No es una conspiración, es un linchamiento

Fernando Rojo, periodista de Guadalajara

Fernando Rojo, periodista de Guadalajara

Por Fernando Rojo*

Cuando Ernesto posó el balón en el punto de penalti me tapé los ojos. Casi todos a mi alrededor hicieron lo mismo. Otros se dieron directamente la vuelta. Sólo unos pocos valientes miraron hacia la portería del Mirandés. Ya habíamos vivido una situación similar cuatro años atrás, cuando todos los jugadores del filial de la UD Las Palmas se lanzaron a la desesperada en el tiempo de prolongación sobre la meta defendida por Sanmiguel. Ahora sabemos cómo terminaron ambas jugadas: Sanmiguel despejó de puños y Ernesto transformó el penalti. Pero en aquellos instantes cruciales la apuesta era de todo o nada. Y lo difícil era mirar hacia allí. Lo humano, lo natural, lo que yo hice, fue taparme los ojos. Y esperar.

Hoy el futuro del Club Deportivo Guadalajara no depende de los pies ni de los puños de ninguno de nuestros futbolistas. Está en manos de un abogado que se llama Fernando Martínez. Es la cabeza visible del equipo de letrados que defienden al club ante la Liga de Fútbol Profesional y en los tribunales de Justicia ordinarios. Sus conocimientos jurídicos, su preparación del caso y su mayor o menor acierto a la hora de redactar los distintos recursos pueden resultar tan trascendentales para la historia del equipo de nuestra ciudad como lo fueron la depurada técnica de Ernesto o la autoridad por alto de Sanmiguel. Probablemente, más determinante aún. Porque lo que pudimos perder en el Pepe Gonçalvez y en Anduva fue una posibilidad –la de ascender primero a Segunda B y luego a Segunda A- que quizás hubiéramos recuperado una o dos temporadas después. Sin embargo, me temo que el descenso administrativo que pretende ejecutar la LFP tendría en este caso unas consecuencias irreparables. Y si entonces no miré por miedo, la semana pasada abrí bien los ojos y los oídos para ver y escuchar al hombre que lanzará este penalti, o más bien intentará despejar el balón, para que los aficionados morados sigamos soñando.

Los tres abogados que defienden al club estuvieron convincentes, pero quien más me sorprendió fue Javier Ramón, el encargado de litigar en los órganos jurisdiccionales deportivos. He de reconocer que me terminó de ganar con esa cita cinematográfica de “Pasión de los fuertes” (John Ford, 1946). Según Ramón, la LFP se comporta con el Deportivo como J. Farrell Macdonald con Henry Fonda, quien en el papel del comisario Wyatt Earp le pregunta, matarratas en ristre, si se ha enamorado alguna vez, a lo que Farrell le responde: “No. Siempre he sido camarero”.(Como buen cinéfilo, seguro que Javier Ramón sabe que el diálogo era un chiste encriptado para fanáticos de los “western” de John Ford, pues Farrell se había encasillado en su eterno papel tras la barra).

Sin embargo, creo que Javier Ramón fue demasiado benévolo con la comparación cinematográfica. Sin salirnos del western ni de las películas de Henry Fonda, considero que el filme que más se asemeja a la situación que vive actualmente el club morado es “Incidente en Ox-Bow”, brutal obra de William A. Wellman (1943) que gira alrededor de un linchamiento. El Deportivo es cualquiera de los tres pobres hombres a los que encontraron por el campo.Y la LFP, la jauría enfurecida de aldeanos que quieren ejecutar a toda costa a tres pardillos. No les vale ninguna prueba, no les vale la ley, no les vale ninguna garantía. Hay que hacerlo ya, porque sí y por encima de cualquier razón.

No exagero. Cuando digo que la LFP está actuando como un grupo de linchamiento, lo digo porque:

1. Han buscado una víctima propiciatoria y la han encontrado. Los tres pobres hombres que encontraron durmiendo a las afueras de Ox-Bow no eran por casualidad un joven impetuoso, un viejo y un mexicano. Es fácil actuar contra el Guadalajara porque es un club inexperto como el joven impetuoso, porque es débil como el anciano y porque es considerado extraño a la “cofradía del fútbol moderno” como el mexicano. Incluso los habitantes de Ox-Bow parecen más honorables que la organización que juzga y sentencia al Depor, compuesta por muchos clubes cuyos dirigentes han defraudado, han comprado partidos, han dejado deudas multimillonarias y/o tienen a sus sociedades al borde de la quiebra. Así que ese pelotón tan poco ejemplar sólo tenía dos opciones: o ahorcarse ellos o buscar algún pringado al que ahorcar. Lógicamente, eligieron la segunda opción.

2. Se ha escrito primero la sentencia y luego se ha celebrado el juicio. Así han funcionado siempre los tribunales de excepción. Recordemos cómo nos enteramos de todo esto. Una mañana de domingo, una emisora de radio asegura que el Club Deportivo Guadalajara ha cometido una irregularidad muy grave en la ampliación de capital y directamente apunta la condena que se le va a imponer, que no es otra que la pena capital en el terreno futbolístico: el descenso de categoría. Identificado el criminal y dictada la sentencia, ya sólo queda lo menos importante y accesorio para el grupo de linchamiento: las pruebas. Se encarga una auditoría que confirme los hechos. Y vaya si los confirma. No se conoce de momento a nadie que haya encargado (y pagado) una auditoría que termine diciendo lo contrario de lo que desea quien la encarga (y la paga).

3. Se han saltado sin pudor sus propias leyes. ¿Qué parte del artículo 70 de los Estatutos Sociales de la FAPE no ha entendido el grupo de linchamiento? “En el supuesto de que los hechos o conductas a enjuiciar presentaran indicios de revestir carácter de delito o faltas penales, el órgano disciplinario lo pondrá en conocimiento del órgano judicial competente, quedando en suspenso el expediente disciplinario, hasta que se dicte resolución judicial firme”.

¿Ha ocurrido todo esto? Claro que ha ocurrido todo esto. Y muchas más cosas también increíbles: Un entrenador dando brincos el día en que su equipo descendía; jugadores de otro equipo que llevan meses sin cobrar y cuyo club debe 30 millones de euros, pero que puede conservar la categoría pese a no haberla conseguido en el campo; y sobre todo, la nada neutral actuación del presidente de la LFP, consejero de un equipo que podría haber resultado beneficiado (no lo ha sido por culpa de la impericia del entrenador que daba brincos) y que, para más inri, cobró como asesor del Guadalajara en la época en que se hizo la ampliación de capital.

Ha ocurrido todo esto y muchas más cosas. Pero como son tan increíbles, tan estrambóticas, tan surrealistas, a quienes las enumeramos se nos suele tachar de conspiranoicos. Se equivocan. No es una conspiración. Es un linchamiento. No veo posible montar una conspiración con la complicidad del Consejo Superior de Deportes. Nada gana dicho organismo en una conspiración. Sin embargo, cualquiera puede formar parte de un linchamiento. Incluso el Consejo Superior de Deportes. Por miedo, por pasividad, por el qué dirán, por ir con la masa, porque las evidencias parecen suficientes a primera vista, por ejemplificar… Cosas más raras han ocurrido. Hasta Henry Fonda estaba dispuesto a participar al principio en el linchamiento de Ox-Bow.

Afortunadamente, aún queda lugar para la esperanza. Quizás no imparta Justicia el Comité de Recursos de la LFP. Pero sí tendrá que hacerlo el Comité Español de Disciplina Deportiva. Y si no, el Tribunal de lo Contencioso Administrativo. En alguno de estos organismos surgirá el Henry Fonda (siempre Henry Fonda) de “Doce hombres sin piedad” y planteará una duda razonable. Y convencerá al resto de magistardos (quién sabe si no lo intentó ya el vocal del Comité de Disciplina Social que se abstuvo) de que debe parar esta locura, que debe respetarse el artículo 70, que debe prevalecer el procedimiento judicial sobre el administrativo y que, por tanto, el Deportivo Guadalajara tiene que disputar la próxima temporada en Segunda división. Y mientras, que se deje actuar a la Justicia ordinaria, la que cumple leyes, la que recaba pruebas y la que respeta garantías. Y si se debe condenar a sus responsables, que se les condene. Pero no a una afición y a una ciudad que son de Segunda. Y pronto -según sostenemos los terracistas- de Primera. Pero esa es otra película.

*Fernando Rojo (Guadalajara, 1972) es periodista. Comenzó en 1989 en el “Flores y Abejas”, que luego se convirtió en “El Decano”, donde llegó a ser redactor jefe en 1999. Desde 2000, forma parte de la plantilla de ABC, donde ha sido jefe de Cierre y actualmente es jefe del Área de Fin de Semana. Escribe este artículo como aficionado, abonado del Deportivo Guadalajara y socio de la peña “La Zorra Alkarreña”. 

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