Hace falta un plan

Oficina SEPECAM Guadalajara. / Foto: elboletinonline.com

Oficina SEPECAM Guadalajara. / Foto: elboletinonline.com

Por Yago López

Se cumple esta semana el segundo aniversario de la aplastante victoria del Partido Popular tanto en las elecciones autonómicas de Castilla-La Mancha como en las locales de Guadalajara capital. Unos resultados históricos en ambos casos, el primero por ser la primera ocasión en la historia de la región en la que los populares llegaban a Fuensalida y en el segundo por la abismal diferencia de votos que Román le sacó a su opositora socialista, Magdalena Valerio, logrando un total de 16 concejales –un número que ni siquiera el más optimista dirigente del PP esperaba alcanzar-.

Al igual que Cospedal, el alcalde de la capital alcarreña, Antonio Román, se cansó de decir antes y después de las elecciones, por activa y por pasiva, que su máxima prioridad era, es y será el empleo. Una mentira –vista su gestión en estos 24 meses- que no por mucho repetirla hasta la saciedad se ha convertido en verdad. Los datos no le respaldan, Guadalajara ha superado la terrible barrera de los 25.000 parados, pero, sobre todo, lo que no sostiene su discurso es su falta de actividad.

Uno puedo comprender que en una coyuntura como la actual, con el bloqueo de crédito impuesto por los bancos y la escasa reserva económica de las familias y las PYMES, muchos proyectos no acaben de despegar a pesar de la puesta en marcha de unas buenas políticas de empleo. Se puede pecar de ineficaz e incluso es más que tolerable un error en las previsiones de creación de empleo si al menos se intenta. Lo que no tiene ni pies ni cabeza es la inactividad absoluta en esta materia del Gobierno regional –que es en realidad el órgano competente- y también de la administración local, que no puede lavarse las manos en este asunto, cuando además tiene tanto que aportar.

Precisamente promovidos por el Ayuntamiento –aunque con financiación fundamentalmente europea- se han puesto en marcha en la capital una escuela taller de apicultura y otra de cultivo ecológico de hongos. La idea en principio parece magnífica: formar a desempleados en una labor autóctona con una cierta proyección comercial que puede desembocar en empresas solventes que generen puestos de trabajo a la vez que mantengan una actividad sostenible propia de la zona, preservando además una actividad tradicional alcarreña. Claro que lo que en principio puede ser un plan redondo se convierte fácilmente en un fiasco si no se realiza en condiciones.

Atiborrar de teoría a los jóvenes desempleados sobre el cultivo de la miel y las setas, ponerles a limpiar naves y no dotarles del más mínimo conocimiento empresarial es vender humo y hacer perder el tiempo a personas a las que, al contrario de lo que muchos dirigentes están empeñados en pensar, no les sobre ni un segundo. La postura de esperar pacientemente a que amaine el vendaval no es una posibilidad y lo es menos aún jugar con la ilusión, la inocencia y el esfuerzo de los desempleados.

Me cansa contemplar una batalla constante y estéril entre los principales partidos políticos en la capital alcarreña cargada de reproches y sin apenas aportaciones constructivas. La oposición critica de manera sistemática la política de Román, y éste es incapaz de escuchar una sugerencia de sus rivales no vaya a ser que ganen algún voto. En lugar de todo esto y visto que aún quedan dos años hasta los próximos comicios, les sugiero a todos ellos, y en especial al señor alcalde, que antepongan por una vez los intereses de los ciudadanos y pongan en marcha de manera conjunta un plan de empleo local que de verdad sea útil a los desempleados de la capital.

En el caso de la apicultura y el cultivo ecológico de hongos, le insto a que apuesten seriamente por una formación realmente profesional en el desarrollo de esta actividad y en la creación de empresas que puedan incorporarse de una manera competitiva al mercado.

Para ello, resulta esencial reforzar la oficina municipal de empleo para asesorar de manera adecuada a los nuevos emprendedores, de forma que puedan sacar adelante sus proyectos empresariales, en muchos casos brillantes, y evitar así que acaben perdiéndose en un cajón sepultados por las engorrosas trabas burocráticas y la falta de apoyo institucional. Esta es solo una forma de dinamizar el empleo que se puede complementar con otras muchas políticas, pero por algo se empieza. Lo que no se puede permitir es que los talleres de empleo sirvan como hasta el momento para que los desempleados maten el tiempo, en lugar de para lograr su inserción laboral.

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Si la cosa funciona

Cartel original de la película "Si la Cosa Funciona" (Woody Allen, 2009). // Foto:http://pics.filmaffinity.com/

Cartel original de la película “Si la Cosa Funciona” (Woody Allen, 2009). // Foto:http://pics.filmaffinity.com/

Por Marta Perruca

Tengo que admitir que Woody Allen no es de mis directores favoritos pero, de vez en cuando, “si la cosa funciona…”

Boris (Larry David) ha visto fracasar su matrimonio y su carrera como científico –se quedó a las puertas de ser nominado al Premio Nobel de Física por su Teoría de las Cuerdas- Ni tan siquiera es capaz de llevar a cabo con éxito sus intentos de suicidio –del último acarrea una cojera, porque los médicos son unos “imbéciles incompetentes”-. Es un viejo amargado, cascarrabias, hipocondriaco y con una visión extremadamente pesimista de la vida. Para él, todo está fundamentado en grandes ideas -“la idea original de Marx era maravillosa”-, pero con un enorme error de base “todas se basan en la falaz idea de que las personas son básicamente éticas, que si les das la oportunidad de obrar bien, lo harán”. Pero eso no es así. El mundo está formado por gusanos egoístas, todos somos gusanos inmundos, menos él, claro está, porque es “una mente brillante” un ser superior con una visión de conjunto.

Su teoría es la siguiente: Si la cosa funciona, claro está mientras no le hagas daño a nadie, de cualquier modo que puedas trincar un poco de alegría en este caos negro, cruel, inhumano y sin sentido…

Y tengo que admitir que Woody Allen no es de mis directores predilectos, pero de vez en cuando aparece con una película como ésta que, además de robarme un buen puñado de carcajadas, me hace pensar en, por ejemplo, todas esas maravillosas ideas, que acaban siendo iniciativas decepcionantes; en todos esos magníficos proyectos con una materialización frustrante porque, efectivamente, estaban cimentados en la premisa de que las personas –en este caso nuestros gobernantes- son personas éticas y confiables…

Podríamos pensar, por ejemplo, en la Autovía de la Alcarria, esa utopía que nombraron tantas veces los populares cuando estaban en la oposición y –cabe recordar- una de los proyectos que Cospedal se comprometió a llevar a cabo en la segunda parte de su mandato durante su campaña electoral –no sea que se le olvide, ahora que se encuentra en el ecuador-; En la Autovía de Alcolea a Monreal del Campo, por cierto, otro compromiso electoral, en este caso de Zapatero, que nunca llegó a fraguarse; el Campus Universitario, que se ha quedado en agua de borrajas; el polígono industrial de la comarca de Zorita y tantas otras iniciativas ilusionantes que se han quedado por el camino…

Hablemos por ejemplo del Parador de Molina de Aragón. Sí, ese para el que el Ayuntamiento tuvo que comprar los terrenos y ponerlos a disposición de Turespaña; del que asistimos a la puesta de la primera piedra y al bochornoso inicio de las ¿obras? con unas máquinas que no hicieron más que el paripé, como si los ciudadanos fuésemos tontos. Claro, porque quizá Boris, el protagonista de la película, tenía parte de razón. Quizá no todas las personas seamos gusanos, pero a mí no me cabe ninguna duda de que los hay.

No pierdo de vista que éste fue una promesa en tiempos de bonanza y que la situación económica dibuja un panorama muy distinto al que existía cuando tan demorado proyecto se puso sobre la mesa: que ahora se habla de la gestión deficitaria de la red nacional de paradores y de los problemas que atraviesa el seguntino, en nuestra provincia. Es cierto que los mismos que ahora afirman que el PP heredó un proyecto adjudicado con financiación, son los mismos que nos tomaron el pelo poniendo unas máquinas a mover tierra, que tal como llegaron se marcharon por la puerta de atrás.

Y todas las ideas están fundamentadas sobre la base de que las personas son éticas. Por eso nos creímos que en Molina de Aragón se levantaría un gran hotel con un espacio para la realización de congresos y convenciones y spa; que tendría 80 habitaciones y generaría 75 puestos de trabajo directos, sin contar los indirectos. También pensamos que esta era una idea maravillosa, porque por aquel entonces la comarca tenía puestas en el turismo sus esperanzas de futuro, contaba con un Parque Natural y una red de centros de interpretación que dotaban de calidad este sector emergente, se estaba fraguando una escuela de hostelería en colaboración con el Sepecam para dotar de profesionales a la nueva infraestructura, y se dibujaba el proyecto de un Geoparque para poner en valor los recursos medioambientales y patrimoniales de toda la comarca. Si la cosa funciona…

Se desmoronó el tinglado y el Gobierno entrante se encontró con todos los mimbres de esta infraestructura dispuestos a la espera de dar el pistoletazo de salida a las obras, pero con un marco distinto. Las obras se demoraron –nos dijeron- porque era necesario redactar un nuevo proyecto más modesto, con menos habitaciones y sin spa, lo que la Otra Guadalajara se temía que pudiera llegar a ser un alojamiento rural. El subdelegado de Gobierno salía al paso entonces recordando el funesto final de la Subalterna, un antiguo palacio que se rehabilitó como alojamiento hotelero con financiación de la Junta, pero su escaso número de habitaciones y los cánones que imponían sus tres estrellas hacían inviable su rentabilidad –no todas las ideas son maravillosas-, quizá, y no quiero ser mala, poniendo la vista en otra promesa electoral de Cospedal, la construcción de un Parador en el antiguo palacio ducal de Pastrana, municipio del que fue alcalde, que si no se construye el molinés y si la cosa funciona… No quiero ser mala, sólo son especulaciones.

Puede que nuestros gobernantes tengan complejo de Boris y se crean seres superiores con una visión de conjunto, por encima de todos los gusanos ignorantes a los que gobiernan, y eso les legitime para tratarnos como a estúpidos: Nos dijeron que las obras, más modestas, eso sí, empezarían antes de terminar el año, pero según corren los meses, no hacen otra cosa que dar largas, o la callada por respuesta, como el ministro el otro día en el Senado .

Pues bien, hoy por hoy, la declaración de Geoparque de la comarca de Molina de Aragón-Alto Tajo está más cerca que nunca de ser una realidad y de configurar con él un proyecto real de desarrollo en torno a los valores medioambientales, históricos, etnológicos y patrimoniales de la zona, implicando en él a todos los sectores de la población; el Ayuntamiento de Molina ha anunciado un proyecto para abordar una escuela de hostelería en el antiguo Palacio de la Subalterna, que dotará de mano de obra especializada al futuro parador y el Parque Natural del Alto Tajo estudia alternativas para abrir los centros de interpretación de la zona. El Geoparque molinés, de conseguir su declaración, será el mayor parque de estas características en Europa, aunando todos los valores que pretende ensalzar la Red Europea, por lo que atraerá a un gran número de investigadores y científicos, además de turistas, que podrían encontrar en el Parador Nacional un lugar ideal para la celebración de convenciones y congresos y un alojamiento de excepción. Una idea magnífica ¿verdad? ¿y si la cosa funciona?

Cospedal y sus compañías

Cospedal, en un cartel electoral de hace dos años.

Cospedal, en un cartel electoral de hace dos años.

Por Rubén Madrid

Recordarán la imagen, hace justo dos años: María Dolores de Cospedal, en la noche del 22 de mayo de 2011, compareciendo en televisión tras conocer su triunfo electoral. La euforia probable por conquistar el poder hegemónico del socialismo de Bono y compañía durante más de dos décadas estaba ausente de su rostro. El rictus severo, extraordinariamente severo, tal vez debido al subidón de responsabilidad sobrevenido, y los músculos tensos, impedían cualquier esfuerzo por esbozar la sonrisa oportuna… alguien comentó, en la redacción del periódico en el que trabajaba, que parecía más bien que hubiera perdido.

Pero Cospedal había ganado. La número dos del PP nacional y quien fuera exconsejera de Infraestructuras de nada menos que la señora Aguirre en la Comunidad de Madrid, encarnaba un doble mérito: se apuntaba la primera victoria en un pulso electoral contra el PSOE y se iba a convertir en la primera mujer en presidir Castilla-La Mancha. Con ella llegaba la hora de la verdad para un partido que se había pasado demasiado tiempo diciendo lo que harían ellos si estuviesen en el lugar en el que siempre estaban los otros.

Cospedal prometía ventilar con aires frescos un Palacio de Fuensalida en el que había ya demasiadas telarañas en las esquinas y no poca inmundicia (indisimulable) debajo de las alfombras. Había que borrar muchos números de teléfonos de las agendas de las consejerías y urgía poner en cuarentena muchos acuerdos de colaboración basados en amistades peligrosas. El aeropuerto de Ciudad Real y los excesos de CCM eran sólo la máxima expresión de unas prácticas perfectamente institucionalizadas. Más de uno pensamos que era saludable para el PSOE una temporada de castigo contra la pared, rumiando sus tropelías como los niños más traviesos de la clase.

El efecto Román. Apenas unas horas después de la victoria histórica del PP en la región, era un exultante alcalde de Guadalajara, Antonio Román, quien comparecía en la sede del partido como presidente de la formación en la provincia para reivindicar, y de veras que tenía motivos, la aplastante victoria en la ciudad (con 16 concejales: hasta el joven candidato Engonga logró una improbable acta de concejal). El regidor lo reivindicó sin medias tintas que no sólo había obtenido un resultado incontestable en las municipales sino que su tirón había resultado vital para marcar la mínima pero imprescindible diferencia en la victoria regional de su partido.

Parecía obvio, pero Cospedal hizo oídos sordos. No sólo ignoró el reconocimiento público que Román merecía, sino que en el momento de hacer reparto de responsabilidades ideó un organigrama institucional a su imagen y semejanza, a veces contranatura, obviando a menudo a quienes ocupaban las primeras líneas de la parrilla de salida. Todos lo entendieron como un aviso para navegantes. Ella preferió otras compañías.

Rajoy interviene en Guadalajara, flanqueado por Román y Cospedal. / Foto: Heraldo del Henares.

Rajoy interviene en Guadalajara, flanqueado por Román y Cospedal. / Foto: Heraldo del Henares.

El malestar del alcalde de la ciudad, discreto pero conocido en los mentideros políticos, fue en aumento cuando Cospedal castigó al municipio que la había aupado a Fuensalida. No le sentaron nada bien a Román las primeras decisiones adoptadas en Toledo con respecto a la ciudad, como la paralización de las obras del Hospital Universitario y del Campus de Guadalajara, además del retraso (llovía sobre mojado) de la obra de remodelación de Francisco Aritio. El regidor había basado media campaña electoral en “los incumplimientos del gobierno de Barreda”. Lo de Cospedal resultaba, de buenas a primeras y por mucha política austera que se impusiera, más (o más bien menos) de lo mismo.

Los otros dos pilares de la exitosa campaña local y regional del PP fueron las promesas de creación de empleo y desbaratar la estrategia de Barreda para desligar su figura de la de Zapatero.El dirigente manchego hizo lo imposible por presentarse como una marca independiente y el PP, por su parte, intentó demostrar que eran el mismo perro con diferente collar, como alguna voz popular dijo textualmente.

¿Buscas empleo? Vota PP. De lo primero, la prioridad por combatir el desempleo, con un mensaje que asoció los rostros de los candidatos en los carteles a leyendas como “¿Buscas empleo? Vota PP”, hablan ahora las cifras: hace dos años había 216.000 parados en las cinco provincias; ahora mismo son 268.000, con una última bajada pero sin que se encadenen datos que puedan dar lugar a confiar en una tendencia consolidada a la baja; en Guadalajara la cifra se sitúa por encima de la barrera psicológica de los 25.000 desempleados. Una barbaridad, antes y ahora.

Cospedal dirá tal vez que en este primer tramo de legislatura se ha esforzado en cumplir con el objetivo primerísimo de la rebaja del déficit, pero nada la excusa de haber insistido hasta la saciedad en que sabía lo que había que hacer, en que sólo el empleo garantizaba los servicios sociales y en que el cambio (encontrar trabajo) pasaba por las urnas. En los carteles electorales su rostro terso y seguro en sí mismo no daba lugar a dudas: “El empleo, lo primero”. Su fracaso, de momento, es indiscutible.

Zapatero y Barreda, Rajoy y Cospedal. “Zapatero y Barreda son lo mismo”, repitió Cospedal en campaña. Si entonces era admisible, no cabe duda de que ahora lo es todavía más: Cospedal no sólo comparte las políticas del Gobierno central sino que es la número dos en Génova. Sin embargo, Rajoy resulta a día de hoy una mala compañía: la confianza del electorado en él ha caído a unas cifras irrisorias, según las últimas encuestas de empresas como Demoscopia, que sostiene que el 87% del electorado desconfía del presidente y que un 77% desaprueba su gestión.

Por eso mismo los barones del PP ponen tierra de por medio con el dirigente gallego, como ya hiciera con inteligencia Barreda con respecto de ZP (y a punto estuvo de ser reelegido). Casi todos los líderes regionales del PP, aprovechando sobre todo el conflicto por el déficit asimétrico, se han desligado en los últimos días de La Moncloa. Esta es una baza que no puede jugar Cospedal.

Infografía con los resultados de la encuesta publicada por La Tribuna de Toledo.

Infografía con los resultados de la encuesta publicada por La Tribuna de Toledo.

En su conflicto de roles, como llaman los sociólogos al choque de intereses entre los papeles que representa una misma persona, tampoco ha colaborado su escasa capacidad para la oratoria. La sobreexposición a los micrófonos en Toledo y en Madrid, exigible por uno y otro cargo, la ha mostrado ofreciendo titulares salidos de tono ante las protestas ciudadanas (comparando a los manifestantes con Tejero o con los nazis), absolutamente increíbles (los famosos 15 minutos de las Urgencias) o irresistiblemente cómicos, como el intento de justificación del “despido en diferido en forma de simulación” del extesorero Bárcenas.

Están, además de las palabras, los hechos. Las de Cospedal son unas políticas y una configuración presupuestaria que representa como pocas autoridades del PP el filo más tajante de los recortes. Ha rebajado el déficit a base de tantos sacrificios que la región vive en un clima de continua guerra social.

Cierto que una reciente encuesta de La Tribuna de Toledo ha reflejado que la intención de voto volvería a darle la mayoría absoluta si hoy se celebrasen elecciones. Ese es el titular grande. Cierto es, también, que el PSOE ha recortado la distancia en intención global de voto; que irrumpe Izquierda Unida (también en Guadalajara), como una opción realista para votantes progresistas que antes se quedaban en casa y que ahora pueden canalizar un voto de castigo al PP sin premiar obligatoriamente al PSOE; y que la subida considerable de UPyD se está llevando a cabo en toda España a costa de los sufragios más conservadores.

Dos reflexiones parecen oportunas en las filas del PP: ¿Hasta qué punto Cospedal puede acusar el desgaste de la marca Rajoy, de la que es santo y seña? ¿Cuánto podría echar en falta ese puñado de votos que recibió el 22-M gracias al PP de Guadalajara?

Estamos (sólo) en el ecuador de la legislatura. En política dos años son un mundo y lo primero que habrá que confirmar es que Cospedal sea la candidata a la reelección en 2014. Yo, en su caso, no lo sería. Además, todos los análisis deberán tener en cuenta si el PP continúa con la intención de regalarse una ley electoral a su medida… Si perpetra una tropelía similar o mayor todavía que la que le criticó al PSOE, que no vengan luego a quejarse de que los acosan los de los escraches; ya saben, esos del “nazismo puro”.

Una pizca de sal al mundo rural

Una empresa pretende recuperar las salinas de Imón y volver a explotarlas. // Foto: nachoad.wordpress.com

Una empresa pretende recuperar las salinas de Imón y volver a explotarlas. // Foto: nachoad.wordpress.com

Por Abraham Sanz

Parece que hoy en día es el mundo rural capaz de sacar adelante al avanzado sector urbano. La salida a esta crisis pasa cada vez más por explotar los recursos que tenemos más cerca, es decir, lo que nos ofrece la tierra y que ya en su día hizo que muchas comarcas vivieran, no sin esfuerzo, de estas producciones. Acercarnos de nuevo al sector primario, al generador de materias primas no supone un paso atrás en nuestro avance, es volver a lo que fue siempre la idiosincrasia de una provincia e incluso de buena parte del país, que renunció dedicarse a esta área productiva por el enorme sacrificio que suponía.

Ahora las tornas parecen cambiar e incluso la iniciativa privada quiere invertir en una empresa que busca retomar la actividad en una zona deprimida como la comarca seguntina, donde la despoblación debido a la falta de oportunidades es un hecho en las decenas de pueblos que conforman este territorio. Y no sería un proyecto vacío de contenido, sino que la perspectiva es volver a reexplotar las Salinas de Imón e iniciar un proyecto de recuperación de las antiguas instalaciones y construcciones pues están declaradas Bien de Interés Cultural y más que necesario es acometer actuaciones de rehabilitación para conservar estas añejas estructuras.

La noticia saltaba hace apenas dos días, en una jornada cultural que se celebró en esta pedanía seguntina bajo el nombre ‘La sal de la tierra’ y quiere ser como un soplo de aire fresco a esta comarca que precisa de grandes inversiones que le permitan obtener nuevas oportunidades para lograr fijar población puesto que el negocio hostelero, prolífero en la zona, no es capaz de absorber tantos puestos de trabajo como serían deseables para invertir las tasas de decrecimiento demográfico que afectan a esta zona. Y esta inversión viene con nombres y apellidos, pues según anunció el propietario de las salinas, está dispuesto a llegar a una inversión próxima al medio millón de euros.

Una apuesta, sin duda, más que seria y de las más notables que se proyectan en la zona. No sólo porque supondría recuperar un antiguo negocio que dio razón de ser a una comarca durante un tiempo –llegó a producir el 10% de toda la sal que se consumía en la península-; sino también contaría con esa vertiente cultural como sería la recuperación de las antiguas instalaciones, velando por esa vertiente cultural y turística que ha logrado mantener a flote a esta zona y que, por tanto, este legado histórico se ha de mantener por interés cultural y por interés económico ya que, en Imón, sus salinas son su auténtica seña de identidad.

Esta oportunidad, no obstante, ha de contemplarse no sólo con los ojos de la ilusión; sino también con una mirada crítica y evaluando al detalle el proyecto por parte de las instituciones implicadas para que realmente se convierta en lo que se ha anunciado: un soplo revitalizador para la zona. Deberá mirarse al detalle que los impactos sean los mínimos y que la puesta en marcha de la nueva explotación –supone la construcción de nuevas balsas- se efectúe sin daños medioambientales, porque el paisaje de esta zona de la Sierra también es un bien intangible de la provincia que entre todos hemos de conservar.

No obstante, el propio inversor –con la presencia de los regidores de Sigüenza e Imón presentes-  llamó a la confianza en el mismo y el respaldo institucional con el que parece contar así como la imponente inversión que pretende realizar, nos permite dársela inicialmente. Si bien, sería loable por su parte, que una vez tenga ultimado el proyecto y sus pertinentes permisos, lo expusiera públicamente para el mejor conocimiento de la ciudadanía para así, no sólo darle difusión, sino lograr la mejor implantación y el mejor desarrollo para el mismo, puesto que de salir adelante en las mejores condiciones, sin duda, sería darle un poco de sal a esta zona rural.

Sonrisas y lágrimas: Quabit y Marchamalo

Los jugadores del Quabit celebran la victoria ante el Balonmano Aragón en la pista del Municipal. // Foto: Lydia López (www.nuevaalcarria.com)

Los jugadores del Quabit celebran la victoria ante el Balonmano Aragón en la pista del Municipal. // Foto: Lydia López (www.nuevaalcarria.com)

Por Roberto del Barrio

Hay un punto satánico en el deporte. En ocasiones, casi todas, la satisfacción es proporcional al sufrimiento y a la angustia. Además, todos esos sentimientos caminan de la mano sin opción de bifurcarlos. Tanto quieres, tanto sufres. No hay más y así es y será por los siglos de los siglos.

Por si fuera poco, el teorema se intensifica en los finales de temporada, que a menudo dibujan escenarios de extrema crueldad. Sueños que deciden si cumplirse y tornarse en pesadilla en apenas unos minutos. A veces por errores propios, otras por el propio transcurso de la competición, al estilo de un río sinuoso que busca desembocadura desafiando las leyes naturales. Cuando un gol vale una vida, vaya.

En esa delgada línea que obliga a hacer equilibrios se presentaba la jornada dominical de ayer con dos puntos fundamentales de interés: el Quabit-Balonmano Aragón y el desenlace de la Tercera División de fútbol. En el primero, los de Garralda, con el agua al cuello, estaban obligados a ganar a uno de los equipos punteros de la Asobal para no llegar a la última jornada virtualmente descendidos. En el San Miguel, Azuqueca y Marchamalo disputaban un derbi cainita, con los rojinegros clasificados para el play-off de ascenso (sin nada en juego ya en el envite), pero con la papeleta de jugar ante un Marchamalo al borde del precipicio.

El cuadro gallardo necesitaba puntuar en Azuqueca y esperar el tropiezo del Ciudad Real. Con el 2-2 final en ambos partidos la calculadora se quedó a punto del arco iris o a un gol de la permanencia. La victoria verdilla a última hora -que estuvo a punto llegar- o la derrota ciudadrealeña hubieran llevado al éxtasis, algo que no sucedió para consumar el descenso del Club Deportivo Marchamalo después de ocho temporadas en la categoría. Sin duda, un final diabólico y un ejemplo palpable del tópico “morir en la orilla”.

En un año repleto de dificultades, el equipo se fue sumiendo en problemas cada vez más profundos hasta el punto de verse casi desahuciado en las últimas semanas. Sin embargo, un conmovedor arreón final que le ha hecho sumar 11 puntos sobre 15 en juego ha alargado el sufrimiento para después convertirlo en un dolor más agudo, casi insoportable. Después de mil batallas todo se resumió en un gol, el que lo hubiera cambiado todo y nunca llegó. Quizá por eso el deporte mueve montañas y ríos de tinta, por la capacidad de convertir sonrisas en lágrimas y viceversa en apenas un suspiro.

Porque también existe el efecto inverso. Y si no que se lo digan al Quabit Balonmano, que afrontaba su partido de ayer como un náufrago que trata de escapar de la marea. Por un cúmulo de circusntancias y errores, el agua llegaba ya al cuello después de la última derrota. El calendario ahondaba en el pesimismo. Su lectura era evidente: los perseguidores iban a punutar y los de Garralda estaban obligados a ganar a un rival de élite, el Balonmano Aragón, teniendo en cuenta la visita de la última jornada prevista al inexpugnable Palau de Barcelona.

El asunto era espinoso, difícil de asumir con moral desde un prisma exterior, por lo menos para mí. Lo reconozco. Pero míster y jugadores llevaban semanas lanzando mensajes de confianza, convencidos de tener mucha más fuerza de la que estaban mostrando en la pista. Garralda sabrá, y seguramente se llevará a la tumba, cómo convenció a los suyos para rescatar de golpe todos sus recursos en la peor de las situaciones. El Quabit lo hizo, sobrevivió a la tempestad para ganar un partido enorme, capital, infinitamente grande que le va a llevar al último día en una posición ilusionante. Como aquel play-off que se vio perdido hace justo tres años (ayer se cumplía el aniversario) y que resolvió Epeldegui con un penalti que significaba una temporada, un proyecto, un ascenso, un mundo por descubrir.

Ahora, los alcarreños afrontarán la jornada definitiva repletos de moral. Si puntúan, la salvación será un hecho. Si no, haría falta una carambola casi inimaginable (que ganen Octavio y Cangas y el Valladolid puntúe ante el Atlético de Madrid) para descender. Sólo dos opciones entre las 81 posibles acabarían con el sueño de la Asobal, pero crucemos los dedos. El deporte es especialista en convertir un puzzle de mil piezas en una pluma, de resumir todo un campeonato en un segundo. De llevar una vida entera a un único balón. Como el que no quiso entrarle al Marchamalo, como el penalti de Epeldegui en el 2010. Bienvenidos al sufrimiento más bello del mundo, el del deporte en estado puro.

Trabajo: la filosofía del éxito

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El entrenador de fútbol Miguel López, en el banquillo azudense del San MIguel.

“En el único sitio donde el éxito está antes que el trabajo es en el diccionario”. Este es el aforismo que reza en el vestuario del equipo y se convierte en la razón de ser, en cuanto a la forma de entender el juego, pero sobre todo de entender la manera de entrenar. La verdad es que se me hace difícil plasmar todas las vivencias acontecidas en estos dos años con este grupo de muchachos, pero, si me embarga una sensación, es el “compromiso”.

Un grupo muy heterogéneo de personas que luchan por el fin común y colectivo, eso es el Azuqueca: unos son jóvenes, otros no lo son tanto; unos son trabajadores, otros son estudiantes; unos son muy progresistas, otros son muy conservadores; unos son blancos, otros son negros; y de toda esta fusión de ilusiones solo se desprende un objetivo único el compromiso con el equipo.

El equipo es un grupo existencialista, como lo es el entrenador. Uno de nuestros postulados fundamentales en el ser humano es, citando a Sartre, “la existencia precede a la esencia”, es decir, que no hay una naturaleza humana que determine a los individuos, sino que son sus actos los que determinan quiénes son, así como el significado de sus vidas. En julio de 2011, cuando hicimos la plantilla había diez jugadores que nunca habían jugado en tercera división, por ello hemos intentado diariamente entrenar más fuerte, más duro, con un mayor nivel de exigencia y hemos conseguido que jugando en Tercera División al final uno se convierta en jugador de categoría nacional.

En líneas generales el existencialismo busca una ética que supere a las moralinas y prejuicios (estos jugadores no tienen nivel de tercera, este entrenador solo hace correr, solo que se entrena lo físico) en esto al observador neófito puede resultarle contradictorio, ya que la ética que busca el existencialismo es una ética universal, válida para todos los seres humanos, que muchas veces no coincide con los postulados de las diversas morales particulares de cada una de las opiniones preexistentes (este equipo no juega a nada, se dedican a dar patadones. solo hacen juego directo).

img_60036Como entrenador y de manera muy personal me marqué el reto de asumir SIETE premisas muy importantes:

1ª.- La existencia de entrenadores mejores y más capacitados que yo, y aceptarlo con absoluta naturalidad.

2ª.- Saber que la posición del Liderazgo es absolutamente transitoria, tengo que renovar mi autoridad diariamente en base a mi trabajo y mis decisiones.

3ª.- Crear un Ideal, “la presión ha de realizarse siempre”. Nadie cambia porque sí, sino porque observa que es necesario. Además, a la visión hay que dotarla de un marchamo de urgencia, para lograr la eficacia.

4ª.- Motivar e Impulsar, no exigir, sino crear un ambiente de autoexigencia que yo mismo padezca y en muchos momentos me hace sufrir.

5ª.- Empatía, ponerme en el lugar de cada uno de mis jugadores, es decir crear un ambiente de proximidad, que la gente se identifique con él. Tienes que adivinar qué es lo que le puede mover a cada persona. “Cada alma tiene una puerta distinta, y de lo que se trata es de encontrar la llave que la abre”.

6º.- Credibilidad. Lo definí como “dieciocho jugadores en ritmo competición” de manera que todos los jugadores se sintieran importantes, asumieran su rol y posición en el grupo.

7ª.- Generosidad en el reconocimiento, búsqueda constante del refuerzo positivo, porque “si pagas en cacahuetes, al final lo que consigues son monos”.

Quiero dejar claro que formar un equipo no significa “todos iguales” sino “todos unidos” en pos de una visión, que se debe ir transformando, adaptando; si no, se queda obsoleta y pierde atractivo. Hay que saber renovar la ilusión, a medida que el objetivo va siendo más poderoso, más exigente. Para estimular, hemos asumido la idea de que si queremos, podemos. Como la canción de Atahualpa Yupanqui: “El horizonte va más allá”. El horizonte siempre está “más allá”. Ese horizonte, ese objetivo, se tiene que ver con claridad. Pero cuando se llega a él aparece un nuevo horizonte. Una buena empresa, un buen equipo nunca llega a la cima y un equipo nunca se debe dar por satisfecho.

Pedro Luis Uriarte (vicepresidente y consejero delegado del BBVA) considera que para movilizar una empresa compleja hay, ante todo, que definir un reto (disputar un play-off), un reto global de superación que juegue en términos de “estímulo cualitativo” y un “enemigo exterior” (en el fútbol es muy fácil encontrarlo, dado que se compite semanalmente) para conseguir que predisponga a las personas que se mueven por motivaciones simplemente competitivas.

En esta línea, y más allá de sistemas de juego, tácticas o estrategias, creo que la realidad del equipo ha sido creer en nosotros mismos, siendo en todo momento muy conscientes de nuestras limitaciones, en las posibilidades que se presentaban ante nosotros, la motivación del logro y, desde luego, no perdiendo nunca la perspectiva de que trabajando se pueden conseguir muchos de los objetivos que uno se marque. El único mérito de este entrenador ha sido dar en la tecla de cada uno de los seres humanos que tiene a su alrededor, que son los futbolistas.

¡Vamos Azuqueca!

* Miguel López es desde junio de 2011 el primer entrenador del Club Deportivo Azuqueca de fútbol, club que se dispone ahora a jugar la fase de promoción de ascenso a Segunda B por segundo año consecutivo; mañana lunes se procederá al sorteo para conocer al primer rival de los cruces, que comienzan la semana que viene. La trayectoria balompédica del también conocido como Milolo comenzó como árbitro, con quince temporadas en las que llegó incluso a Segunda División. El técnico, que ocupó también diferentes banquillos en el Marchamalo, el Spórting Cabanillas, el Torrejón y la RSD Alcalá, tiene en Paco Gutiérrez a su mentor y se identifica con Arrigo Sachi, entrenador del mítico Milán de los años ochenta. Profesor de Educación Física en el Ejército, se confiesa también amante de la lectura y siente especial predilección por José Luis Sampedro.

Trepar sin crepar

Estación de ferrocarril de Sigüenza. // Foto: www.turismocastillalamancha.com

Estación de ferrocarril de Sigüenza. // Foto: http://www.turismocastillalamancha.com

Por Concha Balenzategui

“En ningún sitio de los estatutos del PP dice que hay que alabar a los ministros hagan lo que hagan”. Lo decía Esperanza Aguirre hace unas semanas, al hilo de su agria polémica con el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, a cuenta de la subida de impuestos. La ex presidenta madrileña, que incluso cuando ocupaba cargo político hacía gala de ser el verso suelto del partido, exponía su derecho a la discrepancia.

Algo parecido ha dicho el presidente extremeño, José Antonio Monago, esta semana, asegurando que el PP “no es una secta”. Ahora la polémica está centrada en el asunto del “déficit a la carta” pactado por el presidente Rajoy y el president Artur Mas, que ha sido contestado con más o menos ruido por presidentes populares de comunidades como Galicia o La Rioja. No así en Castilla-La Mancha.

Y es que María Dolores de Cospedal ha vuelto a ejercer de apagafuegos del PP nacional para dar un toque a de atención a los barones conservadores que se lamentaban a cuenta del “déficit asimétrico”. El líder de los socialistas castellano-manchegos, Emiliano García-Page, le ha reprochado nuevamente que no defienda firmemente a su región. Es un argumento del que tira mucho el que fue delfín de Bono, y que le viene servido en bandeja cada vez que hay una pugna de intereses de corte territorial (léase el agua).

Es cierto que a los periodistas nos gustan mucho las disensiones internas, y mucho menos la complacencia y la adhesión. ¿Recuerdan aquel concejal del PP que se manifestaba ante el Infantado contra el cierre de las urgencias de salud en su pueblo, Pobo de Dueñas? Cómo no, fue portada de El País. Porque la crítica vende más que el seguidismo, por aquello de que siempre es más noticia el hombre que muerde al perro que el perro que muerde al hombre. Y más aún si el político muerde la mano que le da de comer. Ya se sabe que siempre hace más cuña la de la misma madera.

A los periodistas siempre nos ha gustado preguntar a los dirigentes de aquí por decisiones tomadas en Toledo o en Madrid que a priori parecen poco favorables para nuestra ciudad o provincia. Ilusos de nosotros, hasta creemos ponerles en un aprieto. Pero casi siempre optan por la cara de póker, la sonrisa prefabricada, y el echar balones fuera. En definitiva, que en lugar de contestar al periodista sobre su opinión, se limitan a acusar al partido rival de hacerlo peor, de haberlo hecho peor, o de ser el culpable de lo que ocurre ahora (léase herencia recibida).

Vayamos más allá. Creo que a los votantes les escaman mucho las adhesiones inquebrantables de sus representantes hacia los superiores. Por ejemplo, cuando se habla de la posible supresión del Tren del Henares, me imagino que a un seguntino le gustaría más ver a su alcalde en postura combatiente que negando que los planes existan, tratando de matar al mensajero desacreditando al diario que ha publicado los datos, o expresando en tono conformista que hay tren para dos años. ¿Y después?

Toma de posesión de José Luis Condado. // Foto: www.abc.es

Toma de posesión de José Luis Condado. // Foto: http://www.abc.es

Más tibio se ha visto a José Luis Condado, agarrándose a ese mismo argumento de que no hay que temer a las informaciones que anuncian la reducción del servicio. Por experiencia sabemos que después de muchas declaraciones de Condado negando la supuesta amenaza (léase teatro Moderno), suele venir la confirmación. Pero, en verdad, el delegado de la Junta no es más que el vicario de Cospedal en la tierra (léase Guadalajara) y no tiene por qué actuar en la dirección inversa alguna vez. No se dedica a ser vicario de Guadalajara en la tierra prometida (léase Fuensalida). La razón es clara: Como no ha sido elegido por las urnas, tampoco los ciudadanos le van a pedir peras al olmo.

Sí me pongo en la piel de los alcaldes, esos que además de deberse a su pueblo, conviven con los votantes sin tener coche oficial ni acordonamientos policiales de por medio. Me pregunto, por ejemplo, qué cara le pondrían en Torremocha a su alcalde, Octavio Contreras, cuando en marzo de 2012 regresó al pueblo, tras asistir a un Pleno de la Diputación en el que votó en contra de una moción que pedía que la Junta devolviera a Torremocha la UVI móvil que había eliminado de allí. Y supongo los sapos y culebras que han tenido que tragar concejales y alcaldes populares de pueblos donde han querido dejarles sin servicio de Urgencias, o sin colegio rural.

Son todos ellos ejemplos del PP, que es el partido que gobierna aquí, allá y acullá, o sea, el que tiene el dilema de cuestionar o adherirse a decisiones que a veces comparten y otras no. Antes fueron los del PSOE, y tampoco nuestros socialistas guadalajareños eran un ejemplo de libertad de criterios.

Acuerdo de los terrenos del fuerte San Francisco, con Jesús Alique, alcalde, José Bono, ministro de Defensa, y José María Barreda, presidente de la Junta. // Foto: www.canstillalamancha.com

Acuerdo de los terrenos del fuerte San Francisco, con Jesús Alique, alcalde, José Bono, ministro de Defensa, y José María Barreda, presidente de la Junta. // Foto: Álvaro Ruiz

Recuerdo aquella imagen que reproducían hasta la saciedad, uniendo las manos en plan “los tres mosqueteros” del “todos para uno”, cada vez que coincidían en un acto un consejero, un presidente de Diputación y un alcalde del mismo signo. También recuerdo las batallas de José Bono contra su partido a nivel nacional a cuenta de Cabañeros, las Hoces del Cabriel o los trasvases, y que le generaban importantes réditos electorales. Pero nunca vi a Jesús Alique desviarse un milímetro de la linde marcada desde Toledo cuando él era alcalde de Guadalajara. Bono, y luego Barreda, se aplicaban para sí un derecho a la discrepancia que no concedían a sus subordinados.

Sigamos. Porque esta falsedad de parabienes hacia el partido produce aún más repugnancia cuando surge en sus organizaciones juveniles. Como buenos aprendices de lo que hacen sus mayores, los cachorros se dedican a replicar consignas de aparato, con una falta de frescura propia de viejunos prematuros más que de jóvenes críticos. Como ahora todo se mueve en las redes sociales, produce hastío leerles retuitear constantemente las frases de sus líderes y las críticas al oponente. Se notan tanto sus deseos de medrar por encima de su pensamiento, que uno se pregunta a qué joven sin intereses espurios se le ocurriría militar en esas organizaciones.

Corren malos tiempos para el sano ejercicio de la discrepancia. Discrepar, del latín crepare. Léase crujir.