Rectificar es de sabios

Los trabajadores de Rubicar se manifestaron en Toledo en enero de 2012. // Foto: www.teinteresa.es

Los trabajadores de Rubicar se manifestaron en Toledo en enero de 2012. // Foto: http://www.teinteresa.es

Por Marta Perruca

Dice el dicho popular que equivocarse es humano y rectificar es de sabios. Pues bien, la semana pasada recibía la llamada de un amigo con motivo del artículo que escribí en este mismo espacio sobre la huelga de transporte protagonizada por los trabajadores de Rubicar en la comarca de Molina de Aragón. Afirmaba que le había parecido “un poco flojo” -hay otro dicho que dice que la confianza da asco-, pero lo cierto es que tenía razón. Había pasado por alto determinadas circunstancias que los medios de comunicación provinciales tampoco han tenido en cuenta, por lo que creo que es justo y necesario que trate de explicar ahora, paso por paso, los pormenores de la situación.

Hoy por hoy los trabajadores amenazan con una huelga indefinida, que hasta ahora se limitaba a los martes y jueves, mientras la Consejería de Educación capea el temporal con propuestas cortoplacistas como alojar a los alumnos en la Escuela Hogar molinesa durante las jornadas de huelga, para que no falten a clase, o sufragar los gastos de un transporte alternativo. De momento, Fomento se lava las manos, aunque cabe recordar que el servicio, aparte de responsabilizarse del transporte escolar, también se encarga del de viajeros, vecinos de la comarca que durante la huelga no pueden trasladarse a Molina a realizar sus compras habituales, al médico o acceder al transporte interurbano, por ejemplo, para acudir al hospital en la capital.

El origen del problema no se encuentra en el impago de las nóminas por parte de la empresa adjudicataria, algo que ya explotó, si echamos mano de hemeroteca, en enero de 2012, cuando los trabajadores convocaban otras jornadas de huelga, llegando a manifestarse en Toledo ante los servicios mínimos que impuso la Junta.

Para entender esta situación hay que remontarse al año 2008, cuando todavía gobernaba Barreda y se adjudicó la concesión del mal llamado “Transporte a la carta o a la demanda” a la empresa Rubicar, que tenía otras concesiones en Toledo y Talvera, por ejemplo, así como de otros servicios públicos dependientes de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

Hasta ese momento y, desde hace casi 40 años, el servicio era prestado por empresas locales, de las que tres tuvieron que cerrar -y las que continúan, lo hacen bajo mínimos- como consecuencia de este proyecto que se vendió como la panacea al problema de transporte de una comarca compleja. Una iniciativa política, que lejos de mejorar las condiciones de vida de una zona fustigada por la despoblación y la falta de oportunidades, ha supuesto una destrucción de empleo y de iniciativas económicas, sin mejorar el servicio de transporte que teníamos entonces.

Ya decía la semana pasada que cuando las empresas locales se enfrentaron al pliego de condiciones de este concurso valoraron que, en virtud de las condiciones que se imponían en cuanto a medios, rutas, expediciones y demás servicios, no era viable económicamente, ya que el presupuesto base de licitación era demasiado bajo. Claro, que apenas unos días más tarde de ponerse en marcha por parte de la adjudicataria y, según me informan los transportistas, se trasladaban tres de los quince vehículos que se pusieron a disposición, y a día de hoy no se llevan a cabo ni el 25 por ciento de las expediciones.

Eso sí, el presupuesto, que rondaba los 800.000 euros, se incrementaba 22.000 euros más al implantarse una nueva ruta, que sin embargo, no requería una ampliación de medios, ni siquiera una variación importante en el kilometraje.

El servicio a la demanda, ya sabéis, uno de los puntos novedosos de esta concesión, que suponía poner a disposición de los municipios por los que no transcurría ninguna ruta un servicio de autobús puntual con tan solo una llamada de teléfono, no ha sido más que una anécdota y hace tiempo que ya no se presta.

Dejando a un lado las incidencias, que no han sido pocas desde que entró en servicio en 2008, vamos a pasar al siguiente capítulo, que tiene lugar en los meses de enero y febrero de 2012. Los trabajadores se manifiestan en Toledo y convocan una serie de jornadas de huelga como consecuencia de los impagos reiterados de la empresa, que lleva sin pagar las nóminas de los trabajadores desde el mes de agosto ,y los servicios mínimos impuestos por la Junta, que comprenden el 100% de las expediciones: Las huelgas volvían a convocarse antes del verano y hasta el mes de julio.

La “solución” tarda en llegar. No es hasta el 30 de noviembre del año pasado, con Cospedal ya al frente del Ejecutivo regional, cuando la Consejería de Fomento, en lugar de volver a licitar el concurso, decide subrogar este servicio a una UTE, que será la encargada, a partir de ese momento, de facturar los ingresos de la compañía, conservando toda la infraestructura de Rubicar, que sigue formando parte de la misma. Ese mismo día, Rubicar se declara en concurso de acreedores.

CCOO recurría y denunciaba públicamente la decisión de la Junta, al entender que incurría en ilegalidad. En ese momento, y según se manifestó desde el sindicato, existía una sanción a Rubicar por parte de Inspección de Trabajo, por falta muy grave. Además, la empresa, que lleva desde 2005 sin presentar sus cuentas, adeudaba 694.000 euros a la Seguridad Social y 287.000 a Hacienda. Y claro, como hay dichos para casi todo, podemos decir que de aquellos barros, estos lodos.

La deuda que mantiene la empresa con los trabajadores no se puede achacar a impagos de la Junta, el consejero de Educación, Marcial Marín, manifestaba que los pagos están al día y que se trataba de un problema interno entre los trabajadores y la UTE. Lo que parece es que los dineros de esta concesión entran por un lado y salen por el otro, para tapar agujeros. Pero la Administración no puede, por ello, mirar a otro lado, puesto que se trata de una concesión pública y en última instancia, es ésta la que tiene que garantizar que el servicio se preste de manera conveniente.

Ya lo decía hace un par de semanas y ahora me reitero: quien hace las cosas mal trabaja dos veces -en este caso parece que a la tercera irá la vencida, o eso espero- y hoy digo que equivocarse es humano y rectificar es de sabios. Rectifiquen, pues.

Tomates para todos

Tomates de Calasparra (Región de Murcia) para una tomatina valenciana. // Foto: Marga Ferrer (La Opinión de Murcia).

Tomates de Calasparra (Región de Murcia) para una tomatina valenciana. // Foto: Marga Ferrer (La Opinión de Murcia).

Por Rubén Madrid

No se pueden pedir peras al olmo, como es difícil cultivar una huerta en un desierto o tener una fábrica de ketchup si no dispones de abastecimiento masivo de tomates. Salvo en la Región de Murcia. En este árido territorio levantino la escasez de agua no ha impedido convertirla en una referencia de la agricultura de regadío y en el turismo para todos los públicos con complejos hoteleros basados paradójicamente en una demanda altísima de recursos hídricos: ya saben, piscinas, campos de golf  y refrescantes fuentes que dibujan arcos para recibir al turista dispuesto a pasar una temporada en una zona donde, admitámoslo, el calor es sofocante.

No hablo de oídas. Hace casi diez años viví una temporada al otro lado del acueducto Tajo-Segura, en Murcia capital, cuando el eslógan “agua para todos” convocaba a miles de manifestantes en paelladas en Murcia y Valencia y cuando esta comunidad autonómica lideraba el crecimiento del PIB en España, siempre con cifras superiores al 3%, sospechosamente similares a las cantidades de inmigrantes ilegales que acudían a sus invernaderos y sus obras de construcción. Eran los años del superboom inmobiliario. Los delirios de Polaris y de Marina de Cope. En Águilas, Mazarrón, La Unión y Los Alcázares sobraba playa virgen. Pero faltaba, ay, agua dulce.

Siempre he defendido escuchar las razones de los demás. En su muy recomendable ‘Encuentro con el otro’, Kapucinski nos alerta de la bajeza intelectual en que caemos cuando sólo advertimos una amenaza en el otro. Conviene, nos viene a decir, interesarnos por sus razones y comprender que es un igual a nosotros. Aunque entonces no había leído aún al maestro polaco, mantuve muchas conversaciones con los otros del trasvase. Les confesaba que creía contradictorio (hace diez años era todavía más iluso que ahora) mantener un modelo de desarrollo con una carencia tan tremenda de agua. Al cabo de muchas conversaciones, en las que también descubrí que la mayoría de los murcianos no sabe dónde está la cabecera del Tajo, regresé a Guadalajara con el convencimiento de que lo que ocurría, en realidad, es que los hoteles de Benidorm hacen sombra en las playas murcianas.

A los desarrollistas de la Región, la alicatadísima Manga del Mar Menor se les había quedado ya en manga corta. “Tenemos derecho al desarrollo”, escuché muchísimas veces, como una consigna admitida por todos. Y en el desarrollo al que aludían el trasvase que les brindó Franco desde Entrepeñas y Buendía se les quedaba corto. Eran los años en que se debatía sobre el trasvase del Ebro que aquí, por otro lado, nos la soplaba.

Nunca caí ni caeré en el argumento patriotero de decir que el agua es de los castellano-manchegos, porque en realidad el agua es tan nuestra como de las montañas, que hacen brotar los caudales, del mar que reclama sus tributos o de los peces, como es obvio. Quiero decir con esto que el agua es un recurso económico, pero no sólo eso, y aquí estoy más próximo a quienes propugnan una nueva cultura del agua. Pero aun admitiendo su importancia como fuente generadora de riqueza, me resisto a poner puertas al campo y compuertas al cauce del río. El agua debe seguir su curso y quienes nos acercamos a sus orillas debemos arrodillarnos para tomarla de forma sostenible.

Los murcianos no pueden reclamar un supuesto derecho al desarrollo con un recurso del que no disponen, les dije y les digo. Pero esto es igualmente válido para los delirios barredistas de La Mancha, que los hubo antes de la crisis. El agua no es de nadie, sino para alguien. El debate de fondo no radica en discutir la titularidad del agua ni quién debe hacerse con el control del recurso. El debate de fondo, tan obviado, pasa por adoptar modelos de producción y consumo sostenibles, es decir, que no comprometan el futuro de los recursos medioambientales (el agua lo es). Cumplir con Kyoto no pasa únicamente por dejar de usar desodorante de espray.

Imagen del trasvase Tajo-Segiura. // Foto: CHT.

Acueducto Tajo-Segura. // Foto: CHT.

Los murcianos siempre salen con la cantinela de que el agua del Tajo nunca acaba en los campos de golf, lo que pese a todo también ha sido denunciado. En todo caso, si dedican la poca agua disponible en su territorio a esos complejos hoteleros, lógicamente necesitarán del trasvase para todo lo demás.

Según se ha conocido esta misma semana, el demoradísimo Plan Hidrológico de la Cuenca del Tajo, que está en nuevo proceso de negociación, blindará la continuidad del trasvase del Tajo a cambio de una lámina ridícula, muy por debajo del 40% que reclaman los Ribereños Así lo ha prometido el Ministerio de Agricultura en una reunión en la que no participaban partes tan implicadas como el Gobierno de Castilla-La Mancha, los ribereños (que son tomados por una pandilla de pueblerinos en comparación con el ‘lobby’ de los regantes murcianos) o los ecologistas, que podrían trasladar mensajes más próximos a los que aquí estamos defendiendo.

Con el apoyo a la causa murciana en Madrid y el silencio consentidor -como poco- de Toledo, con la sociedad guadalajareña desinhibida de este conflicto (el agua tiene menos pegada que la energía nuclear), con un discurso socialista basado en el mero argumento de que el agua es de Castilla-La Mancha (cuando el agua del Tajo es más portuguesa que albaceteña), la batalla está perdida de antemano.

Pasan los años y la situación no cambia; pasan también las oportunidades de cambiar las reglas del juego, como el propio Plan del Tajo, y todo seguirá igual en lo fundamental. Los ribereños, que para colmo se han dividido también en su propio foro, han aportado al debate argumentos muy convincentes, tanto hidrológicos como sociodemográficos, reforzados con información técnica y no mera retórica política. Pero la lógica partidista se impone sobre cualquier otra lógica.

Démonos por rendidos. El futuro de los pueblos ribereños puede estar en la energía nuclear, los parques eólicos o, si fuese el caso, en implantar una sucursal de Eurovegas, pero no pasará ya más por el agua. Urge un cambio de estrategia. Si se me permite la osadía, aconsejo a los alcaldes de Sacedón, Alcocer, Buendía, Pareja y compañía que den un impulso a un proyecto industrial basado en la producción y comercialización de una marca comarcal de ketchup, si hace falta con denominación de origen de la Alcarria. ¿Que no hay tanta huerta en La Alcarria? Tenemos al otro lado del trasvase a la que llaman “la despensa de Europa“. ¿O alguien duda de la solidaridad murciana? Propongamos un trasvase reversible. Tenemos derecho al desarrollo, así que lo dicho: ¡tomates para todos!

Con trabajo, sin sueldo

Trabajadores de la empresa Transaltozano.

Los trabajadores de Transaltozano, núcleo que sufrió la aberración de trabajar sin cobrar.

Por Abraham Sanz

El otro día, tras compartir una tertulia televisiva con otros dos compañeros de profesión, no salía de mi asombro al comprobar cómo se está convirtiendo en habitual no sólo ya cobrar ínfimos salarios; sino que situaciones tan anormales como trabajar sin percibir tu merecida nomina al final de mes sea algo ya de lo más habitual desde que la crisis se instauró en nuestras vidas. En aquella tertulia éramos tres, pero al momento recordamos a muchos más compañeros periodistas que han padecido esta situación donde, cerca del 90% de los que se han dedicado a la prensa escrita durante los últimos años, han tenido que sufrir este paradójico estado.

Dos años ya han transcurrido desde que Noticias Guadalajara quebró y cerró. Fue el primero de muchos que cayeron y el debate sobre el trabajar sin cobrar ya se convirtió en una materia habitual en cualquier tertulia, puesto que poco a poco, todos iban cayendo en este tipo injusticia laboral surgida por la mala gestión de un empresario que nunca supo comprender que es mejor cerrar bien una empresa, que dejarla morir alargando el sufrimiento de sus trabajadores. Pero cómo en este país no se penaliza a estos nefastos empresarios ni, mucho menos, los tribunales cargan contra ellos; esto ocurre con total impunidad día tras día.

Son situaciones extrañas que casi nadie debía padecer y que a muchos les crea una gran controversia pues que hacer continuar con un trabajo donde cobrar es casi materia divina; o bien aceptar ser incluido en un ERE de extinción para poder cobrar la prestación por desempleo, conociendo que el mercado laboral está como está actualmente donde, volver a reinsertarse en el mismo es casi imposible aun siguiendo al pie de la letra el manual del perfecto desempleado.

Como bien señalaba al principio, estas reflexiones surgieron en el marco de una tertulia donde analizábamos la situación de los trabajadores que se responsabilizan del transporte interurbano y escolar de la zona de Molina de Aragón. Conductores que acumulan ya nueve nóminas sin cobrar y, a pesar de la insostenibilidad de su situación, siguen cumpliendo con su servicio. Cierto que, como es obvio, en este camino han protagonizado diferentes protestas y huelgas puesto que son más que justificadas y evidentes, como lo es la necesidad de mantener este servicio en las mejores condiciones para que todos los niños de esta comarca, excepcional por todas sus características, puedan acudir sin problema alguno a sus centros escolares.

No dejan de sorprenderme las palabras del delegado de la Junta, José Luis Condado – cuyo papel en la provincia cada día comienza a ser más un papelón-, en las que elude a la Junta de toda culpa entendiendo que es un problema de la empresa con los trabajadores. Y es cierto, pero ¿quién es el garante de que este servicio PÚBLICO se lleve a cabo todos los días?; y ¿quién es el responsable PÚBLICO de cortar situaciones anómalas en estas concesiones? Sin duda, no es otro que la Administración que ha aceptado esta concesión. Es evidente que en todo concurso público, pueden aparecer problemas con la empresa elegida, pero las medidas contra la misma, buscando la rescisión de contrato para buscar una nueva mercantil que asuma esta labor;  así como la posibilidad de aplicar diversas sanciones, deberían haberse puesto mucho antes sobre la mesa.

No es el único caso de otro servicio público, concedido a una empresa,  donde sus trabajadores se han visto envueltos en una controversia similar. Todos recordamos las protestas de los dos últimos años de los trabajadores de Transaltozano, es decir, los conductores de las ambulancias que llegaron a estar hasta seis meses sin ver un euro. Y ahora, tras el cambio de empresa adjudicataria, todavía desconocen qué pasará con aquella cantidad adeudada. Si bien, el dinero es importante, más aún en un mundo capitalista como en el que vivimos donde no pagar una factura puede suponer la pérdida de los cánones mínimos de bienestar; más importante es el daño moral y psíquico que han padecido durante estos meses donde ir a trabajar era un suplicio y un martillo a la moral de cualquier trabajador. ¿Quién compensa este maltrato psicológico vivido?

En definitiva, trabajar y no cobrar es una de las perversiones del sistema que hoy vivimos tan sacudido con la crisis que, incluso, llegó a contribuir a que aparecieran hashtags en twitter en el mundo del periodismo como el  #gratisnotrabajo, debido a las irrisorias ofertas de empleo aparecidas o bien por ofertas donde se ofrecían prácticas sin retribución económica.

Tácticas perversas que son alentadas por la crisis en las que las instituciones públicas han de alinearse de una vez por todas al lado de los trabajadores y realizar políticas que realmente ayuden a generar empleos o a incentivar la creación de nuevos negocios que permitan que nos olvidemos de estas aberraciones.

Vicente no basta

VicentePérez

El extremo alicantino ratificó en Ponferrada su gran momento de forma de las últimas jornadas. // Foto: Mariano Viejo (www.deportivoguadalajara.es)

Fue el nombre propio del empate en El Toralín. De alguna forma, la confirmación de una línea ascendente que le ha llevado a colocarse en lo más alto de la lista de rendimiento del Deportivo. Semana a semana, el alicantino ha agigantado su figura pasando de útil a imprescindible y de imprescindible a decisivo. Hagan el ejercicio y repasen los méritos de toda la temporada; seguro que Vicente iguala los de cualquiera. Quizá hubiera que recurrir a la foto finish para decidir el futbolista más destacado del Depor esta temporada, pero lo que parece innegable es que el extremo es, hoy en día, el activo más fiable de los alcarreños, el más inspirado, el irremplazable.

Vicente encarna a la perfección el tipo de futbolista que sueña Terrazas para las alas de su equipo. Sacrificado en la presión, físicamente inagotable, disciplinado y vertical, el ‘8’ deportivista reúne condiciones radicalmente opuestas a las del anterior inquilino de la banda izquierda del Escartín (Ernesto) y, además, está traduciendo su amalgama de virtudes en desequilibrio y puntos. Así lo ha demostrado, especialmente, en esta segunda vuelta, todo un trampolín para su carrera después de la difícil campaña vivida en Leganés el año pasado y de su laborioso transitar por Hércules, Valencia B, Granada y Nástic.

En el Toralín marcó el primer tanto morado (el cuarto de su cuenta particular) y asistió a Cristian en el segundo, siguiendo la exitosa senda de Chapín o el Mini Estadi, por poner un par de ejemplos (en ambos sirvió a Kepa los goles de la victoria). Valgan para acotar el gran momento del futbolista, en estos momentos obligado a multiplicar sus funciones y sus aciertos en el plano ofensivo ante el tramo de menor brillo que viven Álvaro Antón y Azkorra.

Pero Vicente no basta. El Depor no acaba de despegar con rumbo a la tranquilidad. Casualidad o no, desde el anuncio de la querrella de la LFP, el equipo de Terrazas no ha sido capaz de ratificar su progresión anterior. Así se manifestó de forma más evidente ante Castilla y Sabadell, y seguramente también en el oscuro partido de Jerez pese a la victoria. Bien es cierto que el empate de Ponferrada se reviste de cuantiosos méritos. El temprano gol de los locales a los 20 segundos de juego vino acompañado de una gran reacción del Depor y el punto ha de valorarse desde la clasificación de altos vuelos de la Ponferradina y sobre la última secuencia de resultados de los bercianos (habían enlazado tres triunfos consecutivos en su campo).

Sea como sea, la jornada no varía las distancias y el Deportivo conserva cuatro puntos de renta sobre la zona de descenso, su lucha y una batalla que vivirá un combate clave la próxima semana. El Hércules visitará el Escartín para disputar un partido que puede catapultar a los guadalajareños o meterlos en el fango definitivamente. Un día clave ante el que el Depor tendrá que apelar a su buen rendimiento como local de los últimos meses, al halo dulce de Vicente y a la hipotética resurrección de su sistema defensivo -algo debilitado en los últimos encuentros- y de algunos de sus futbolistas clave.

El debate del ‘9’ sigue vivo. El último apunte de este Hexágono será para el asunto que centró las líneas del artículo de la semana pasada. Como era previsible, Terrazas deshizo la fórmula Azkorra-Juanjo de la primera parte de Chapín y recuperó su apuesta habitual con Cristian en el once y Antón y Erice por detrás de Azkorra. Sin embargo, sospecho que el debate del ‘9’ sigue latiendo. Kepa volvió a sustituir de forma más o menos prematura al ariete vasco (minuto 62), una muestra más de la pugna entre ambos y, seguramente, de las opciones crecientes de Kepa para tornar el pulso a su favor en las próximas semanas.

Será uno de los aspectos a discutir y observar en las siguientes comparecencias del equipo alcarreño, cada vez más trascendentes y con menor margen de error. El mejor Deportivo debe aparecer para desterrar riesgos y asegurar la permanencia antes del imprevisible y traicionero tramo final del campeonato. Sin duda, un triunfo ante el Hércules allanaría sensiblemente la pendiente de la escalada.

Las ramas y rilar el huevo, tradiciones de Semana Santa

*Por José Ramón López de los Mozos

López de los Mozos, entrevistado en el programa '19 horas'. // Foto: Canal 19 2.0

López de los Mozos, entrevistado en el programa ’19 horas’. // Foto: Canal 19 2.0

Solemos fijarnos con mayor o menor detalle en la Semana Santa de la capital, pero quizá dejamos un tanto a trasmano otras muestras del sentir religioso que durante estas fechas se celebran en algunos pueblos de nuestra provincia.

Una de estas tradiciones es la del ramo, que tiene lugar el propio Domingo de Ramos. En Luzaga comienza el día de la víspera, en que los mozos cortan una encina de tamaño adecuado, que será el ramo, y que colocan en la iglesia, junto al altar mayor, para que las llamadas mozas del ramo lo decoren con cintas de colores y en algunas ocasiones con “hasta sesenta roscas de unos 300 gramos cada una” y numerosas naranjas y limones. Es lo que allí se conoce como vestir el ramo, que el domingo bendice el párroco, para rifar sus colgaduras por la tarde.

Hoy son pocos los pueblos como Torrebeleña y Robledillo de Mohernando, donde las mozas del ramo, que allí reciben el nombre de ramas, entonan cánticos religiosos el mismo Domingo a cambio de limosnas con las que sufragar los gastos del monumento de Jueves Santo.

A las puertas de la iglesia
cinco doncellas llegamos,
a darle mil alabanzas
a Dios que nos ha creado.

Hoy es Domingo de Ramos,
es un día muy solem-,
en que Jesucristó entró
triunfante en Jerusalén.

(De las Ramas de Torrebeleña)

Otra tradición que se va perdiendo es la de rilar el huevo, que siempre ha tenido un carácter infantil y juvenil.

En Hueva salen al campo con los hornazos, -que llevan un huevo cocido en el centro- y, una vez desprendidos del dulce, los echan a rodar por la tierra hasta que pierden la cáscara, para en compañía de la chiquillería dar cumplida cuenta de ellos en una opípara merienda.

En Yélamos de Abajo son los niños los que hacen rilar los huevos -que han recibido como regalo de su madrina-, hasta que queden bien pelados y aptos para ser comidos, cosa que hacen en las Eras del Calvario.

Costumbres tradicionales que se van perdiendo, pero que constituyen la esencia de los pueblos y definen bien a las claras sus ciclos vitales.

*José Ramón López de los Mozos es escritor, historiador y etnógrafo. Sus trabajos sobre folklore y etimología son refeerencia especialmente en las tradiciones de la provincia. Trabajador de la Diputación Provincial, ha sido el creador de la Biblioteca de Investigadores Alcarreños, de los “Cuadernos de Etnología de Guadalajara”, e intenso colaborador de la revista Wad-al-Hayara, de “Anales Seguntinos” y del Encuentro de historiadores del Valle del Henares. El próximo viernes 22 pronunciará el pregón de la Semana Santa en Guadalajara.

Todos los nombres

Por Concha Balenzategui

Ana Guarinos, el pasado jueves, en la exposición histórica de los Premios de Dibujo Antonio del Rincón

Ana Guarinos, el pasado jueves, en la exposición histórica de los Premios de Dibujo Antonio del Rincón. // Foto: Diputación de Guadalajara

He vivido muchos años en La Carrera, soy asidua usuaria de la ‘Sonia Reyes’ y tengo con orgullo un Premio Provincia de Guadalajara de Periodismo. Dicho de otro modo sería que me hice adulta en la calle Boixareu Rivera, que nado frecuentemente en la piscina Fuente de la Niña o que poseo un premio José de Juan.

Muy parecido, pero no exactamente lo mismo. Los nombres de la realidad que nos rodea son apelativos sometidos al arbitrio del gobernante de turno, y esta semana hemos contemplado un nuevo ejemplo. El Equipo de Gobierno de la Diputación Provincial ha decidido restituir los antiguos nombres de los Premios Provincia de Guadalajara que se cargó el PSOE.

Ya conocen la historia. En el año 2000, el PSOE e IU, gobernantes de la Diputación, quisieron eliminar el nombre de Camilo José Cela de uno de los premios, por considerar que no merecía tal honor. Que ya me dirán ustedes que por muy lejos que estuvieran ideológicamente del conservador Don Camilo, por poco simpático que les fuera y por mucho que su pasado no fuera el de un demócrata ejemplar, no se puede negar que como escritor inmortalizó y universalizó como nadie estas tierras en su Viaje a la Alcarria. A pocos narradores les escocería llevar en su currículo el nombre de un Nobel de Literatura.

El caso es que, para borrar de un plumazo al autor de La Colmena, a mi entender con buena dosis de miopía política, se cargaron de paso al ilustre Layna Serrano, al fotógrafo Camarillo o al periodista José de Juan. Por razones que nada tienen que ver con el arte y la cultura, como bien decía el otro día Ana Guarinos. … Como tampoco eran razones que tuvieran que ver con el deporte las que llevaron a Antonio Román a arrancar las letras de la piscina cubierta Sonia Reyes.

En términos generales, pienso que siempre es mejor poner o reponer que quitar. También hay que tener en cuenta, en el terreno económico, el efecto de despilfarro que supone prescindir de un logotipo institucional cuyo diseño hubo que pagar. O el tirar a la basura folios y sobres con el membrete denostado.

Además de la cortedad de miras, detrás de este tipo de cambios suele haber un deseo insano del mandatario de sentar sus reales. Pero lo que raya en el ridículo suele ser la falta de sinceridad. No espero yo que llegue el nuevo gobernante y confiese: “Cambio el nombre para que se note quién manda ahora, por si el ciudadano no se ha enterado bien”. Pero al menos que no nos intente colar excusas de pacotilla y explicaciones mendaces, que insultan a nuestra inteligencia.

Camilo José Cela en su Viaje a la Alcarria.

Camilo José Cela en su Viaje a la Alcarria.

Jesús Alique y Ángeles Yagüe nunca dijeron la verdad. Nunca reconocieron que quitaban los nombres propios a los premios por evitar al incómodo Don Camilo, y pusieron como pretexto que querían dar más realce al nombre de la provincia. Antonio Román nunca dijo la verdad. Él expuso que pretendía unificar bajo la misma denominación el complejo deportivo Fuente de la Niña, sin reconocer que borraba el nombre de la taewkondista que había sido elegida diputada regional por el partido rival.

Ejemplos hay muchos y en todos los bandos. Porque ese mismo alcalde se negó a quitar la placa del militar Boixareu Rivera, escudándose en una encuesta entre los residentes de la calle, e ignorando de paso la Ley de la Memoria Histórica. Y para no dar explicaciones, Alique se marchó de vacaciones mientras se retiraba -con nocturnidad y “semanasantidad”- la estatua de Franco de la plaza de Beladíez, dejando al concejal Sevillano el honor o el trabajo sucio, según se mire.

Los políticos podrían ahorrarse muchos de estos vaivenes, pues los vecinos siempre tienen la última palabra de la denominación popular. Por mucho que en los remites de las cartas aparezca Boixareu Rivera, nadie va a borrar el nombre de La Carrera de las conversaciones. Como tampoco desapareció el de Las Cruces en referencia al paseo Fernández Iparraguirre, dicho sea sin ninguna inquina al galeno creador del Volapük. Como es la costumbre la que hace ley, podemos seguir llamando “oficina del paro” al mismo edificio, independientemente de si en la placa pone Inem, Consejería de Empleo o Sepecam. Si continuamos refiriéndonos a las discotecas con el nombre de la época que tenían cuando las frecuentábamos, el edificio de Simago lo seguirá siendo por muchos años. Incluso algunos aún lo llaman Galeprix.

Tenía que venir Europa a obligarnos

desahucios

Imágenes de una concentración de Stop Desahucios en Guadalajata. // Foto: enlascallesdeguadalajara.blogspot.com

Después de la previsible sentencia europea que determina que la Ley hipotecaria de España es ilegal y debe modificarse y no permitir los abusos de la Banca, a los dirigentes de este país, en especial a los populares y socialistas que están y estuvieron al frente del Gobierno en la actual y la pasada legislatura respectivamente, se les debería caer la cara de vergüenza si es que tienen, vergüenza me refiero, cara han demostrado que les sobra.

Después de años de movilizaciones y miles de familias arruinadas, por no hablar de los recientes suicidios producto de la desesperación de quedarse en la calle y con una impagable deuda de por vida, tiene que venir el Tribunal Europeo a decirnos que ya nos vale, y que le demos una vuelta a una legislación anacrónica, abusiva e injusta. Manda huevos, que diría aquel.

Lo peor es que el Partido Popular se temía que esto iba a suceder y por eso, contra todo pronóstico, fiel al estilo donde dije digo digo Diego de Rajoy, los populares no tiraron por tierra la iniciativa legislativa popular (ILP) impulsada por la Plataforma Stop Desahucios, y aún están a tiempo de abrasarla a enmiendas. Un ejercicio fariseo porque bien sabe el Gobierno que no va a permitir la dación en pago ni las grandes propuestas que propone el texto. Temen demasiado a la Banca.

La reciente sentencia abre una brecha en una legislación que bajo un análisis lógico caía por su propio peso pero que hasta ahora en un Tribunal no había quien le tosiera. Sin embargo, ahora los jueces podrán parar las ejecuciones hipotecarias si consideran que existen cláusulas abusivas, algo es algo. El problema es que a largo plazo, igual que sucede en el casino, en la sociedad española la banca gana siempre.

La cuestión es si el Gobierno se atreverá a meterle mano de verdad a la Ley Hipotecaria o le lavará la cara con cuatro ajustes para adaptarla a los mínimos exigidos por la normativa europea sin atender a las demandas de la ciudadanía. Me da a mí que se decantarán por lo segundo. Los Lobbys del sector ya están trabajando y alegan que un cambio profundo desestabilizaría el sistema financiero y generaría desconfianza en los mercados. Lo que no dicen es que tal y como está desestabiliza vidas y genera ruina familiar y exclusión social. Pongamos en una balanza ambas consecuencias y elijamos.

Otro de los argumentos que esgrimen los estafadores oficiales, las entidades financieras, es que la culpa de la imposición de cláusulas abusivas no era solo suya sino también de los notarios y registradores que ratificaban los contratos hipotecarios. Mal por estos últimos que toleraron estas prácticas sin cuestionarse su legalidad pero eso no exime a los autores materiales del abuso ni un ápice de su responsabilidad.

Con este panorama está en manos del PP apostar por la justicia social, aunque mucho me temo que no lo hará. Me pregunto si podrá Antonio Román y el resto de parlamentarios nacionales del PP mirar a los ojos a sus ciudadanos y decirles que no piensan cambiar sustancialmente una Ley injusta que les condena a la ruina porque están atados de pies y manos por los que de verdad mandan, que son los mismos que se forran con las hipotecas abusivas. Y yo mismo me respondo: sí que podrán, la integridad brilla por su ausencia en el hemiciclo y ese es uno de los principales problemas de nuestra democracia y una de las razones por las que cada día menos ciudadanos cree en nuestras instituciones.

Situaciones como ésta en la que tienen que venir de Europa a tirarnos de las orejas por algo que la propia ciudadanía lleva años alertando manifestación tras manifestación, denuncia tras denuncia, pone de relieve la desconexión absoluta que existe entre los dirigentes y el pueblo y saca a relucir las miserias de nuestra política que solo atiende las necesidades de los poderosos y pasa olímpicamente de lo que le sucede al ciudadano de a pie mientras no haya elecciones a la vuelta de la esquina, único momento donde regalan los oídos de los votantes con listas interminables de promesas que caen en saco roto en cuanto los colegios electorales echan el cierre.

Esta buena nueva procedente de Europa es un pequeño oasis en un inmenso desierto que no debe desmovilizar a la población. Los ciudadanos deben exigir masivamente al Gobierno, hoy con más fuerza que ayer, que impongan de una vez la dación en pago, anulen las deudas perpetuas con carácter retroactivo  y garanticen el derecho a la vivienda a través de alquileres sociales. Eso como mínimo y sin esperar a que venga nadie a obligarnos.

Diagnóstico erróneo

Echániz anuncia que recurrirá la decisión del TSJ sobre los PAC. // Foto: castillalamancha.es

Echániz anuncia que recurrirá la decisión del TSJ sobre los PAC. // Foto: castillalamancha.es

Por Marta Perruca

Cuando estamos enfermos y acudimos al médico esperamos que éste tome nota de todos nuestros síntomas; realice las pruebas convenientes y, con toda esa información, lance su diagnóstico. Solo de esta manera y, si todo el proceso se desarrolla satisfactoriamente, nos puede prescribir el tratamiento más adecuado para nuestra dolencia.

Las crisis ponen de manifiesto que algo no marcha bien, que existe un problema importante de salud que hay que solucionar para que el organismo de nuestra sociedad, con el tratamiento oportuno, pueda sanar.

Parece obvio que si padecemos, por poner un ejemplo, una gripe y en lugar de medicamentos antigripales nos suministran antidepresivos, no notaremos ninguna mejoría. Quizá, qué sé yo, estemos más felices o relajados, pero seguiremos manifestando fiebre, tos, congestión nasal y el cuerpo dolorido.

El problema es que la enfermedad que padece nuestra sociedad no es una gripe que pueda curarse con una semana de reposo en la cama, quizá sea algo más semejante a un cáncer, o a un proceso viral escondido, cuyo diagnóstico tardío ha producido un fallo multiorgánico que la mantiene en coma, casi entre la vida y la muerte.

Nuestros cirujanos, esos que se encuentran al frente de las administraciones, no acaban de acertar. Es más, me atrevería a decir que no tienen un diagnóstico y hacen como esos médicos que en lugar de realizar las pruebas determinantes se dedican a probar distintos tratamientos con sus pacientes a la espera de que alguno haga efecto.

A veces tengo la sensación de que ni siquiera desean que el paciente sane, sino simplemente que no se desangre, porque de esa manera es más vulnerable y, mientras tanto, ellos  pueden sentirse superiores, casi como dioses, con el destino de sus súbditos a su merced, para poder obrar a sus anchas.

Me gustaría preguntarle al Gobierno de Castilla-La Mancha y a su presidenta, María Dolores Cospedal, cuál es diagnóstico que han realizado de la situación de nuestra región. Me encantaría que explicasen a todos los castellano-manchegos, de manera detallada y minuciosa, cuál es el tratamiento que se está aplicando y cuáles las mejorías que se pretenden conseguir.

Me imagino el informe médico de esos cirujanos que nos representan. En la casilla de diagnóstico pone: fallo multiorgánico. No se especifica más porque no se han realizado las pruebas diagnósticas de rigor; hay otra casilla destinada a las recomendaciones con dos sugerencias: austeridad y reducción del déficit; y por último el posible tratamiento: centralizar y privatizar los servicios públicos para ahorrar.

En el apartado de observaciones se detalla que el medio rural es un lastre para el desarrollo de la sociedad, una especie de cáncer que hay que extirpar para la continuidad del resto del organismo, para lo que se propone concentrar los principales servicios en las ciudades y capitales de provincia.

Primero fue esa especie de campaña de desprestigio de la escuela rural, con el cierre de algunas aulas que, me temo, irá en aumento en próximos cursos. De manera indirecta, la presidenta regional sugería que ésta era la responsable del fracaso escolar en Castilla-La Mancha, cuando, al menos en el caso de la comarca de la que procedo, Molina de Aragón, ha dado en proporción más licenciados que los centros educativos urbanos. También se eliminaba la gratuidad del transporte escolar para enseñanzas no obligatorias, para complicar todavía más la vida de nuestros vecinos rurales, un empujón más a las dificultades añadidas de vivir en un pueblo para que muchos determinen tomar esa decisión que les ronda la cabeza: marcharse.

Los despidos de los trabajadores de Geacam, por otra parte, han supuesto una importante reducción del empleo en el medio rural.

También se han cerrado los Centros de Interpretación, recursos que dotan de calidad al turismo de estas zonas, un sector que representa una de las principales oportunidades de empleo y desarrollo para nuestros pueblos. La intención de la Junta, al parecer, es privatizarlos, pero llevan más de un año cerrados sin que la administración regional haya dado paso alguno para su reapertura.

La reducción de interinos también ha perjudicado a nuestros pueblos, pues la mayoría de las plazas de la administración se cubrían de esta manera, con personal interino, en lugar de funcionarios.

Por último nos encontramos con esa amenaza de cierre de 21 Puntos de Atención Continuada (PAC) o centros de urgencia de la región. Esta semana conocíamos que la Junta recurrirá la decisión del Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha (TSJ) de desestimar el recurso de reposición de la Consejería de Sanidad y Asuntos Sociales contra el auto del mismo, que establecía como medida cautelar el mantenimiento del horario habitual de algunos centros de urgencias de la región, como es el caso de los de El Pobo de Dueñas y Budia, en la provincia de Guadalajara, mientras se resuelve la causa.

El consejero del ramo, José Ignacio Echániz, ya ha manifestado que el Gobierno regional no va a dar su brazo a torcer, porque esta medida entra dentro de “un plan de modernización de los PAC para atender mejor a los pacientes”. La solución para el Ejecutivo de Cospedal, en este sentido, pasa por sustituir estos puntos por unidades móviles.

El medio rural está obsoleto y necesita ser modernizado y, por supuesto, no se merece tener un centro donde exista un médico que atienda las urgencias las 24 horas del día. Para eso están las ciudades, donde todos deberíamos vivir, desde donde la prestación de servicios no les generaría tantos quebraderos de cabeza.

Ésta ya no es la España de los años 60 y creo que ya hace tiempo que desterramos esa visión trasnochada y despectiva del “paleto” de pueblo al más puro estilo de las películas de Paco Martínez Soria, donde el señorito de la ciudad miraba por encima del hombro a esas gentes que se ganaban la vida honradamente en el campo.

Es más, lo rural se puso de moda años atrás, e incluso surgieron nuevos nichos de negocio en la recuperación de nuestras tradiciones, en la arquitectura popular de nuestras casas rurales, en las fiestas ancestrales que habíamos arrojado al olvido y que han vuelto a renacer y en nuestro modo de vida apacible y saludable.

Castilla-La Mancha es una comunidad eminentemente rural y lo que verdaderamente necesita esta región es un diagnóstico serio, formulado por especialistas que conozcan esta comunidad heterogénea, que tengan la cabeza y el corazón en esta región, en lugar de en Madrid, que se paren a conocerla para aprender a amarla. Solo de esa manera podrán valorar con certeza sus síntomas y prescribir el tratamiento más adecuado.

La vieja Castilla-La Nueva

Grabado de Gustave Doré sobre Don Quijote de La Mancha.

Grabado de Gustave Doré sobre Don Quijote de La Mancha.

Por Rubén Madrid

Nueva y sin manchas. Como las camisas de los domingos, así quieren muchos guadalajareños su región. Tan artificial como siempre (la única realidad es Castilla, tan grande que ofende) y con capital en Madrid en vez de en Toledo, si hace falta. La Mancha, reivindicada como universal en Nueva York y en Tokyo, estorba como identidad para La Alcarria, que ve en Cervantes a un paisano impostado y en los molinos a un paisaje impuesto de un modo más bien forzado.

El debate está muy trillado, pero toca un punto sensible cada vez que alguien lo resucita. Esta vez lo ha conseguido Tomás Ramón Fernández, un catedrático de Derecho Administrativo que acaba de dar a conocer su estudio La España de las Autonomías: un Estado débil devorado por diecisiete estaditos’, cuyo título no hace ningún favor al presumible rigor académico que requeriría la defensa de su propuesta. Aunque si más bien buscaba eco mediático, la operación ha sido un éxito.

Dice este profesor que hay que reducir el número de autonomías -por razones más econónimas que identitarias- e incluye, para ello, a Guadalajara en una región con sus mismas cinco compañeras de ahora, pero añadiendo Madrid. El nombre volvería a ser el del anterior régimen, Castilla-La Nueva, pero incluiría Albacete, que por entonces andaba adosada a la actual Región de Murcia.

A algunos lo de Castilla-La Nueva nos resulta ciertamente rancio, admito que por prejuicios: resucita antiguos fantasmas de una educación nacionalcatólica a reglazo limpio y nos relega a mapas de una España una, grande y libre con un pollo en la bandera. Pero hay que reconocer que la propuesta tiene tirón en estas latitudes. De hecho, ha obtenido eco en los medios de comunicación, respaldo en una encuesta entre internáutas en uno de ellos y bastantes manifestaciones a favor en las redes sociales. También el alcalde Antonio Román entraba a valorar estas opciones, sin rechazarlas, días antes de conocer el informe del profesor Fernández. La propuesta de la vieja Castilla-La Nueva ha encandilado estos días por igual a los amantes de la ‘Gran Castilla’, porque la propuesta incluye por fin a Madrid (vieja aspiración castellanista) y también a los alcarreños puros, aquellos que sobre todo reniegan de Toledo y del Toboso.

El debate viene de lejos, los tiempos de la Transición, en que finalmente Guadalajara quedó separada de Madrid, con quien ha seguido guardando una intensa relación de amor y odio, pero relación al fin y al cabo, cosa que no ha acabado de ocurrir con Toledo.

Desde entonces,han sido muchas las manifestaciones de oposición a lo manchego. Uno de los primeros grupos en Facebook ligado al nombre de la provincia de Guadalajara reivindicaba ya hace ya más de tres años una ‘Guadalajara sin manchas’, lema que recuerdo pintado a menudo en las paredes durante mi infancia. Por cierto que el rechazo es mutuo, por lo que se puede ver también en las redes sociales por quienes reclaman ‘Mancha sin Guadalajara‘.

El fútbol es siempre un interesante termómetro de las pasiones. En el Pedro Escartín se popularizó durante los años de Tercera la chanza contra los rivales del grupo XVII y así, cada vez que el cancerbero del Villarrobledo, Almansa o Puertollano sacaba de puerta, la afición gritaba “¡manchego, cabrón!”; y, en idéntico sentido, el peor insulto de la grada contra el árbitro no era otro que “¡manchego!”, escupido, dicho sea de paso, con todo el desprecio posible.

Cierto es que hay que llamar a cada cosa por su nombre (un guadalajareño no es manchego, como tampoco un pucelano es leonés, ni un molinés es alcarreño, como un cartagenero no es murciano), aunque la ofensa no me parece grave cuando casi siempre se hace más por ignorancia que por mala baba.

Mapa y bandera de Castilla-La Mancha.

Mapa y bandera de Castilla-La Mancha.

La artificialidad del modelo parido en 1978 para algunas de las comunidades como las dos castillas ha obligado a convivir con una formalidad administrativa extraña. La realidad del guadalajareño es más próxima a Alcalá de Henares o Madrid. Ningún aficionado al fútbol acude al estadio del Albacete, pero sí hay madridistas, atléticos y rayistas. Los guadalajareños estudian en las universidades de Madrid y el campus alcarreño pertenece a la Universidad de Alcalá. Compartimos frontera, agua, tren y asfalto con los madrileños. En nuestro portal viven alcalaínos y torrejoneros recién llegados a nuestras ciudades, miramos hacia Madrid mucho más que hacia ninguna otra provincia limítrofe y vivimos la vecindad con la normalidad que demuestra el refranero con aquello de “como el que tiene un tío en Alcalá”, porque muchos tíos (y sobre todo abuelos) se marcharon de nuestros pueblos a la capital del reino y a otros municipios del Corredor del Henares para buscarse la vida hace ya medio siglo.

El debate, qué duda cabe, tiene lugar. Sin embargo, ¿es el momento idóneo para abrir este melón? Cierto que andan a vueltas de temas similares desde Cataluña hasta el Condado de Treviño, pero ¿no hay asuntos más apremiantes?

Habrá tiempo de hablar de reformas territoriales y anexiones a Madrid, que también deberían contar con un factor que en Guadalajara parecemos obviar: ¿querrán los madrileños anexionarse a una comunidad con menos capacidad de ingresos que, sin embargo, exige un gasto ingente, por ejemplo en dar los servicios necesarios a unos núcleos de población muy dispersos?

Haríamos bien en preservar sobre todo los cimientos tambaleantes de nuestra autonomía y que sobreviva a esta crisis una comunidad capaz de dar respuesta a los problemas de los ciudadanos, con empresas competitivas, orgullosa tanto o más de su educación, su sanidad y su solidaridad con los más débiles como de sus fogones, sus paisajes, sus bailes y sus fronteras. Una comunidad humana, sea región, nación o federación de estados, debe lograr la identificación de sus habitantes porque es uno de los mejores pegamentos sociales, pero sólo será el punto de partida para alcanzar las metas que nos engrandecen: cooperar por el bien común y avanzar en el bienestar de todos.

Empecemos, por tanto, por no perder el pulso como sociedad civil ante las amenazas de quienes exigen un estado o una autonomía a medida de sus intereses particulares. Sigamos, después y si les parece, tirando de escuadra y cartabón. El desempleo, el aumento descontrolado de la exclusión social o la regeneración democrática son hoy asuntos mucho más importantes que los mapas. Lo importante no siempre es lo urgente. Ojalá más pronto que tarde podamos ocupar esfuerzos en debatir sobre las reformas constitucionales pendientes e impulsar las consultas populares oportunas, entre ellas la reválida de la Corona en la jefatura del Estado o el reajuste (en grado y extensión) de las comunidades autónomas. Eso sí, llegado el día, convendría olvidar aquello de Castilla-La Nueva y adoptar para nuestra región, por fin, un nombre sin manchas.

¿Obreros o esclavos?

Por Abraham Sanz

Los sindicatos se volvieron a manifestar debido al precario estado del mercado laboral una vez más. // Guadalajaradiario.es

Los sindicatos se volvieron a manifestar debido al precario estado del mercado laboral una vez más. // Guadalajaradiario.es

La pérdida de derechos laborales que se está experimentando en este país tras las dos reformas laborales y el estado de necesidad que genera no percibir ingresos, a veces raya el esperpento. Para muestra la última oferta de trabajo que, afortunadamente ya ha sido denunciada ante la Fiscalía, en la que se ofrecía un empleo a cambio de vivienda y manutención. ¿Ya de cobrar, ni hablamos? Lamentable.

Vale que con la importante recesión que estamos viviendo durante el último lustro hayamos visto –impávidos en muchas ocasiones- como muchos de nuestros derechos, ganados honradamente durante todo el periodo democrático, o bien languidecían o bien eran remplazados por otros menos favorables en aras a lograr un crecimiento económico que nunca llega. Vale que el conjunto de la sociedad y de los trabajadores, nos tapemos los ojos con algunas condiciones laborales que se ofrecen en algunos empleos, sólo por lograr que cada vez seamos más los que podamos llevar un salario que permita salir adelante a una familia. Vale, que no sólo nos pongamos la venda, sino que aceptemos estos empleos porque la necesidad es mayor que la dignidad; pero de ahí a que se fomenten situaciones que recuerdan a la esclavitud o rememoran la figura del siervo de una forma tan transparente como rezaba esta oferta de trabajo, hay un trecho muy largo.

Este tipo de anuncios en los que ya no sólo se degrada a los trabajadores, sino a toda la sociedad puesto que la mente retrógrada de quien publicó este anuncio; sólo hace ver que cada vez hay más gente dispuesta a sacarle partido a la crisis en vez de buscar nuevas salidas que nos permitan iniciar el camino que nos permita salir de este oscuro túnel en el que se ha sumido tanto la economía española como la de la propia provincia donde ya se superan los 26.000 parados.

La aparición de estas situaciones debe no sólo removernos las conciencias; sino también motivar unas protestas más rabiosas y airadas hacia un Gobierno cuyas medidas no hacen más que socavar el estado del Bienestar que conocemos; y permitir que empresarios de moral débil sigan aprovechando la crisis para contar con plantillas amedrentadas y obedientes que sólo buscan mantener su puesto de trabajo; para realizar despidos y limpias bajo el paraguas de la recesión y, para achacar a la crisis sus pésimos resultados en vez de a su pésima gestión.

Que surjan estas lamentables ofertas de trabajo, han de motivar que no sólo fueran 600 los manifestantes en la enésima manifestación convocada por los sindicatos, sino que el centro de la ciudad presentase el aspecto de movilizaciones anteriores donde apenas si se podía caminar. El descontento social ha de ser canalizado por esta vía y, de una vez por todas, los dirigentes han de escuchar; los empresarios han de escuchar y; ambos han de actuar a favor de una sociedad como la española que reclama su atención, hasta ahora demasiado obcecada en reducciones de déficit, cumplimientos de objetivos europeos y demás cuestiones económicas, apartando de su mente que los números no sufren; pero las consecuencias de sus cuentas las sufren millones de españoles que carecen de un empleo.

Bien ha hecho Comisiones Obreras en poner en conocimiento de la Fiscalía este anuncio, para que esta calaña empresarial comience a tomar conciencia de que no todo vale en el terreno laboral. Que ese tipo de estafas no se pueden consentir pues toda actividad laboral ha de contar con una remuneración al menos del salario mínimo. Un salario que, por otra parte, los propios dirigentes políticos deberían revisar de una vez porque está matemáticamente comprobado que con apenas 600 euros, vivir es casi inviable. Ya lo propuso una vez Izquierda Unida, pero como a los partidos minoritarios o no se les escucha o se les escucha poco, que el salario mínimo se debía elevar hasta los 1.000 euros; pero claro, los grandes partidos estaban más pendientes de ver como lograban sacar mayor tajada a su estancia pública que, de tratar de solucionar los problemas de los ciudadanos y, obviamente, no llegó a tenerse en consideración.

Ya lo dice la Constitución en su artículo 35, “todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo”. Por lo que, más vale que el empresariado deje de querer seguir sacando tajada de la crisis y, de una vez por todas, todo el conjunto de la sociedad española arrime el hombro para frenar el desempleo y que, definitivamente, la crisis deje de presidir nuestras vidas.