Canal 19 2.0: Sí se pudo

*Por Óscar Cuevas Moral

Óscar Cuevas en la galería de retratos de la Diputación. // Foto: Patricia Arnaiz

Óscar Cuevas en la galería de retratos de la Diputación. // Foto: Patricia Arnaiz

Como sabrán, a las 0 horas de este lunes 1 de julio cierra Canal 19 2.0, la televisión local de Guadalajara en la que un servidor era el director de sus Servicios Informativos, y que pusimos en marcha entre cinco profesionales de la comunicación a comienzos de 2012, poco después de que su antecesora, el primer “Canal 19”, decretara el cerrojazo inicial un triste 31 de diciembre de 2011.

Podría decirse que era esperable que cerráramos, antes o después. Si un poderoso proyecto empresarial, dotado de medios adecuados, y de una plantilla amplia, no había sido capaz de sostener un canal nacido para competir con el resto de televisiones locales… ¿cómo unos jóvenes -bueno, alguno no tanto- y mileuristas -eso sí, todos- podían convertirse en gestores de una televisión? Pero lo queríamos intentar. Y lo intentamos. Y en buena medida puedo decir, muy orgulloso, que lo conseguimos.

Me gustaría contarles un poco de la historia de este canal. Lo primero que había que hacer era diseñar un sistema de trabajo completamente nuevo, diferente, un modelo de televisión local que permitiera optimizar los escasos recursos personales -dos redactores, dos técnicos y un comercial- para cubrir 24 horas al día de programación. O dicho en román paladino: Cómo nos las ingeniamos para cubrir entre 5 lo que antes se hacía con 18 personas, y con programación enlatada externa. Quien más y mejor trabajó en esta faceta, con innegable éxito, fue mi compañero Alfonso Guijarro, técnico de imagen y sonido que tenía metido en la cabeza hasta el último componente técnico de la compleja estructura del canal. A veces pienso que en el cerebro de Alfon hay cables y conectores en lugar de neurotransmisores. De hecho, a veces se le cruzan (los cables, digo).

La segunda tarea esencial era reducir los costos del proyecto anterior, hasta extremos inimaginables. Y lo tercero, claro, convencer a la propietaria de las instalaciones y la licencia, “Arriaca Televisión” (la misma empresa que acababa de cerrar Canal 19), de que nuestra idea sí era viable, porque seríamos nosotros los que corriésemos con los gastos y quienes buscaríamos los ingresos. Lo que sobrara, si sobraba algo, sería nuestra nómina. Y ellos sólo tenían que aportar un esfuerzo que ya estaba realizado: prestarnos los equipos que, de no usarse, iban a dejar embalados en cajas o cogiendo polvo.

Así las cosas, nos hicimos autónomos, y conformamos una empresa propia, entre los cinco, a partes iguales, y con funcionamiento estrictamente horizontal y asambleario. Luego convencimos a los gestores de “Arriaca”, quienes aceptaron la propuesta. Lo agradecimos, y empezamos a trabajar para volver a emitir.

Era el 2 de enero de 2012 cuando volvimos a abrir las puertas de las mismas oficinas que habíamos abandonado cuatro días antes. Luego llegaron dos meses de intensa preparación -entonces nos agobiaba tener durante tanto tiempo la televisión “apagada”, y hoy aún me sorprendo de que lo lográramos en tan poco tiempo-; pero el caso es que el 1 de marzo de 2012 Canal 19 reanudaba sus emisiones. Eso sí, lo hacía con ese nuevo apellido de “2.0”. Un cambio que nos vino impuesto desde fuera en un primer momento, pero ante el que optamos por hacer de la necesidad virtud. Lo cierto es que eso del “2.0” nos vino bien, porque con él hicimos un guiño al mundo de las redes sociales, donde queríamos hacer visible a la cadena. Dejaré constancia de que esa idea de nuevo nombre fue de Luis Alfonso, nuestro nuevo responsable comercial. Todo un acierto.

El caso es que el 1 de marzo, a las 5 de la tarde, volvíamos a estar en el aire. Y pronto vimos que, cielos, “eppur si muove”: El sistema funcionaba. Dejándonos más horas que un reloj en el intento, pero funcionaba, razonablemente bien. Y durante 1 año y 4 meses hemos estado emitiendo una programación que ha mantenido (lo digo con modestia, pero también con convicción), unos parámetros de calidad y capacidad productiva más que aceptables para nuestras limitaciones de personal.

Todos los días hemos completado un carrusel informativo que, al estilo “Euronews”, repetíamos cada hora, actualizándose 3 o 4 veces a lo largo de la jornada. El objetivo era -en esta faceta ha sido un servidor quien ha puesto más empeño- renovar el contenido del bucle de modo completo cada 24 horas.

Quisimos hacer, y creo que hicimos, una televisión muy plural, moderna, diferente a las otras cadenas locales, muy pegada a la actualidad local, y nada servil con ningún interés político. Optamos por un periodismo rigurosamente independiente, con criterios estrictamente profesionales, y de defensa del interés de nuestros vecinos, por encima de cualquier otra consideración. Y así nació “19 Horas”, el programa de análisis informativo que he dirigido y presentado todo este tiempo, y del que me siento muy orgulloso.

No inventé la pólvora, qué les voy a decir: Me fijé en un modelo existente, que traté de adaptar a mis limitaciones. Quería hacer una suerte de “La Noche” del canal “24 Horas” de TVE, en el que se ofrecen piezas informativas que luego son analizadas por periodistas invitados. Pero siempre desde un tono de moderación, crítico, pero respetuoso y tolerante. Abierto, y plural. Con opinión, pero sin directrices ni anteojeras. Y muy alejado del griterío ensordecedor de los debates al uso de tantas cadenas de la TDT nacional.

Otra seña de identidad de “C19 2.0” ha sido nuestra apuesta marcada por la creatividad en las piezas de corte social y cultural. Hemos cubierto cientos de exposiciones, elaborando reportajes atractivos para el espectador. Una faceta donde mi compañera Patricia Arnaiz ha sido especialmente brillante, con su sensibilidad exquisita para ver la belleza, y para transmitirla. Patri, sus ojos y su preciosa voz, también han sido los muñidores de ese mini programa semanal, “Corta2 19”, en el que hacíamos un repaso a los estrenos de la cartelera de cine.

Por otro lado, no hemos renunciado a prestar atención preferente a los deportes, especialmente con el Dépor de Segunda en nuestra mirada. Ahí ha trabajado como un titán Juanjo Ortega, director de un programa, “Ponte Morado”, que no ha faltado a su cita de viernes y lunes para ofrecer lo mejor de los peloteros locales, antes y después de cada jornada.

Y junto a esto, la columna vertebral de la programación, otros proyectos interesantes. Algunos muy divertidos, como esos dos programas musicales alocados realizados por Alfonso Guijarro con colaboraciones externas (“San Onofre”, con Henry y Otis; y “Desalkarriados “con Dani y Jipi). Y un programa de educación sexual con Ana y Tania, de Synergia. Y otro dedicado a los que se atreven a montar empresas (“Emprendedores 19”, para el que contamos con la ayuda de Héctor Bonilla, primero, y Concha Balezantegui, después). Y en los últimos meses, hasta hemos coproducido una serie de ¡buceo por España!: “Agua Salada”, de seis capítulos. Y llegamos a montar y dejar listo para empezar un programa nuevo sobre videojuegos, “Jess we play”, que no ha podido ver la luz porque, cuando ya estaba totalmente preparado, ha llegado el cierre. Quizá lo podamos ver en el futuro en alguna otra cadena, merecería la pena.

Pero si un medio de comunicación echa el cierre, es por una razón evidente: Que todo lo anterior no es suficiente si no logras generar los ingresos que lo hagan viable. No hace falta que les diga, porque se lo imaginarán, que durante todo este tiempo hemos tenido rendimientos escasos. Es verdaderamente duro trabajar horas y horas para llevar a casa un salario que apenas llega a la categoría de subsidio mínimo. ¿Podríamos aguantar unos meses más, como nos sugerían muchos compañeros y amigos, a la espera de que remonte esta tormenta económica? Pues es imposible, porque la verdad es que a corto plazo íbamos a tener que asumir unos costes extraordinarios que suponían llegar a un punto que no podemos: Trabajar mucho “poniendo” dinero y sin cobrar nada. Así que preferimos cerrar cinco minutos antes de deber un euro a nadie; pues sin capital y financiación externa que nos sujete, eso es, sencillamente, una locura.

Yo me quiero quedar con lo positivo, con lo logrado. Con el legítimo orgullo personal de haber hecho una televisión muy digna con la cuarta parte de los medios económicos y humanos que parecen razonables. Con la satisfacción de que tantísima gente haya estado al otro lado de la pantalla. Y con la ayuda y el apoyo, que nunca podré agradecer lo suficiente, que nos han brindado decenas de compañeros de profesión que han aportado su colaboración altruista para tratar de sacar el barco a flote. Esta vez no hemos podido. Pero sé que sí se puede. Será a la próxima.

Reportaje realizado por alumnos de la Universidad Rey Juan Carlos sobre Canal 19 2.0

* Óscar Cuevas Moral (Beteta, Cuenca 1974) es licenciado en Periodismo y ha ejercido su profesión fundamentalmente en la provincia de Guadalajara. Inició su andadura en la información deportiva de El Decano, cabecera donde fue pieza clave en la conversión de periódico a revista, y posteriormente en el nacimiento de eldecano.es, del que fue responsable durante tres años. También ha trabajado en el diario Las Noticias de Castilla-La Mancha, y ha sido cuatro años corresponsal de ABC en Guadalajara. En los últimos tres años ha dirigido los informativos de Canal 19 TV Guadalajara y su sucesora Canal 19 2.0.  

El quitanieves del Moderno

Por Concha Balenzategui

Portada de Baila, baila, baila, de Haruki Murakami

Portada de Baila, baila, baila, de Haruki Murakami

Acabo de terminar de leer Baila, baila, baila, del escritor japonés Haruki Murakami, una novela protagonizada por un periodista que se define a sí mismo como un “quitanieves cultural”. Es un redactor autónomo que recibe encargos de distintas publicaciones, y que él aborda de forma concienzuda y puntual, pero sin ninguna pasión. Constantemente alude al escaso atractivo de los trabajos que le encargan, y justifica su labor en que las revistas necesitan textos culturales y alguien tiene que escribirlos. “Es como recoger la basura o quitar la nieve. Alguien tiene que hacerlo, le guste o no”, se excusa el personaje. Este mercenario de la cultura se mueve con pragmatismo y apatía en unos terrenos, los de la cultura y la comunicación, que habitualmente se presentan revestidos de romanticismo y glamour.

Al margen de esa mirada desapasionada y fría hacia la tarea de escribir, me ha chocado la tesis del protagonista de que la cultura es algo vital, comparable a la necesidad de mantener las carreteras transitables o los contenedores vacíos. No voy a establecer paralelismos entre la sociedad japonesa de principios de los ochenta en que se ambienta la novela y la nuestra. Pero la reflexión del escritor me conecta con otros planteamientos muy cercanos y actuales.

En estos años difíciles, surgen a menudo dudas y debates sobre lo que es prioritario, lo necesario, frente a lo prescindible, lo superfluo. En nuestra economía doméstica tomamos decisiones como esperar a las rebajas para actualizar nuestro armario, pero en cambio no escatimar al cargar el carro del supermercado. En muchas casas andan estos días preguntándose por lo que se pueden permitir en concepto de vacaciones y de lo que deben prescindir. Y en las administraciones, desde el pequeño ayuntamiento hasta las cumbres de Bruselas, se debate sobre lo que se mantiene dentro de los parámetros de la austeridad, la disponibilidad presupuestaria y lo que se considera un despilfarro.

En este contexto, la ciudad de Guadalajara ha vivido cómo por el camino de la crisis y los recortes se han eliminado decenas de elementos de su realidad cotidiana o de su horizonte inmediato. Pongamos un hospital, un campus universitario, unos trenes, unos autobuses o unos miles de empleos. Y ha habido respuesta, claro está. En distinta medida, desde diferentes frentes y con variados argumentos, pero casi siempre aludiendo a lo urgente y lo prescindible.

Cola de protesta a las puertas del teatro Moderno, el pasado octubre. // Foto: E. C. culturaenguada.es

Cola de protesta a las puertas del teatro Moderno, el pasado octubre. // Foto: E. C. culturaenguada.es

Por eso quiero destacar la grandeza de que una parte de la sociedad guadalajareña no haya permanecido quieta y silente ante el cierre de un teatro. Un teatro modesto, con pocas butacas, para obras de pequeño formato, pero también un reducto para la creación, la fábula o la lírica en pleno corazón de la ciudad. ¿Qué supone una función infantil en domingo o una proyección en versión original frente a la ausencia de profesores de apoyo o el cierre nocturno de un centro de urgencias sanitarias? Evidentemente, no son parámetros comparables. Ni por el coste económico, ni por su contribución al bienestar de un vecindario.

Y por eso sobresale el hecho de que, entre tantos motivos que pueden alimentar la protesta activa o el lamento colectivo, el cierre de un teatro haya sido razón más que suficiente para salir a la calle y mantener viva una reclamación. Porque estoy convencida de que ha sido esa persistencia en el mensaje, esa contundencia en los argumentos la que ha precipitado -no se puede usar otro verbo en este caso- el desenlace de los acontecimientos.

Durante el último año, el Ayuntamiento de Guadalajara se ha mostrado en ocasiones tibio, en otras contradictorio y demasiadas veces cómplice de la Junta. Pero finalmente ha decidido hacerse cargo de la gestión del teatro Moderno. Porque lo considera importante, aunque tenga otros espacios para la escena (el Buero Vallejo, el Espacio Tyce, el CMI Eduardo Guitián…). Porque no debe ser tan caro de mantener, aunque se nos haya dicho que sí, que la gestión fue nefasta y que sólo una empresa privada podía llevarla de forma eficaz. Porque quizá el edificio no necesite tanta reforma, aunque nos hubieran asegurado que corría peligro la seguridad de los espectadores. Pero sobre todo, el Ayuntamiento hace lo que hace porque lo ha pedido la gente, de forma pacífica, constante e imaginativa. O, simplemente, como decía el “quitanieves” de Murakami, porque “alguien tiene que hacerlo”.

Es, en cualquier caso, y como ha dicho la Asociación de Amigos del Moderno, una buena noticia. Una victoria colectiva, añado yo, porque son muchos los vecinos que han participado en la reivindicación, los artistas que han mantenido encendido el foco a las puertas del teatro, o los periodistas que han preguntado por el asunto a los responsables culturales y han tratado el problema. Cuando el Moderno reabra sus puertas, será más nuestro, más de todos, de los artistas y los espectadores que lo han defendido.

Lo repito. Me siento orgullosa de vivir en una ciudad que no se calla cuando cierra un teatro. Y hoy, también, de tener un Ayuntamiento que ha oído el clamor. Sólo queda ver si se para a escuchar lo que dicen.

Una apuesta cobarde pero adecuada

Ariel Rot // Foto: mundomusica.es

Ariel Rot // Foto: mundomusica.es

Por Yago López

Lo primero antes de entrar en materia quiero dejar claro que escribo estas líneas partiendo de la idea de lo complejo que resulta en estos tiempos elaborar una programación musical decente para las Ferias y Fiestas de una ciudad, donde el presupuesto para contratación suele estar  muy limitado, y el bolsillo del ciudadano tiritando, por lo que es complicado repercutir la inversión en las entradas. Además con este asunto sucede que, utilizando un símil futbolístico, todo el mundo se cree seleccionador, y además el mejor. Por este motivo considero más que razonable la postura del Ayuntamiento de Guadalajara ante esta tesitura: traer a la ciudad una serie de grupos de cierta repercusión mediática y de estilos variados que darán cobertura a los diferentes gustos de los vecinos y, sobre todo, lo harán por un precio más que asequible –diez euros por actuación y un bono de 20 para todos los conciertos-.

Sin embargo –siempre hay un pero-, no puedo cuantificar con cifras el buen hacer del consistorio a la hora de organizar estos conciertos que suponen la programación musical de las próximas Ferias y Fiestas de septiembre de la capital alcarreña. El concejal del ramo, Jaime Carnicero, tiene la habilidad o la costumbre –según se mire- de no decir claramente cuanto suponen estas actuaciones a las arcas públicas –todavía estamos esperando que nos cuente cuanto pagó la ciudad por traer a Amaral, a Sergio Dalma o a Juan Magán. Una falta de transparencia que obliga al que escribe a calcular en función del caché de los artistas el presupuesto destinado por el edil para contratarles. Ya les digo que, cogiendo de referencia otras ciudades que ponen menos problemas para informar sobre estas cifras,  muy elevado en el caso del año pasado y mucho más asequible en lo que se refiere a este ejercicio.

Tras esta reflexión, muchos de mis allegados pensarán que me he vuelto loco aplaudiendo el cartel de fiestas cuando diga que lo componen los Hombre G o Melendi, que no son precisamente de mi agrado. Pero hay que ver las cosas con perspectiva. Ambos artistas mueven un número importante de público y a día de hoy si se tiene en cuenta su número de adeptos en la ciudad y su caché es una apuesta razonable. En las dos actuaciones está prácticamente asegurada una buena entrada, algo muy recomendable para un programa de Ferias y Fiestas.

Es cierto que la Concejalía no ha corrido riesgos ya que no es la primera vez que el cantante asturiano o la banda de David Summers tocan en Guadalajara. Los dos repiten en un periodo de tiempo corto y cabe esperar que más o menos logren parecidos  resultados: un éxito moderado. En el caso de Melendi, se entiende que se le vuelva a traer ya que ha sido por petición popular, no obstante ha quedado segundo tras Extremoduro en el sondeo que el Ayuntamiento realizó entre los jóvenes de la ciudad. Quiero pensar que la decisión de optar por el segundo ha estado basada más en una cuestión económica que ideológica, aunque tengo serias dudas al respecto –con Amaral o Juan Magán se decidió hacer el esfuerzo-. Algo menos comprensible es lo de los Hombres G, que miran de lejos desde hace décadas su mejor momento por lo que parece excesivo apelar de nuevo a la nostalgia.

Además de estos dos artistas, la organización ha reservado un espacio para actuaciones más minoritarias como la de Niños Mutantes. Los granadinos son una opción aceptable para los amantes del pop, y el que se encuentren a medio camino entre lo indie y lo comercial deja la puerta a una audiencia más numerosa. Claro que también se corre el riesgo de no gustar lo suficiente ni a unos ni a otros y salga el tiro por la culata. El tiempo lo dirá pero parece a priori la banda andaluza está lo suficientemente consolidada como para garantizar una buena entrada en una sala pequeña como el Tyce.

En el terreno del rock y compartiendo escenario con los ganadores del concurso de maquetas Denominación de Origen de Guadalajara (DOG) el Consistorio ha incluido a los míticos Barricada, que presentan un álbum recopilatorio de sus grandes éxitos. Un clásico, algo descafeinado tras la marcha de su miembro más carismático –El Drogas-, que cumple las expectativas de unas fiestas: canciones muy conocidas para este tipo de público y un buen ambiente roquero. Una opción muy aceptable.

Completa el cartel Ariel Rot, otro que repite en muy poco tiempo –ya estuvo en 2009 y 2011-. El que fuera uno de los miembros más destacados de grupos ya extintos como Tequila o Los Rodríguez da el perfil de músico para todos los públicos pero cabe la duda de si logrará el éxito de ocasiones anteriores teniendo en cuenta que esta vez su concierto es de pago.

Lo que seguro que no fallará será el espectáculo discotequero preparado por el Ayuntamiento para completar la oferta musical de Fiestas. El Festival SuperMartxé, que tiene lugar en Ibiza todos los viernes, se traslada a Guadalajara con los mismos djs que en la isla balear -Javi Reina y Playback- y con dos famosillas televisivas de invitadas–la cantante de Operación Triunfo Natalia y la de Popstars Nalaya. Sobre esto poco que decir, la demanda manda y a buen seguro se llenará.

Por tanto, excepto por lo repetitivo de algunos grupos del cartel y la espinita de que no venga Extremoduro a pesar de ser el grupo más demandado por los jóvenes, el programa me parece acertado en el contenido y sobre todo lógico en el presupuesto, que por otro lado no estaría de más conocer con exactitud.

Aquellos veranos de campañas arqueológicas

Gran foso del yacimiento arqueológico de Peña Moñuz (Olmeda de Cobeta). // Foto: M.P.

Gran foso del yacimiento arqueológico de Peña Moñuz (Olmeda de Cobeta). // Foto: M.P.

Por Marta Perruca

Por estas fechas, en otro tiempo, la Consejería de Cultura convocaría una rueda de prensa para dar cuenta de la campaña estival de excavaciones en los yacimientos arqueológicos de la provincia. Por aquel entonces se hacía alarde  del número de contrataciones  que se realizarían para abordar los trabajos precisos en el parque arqueológico de Recópolis y en los yacimientos celtíberos de Los Rodiles (Cubillejo de la Sierra); Peña Moñuz (Olmeda de Cobeta), Castilgriegos (Checa) y Castilviejo de Guijosa (Sigüenza), y las oficinas de empleo tirarían de lista para cubrir las plazas, que en estos momentos, supongo, llegarían como agua de mayo para los muchos parados de larga duración que contabiliza nuestra provincia.

Conviene recordarlo para que el olvido no vuelva a sepultarlos, porque hace unos años, estos yacimientos generaban empleo de temporada; ponían en valor nuestro patrimonio arqueológico y cultural; eran declarados Bien de Interés Cultural (BIC) y se percibían como oportunidades de desarrollo en el medio rural.

Por aquel entonces se trabajaba en una ruta interprovincial de la Celtiberia perfectamente señalizada y adaptada al turismo, que surcaría las provincias de Teruel, Guadalajara, Cuenca, Soria y Logroño. Asimismo, la Mesa de Desarrollo Rural concedía a Checa un proyecto financiado con fondos europeos para localizar allí un Centro de Interpretación. Podía parecer, incluso, que las administraciones eran conscientes de que se había invertido una gran cantidad de dinero en desenterrar la historia de nuestros parientes prerromanos y que había llegado el momento de que esos trabajos fueran rentables para la sociedad.

Castro celtíbero de Castilgriegos (Checa). // Foto: M.P.

Castro celtíbero de Castilgriegos (Checa). // Foto: M.P.

Desde 2010, sin embargo, esa convocatoria anual se perdió en el calendario y, al parecer, no ha sabido encontrarse. De hecho, no sé por qué tengo la sensación de que pretendió pasar desapercibida, como si los vecinos de esas comarcas deprimidas, que cada año encontraban en estas iniciativas un pequeño oasis, no se fueran a dar cuenta de su ausencia. A falta de una postura oficial, encontré la oficiosa por parte de un técnico: el jefe de Servicio de Cultura, que acababa de aterrizar en la Consejería con el cambio de Gobierno en la Junta. Los trabajos arqueológicos de la provincia, me dijo, necesitaban un nuevo planteamiento. Me explicó que no había disponibilidad presupuestaria, pero que, de cualquier manera, se había trabajado con demasiada intensidad en los últimos años y por lo tanto era necesario un margen de tiempo para que los científicos pudieran procesar toda la información extraída del subsuelo. No obstante, manifestó que se realizarían algunos trabajos en Recópolis y que se trataría de buscar nuevas fórmulas para continuar con las excavaciones en otros lugares.

Estoy de acuerdo con que las nuevas circunstancias puedan requerir también nuevas reglas del juego y ya sabemos que, según la Teoría de la Evolución, las especies que sobreviven a las adversidades son las que mejor se adaptan al entorno, pero tenemos que reconocer que en este caso, más que buscar fórmulas para seguir desvelando estos yacimientos, se ha optado por volver a sepultarlos, no necesariamente con tierra, pero sí con grandes montañas de olvido.

De veras que habría sido encomiable que, en este caso, la Administración buscara alternativas algo más imaginativas que las que pretende para los centros de interpretación, cuyo cierre provisional espera que caiga maná del cielo y que una empresa privada se haga cargo de ellos, mientras hoy se debate en Consejo de Gobierno una medida para que, por lo menos, abran sus puertas los fines de semana de verano. Me gustaría, por una vez, encontrar propuestas en lugar de excusas; que nuestros gobernantes, por un instante, se olvidaran de la herencia recibida y emplearan a esos cientos de asesores que nos cuestan una millonada para sacar adelante, aunque fuera una pequeña parte de todos los proyectos que se han quedado a medias.

Pero la lógica de esta crisis es de todo menos lógica. Ya sabéis, porque lo he repetido hasta la saciedad, que en estos tiempos en los que el sentido común es el menos común de los sentidos, pasan estas cosas. Por eso consentimos partidas presupuestarias inconmensurables para que nuestros políticos tengan asesores que aporten ideas para salir de la crisis, pero que me temo, no tienen ni idea, mientras que los hay con ideas, pero no les pagamos un duro. Así es la vida.

Y digo esto porque, mientras los yacimientos están abandonados y en peligro de que al agricultor de turno le dé por arar los terrenos de sus necrópolis antes de hacer los hallazgos oportunos, nos encontramos con un silencio sepulcral por parte de las administraciones, mientras hay quien mueve cielo con tierra para buscar una alternativa.

En este sentido, la directora de los trabajos del yacimiento de “Los Rodiles”, María Luisa Cerdeño, me comentaba que está tratando de organizar un campo de trabajo con estudiantes universitarios para poder continuar con las labores de excavación de este castro, uno de los más extensos descubiertos hasta el momento y declarado Bien de Interés Cultural.

Con ello se renuncia a la contratación estival de las antiguas campañas, pero sigue ejerciendo un efecto dinamizador, a la vez que logra que la paralización de las investigaciones no se alargue demasiado en el tiempo.

Y es que  seguimos con esa extraña lógica por la que todo es un gasto y no una inversión y cualquier infraestructura o proyecto de los que pagamos todos tiene que tener un presupuesto desorbitado porque la financia la Administración.

Había llegado el momento de que los restos de nuestros moradores prerromanos fueran rentables para la sociedad; estábamos en ese punto en el que bien podríamos ponerlos en valor y convertirlos en atractivo turístico, pero parece más rentable para la Consejería dejar que el polvo los vaya devolviendo paulatinamente a su estado original, sepultados bajo una enorme capa de olvido ¿Qué más da lo que hayamos invertido en su recuperación? Eso, señores, sí es un gasto y un derroche, lo otro, es una inversión.

El primer ascenso de nuestras vidas

Fotografía de la crónica del ascenso, hace diez años, en el Guadalajara Dos Mil.

Fotografía de la crónica del ascenso, hace diez años, en el Guadalajara Dos Mil.

Por Rubén Madrid

Hoy 26 de junio celebramos el segundo aniversario del ascenso del Deportivo Guadalajara a la categoría de plata del fútbol español, tal vez el hito más importante del deporte guadalajareño, al menos como espectáculo de masas. Apenas unos días antes, a finales de mayo, se cumplía un aniversario redondo que ha pasado totalmente desapercibido: los diez años del ascenso del Gestesa de fútbol-sala a Honor, el que podríamos llamar el primer ascenso de nuestras vidas.

Para una generación de aficionados y periodistas, aquel épico ingreso en la máxima categoría, en el año 2003 en Cartagena, cerró una etapa oscura para el deporte de equipos de la ciudad y abrió las puertas a un vendaval de éxitos, entre ellos la escalada de categorías del Depor y el muy meritorio salto del Quabit hasta Asobal.

Ante la desmemoria generalizada parece tarea obligada para quienes estuvimos allí tener que sacarlo a relucir, al menos en tan digno aniversario. No hace tanto, cuando había redacciones de periódicos, siempre había algún periodista que en algún momento caía en estas fechas, porque también había reuniones de redacción y momentos de asueto entre rueda y rueda de prensa.

La del Gestesa fue una gesta inesperada. Incluso haber estado allí para contarlo fue casi una casualidad, después de asumir un riesgo contrario a los consejos del sentido común. Porque, a decir verdad, aquel fin de semana había elecciones autonómicas y municipales, lo que siempre exige concentrar todos los esfuerzos en las urnas; pero también el Deportivo Guadalajara de la primera temporada de Retuerta, que entrenaba por entonces Curro Hernández, jugaba en Marbella su primer partido de promoción a Segunda B en muchos años. ¿Hasta qué punto convenía desplazar dos redactores a Cartagena para cubrir como dios mandaba el más que complicado ascenso del Gestesa? Ese ascenso no era imposible, pero sí muy poco probable. La gente el lunes andaría más preocupada por los sufragios y por la eliminatoria recién abierta del Depor.

Pero… ¿y si había ascenso?

Afortunadamente, en aquellas sedes de periódico donde había reuniones de redacción también se encontraba uno a redactores jefes tan románticos y apasionados de lo suyo como poco ortodoxos (el inigualable Manuel Bueno) y directores que amaban su profesión y apostaban por el periodismo verdadero, como Antonio del Abril. Así que no resultó difícil convencerles de que un periódico que se dignase en tener ese nombre debía estar en el momento y el lugar precisos. Si había un perro y un hombre, nada impediría que esta vez el hombre mordiese al perro.

Isma Mínguez ha entrenado también al Azulejos Brihuega. // Foto: Golsala.com

Isma Mínguez ha entrenado también al Azulejos Brihuega. // Foto: Golsala.com

Pero es que, a decir verdad, no sólo nosotros estabamos allí de chiripa, sino que el propio equipo había llegado contra todo pronóstico a esta fase, después de superar a un equipo mucho más experimentado, el Enpanyol.

La Unión, que tenía al Gestesa por nombre comercial, era un club diseñado a partir de cuatro equipos locales para llegar a la máxima categoría, pero lo cierto es que la programación deportiva de esta temporada había resultado muy precaria para tan alto objetivo: se configuró un plantel de jugadores calificados como ‘de equipo’ bajo la tutela de un técnico criado en la Alcarria, el atanzonero Isma Mínguez: con estos mimbres había opciones para intentarlo, tal vez para adquirir algo de experiencia en el asalto del año siguiente…

Tampoco el escenario era el más idóneo: el Wssell de Guimbarda cartagenero era llamado ‘la Bombonera’ por algo más que por buscar un apodo con mejor pronunciación. Y, para colmo, el primer partido en Cartagena, el sábado, se saldó con una indiscutible paliza: 8 a 4. Así que aquel domingo, Richi, Miñambres, Loyes, el capitán Isma y compañía tenían que ganar o ganar y nadie apostaba un duro por ellos.

El equipo recuperó bien anímica y físicamente tras el partido del sábado. La afición estuvo de diez en la cena tras la derrota: mezclada en el mismo salón restaurante del hotel, animó incansable a los chavales entre plato y plato.

Al día siguiente, el partido estuvo igualado. Los alcarreños ganaban por un tanto al descanso, así que había otros veinte minutos de reloj parado para soñar. Una ventaja que Leo amplió nada más arrancar la segunda mitad. Cuando, a los diez minutos, el morado Borrell le robó el balón a un zaguero rival y batió al portero en el mano a mano, la grada morada se vino abajo. La recompensa por el aliento prestado a los suyos llegó para los 150 aficionados desplazados, menos de los que seguramente habría garantizado una eliminatoria con más opciones. A partir de entonces, el rival se desquició, la expedición alcarreña hizo suyo el escándalo de la Bombonera y, al sonar la bocina final, invadió la cancha… Sobre el parqué cartagenero cayeron las lágrimas de todos, incluido el grandullón Santi Ranz. El último gol en contragolpe de Miñambres, que ataba definitivamente el ascenso cuando sólo quedaban 40 segundos en el marcador, había hecho explotar a la afición. Fue el primer petardazo de los últimos tiempos. Porque la emoción sería la misma que más tarde liberó cada penalti parado por Jorge Oliva al Pozoblanco o la que desataría en el graderío alcarreño en Anduva y en las casas ante los televisores cuando Ernesto salvó la distancia de los once metros y envió el balón al fondo de las mallas.

Tras los lejanos episodios del balonmano y el baloncesto en los primeros noventa, el ‘futbolín’ morado era el primero en situar de nuevo al deporte alcarreño en lo más alto. 

Sorprende por ello que aquel ascenso haya pasado desapercibido. La explicación, tal vez, se deba a que ya no queda nada de aquello. El equipo, que descendió y volvió a ascender de nuevo, no sólo cayó definitivamente tras una catastrófica temporada 2010/11 en Honor, sino que la entidad ha desaparecido y el artífice del ascenso en el banquillo ya no entrena a primer nivel (la última vez que ví a Isma Mínguez fue el domingo, pero creo que iba a tomarse un vermú al Otero). También se han cerrado los periódicos cuyas hemerotecas custodian estas hazañas: servidor escribió las crónicas de aquel fin de semana histórico con otro hexagonero, Abraham Sanz, para el extinto Dos Mil, escuela de periodistas que ha echado el cierre.

“La memoria es también una estatua de arcilla”, dejó escrito José Saramago en sus Cuadernos de Lanzarote, un librito que es un blog antes de que todos escribiésemos en un blog. “El viento pasa y le arranca, poco a poco, partículas, granos, cristales. La lluvia ablanda las facciones, hace decaer los miembros, reduce el cuello. Cada minuto lo que era dejó de ser, y de la estatua no restaría más que un bulto informe, una pasta primaria, si también cada minuto no fuésemos restaurando, de memoria, la memoria. La estatua va a mantenerse en pie, no es la misma, pero no es otra, como el ser vivo es, en cada momento, otro y el mismo”. 

De aquel ascenso a Honor, una emotiva hazaña deportiva ahora olvidada, queda, al menos, ese monumento impreciso pero heroico que esculpimos a golpe de recuerdo.

Una mezquita, ¿un problema?

En la imagen, la calle Leopoldo Alas Clarín donde se quiere ubicar la mezquita. // Foto: Google Maps

En la imagen, la calle Leopoldo Alas Clarín donde se quiere ubicar la mezquita. // Foto: Google Maps

Por Abraham Sanz

Dice el artículo 16  de la Constitución en su punto 1 que “se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley”. Texto que se ve refrendado en el punto 3 donde apunta que España es un Estado aconfesional y que los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán relaciones de cooperación tanto con la iglesia católica como con el resto de confesiones. Sin embargo, este precepto parece asustarnos cuando se habla de la construcción o instalación de futuros templos que no se encuentren vinculados a la tradición católica.

Este es el caso que actualmente está viviendo el barrio de Escritores donde la comunidad musulmana quiere abrir una mezquita que está teniendo el rechazo social de un sector del barrio que se opone por temor a la llegada de este santuario de oración islámico debido a que se vincula al terror con que los terroristas  inundaron España y, concretamente Guadalajara y el Corredor con 14 víctimas mortales, en aquel negro 11-M de 2004. No obstante, aunque la conexión mental entre estos sucesos y el islamismo es evidente, hemos de abrir la mente y pensar que en la sangre de todos los musulmanes no corre esa sed de violencia, sino que sólo buscan vivir en paz en un lugar al que han debido emigrar y donde sólo buscan contar con un lugar para su oración.

Ya hace dos años, este movimiento social se hizo notar en Guadalajara mostrando su rechazo contundente que se escenificó en una manifestación a la que acudieron cerca de 200 personas contra un proyecto que, finalmente, se desestimó por parte del Ayuntamiento por incumplir ciertos requisitos técnicos. Transcurrieron los plazos y ese proyecto que seguía durmiendo en el cajón de algún concejal, parece haber cobrado nuevos bríos y ha motivado que la directiva de la Asociación Amigos Alas Clarín haga un movimiento que roza el esperpento. Han inundado el barrio con octavillas pidiendo la colaboración de los vecinos para comprar el local donde se ubicaría esta mezquita con el único objetivo de que no se instale ahí este templo islamista. No existe un proyecto paralelo de uso ni nada similar, sino que se busca que este proyecto no vea la luz ni por activa ni por pasiva, eso sí, a razón de 1.000 euros por vecino. ¡Casi nada en tiempos de crisis! Y es que la cifra que deben alcanzar es de 180.000 euros para conseguir su meta de que en septiembre, Guadalajara no cuente con su cuarta mezquita en la ciudad.

Si digo bien, su cuarto templo islámico. Este temor sería comprensible sí éste fuera la primera y única mezquita que se quisiera ubicar en la ciudad, sin embargo ya tenemos ejemplos de sobra en la ciudad donde se han ubicado estos lugares de oración y donde no se han producido problemas de convivencia, ni con los vecinos ni con el entorno; sino que han seguido su curso como cualquier otra confesión que realiza sus ritos y celebraciones. Además, las dos últimas se abrieron hace relativamente pocos años (en 2008 y 2009) en el polígono del Balconcillo y otra en la céntrica calle Cervantes, donde la comunidad islámica y cristiana han convivido con total naturalidad. 

En la imagen, las octavillas que se están buzoneando en Escritores.

En la imagen, las octavillas que se están buzoneando en Escritores.

Ese es el camino, apostar por una total normalidad a la hora de integrar las costumbres y tradiciones de cuantos pueblan nuestra ciudad, dando ejemplo de una Guadalajara multicultural que sirva como ejemplo de cómo poblaciones pequeñas, dan pasos hacia la integración social del resto de nacionalidades que conviven aquí, puesto que de unos años a esta parte el maremágnum de nacionalidades, costumbres y confesiones de fe ha crecido y con creces. Y más aún debe crecer, dado que en este mundo globalizado, la búsqueda de un trabajo ya no se limita sólo a tu espacio geográfico vital (tu ciudad, tu provincia o tu país); sino que los horizontes se amplían y hemos de contar con una voluntad abierta a lograr la mejor convivencia tanto cuando somos nosotros quienes marchamos fuera; como cuando somos los receptores de esta población inmigrante.

Es cierto que tanto cristianismo como islamismo se encuentran enfrentados desde tiempos inmemoriales, donde la religión gobernaba el mundo debido a la falta de cultura y el temor a la muerte. Hoy en día, afortunadamente, esos dos lastres que motivaban que la fe en Dios o en Alá rigieran los designios de los pueblos, han sido altamente superados y la religión ha de contemplarse como una opción espiritual que no tenga nada que ver ni con política ni con afrentas propias de otra época. Si conseguimos mirar en perspectiva, por tanto, hemos de comprobar que la instalación de una mezquita en un barrio no ha de convertirse en un drama, sino en un acto de pluralidad religiosa a cuya apertura toda la comunidad del barrio debería estar invitada para que conocieran por dentro lo que es, puesto que buena parte de este rechazo proviene del desconocimiento y por la nefasta imagen que se ha formado en el imaginario colectivo del islamismo, debido a los desmanes de sus dirigentes.

En definitiva, más vale que los vecinos de Escritores –mi barrio desde que nací- se unieran para solicitar mejoras al Ayuntamiento o la Junta como un centro social en condiciones, el acondicionamiento del segundo sector del barrio que no fue mejorado con el Plan E o medidas de mejora de la convivencia con los colectivos de exclusión social que viven en esta zona; que en preocuparse tanto del posible emplazamiento de una mezquita.

La libertad religiosa está a la orden del día y hemos de respetarla para conseguir así un clima de paz y tranquilidad; para así no levantar fantasmas del pasado.

Interrogaciones e incertidumbre

Vista aérea del campo de fútbol Pedro Escartín. // Foto: guadalajara.incondicionales.com

Vista aérea del campo de fútbol Pedro Escartín. // Foto: guadalajara.incondicionales.com

Por Roberto del Barrio

No es una sensación nueva, más bien el sentimiento que ha acompañado al Deportivo Guadalajara y a toda su masa social en los últimos cinco meses. Casi podría asegurarse que es ya una compañera de viaje habitual y asumida, una especie de cinturón que oprime pero ha hecho callo. Es la absoluta incertidumbre ante el futuro, no les descubro nada. 24 de junio y todo en el aire, sin un solo punto de referencia que tomar como fijo para proseguir el camino. En periodismo solemos aferrarnos a la regla de las “Cinco W” para arrojar luz y construir argumentos, aquello del “quién, qué, cuándo, dónde y por qué”. Con el Depor, a día de hoy, resulta imposible dibujar un escenario fiable en alguno de estos perfiles, pues todos -futbolísticos y de despacho- aparecen inundados de dudas e inestabilidad. A saber:

1- Desenlace del proceso administrativo, ¿descenso o cautelar?: El futuro del Club Deportivo Guadalajara, en el plano puramente deportivo, pende de las resoluciones futuras en la vía administrativa. La primera, la que debe llegar del Comité Social de Recursos de la LFP sobre el recurso presentado por el club y que no podrá demorarse más allá del 7 de julio. En caso de ser desestimado (la opción que los propios abogados del club dan prácticamente por segura), el descenso será “ejecutivo” y el siguiente escalón en el itinerario pasará por solicitar la suspensión cautelar de la decisión. Al respecto, un mar de dudas. La principal: ¿qué hará la LFP el 1 de julio? ¿Permitirá la inscripción en la Liga Adelante al C.D. Guadalajara? Parece complicado. Y de concretarse esa medida, ¿dará marcha atrás Retuerta e inscribirá al equipo en Segunda B?

2- La continuidad de los jugadores con contrato: La situación de los 15 futbolistas vinculados aparece como una cierta garantía para el club, con un alto porcentaje de la plantilla en disposición de continuar, pero como una evidente situación de incertidumbre para los propios jugagadores. ¿Hasta cuándo estarán dispuestos a esperar? Si finalmente el Depor fuera excluido de la Liga Adelante con el verano ampliamente avanzado su situación en el mercado quedaría muy debilitada. Más interrogantes: ¿habrá alguno que pida salir del club para no poner en riesgo la próxima temporada? Y al mismo tiempo, ¿cómo afectaría en ultima instancia el hipotético descenso administrativo a esos contratos? Bien vía LFP o por las propias condiciones estipuladas en cada caso -si existieran-, podría darse la liberación de los compromisos firmados, algo que, evidentemente, también pondría al club en serias dificultades y con un tiempo muy reducido para confeccionar su proyecto en la maldita Segunda División B.

3- Renovaciones y fichajes: Al respecto, parece incuestionable el poco poder de convicción que puede ejercer el Deportivo en estos momentos para sellar nuevos compromisos. Tanto en el caso de las tres propuestas de renovación (Barral, Jony y Álvaro Antón) como en las posibles incorporaciones, el tiempo y la indefinición en cuanto a la categoría parecen escollos de gran magnitud que de alguna forma “bloquean” las negociaciones en uno u otro sentido.

4- Carlos Terrazas, el tótem del proyecto deportivo: Todo este engendro inestable se resume a la perfección en la figura de Carlos Terrazas. El bilbaíno ya ha manifestado con contundencia que no entrenará al Depor en Segunda B, con lo que urgiría el diseño de un Plan B, también en cuanto al banquillo, en caso de darse el desenlace más negativo. Por cierto, sobre su futuro en el cargo de mánager general poco se ha debatido. Personalmente, no concibo la figura de Terrazas en un segundo plano de despacho y con otro entrenador sobre el césped. Él nunca creyó en esa bicefalia de la parcela deportiva, por lo que, sobre el papel, no tendría ningún sentido plantear una fórmula de esas características en ninguna de las hipótesis posibles (del futuro del vasco escribí con mayor profundidad en el artículo de la semana pasada).

5- La querella contra Germán Retuerta: Según ha manifestado en sus últimas comparecencias el abogado Fernando Martínez, en este sentido no se producirán novedades hasta el próximo mes de octubre, aunque evidentemente de lo que suceda en el proceso penal dependerá, más a largo plazo, el futuro global del club. Al fin y al cabo, es aquí donde se decidirá judicialmente lo que aconteció en la dichosa ampliación de capital y, por lo tanto, la absolución o las consecuencias que pudiera tener para el presidente y su relación con el Deportivo Guadalajara.

Son cinco puntos que resumen el momento actual y que, por suerte o por desgracia, tendrán su desarrollo y solución en el futuro. Lo que sí es seguro es que se trata de cinco obstáculos que enmarañan el funcionamiento presente del Club Deportivo Guadalajara en un momento de alta dificultad. Estamos ante un verano de interrogantes e incertidumbre, una fase más de una historia que empezó a escribirse en febrero y que parece tener un sinfín de capítulos por publicar.