China y Sigüenza, cuestión de lenguas

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El consejero de Educación, Marcial Marín, durante la firma del convenio con el rector de la Universidad de Alcalá, Fernando Galván. // Foto: H. Fraile (JCCM)

Por Abraham Sanz

Que la Universidad y la formación siempre están ligados a progreso y evolución social, es un hecho evidente que desde la Consejería de Educación se han negado a ver desde que Marcial Marín asumiera su cartera en el Gobierno regional. No sólo ha dado al traste con el macroproyecto que suponía que Guadalajara se convirtiera, de una vez, en una auténtica ciudad universitaria para así tener que evitar la penosa imagen de tener que dar clase en barracones; sino que la Junta arrastra una deuda millonaria con la Universidad de Alcalá cuyo pago no tiene fecha ni se le espera.

Una horrenda gestión de los estudios universitarios que nos hace, que hasta de las migajas que se consiguen para la provincia, hasta nos alegremos. Hablo del nuevo convenio suscrito entre Junta, la Universidad alcalaína y el Obispado, por el que Sigüenza será sede del programa de español para extranjeros que el ente académico oferta. Se programarán paquetes basados en la enseñanza idiomática, pero que también tienen una visión más amplia, pues buscan que además permitan a estos estudiantes extranjeros conocer la cultura de la zona y así, incentivar su turismo. Un turismo que, por otra parte, en la localidad seguntina está más que de sobra asegurado, pues sigue siendo la segunda localidad de la región –tras Toledo- que más visitantes recibe al cabo del año.

Este acuerdo, que busca además recuperar el espíritu universitario que del siglo XV al XIX imperó en la ciudad de El Doncel, se sustenta en una atractiva idea como el aprendizaje idiomático de una lengua como el castellano que es la segunda más hablada de todo el mundo –tras el inglés- y tan desconocida en Oriente, principales lugares de los que se busca atraer a los futuros alumnos.

El hecho de que los cursos culminen con un título homologable y que el convenio suscrito tenga una vigencia de al menos un lustro, suponen la base sólida que tan magno proyecto necesita, dado que además, supondrá la creación de empleo tanto por el profesorado que se precisará para dar cobertura a este proyecto así como a los servicios secundarios que esta actividad generará. Si el agua es como la bendicen y si los contactos son fructíferos con las universidades de Shangai, Filipinas o con varias universidades holandesas, supondrá que la actividad diaria en Sigüenza se vea salpicada por una mayor multiculturalidad basada en este programa educativo.

Lo peor de este anuncio, para variar, la ausencia de fechas de inicio así como la falta de certezas en si estos acuerdos funcionarán. Además, el programa Alcalingua de la Universidad cervantina, ya cuenta con toda una importante estructura en el municipio madrileño que nos hace pensar, que la idea de Sigüenza pase por ser una rama más dentro de este plan lectivo y no como su eje como se ha querido vender durante la firma de este nuevo convenio; puesto que mover toda la infraestructura administrativa y docente a más de 100 kilómetros de la sede central de la Universidad, no parecería muy comprensible.

No obstante, hemos de abogar por que esta nueva rama de Alcalingua, fructifique puesto que es una oportunidad para que Guadalajara sea distinguida en el mapa por su oferta académica –más aún cuando en dos años celebraremos la onomástica de los 400 años de la publicación de la segunda parte de El Quijote-; así como para reactivar la economía de una comarca como la seguntina tan deprimida como lo está casi todas las economías en el mundo rural.

Sinceramente siempre que se alían Gobierno y Universidad es para generar grandes proyectos de los que hemos de beneficiarnos, pero últimamente estamos acostumbrados a grandes decepciones ya sea el campus universitario y la posible pérdida de titulaciones o ya sea el abandono del proyecto de Instituto de Gastronomía que, además, iba a radicarse también en el municipio seguntino. Iniciativa que fue presentada a bombo y platillo por el Gobierno regional del anterior Ejecutivo, puesto que supondría la restauración también del edificio del Seminario Mayor y así devolverle a la actividad con fines educativos; pero que finalmente quedó en agua de borrajas.

Un seminario que será la tercera pata de este acuerdo pues desde la Diócesis se han ofrecido sus instalaciones como las del centro de estudios de la SAFA para albergar a los estudiantes que se adhieran a este programa de estudios idiomáticos que busca ser la llave que reactive la economía de este entorno rural. E incluso, podrían llegar nuevos acuerdos y nuevos destinos en la provincia, puesto que Pastrana también se baraja dentro de este proyecto ya que, como recordemos, su Palacio Ducal se encuentra vinculado como sede para apoyar las tareas formativas de la Universidad de Alcalá.

Sin duda, de cuajar este proyecto, sería una más que notable oportunidad tanto para Sigüenza como para toda la provincia, puesto que nos otorgaría un elemento distintivo  por algo tan noble como la enseñanza de nuestra lengua: el castellano. Y que mejor lugar para aprenderlo que en pleno corazón de Castilla.

La imagen del silencio

El presidente del Deportivo, Germán Retuerta, a la salida de los juzgados el pasado martes junto a su hija Verónica. // Foto: www.guadaque.com

El presidente del Deportivo, Germán Retuerta, a la salida de los juzgados el pasado martes junto a su hija Verónica. // Foto: http://www.guadaque.com

Por Roberto del Barrio

Quiero iniciar esta página de El Hexágono, béndito rincón de expresión libre y pausada, aludiendo a la crisis. Pero no teman, no a la manida crisis económica fruto de muchos de nuestros problemas, tantos como 6.202.700, sino a su significado más profundo en lo etimológico y semántico. En lo general, una situación de crisis viene a traducirse como “un periodo de dificultades o cambios bruscos”. Es una definición certera y aplicable a múltiples aristas, también a la de la comunicación, una de las que más me apasiona. Uniendo ambos aspectos, llegamos a entender lo que puede suponer una crisis comunicativa, algo que yo resumiría como la confrontación de imágenes, mensajes y silencios ante esa “situación de dificultades y cambios bruscos”. Al fin y al cabo, una especie de batalla de conceptos, que en caso de ser pública descansa en buena parte en los medios de comunicación.

Todo esto aterriza aquí -se lo podrán imaginar- por la situación actual del Club Deportivo Guadalajara y el salpicón de lances ante los que ha tenido que elegir estrategia comunicativa: imágenes, mensajes y silencios. El último tuvo como escenario la salida de los juzgados el pasado martes, después de la declaración del presidente Retuerta y los representantes de la LFP por el asunto de la querella. De nuevo, la elección fue la del SILENCIO, con un tímido amago del abogado Javier Berrocal  -previa filtración de que posiblemente comparecería por el departamento de comunicación del club-, quizá como intento de distraer a la prensa, que hizo más de cinco horas de guardia.

El resultado, una IMAGEN desagradable de todos los cámaras, fotógrafos y periodistas corriendo detrás del presidente -acompañado por su hija y directora general-, casi en el papel de escapista en el tramo que separaba los juzgados del vehículo que lo recogía. Una IMAGEN desagradable y negativa, en mi opinión, perjudicial y hasta dolorosa que podría haberse evitado con cierta facilidad.

Durante los segundos (quizá un minuto) que duró el pasaje, Germán Retuerta llegó a pronunciar algunas palabras, creo que exactamente las mismas que podría haber pronunciado parándose ante los medios de comunicación para dar una IMAGEN de tranquilidad y sosiego que no le hubiera perjudicado lo más mínimo. Incluso hubiera sido igual de positiva si las declaraciones hubieran llegado en boca del abogado, que se limitó a decir que no hablarían por “respeto al proceso”.

Haciendo balance y recuento de las escasas palabras de ambos y componiendo un puzzle imaginario, ¿qué de malo hubiera habido en una declaración escueta delante de las camarás? Quizá un: “Hemos contestado a todo lo que nos ha preguntado la jueza, estamos tranquilos y optimistas, y vamos a respetar el proceso”. Innegablemente, esa IMAGEN hubiera sido la proyectada por los medios a la masa social deportivista y a toda la ciudad, mucho más aseada que la de la gymkana al más puro estilo paparazzi que nos dejó la jornada. La IMAGEN de los SILENCIOS suele ser negativa, y en esta ocasión también.

En ese sentido, desde el incio de este desagradable proceso no he compartido la gestión de las apariciones y desapariciones públicas de Germán Retuerta. Cuando estalló el asunto aquel 17 de febrero con la información de la Cadena Cope, el presidente se expuso a las radios nacionales (ese domingo y el lunes siguiente) en una procesión precipitada que le costó duros minutos de directo. Quizá en esas primeras horas hubiera sido más inteligente el SILENCIO o el MENSAJE en forma de comunicado plano que se utilizó después. Seguramente hubiera tenido más sentido como escudo ante el golpe inicial que como explicación posterior al tour radiofónico.

La prensa local. Lo que ha sucedido después, ya lo conocen. SILENCIO absoluto en los medios, incluso en el caso de la interesada denuncia de Las Palmas, y algún comunicado a toro pasado que tampoco puede interpretarse como una acción positiva (ni negativa). Y, por supuesto, ni una sola comparecencia organizada ante los medios de comunicación de Guadalajara, ninguneados en estos dos meses. Lo que equivale a evitar la relación con la sociedad alcarreña, con la masa social del Depor, con los socios y simpatizantes.

Pero, por supuesto, la estrategia comunicativa es de libre elección y tanto el C.D. Guadalajara como el presidente están en su absoluto derecho de optar por un camino o el contrario. Tanto como los medios de opinar sobre ello y de, lamentablemente, tener que resumir los acontecimientos del pasado martes con una desagradable y absurda “persecución” en busca de IMÁGENES, MENSAJES y SILENCIOS.

Ilusiones de abril

Por Concha Balenzategui

Infografía de la Ciudad del Transporte. // Fotos: www.puertacentro.com

Infografía de la Ciudad del Transporte. // Fotos: http://www.puertacentro.com

El Ayuntamiento de la capital ha aprobado el Programa de Actuación Urbanizadora del SP-100. Por unanimidad de la Corporación, se da luz verde a la urbanización de la Ciudad del Transporte. Después de una década de trámites burocráticos, de trabas y parones, resurge un proyecto de envergadura que puede ser crucial para el desarrollo de nuestra provincia. Son 2 millones de metros cuadrados los que se removerán para albergar toda una ciudad de naves logísticas, basada en la intermodalidad o combinación del transporte de mercancías por carretera y ferrocarril con conexión con los puertos marítimos, empezando por el de Tarragona, que es con el que se han firmado los primeros acuerdos.

Se habla de la creación de 1.000 puestos de trabajo, que buena falta hacen en este momento económico, y de que es el proyecto de desarrollo industrial más importante planteado en el país en esta época de recesión. Lo dicen sus impulsores, un conjunto de empresas liderado por la inmobiliaria Hercesa, lo presumen nuestros gobernantes y hasta lo bendice la oposición. Si todos los grupos políticos del Ayuntamiento están de acuerdo en la trascendencia de este proyecto, que comenzó su andadura a principios del milenio, dan ganas de creer en él.

Es posible que el trecho que le queda por andar a la Ciudad del Transporte no sea una camino de rosas. Pero en estos tiempos de desaliento económico, me apunto a mirar hacia cualquier pequeña luz que se encienda al final del túnel.

Del mismo modo, no creo que las últimas cifras de empleo en Guadalajara estén marcando un cambio de tendencia, porque no veo en el ambiente general síntomas para la alegría. Dejémoslo claro de antemano, los datos son más que sangrantes. Pero sí me gusta destacar que en un contexto nacional muy desfavorable, hay dos resultados consecutivos en los que nuestra provincia no ha seguido la desalentadora tónica general.

El mazazo de la última EPA no lo ha sido tanto en Guadalajara, donde se ha reducido ligeramente el número de desempleados en el último trimestre. Pasar de 35.000 a 34.900 parados no provoca ningún regocijo, máxime cuando la tasa de desempleo ha aumentado al 26’05 por ciento, al reducirse la población activa. Pero viendo lo que se cuece en el resto de España, una piensa que podía habernos ido mucho peor.

El otro dato lo tuvimos a principio de mes, cuando los guarismos oficiales arrojaron un descenso de 305 desempleados. De nuevo, no es ningún consuelo en una marea de casi 26.000 parados en la provincia. Pero si el 64 por ciento de los trabajadores que encontraron empleo en marzo en Castilla-La Mancha residían en nuestra provincia, es que Guadalajara ha sacado una nota destacada en una clase de aprobados raspados.

Agustín de Grandes, presidente de Ceoe-Cepyme Guadalajara.

Agustín de Grandes, presidente de Ceoe-Cepyme Guadalajara. // Foto: encastillalamancha.es

El responsable de la patronal provincial, Agustín de Grandes, predijo al inicio de la crisis, cuando Guadalajara había superado la barrera de los 5.000 parados, que en Guadalajara llegaríamos a los 10.000 parados y todos nos echábamos las manos a la cabeza. Él mantenía lo dicho, e incluso con la grabadora apagada llegaba a augurar los 15.000. Ahora que el desempleo roza las 26.000 personas según el registro del Sepecam, o las 35.000 según la EPA, recuerdo otra reflexión del veterano jefe de la Ceoe. Dijo que Guadalajara había sido una de las primeras provincias españolas en padecer la crisis y una de las que habían sido golpeadas con más dureza. Pero añadió, aludiendo a su experiencia en anteriores momentos de recesión, que nuestra provincia podría ser también de las primeras que iniciara el camino contrario.

Insisto una vez más. No creo que ese cambio de tendencia haya llegado, y el panorama internacional, concretamente el europeo, se encarga en corroborarlo cada día en papel salmón. Pero con la ligereza que da el no entender una palabra de economía, a veces ante una votación unánime de los concejales o un dato entresacado de la estadística, le dan a una ganas de apuntarse al carro de los optimistas.

El fondo y las formas de la Diputación

Por Yago López

Bicentenario de la Diputación

Celebración del Bicentenario de la Diputación de Guadalajara. // Foto: eldigitalcastillalamancha.es

Suele suceder, en especial en el terreno político, que en ciertos debates se confunden las formas con el fondo. Esto ocurre de una manera mucho más evidente a raíz de la crisis ya que la escasez de provisiones y los brutales recortes del Gobierno han puesto en cuestión algunos gastos públicos, apuntando la posible eliminación de instituciones -sobre todo la del Senado y las Diputaciones- e incluso provocando que la ciudadanía se plantee la supresión de figuras dirigentes, otrora intocables, como los propios diputados del Congreso.

 No conviene poner en tela de juicio el mantenimiento de los representantes electos del pueblo, pero eso no quiere decir que acatemos sus estructuras (orgánicas e institucionales), sus criterios de promoción, su falta de autonomía, su ausencia de ética y empatía, su precaria preparación, entre otros muchos aspectos demasiado recurrentes en el Parlamento. En definitiva: apoyar su existencia no legitima la forma en la  actualmente desarrollan su función sus señorías.

Esto mismo puede verse en el caso de las Diputaciones, donde considerar muy positiva, incluso imprescindible su supervivencia no significa aprobar ni su organización ni su gestión. Ayer mismo la de Guadalajara celebró su bicentenario y todos y cada uno de los representantes de las distintas administraciones que intervinieron en el acto de conmemoración, cierto es que todas gobernadas por el Partido Popular, insistieron en defender sin fisuras “la insustituible labor de los Gobiernos provinciales para garantizar los derechos de todos los ciudadanos”.

Hasta aquí todos de acuerdo, pero resulta paradójico que los dirigentes populares añadieran al discurso su apuesta por el municipalismo y la autonomía de los pequeños pueblos cuando a nivel estatal tienen entre manos una modificación de la Ley de Bases de Régimen Local que tendrá precisamente el efecto contrario. Pero dejando de lado esta absoluta contradicción, estoy completamente de acuerdo en la necesidad de que exista la Diputación provincial como institución garante de los derechos de los vecinos gestionando la igualad de los servicios mínimos de competencia municipal en todo el territorio de la provincia en aquellas localidades que por sus dimensiones no pueden hacer frente a sus obligaciones asistenciales, y coordinando su labor con el resto de administraciones. Otra cosa es lo que está llevando a cabo en la actualidad.

Retomando el fondo y la forma, en el primer caso defiendo a capa y espada la existencia de la administración provincial de Guadalajara y, en cuanto al segundo punto, critico de principio a fin su organización y labor, al menos en la última década, tiempo en el que he seguido de cerca su actividad. Y el principal argumento de mi consideración es prácticamente irrebatible: ni cumple su función ni tiene intención de hacerlo. Como hemos recordado anteriormente su deber es garantizar los servicios mínimos de competencia municipal en los pequeños pueblos de la provincial. Pues es evidente que no lo ha logrado. Ni en gestión de residuos, ni en protección de incendios, ni en infraestructuras viarias, ni en nuevas tecnologías, ni en promoción del comercio, ni en servicios sociales y así sucesivamente en decenas de materias básicas, han sido capaces de garantizar unos servicios mínimos de calidad en todos los pueblos de la provincia. Además de gobernar a espaldas de sus vecinos y sin un mero atisbo de participación ciudadana en el reparto de recursos, algo por otra parte incomprensiblemente habitual.

Cierto es que es sencillo aducir la falta de financiación unida a la peculiar conformación territorial de la provincia, nada menos que más de 200 núcleos de población, pero resulta más complicado explicar el porqué se derrochan miles de euros en otras partidas superfluas cuando existen tantas necesidades básicas por cubrir.

No menos importantes son las tan manidas competencias impropias que derivan en la duplicidad de servicios que generan por definición ineficiencia en el gasto público. El problema es que las líneas que definen los campos de acción de las cuatro administraciones que conforman nuestro sistema político (local, provincial, regional y estatal) son demasiado difusas, tanto que en ocasiones se solapan y en otras no cubren las necesidades. Para solucionar esa problemática se debe actuar con diligencia y definir con precisión las competencias dotando a las distintas administraciones de la financiación adecuada para cumplir con sus funciones y estableciendo un sistema de coordinación lógico y solvente. Coger el camino de en medio y eliminar las instituciones más próximas al ciudadano, como se propone desde algunos sectores, sería un error de bulto, ya que la centralización del poder empobrece la democracia al barrer de un plumazo la relación directa entre el vecino y su representante.

Otra cuestión a analizar entre los males de la Diputación es la composición de su corporación y los gastos de personal en relación con el rendimiento que perciben los ciudadanos de los pueblos a los que representan. Pero esto lo dejaremos para un próximo artículo. Por el momento, y como pequeño homenaje a los dos siglos de existencia de la institución provincial de Guadalajara expongo mi más sentida defensa a su mantenimiento como institución y mi más sincera repulsa a su composición y a su forma de gestionar sus recursos.

La magia de las palabras

Imagen del acto celebrado en la Biblioteca con motivo de "El Día del Libro". // Foto: www.guadaque.com

Imagen del acto celebrado en la Biblioteca con motivo de “El Día del Libro”. // Foto: http://www.guadaque.com

Por Marta Perruca

Elegí el camino de las letras, porque consideré que las ciencias no eran humanas. Con el tiempo comprendí que estaba equivocada, puesto que la ciencia también posee un lenguaje inventado y, por lo tanto, igual de humano. Entendí entonces que el ser humano no es otra cosa que comunicación en estado puro, ya sea mediante palabras, estímulos, números o fórmulas matemáticas. Quizá por ello decidí que mi camino siguiera por los derroteros de la comunicación y el periodismo. Sea como fuere,  finalmente fueron las letras y en su conjugación, las palabras, las que acabaron gobernándolo todo.

Hay quien dice que no podríamos sentirnos enamorados si no conociéramos el significado de la palabra “amor”; que el idioma también es forjador del carácter y que los conceptos que encerramos en palabras determinan nuestra visión de la realidad. No en vano,  Julieta cuestionaba si acaso “la rosa no dejaría de ser rosa, y de esparcir su aroma, aunque se llamase de otro modo”, cuando pedía a Romeo que renegara de su nombre y Adso de Melk se lamentaba en los últimos estertores de “El nombre de la rosa” de no haber conocido nunca el nombre de la joven que fue su único amor terrenal. Ambos dejaban constancia así de la importancia que puede tener una simple palabra.

Las palabras nos llevan de la mano por raudales de sentimientos “como una lluvia infinita en un vaso de papel” –decía Lennon en “Across the universe”-; nos empujan hacia cientos de mundos de ficción; nos invitan a perdernos con Alicia en el País de las Maravillas o quizá en una isla desierta, en el mítico Egipto o por aquella Edad Media de supersticiones. Nos encierran en las profundidades de Minas Tirith y parece que podemos escuchar a Gandalf el Gris gritar aquello de: “¡Corred insensatos!”; nos sumen en tramas de espías en medio de la I Guerra Mundial –qué grande Follet y “El hombre de San Petesburgo”- o nos susurran los secretos de hermandades legendarias.

La literatura tomaba las calles esta semana con motivo del Día del Libro, esa fecha en la que celebramos la inmortalidad de las letras en el paradójico aniversario de la muerte de dos inmortales de literatura, Miguel de Cervantes y William Shakespeare. Estos días las emblemáticas librerías de la capital brindan en unas modestas mesas a pie de calle algunos de sus títulos destacados. Me encanta pasear con la vista por ese material, aunque siempre lamentando que estos lugares mágicos no rescaten para la ocasión esas curiosidades, ediciones antiguas o títulos excepcionales que seguro que esconden en algún estante perdido o en ese “cementerio de los libros olvidados”.

Las palabras tienen su propio palacio en Guadalajara,  pero no como aquel que encerró durante años a la Princesa de Éboli en Pastrana, uno de nuestros personajes más literarios, por cierto. La Biblioteca de Dávalos no es una cárcel, ni un cementerio de libros olvidados: es aquel lugar donde las palabras vuelan, donde vuelven a la vida, se comparten, se comunican y se sienten con mayor intensidad. Es aquel lugar donde habitan las personas que aman los libros y ya lo dice uno de ellos, en este caso, sagrado: “el amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso.  No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor.  El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.

La directora de la Biblioteca,Blanca Calvo, una de esas personas de esta ciudad que ama las letras, anunciaba su próxima jubilación pidiendo a los vecinos de esta ciudad que amen a la Biblioteca como ella la ha amado. Quizá porque el amor todo lo soporta, este lugar mágico que vela por las palabras, aguanta con dignidad y entereza los azotes de esta crisis; mantiene su programación cultural, sus talleres y clubes de lectura con empeño e imaginación, adquiriendo fondos con una moneda más importante aún que el euro: con solidaridad y cooperación,a pesar de lo que la directora de la Biblioteca denominó como”interinidades” el primer domingo de este espacio como firma invitada.

La plantilla de la Biblioteca se ha visto reducida considerablemente como consecuencia de esta práctica que ha exterminado a los interinos de nuestra provincia y nuestra región, pero estos puestos remunerados se han cubierto con voluntarios sin sueldo. Y ese es el espíritu que mantiene con vida a nuestra Biblioteca, el amor a las letras y una moneda que tiene más valor que cualquier dinero en metálico: La solidaridad y la cooperación. Sin embargo, es cierto que  de ilusión también se vive, pero todos sabemos que ésta no paga las facturas…

A menudo termino mis paseos por Guadalajara en este palacio de los libros. Me gusta perderme entre sus estantes e indagar con la vista entre los cientos de títulos que guardan, para escoger uno de ellos y leer una página al azar. Encuentro cierto placer en esta práctica.

En uno de esos paseos me sorprendió encontrarme con un cartel en el que se pedía colaboración a los usuarios para la adquisición de fondos. Pedían cualquier libro de esos que se han leído y recogen el polvo en alguna estantería de nuestra casa, pero sobre todo, reclamaban la solidaridad de los guadalajareños para adquirir los títulos que hubieran comprando si la crisis no les hubiera recortado el presupuesto para ello.

Cuando las palabras vuelan en libertad no es difícil que surjan todo tipo de iniciativas, como las que están previstas para este sábado, cuando se celebra una noche en blanco de cine, cuentos y música, porque las palabras no entienden de límites, tampoco de los que impone el dinero. Por eso la Biblioteca da abrigo también al Maratón de Cuentos, y entonces las palabras envuelven el Palacio del Infantado para construir algo más que historias. En este mes de junio las palabras hacen ciudad, crean lazos, se comparten, se ceden como testigos, dibujan sonrisas y lágrimas de emoción, en definitiva: hacen magia.

Las paradojas del “gratis total”

Taquilla de los Multicines de Guadalajara.

Taquilla de los Multicines de Guadalajara.

Por Rubén Madrid

Los periodistas nos enfrentamos a veces a una ironía tremenda: lectores que acceden de forma gratuita nuestro trabajo nos exigen un acabado y una honestidad a prueba de bombas. Y si no lo hacemos, nos acusan de que así nos va. Resulta curioso que sitúen el listón tan alto como siempre, es decir, como cuando gastaban el dinero en el quiosco. Es poco menos que echarle en cara a una productora que no haya contratado mejores actores o haya gastado más dinero en decorados o escenarios para la película que vimos anoche después de descargarla ilegalmente.

En Guadalajara nos hemos quedado sin diarios y casi, casi, casi… sin cines. Ha faltado, tal vez sigue faltando, el canto de un duro. Y, qué paradojas, están leyendo esto mismo desde su teléfono, su tablet o su ordenador portátil.

Primera paradoja. Muertos los videoclubs, anunciadas las desapariciones de las librerías, tocados y casi hundidos los quioscos de prensa, nos hemos visto a un paso de tener que apagar los proyectores de las salas de cine. Alta Films anunciaba la semana pasada el desmantelamiento de casi todos los cines que mantiene en el país. En Guadalajara esta firma es copropietaria de las únicas salas de cine comercial de que disponemos, en el Ferial Plaza, pero ha confirmado que se mantendrán abiertas… de momento. Lo anunciaban horas después de que la noticia generase cierta preocupación y tras conocerse el trágico destino de Alta Films, la compaía que paradójicamente tiene por máximo accionista al presidente de la Academia Española de Cine. La noche de los Goya, cuando dio su discurso, todo el mundo parecía más preocupado por si Maribel Verdú (toda una eminencia en la materia) criticaba públicamente los desahucios siendo multipropietaria y habiendo anunciado hipotecas.

Segunda paradoja. Dejó dicha Lorca una sentencia muy recordada en estos tiempos de crisis según la cual un país que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo. Lo mismo cabe decir del cine, pedigüeño sector donde los haya, pero es que es caro de hacer. Y también, ojo, de la poesía -denostada-, del ensayo histórico o de la danza, donde Víctor Ullate, al que vimos el sábado en el Buero, también ha anunciado que su compañía está entre la espada y la pared. La cultura y el dedo pulgar nos distinguen de las fieras y convierten en pueblo a una banda de individuos.

Que el cine vuelva a abrir sus puertas esta tarde en Guadalajara no significa que el problema esté resuelto. Es más, el problema es profundo. Lo han denunciado los escritores, los músicos, los fotógrafos, prácticamente todos los afectados menos los periodistas: la cultura del “todo gratis” es insostenible para cualquier industria cultural. Del mismo modo que nadie entra en un supermercado y arrasa con todo (por mucha hambre que haya y por mucho que Mercadona haya ofrecido donativos ilegales al partido en el poder), tampoco es de rigor que uno engulla su ración de cine o de música sin pasar por caja. En términos de evolución de la especie esto no es un estancamiento, sino una involución. Una paradoja de la modernidad. Como si los recién nacidos viniesen al mundo sin el dedo pulgar.

Tercera paradoja. Esta crisis de espectadores, que no sólo se debe a la crisis de todo lo demás (los restaurantes también cierran, pero no porque nadie coma gratis en ellos) ha sido uno de los argumentos que ha esgrimido Alta Films para sus cierres. Paradójicamente, cuando la mayor exhibidora de cine del país pone el grito en el cielo, el país registra la menor asistencia a las salas de toda la historia del cine (o de los registros).

Dibujo realizado por el propio quiosquero que abrirá en Santo Domingo.

Dibujo realizado por el propio quiosquero que abrirá en Santo Domingo.

Cuartas paradojas. Ha de regresar la coherencia. Es tan sencillo o, paradójicamente, tan complejo como que el espectador pague por el espectáculo; que los propietarios de las salas pongan por fin unos precios razonables a las entradas y no ocho, ni siete ni seis euros actuales, abusivos siempre (han subido un 36% en siete años), y que publiciten sus películas y sus promociones en los medios de comunicación, de quienes paradójicamente también ellos esperan que les hagan las labores publicitarias de forma gratuita, como si los periodistas también viviésemos del aire; y que se regule la circulación de productos culturales en internet, porque un señor desde Australia no puede ni debe enriquecerse con los productos culturales que son fruto del esfuerzo de nuestros profesionales y los gastos en formación o subvenciones de nuestros ministerios.

La paradoja de mi abuela. Pero hay más contrasentidos: mi abuela, que se gasta todos los días el dinero en comprar un diario de Guadalajara; que los miércoles iba al cine en versión original del Cineclub en el Teatro Moderno; que no sabe lo que es el Spotify y se compra todos los meses un CD de música clásica; y que los domingos invita a sus nietos a ver una película en el Ferial Plaza… es decir, que es honesta como consumidora, está a punto de quedarse sin películas, periódicos ni música porque el consumo cultural parece recluido únicamente a internet, donde sólo los idiotas o gentes con principios (por tanto, doblemente idiotas) parecen dispuestos a pagar.

Sexta paradoja. Y mientras tanto, los santuarios de la difusión gratuita de la cultura, las bibliotecas, sufren los recortes de las administraciones públicas y se enfrentan al pago por el préstamo.

La última paradoja. Tal vez estamos ciegos de tanto beber, quizá sea una ilusión y la botella no esté medio vacía. Estos días he visto circular por una red social (qué paradojas) que reabrirá el quiosco de prensa en Santo Domingo y que allí podremos reencontrarnos con un excompañero que hasta hace poco se dedicaba a maquetar en un periódico local. Disculpen la insistencia, pero también esto resulta paradójico. Un brote verde en pleno centro, a la vista de todos. Además y al fin y al cabo, los cines alcarreños se salvan del desmantelamiento generalizado en todo el país y el Moderno tendrá algún día (queremos pensar que más pronto que tarde) una “superapertura” y encima con total garantía para la seguridad de los espectadores. Y, como prueba, al buzón llega un periódico de papel, como los de siempre, donde paradójicamente España va bien. Y nos llega gratis.

…Y si en Ferias tocara Coldplay

Melendi será uno de los platos fuertes de las Ferias 2013 en la capital. // http://ecanalla.blogspot.com.es

Melendi será uno de los platos fuertes de las Ferias 2013 en la capital. // ecanalla.blogspot.com.es

Por Abraham Sanz

Si hay una materia que no se le puede discutir al actual Ayuntamiento y, en particular, a su Concejalía de Festejos, es su apuesta porque Guadalajara sea sede de conciertos de los grupos comerciales más punteros. La capital alcarreña, de unos años a esta parte, cuenta con carteles que más de una ciudad limítrofe querría para sus festejos, pero además, lo ha hecho abriendo la puerta a las jóvenes propuestas de las bandas de la provincia, no sólo con el afianzado festival DOG, sino dándoles nombre propio en los eventos musicales más representativos de la capital como son la Semana de la Música –que se celebra estos días- o las actuaciones de las Ferias y Fiestas de septiembre.

Una política que se inició cuando la recesión aún no se vislumbraba y que han podido mantener, no sin esfuerzo puesto que la presencia de grupos de éxito si le han costado, ha sido a las arcas municipales un poquito más, puesto que la ciudadanía hemos podido disfrutar de actuaciones como las de Vetusta Morla, Maldita Nerea, Despistaos, Amaral, Fito & Fitipaldis o Melendi, con entradas por valor entre cinco y diez euros. Un auténtico chollazo en comparación con la vecina Madrid donde cualquier concierto de artistas de este calibre, en plena gira, no baja de los 20 o los 30 euros; aunque haya sido a costa de renunciar a otros pequeños festivales que en Guadalajara daban un poco de luz al otoño como el añorado Panorámico Musical.

La apuesta, sin duda, le ha salido redonda a la Concejalía durante estos años; pero cotejando su capacidad tanto de atraer a artistas como a público así como evaluando las enormes posibilidades con las que cuenta esta ciudad con el redescubierto escenario de la Fuente de la Niña, la ciudad se merece que se doble la apuesta que nos permita seguir creciendo en el ámbito cultural y, no estancarnos en la idea de que sólo las bandas y cantantes nacionales que aparecen en las principales radio fórmulas, son los que han de pasar por la capital.

Vaya por delante que no tengo nada contra Melendi, es más, en el último concierto que ofreció en la capital en el año 2009 fui uno de los cerca de 10.000 espectadores que disfrutamos de su música; pero con su presencia anunciada para las próximas Ferias, será la cuarta vez que actúe en directo en Guadalajara. El panorama musical no da para más debido a la crisis y son pocos los que se embarcan en una gira. Y este año, el tour del artista asturiano será uno de los más relevantes gracias a la recobrada popularidad adquirida por el programa televisivo ‘La Voz’; sin embargo, el cartel como siga por los derroteros que todos prevemos, parece cortado por el mismo patrón que años atrás, aportando poca novedad y evolución dentro de unos parámetros de calidad, eso sí, notables.

La proximidad a Madrid es un factor clave que impide ese salto de calidad anhelado, que podría colocar a Guadalajara en el punto de mira de grandes giras de artistas internacionales. Años atrás con Carlos Baute se hizo un primer intento, pero la lluvia chafó la experiencia; ahora con la Semana de la Música, parece que se está empezando a abrir la ciudad a nuevas experiencias como Ocean Colour Scene, un banda británica que alcanzó sus grandes éxitos a finales de los 90 y que el jueves recalará en el Buero Vallejo.

Escuchar a estos británicos, ya les anticipo, será una auténtica delicia y mi pregunta, si se ha podido una vez aunque sea con una banda cuyo nombre haya pasado a un segundo plano en la escena musical, porque no intentar con otras bandas de corte internacional la misma jugada de cara a las próximas ferias. No sólo por el tirón que tendrá en la ciudad, sino que además alimentará en mayor medida la afluencia de poblaciones vecinas para seguir nutriendo de gente unos festejos que, porque no decirlo, durante los últimos años, su valor ha quedado un tanto devaluado con la escisión en dos partes diferenciadas del ocio nocturno para esas fechas.

¿Por qué no intentar que Guadalajara pueda albergar un evento único, aún a costa de perder algún día de concierto? Se hizo algo similar en los toros: menor número de festejos, pero mayor presencia de las grandes figuras. Aquí se podría abogar por esta idea, siempre y cuando suponga, dar ese salto que permita creernos que en Guadalajara podemos acoger eventos de alta calidad más allá de organizar con éxito eventos deportivos donde hemos podido ver a los mejores –internacionalmente hablando- del baloncesto, del ciclismo o del balonmano, a unos metros de nuestras casas. ¿Por qué no también a los del mundo de la música?

Soy consciente de lo complejo que es elevar hoy en día la apuesta, más aun cuando la fórmula funciona y a día de hoy, con solistas como el ya citado Melendi, Malú o Pablo Alborán; y grupos emergentes como Efecto Pasillo; el cartel para Ferias quedaría muy alicatado y contaría con el beneplácito de la mayoría. No obstante, por espacios, por capacidad y porque es necesario ya una evolución en los carteles de conciertos, hemos de subir un peldaño más para que el resultado ya no sea sólo muy buen; sino que sea exquisito.

Si ya somos conocidos internacionalmente por los cuentos gracias a una imponente apuesta, ¿por qué no seguir el mismo camino con el mundo de la música?