Los panes y los peces… del Tajo

Por Concha Balenzategui

Presa de Entrepeñas, esta semana. // Foto: El Hexágono

Presa de Entrepeñas, esta semana. // Foto: El Hexágono

El PP ha conseguido esta semana un mérito de proporciones nada desdeñables. Los populares lo han llamado “hito histórico” y no voy a hurtarles ni un ápice de satisfacción. Me refiero, ya saben, al nuevo Plan de Cuenca del Tajo, o más concretamente, a la propuesta hecha pública para que se puedan presentar alegaciones en un plazo de información de seis meses.

El documento tiene, de entrada, mucho de meritorio, como decía. En primer lugar, porque ha logrado salir a la luz, algo que no había conseguido el Ministerio del ramo durante el mandato del PSOE, por mucho que lleváramos cuatro años de retraso sobre la fecha estipulada para aprobarlo: 2009. Bien, por tanto, por coger de una vez esta patata caliente que es nuestro río compartido con Portugal.

En segundo lugar, es loable porque eleva a 400 hectómetros cúbicos en la cabecera la cota por debajo de la cual no debería haber trasvases. La vigente está ahora en 241, por lo que el estado mínimo de Entrepeñas-Buendía pasa del 10 al 16 por ciento. Hay que reconocer que algo se gana. No obstante, en este punto es necesario hacer varios matices que no me voy a callar, pero llegarán al final. Proseguimos con lo meritorio.

El logro más importante de la propuesta es el consenso reunido en torno al borrador. El Ministerio de Agricultura, la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, la Diputación de Guadalajara y el Gobierno murciano están satisfechos con el contenido de la propuesta. Me dirán que no es significativo, porque los cuatro gobiernos están dirigidos por el mismo partido. Pero hay que reconocer que Murcia y Castilla-La Mancha son comunidades enfrentadas en la guerra del agua, y el hecho de que sus gobernantes se hayan puesto de acuerdo en caudales y cantidades tiene bemoles. Ni siquiera Guadalajara y Castilla-La Mancha tenían la misma visión sobre los trasvases en algunas ocasiones.

No voy a olvidar que la propuesta del Plan no ha gustado al PSOE. Es cierto, pero vamos a recordar además que los socialistas castellano-manchegos se dieron por satisfechos en el año 98 con los 240 hectómetros cúbicos que, como se demostró años después, se traducen en un charco de ranas.

Y vamos a obviar también -como ejercicio dialéctico- el hecho de que el borrador que redactó el PSOE hace dos años era sobre el papel muchísimo más ventajoso para nuestros intereses. El caso es que aquel documento de 2011 no llegó a nacer oficialmente, pues apareció y desapareció de la web del Ministerio de Medio Ambiente en periodo preelectoral. Era la propuesta de los técnicos de la CHT, que el Gobierno Zapatero no se atrevió a sancionar. Así que nos remitiremos al “más vale pájaro en mano que ciento volando” del refranero español.

Vamos a aparcar por un momento estos argumentos del PSOE. Pongamos que se oponen porque para eso son oposición. Vamos a obviar también -al menos momentáneamente- las objeciones de los municipios ribereños, porque sabemos que la Directiva de su asociación está controlada únicamente por alcaldes socialistas, y eso habrá influido en sus valoraciones. Admitamos, al fin, que el documento ha gustado -o al menos no ha disgustado- a los regantes murcianos, a los dirigentes del PP de Guadalajara, Madrid y Castilla-La Mancha… e incluso a algún ribereño suelto, como el alcalde de Pareja, popular y a sueldo en Diputación.

Cospedal en el Comité de Dirección del PP de Guadalajara, el viernes 22. Foto: PP

Cospedal en el Comité de Dirección del PP de Guadalajara, el viernes 22. Foto: PP

Pero el logro más importante de este documento, sin duda alguna, es que ha conseguido plasmar el lema murciano de “agua para todos”. Parecía la cuadratura del círculo, pero María Dolores Cospedal lo repitió en Guadalajara la pasada semana entre aplausos de los suyos. El documento pretende cumplir la Directiva Europea del Agua, que era imperativa, y el convenio de la Albufeira, que obliga a que el río llegue en condiciones a Portugal. Ahí es nada.

Además, logra mantener nuestra solidaridad con la España seca, y perpetúa el trasvase Tajo-Segura, al menos hasta 650 hectómetros cúbicos anuales. Establece, como se ha pregonado, una cantidad en Entrepeñas y Buendía de 400 hectómetros cúbicos. Al tiempo, se garantizan los usos de la cabecera, a través de una obras de abastecimiento, de 262 hectómetros cúbicos. ¿Van sumando?

El Plan no se olvida de las necesidades de Madrid, otros 60 hectómetros anuales, ni las de Castilla-La Mancha, 20 más. Permitirá, por ejemplo, el riego de 158.000 hectáreas de regadío existentes o futuras en nuestra comunidad autónoma. Y además, garantizará el paso de un caudal de 6 metros cúbicos por segundo por Almoguera, en lo que a nosotros toca, y de 10 por Toledo y Talavera de la Reina, sin salir de Castilla-La Mancha. Y todo, partiendo de dos embalses, los de la cabecera del Tajo. ¿Es o no es prodigioso?

El prodigio se acentúa si, al tiempo, este mismo documento mágico reconoce que ya no llueve como antaño, porque la experiencia ha demostrado que nos hemos quedado muy lejos de las previsiones con las que se concibió el trasvase. Ahora, desde los 90, las aportaciones medias del Tajo en cabecera son de 773 hectómetros cúbicos al año. Pero llueva mucho o poco, tenemos garantías para todos los usos y abastecimientos. Tenemos, por fin, “agua para todos”. ¿No es fantástico, insisto? ¿Qué menos que hito histórico? Es el milagro de los panes y los peces… del Tajo.

Pero, hablando en serio, a pocas matemáticas que sepamos, las cuentas sencillamente no cuadran. ¿Dónde está el truco? Puede que en la letra pequeña. Esa que dice que los 400 hectómetros de la cabecera no son una verdadera raya infranqueable. Sí lo era la cota de 240 hectómetros del año 98, porque bajo ella no podía haber trasvases en ninguna circunstancia. Ahora es una línea delgada que se puede traspasar y trasvasar en las llamadas “circunstancias hidrológicas excepcionales”, esto es, cuando hay sequía, y los trasvases pasan a ser decididos por el Consejo de Ministros en lugar de por la Comisión de Explotación del Tajo-Segura.

También es posible que se pretendan incumplir los acuerdos con Portugal, como ocurre actualmente, y que el Gobierno siga estando dispuesto a pagar las multas que sean necesarias. Quizás. O tal vez sea el “plan B” que han denunciado los socialistas: Unos supuestos grupos de trabajo en los que participan el Ministerio y los regantes murcianos, pero no los ribereños, y que van a elaborar unas alegaciones a la carta. Promoverán un cambio de las reglas del juego de la explotación del trasvase para perpeturarlo. O sea, Paco con la rebaja en el documento final. Sinceramente, no sé a qué carta quedarme.

Lo que sí sé es que en el gran consenso logrado falta el interlocutor imprescindible para llevar a cabo este plan, tal y como está concebido. No han pactado con las nubes. Y sin ellas, repito, las cuentas no cuadran. Así que mitiguen los aplausos – al PP guadalajareño me refiero ahora– rebajen los calificativos y calibren sus parabienes. No sea que, como Bono, tengan que tragarse sus propias satisfacciones.

Cospedal dijo el otro día en Guadalajara que este Plan de Cuenca era el fin de la guerra del agua. Apuesto a que no tardaremos en vivir nuevas batallas.

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