la solución.

La sentencia del Tribunal Europeo que considera esta ley abusiva fue un soplo de aire fresco para los afectados que, sin embargo, se vuelven a quedar fríos y desamparados ante el inmovilismo de un Gobierno que actúa en este asunto al ralentí cuando el daño causado exige una actuación por la via urgente.

Un claro ejemplo del pasotismo del Gobierno es la desidia de los diputados nacionales del PP por Guadalajara. Ni Antonio Román ni Encarnación Jiménez se han dignado siquiera a responder a una misiva de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca de Guadalajara donde emplazaban a los parlamentarios a mantener una reunión en la que exponerles la situación que atraviesa un gran número de familias de la provincia y que conozcan de primera mano la terrible realidad de muchos de los ciudadanos a los que representan.
No ha habido respuesta y por extensión no se ha celebrado el encuentro, ni se le espera. Ambos diputados caminan al son que marca Génova y los vecinos que les llevaron al Congreso solo pueden gritarle al cielo.

Y ante esta tesitura a alguien le extraña que a los afectados les de por el escrache, un término procedente de Argentina que consiste en llevar la protesta ante el político más allá de las instituciones y cauces normalizados y reclamarle su responsabilidad en su espacio personal. Lo hemos visto con algunos diputados nacionales de otras comunidades a los que gritan asesinos a las puertas de sus viviendas. El nuevo fenómeno por el momento no ha llegado a Guadalajara, al menos en esos términos.
La PAH alcarreña ha difundodo las fotos de Román y Jiménez pidiendo a los ciudadanos que si se los encuentran por la calle les insten a reunirse con ellos, toda vez que por los cauces habituales les hacen caso omiso. Un escrache de lo más suave, sin insultos ni gritos ni visitas a domicilio.

No es razonable invadir el terreno personal del político pero lo es aún menos que los dirigentes ignoren a los ciudadanos que representan, y al servicio de los que han jurado estar, mientras están siendo masacrados por una ley injusta que está en sus manos cambiar.

Lo que deben hacer tanto Román como Jiménez es apelar a su condición de representantes del pueblo y primero reunirse con un colectivo cuyas demandas son secundadas mayoritariamente por la población de Guadalajara y de España para después acudir al Congreso y sacar adelante su Iniciativa Legislativa Popular sin enmiendas que desvirtúen su contenido, que es lo que quiere el grueso de sus ciudadanos, que en términos democráticos deben ser soberanos. Son las reglas del juego y si cumplen con ellas nadie tendrá que ir a aporrear su puerta. Todo lo demás exige respuesta.

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