Cospedal y sus compañías

Cospedal, en un cartel electoral de hace dos años.

Cospedal, en un cartel electoral de hace dos años.

Por Rubén Madrid

Recordarán la imagen, hace justo dos años: María Dolores de Cospedal, en la noche del 22 de mayo de 2011, compareciendo en televisión tras conocer su triunfo electoral. La euforia probable por conquistar el poder hegemónico del socialismo de Bono y compañía durante más de dos décadas estaba ausente de su rostro. El rictus severo, extraordinariamente severo, tal vez debido al subidón de responsabilidad sobrevenido, y los músculos tensos, impedían cualquier esfuerzo por esbozar la sonrisa oportuna… alguien comentó, en la redacción del periódico en el que trabajaba, que parecía más bien que hubiera perdido.

Pero Cospedal había ganado. La número dos del PP nacional y quien fuera exconsejera de Infraestructuras de nada menos que la señora Aguirre en la Comunidad de Madrid, encarnaba un doble mérito: se apuntaba la primera victoria en un pulso electoral contra el PSOE y se iba a convertir en la primera mujer en presidir Castilla-La Mancha. Con ella llegaba la hora de la verdad para un partido que se había pasado demasiado tiempo diciendo lo que harían ellos si estuviesen en el lugar en el que siempre estaban los otros.

Cospedal prometía ventilar con aires frescos un Palacio de Fuensalida en el que había ya demasiadas telarañas en las esquinas y no poca inmundicia (indisimulable) debajo de las alfombras. Había que borrar muchos números de teléfonos de las agendas de las consejerías y urgía poner en cuarentena muchos acuerdos de colaboración basados en amistades peligrosas. El aeropuerto de Ciudad Real y los excesos de CCM eran sólo la máxima expresión de unas prácticas perfectamente institucionalizadas. Más de uno pensamos que era saludable para el PSOE una temporada de castigo contra la pared, rumiando sus tropelías como los niños más traviesos de la clase.

El efecto Román. Apenas unas horas después de la victoria histórica del PP en la región, era un exultante alcalde de Guadalajara, Antonio Román, quien comparecía en la sede del partido como presidente de la formación en la provincia para reivindicar, y de veras que tenía motivos, la aplastante victoria en la ciudad (con 16 concejales: hasta el joven candidato Engonga logró una improbable acta de concejal). El regidor lo reivindicó sin medias tintas que no sólo había obtenido un resultado incontestable en las municipales sino que su tirón había resultado vital para marcar la mínima pero imprescindible diferencia en la victoria regional de su partido.

Parecía obvio, pero Cospedal hizo oídos sordos. No sólo ignoró el reconocimiento público que Román merecía, sino que en el momento de hacer reparto de responsabilidades ideó un organigrama institucional a su imagen y semejanza, a veces contranatura, obviando a menudo a quienes ocupaban las primeras líneas de la parrilla de salida. Todos lo entendieron como un aviso para navegantes. Ella preferió otras compañías.

Rajoy interviene en Guadalajara, flanqueado por Román y Cospedal. / Foto: Heraldo del Henares.

Rajoy interviene en Guadalajara, flanqueado por Román y Cospedal. / Foto: Heraldo del Henares.

El malestar del alcalde de la ciudad, discreto pero conocido en los mentideros políticos, fue en aumento cuando Cospedal castigó al municipio que la había aupado a Fuensalida. No le sentaron nada bien a Román las primeras decisiones adoptadas en Toledo con respecto a la ciudad, como la paralización de las obras del Hospital Universitario y del Campus de Guadalajara, además del retraso (llovía sobre mojado) de la obra de remodelación de Francisco Aritio. El regidor había basado media campaña electoral en «los incumplimientos del gobierno de Barreda». Lo de Cospedal resultaba, de buenas a primeras y por mucha política austera que se impusiera, más (o más bien menos) de lo mismo.

Los otros dos pilares de la exitosa campaña local y regional del PP fueron las promesas de creación de empleo y desbaratar la estrategia de Barreda para desligar su figura de la de Zapatero.El dirigente manchego hizo lo imposible por presentarse como una marca independiente y el PP, por su parte, intentó demostrar que eran el mismo perro con diferente collar, como alguna voz popular dijo textualmente.

¿Buscas empleo? Vota PP. De lo primero, la prioridad por combatir el desempleo, con un mensaje que asoció los rostros de los candidatos en los carteles a leyendas como «¿Buscas empleo? Vota PP», hablan ahora las cifras: hace dos años había 216.000 parados en las cinco provincias; ahora mismo son 268.000, con una última bajada pero sin que se encadenen datos que puedan dar lugar a confiar en una tendencia consolidada a la baja; en Guadalajara la cifra se sitúa por encima de la barrera psicológica de los 25.000 desempleados. Una barbaridad, antes y ahora.

Cospedal dirá tal vez que en este primer tramo de legislatura se ha esforzado en cumplir con el objetivo primerísimo de la rebaja del déficit, pero nada la excusa de haber insistido hasta la saciedad en que sabía lo que había que hacer, en que sólo el empleo garantizaba los servicios sociales y en que el cambio (encontrar trabajo) pasaba por las urnas. En los carteles electorales su rostro terso y seguro en sí mismo no daba lugar a dudas: «El empleo, lo primero». Su fracaso, de momento, es indiscutible.

Zapatero y Barreda, Rajoy y Cospedal. «Zapatero y Barreda son lo mismo», repitió Cospedal en campaña. Si entonces era admisible, no cabe duda de que ahora lo es todavía más: Cospedal no sólo comparte las políticas del Gobierno central sino que es la número dos en Génova. Sin embargo, Rajoy resulta a día de hoy una mala compañía: la confianza del electorado en él ha caído a unas cifras irrisorias, según las últimas encuestas de empresas como Demoscopia, que sostiene que el 87% del electorado desconfía del presidente y que un 77% desaprueba su gestión.

Por eso mismo los barones del PP ponen tierra de por medio con el dirigente gallego, como ya hiciera con inteligencia Barreda con respecto de ZP (y a punto estuvo de ser reelegido). Casi todos los líderes regionales del PP, aprovechando sobre todo el conflicto por el déficit asimétrico, se han desligado en los últimos días de La Moncloa. Esta es una baza que no puede jugar Cospedal.

Infografía con los resultados de la encuesta publicada por La Tribuna de Toledo.

Infografía con los resultados de la encuesta publicada por La Tribuna de Toledo.

En su conflicto de roles, como llaman los sociólogos al choque de intereses entre los papeles que representa una misma persona, tampoco ha colaborado su escasa capacidad para la oratoria. La sobreexposición a los micrófonos en Toledo y en Madrid, exigible por uno y otro cargo, la ha mostrado ofreciendo titulares salidos de tono ante las protestas ciudadanas (comparando a los manifestantes con Tejero o con los nazis), absolutamente increíbles (los famosos 15 minutos de las Urgencias) o irresistiblemente cómicos, como el intento de justificación del «despido en diferido en forma de simulación» del extesorero Bárcenas.

Están, además de las palabras, los hechos. Las de Cospedal son unas políticas y una configuración presupuestaria que representa como pocas autoridades del PP el filo más tajante de los recortes. Ha rebajado el déficit a base de tantos sacrificios que la región vive en un clima de continua guerra social.

Cierto que una reciente encuesta de La Tribuna de Toledo ha reflejado que la intención de voto volvería a darle la mayoría absoluta si hoy se celebrasen elecciones. Ese es el titular grande. Cierto es, también, que el PSOE ha recortado la distancia en intención global de voto; que irrumpe Izquierda Unida (también en Guadalajara), como una opción realista para votantes progresistas que antes se quedaban en casa y que ahora pueden canalizar un voto de castigo al PP sin premiar obligatoriamente al PSOE; y que la subida considerable de UPyD se está llevando a cabo en toda España a costa de los sufragios más conservadores.

Dos reflexiones parecen oportunas en las filas del PP: ¿Hasta qué punto Cospedal puede acusar el desgaste de la marca Rajoy, de la que es santo y seña? ¿Cuánto podría echar en falta ese puñado de votos que recibió el 22-M gracias al PP de Guadalajara?

Estamos (sólo) en el ecuador de la legislatura. En política dos años son un mundo y lo primero que habrá que confirmar es que Cospedal sea la candidata a la reelección en 2014. Yo, en su caso, no lo sería. Además, todos los análisis deberán tener en cuenta si el PP continúa con la intención de regalarse una ley electoral a su medida… Si perpetra una tropelía similar o mayor todavía que la que le criticó al PSOE, que no vengan luego a quejarse de que los acosan los de los escraches; ya saben, esos del «nazismo puro».

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