Si la cosa funciona

Cartel original de la película "Si la Cosa Funciona" (Woody Allen, 2009). // Foto:http://pics.filmaffinity.com/

Cartel original de la película «Si la Cosa Funciona» (Woody Allen, 2009). // Foto:http://pics.filmaffinity.com/

Por Marta Perruca

Tengo que admitir que Woody Allen no es de mis directores favoritos pero, de vez en cuando, “si la cosa funciona…”

Boris (Larry David) ha visto fracasar su matrimonio y su carrera como científico –se quedó a las puertas de ser nominado al Premio Nobel de Física por su Teoría de las Cuerdas- Ni tan siquiera es capaz de llevar a cabo con éxito sus intentos de suicidio –del último acarrea una cojera, porque los médicos son unos “imbéciles incompetentes”-. Es un viejo amargado, cascarrabias, hipocondriaco y con una visión extremadamente pesimista de la vida. Para él, todo está fundamentado en grandes ideas -“la idea original de Marx era maravillosa”-, pero con un enorme error de base “todas se basan en la falaz idea de que las personas son básicamente éticas, que si les das la oportunidad de obrar bien, lo harán”. Pero eso no es así. El mundo está formado por gusanos egoístas, todos somos gusanos inmundos, menos él, claro está, porque es “una mente brillante” un ser superior con una visión de conjunto.

Su teoría es la siguiente: Si la cosa funciona, claro está mientras no le hagas daño a nadie, de cualquier modo que puedas trincar un poco de alegría en este caos negro, cruel, inhumano y sin sentido…

Y tengo que admitir que Woody Allen no es de mis directores predilectos, pero de vez en cuando aparece con una película como ésta que, además de robarme un buen puñado de carcajadas, me hace pensar en, por ejemplo, todas esas maravillosas ideas, que acaban siendo iniciativas decepcionantes; en todos esos magníficos proyectos con una materialización frustrante porque, efectivamente, estaban cimentados en la premisa de que las personas –en este caso nuestros gobernantes- son personas éticas y confiables…

Podríamos pensar, por ejemplo, en la Autovía de la Alcarria, esa utopía que nombraron tantas veces los populares cuando estaban en la oposición y –cabe recordar- una de los proyectos que Cospedal se comprometió a llevar a cabo en la segunda parte de su mandato durante su campaña electoral –no sea que se le olvide, ahora que se encuentra en el ecuador-; En la Autovía de Alcolea a Monreal del Campo, por cierto, otro compromiso electoral, en este caso de Zapatero, que nunca llegó a fraguarse; el Campus Universitario, que se ha quedado en agua de borrajas; el polígono industrial de la comarca de Zorita y tantas otras iniciativas ilusionantes que se han quedado por el camino…

Hablemos por ejemplo del Parador de Molina de Aragón. Sí, ese para el que el Ayuntamiento tuvo que comprar los terrenos y ponerlos a disposición de Turespaña; del que asistimos a la puesta de la primera piedra y al bochornoso inicio de las ¿obras? con unas máquinas que no hicieron más que el paripé, como si los ciudadanos fuésemos tontos. Claro, porque quizá Boris, el protagonista de la película, tenía parte de razón. Quizá no todas las personas seamos gusanos, pero a mí no me cabe ninguna duda de que los hay.

No pierdo de vista que éste fue una promesa en tiempos de bonanza y que la situación económica dibuja un panorama muy distinto al que existía cuando tan demorado proyecto se puso sobre la mesa: que ahora se habla de la gestión deficitaria de la red nacional de paradores y de los problemas que atraviesa el seguntino, en nuestra provincia. Es cierto que los mismos que ahora afirman que el PP heredó un proyecto adjudicado con financiación, son los mismos que nos tomaron el pelo poniendo unas máquinas a mover tierra, que tal como llegaron se marcharon por la puerta de atrás.

Y todas las ideas están fundamentadas sobre la base de que las personas son éticas. Por eso nos creímos que en Molina de Aragón se levantaría un gran hotel con un espacio para la realización de congresos y convenciones y spa; que tendría 80 habitaciones y generaría 75 puestos de trabajo directos, sin contar los indirectos. También pensamos que esta era una idea maravillosa, porque por aquel entonces la comarca tenía puestas en el turismo sus esperanzas de futuro, contaba con un Parque Natural y una red de centros de interpretación que dotaban de calidad este sector emergente, se estaba fraguando una escuela de hostelería en colaboración con el Sepecam para dotar de profesionales a la nueva infraestructura, y se dibujaba el proyecto de un Geoparque para poner en valor los recursos medioambientales y patrimoniales de toda la comarca. Si la cosa funciona…

Se desmoronó el tinglado y el Gobierno entrante se encontró con todos los mimbres de esta infraestructura dispuestos a la espera de dar el pistoletazo de salida a las obras, pero con un marco distinto. Las obras se demoraron –nos dijeron- porque era necesario redactar un nuevo proyecto más modesto, con menos habitaciones y sin spa, lo que la Otra Guadalajara se temía que pudiera llegar a ser un alojamiento rural. El subdelegado de Gobierno salía al paso entonces recordando el funesto final de la Subalterna, un antiguo palacio que se rehabilitó como alojamiento hotelero con financiación de la Junta, pero su escaso número de habitaciones y los cánones que imponían sus tres estrellas hacían inviable su rentabilidad –no todas las ideas son maravillosas-, quizá, y no quiero ser mala, poniendo la vista en otra promesa electoral de Cospedal, la construcción de un Parador en el antiguo palacio ducal de Pastrana, municipio del que fue alcalde, que si no se construye el molinés y si la cosa funciona… No quiero ser mala, sólo son especulaciones.

Puede que nuestros gobernantes tengan complejo de Boris y se crean seres superiores con una visión de conjunto, por encima de todos los gusanos ignorantes a los que gobiernan, y eso les legitime para tratarnos como a estúpidos: Nos dijeron que las obras, más modestas, eso sí, empezarían antes de terminar el año, pero según corren los meses, no hacen otra cosa que dar largas, o la callada por respuesta, como el ministro el otro día en el Senado .

Pues bien, hoy por hoy, la declaración de Geoparque de la comarca de Molina de Aragón-Alto Tajo está más cerca que nunca de ser una realidad y de configurar con él un proyecto real de desarrollo en torno a los valores medioambientales, históricos, etnológicos y patrimoniales de la zona, implicando en él a todos los sectores de la población; el Ayuntamiento de Molina ha anunciado un proyecto para abordar una escuela de hostelería en el antiguo Palacio de la Subalterna, que dotará de mano de obra especializada al futuro parador y el Parque Natural del Alto Tajo estudia alternativas para abrir los centros de interpretación de la zona. El Geoparque molinés, de conseguir su declaración, será el mayor parque de estas características en Europa, aunando todos los valores que pretende ensalzar la Red Europea, por lo que atraerá a un gran número de investigadores y científicos, además de turistas, que podrían encontrar en el Parador Nacional un lugar ideal para la celebración de convenciones y congresos y un alojamiento de excepción. Una idea magnífica ¿verdad? ¿y si la cosa funciona?

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.