Las historias que hablarán de nosotros

Por Marta Perruca

Imagen del cartel del XXIII Maratón de los Cuentos de Guadalajara. // Foto: Maratón de Cuentos

Imagen del cartel del XXIII Maratón de los Cuentos de Guadalajara. // Foto: Maratón de Cuentos

El fin de semana pasado el Maratón de los Cuentos nos devolvía a las cavernas, a esos tiempos de tradición oral en los que las historias pasaban de generación en generación a través de la palabra, transmitiendo las enseñanzas de los mayores y, en definitiva, la identidad de la tribu.

Siempre he pensado que la vida está formada de pequeñas historias que encuentran su grandeza en su propia sencillez. La historia de Guadalajara y su provincia es la de sus gentes, pequeños retazos que en su conjunto nos pueden dar una idea de quiénes somos.

Esta semana he estado recapacitando sobre la historia que contarán de nosotros y de estos truculentos días que nos han tocado vivir. Sí, me he preguntado quién escribirá nuestra historia y qué historia: si la de nuestros gobernantes o la de los vecinos que día a día hacen ciudad. También me he cuestionado quiénes son esos vecinos: Los que cada día madrugan para marcharse a trabajar, para abrir la verja de su negocio; los que prácticamente viven en un despacho o quienes nos atienden al otro lado de una mesa de oficina; o, por el contrario, esos otros, cada vez más numerosos, que ya tienen su lugar asignado en rincones, esquinas o puertas de supermercardos para arañar algo de caridad que les permita llevarse algo a la boca; los que hacen cola en los bancos de alimentos y comedores sociales; o esos vecinos más anónimos que esperan a que caiga la noche para husmear en los contenedores.

La historia de Guadalajara es la del conjunto de sus vecinos: // Foto: absolutguadalajara.es

La historia de Guadalajara es la del conjunto de sus vecinos: // Foto: absolutguadalajara.es

Y es que, nos guste o no, ese es el panorama cotidiano actual de la ciudad de Guadalajara, que cada día amanece con el ruido de los vehículos y las verjas de los comercios, y asiste a ese momento preciso en el que cada mendigo vuelve a ocupar su lugar, para terminar el día con el murmullo silencioso de los que no han encontrado otra salida que rebuscar en los contenedores de basura. Todas esas personas son las que van narrando nuestra historia, esos pequeños pedazos que, en su conjunto, nos dicen quiénes somos.

Quizá nos reconozcamos en esas personas que caminan a su lado ignorando su historia, o en esas otras que ya ni se sorprenden cuando encuentran a alguien con medio cuerpo metido en el interior de un contenedor. Parece como si no pudiéramos estar nunca dentro de ese 26,7 por ciento de castellano-manchegos que viven por debajo del umbral de la pobreza. Escuchamos eso de que más de 3 millones de españoles viven en una situación de pobreza extrema y nos escandalizamos, sí, y decimos frases como “A dónde vamos a ir a parar”, pero luego nada de nada, porque eso no nos va a pasar nunca a nosotros.

Podrán contar muchas historias de estos tiempos extraños, de elegidos y desheredados, algunas de ellas preferiríamos no escucharlas. Cuentan los papeles que ha crecido el número de pobres, que las distancias entre ricos y pobres cada vez son más grandes y que, a pesar del chaparrón, sin embargo, ha aumentado considerablemente el número de ricos en España.

Y estamos hartos de escuchar al delegado diocesano de Cáritas en Guadalajara, Braulio Carlés, hablar del incremento en las necesidades de auxilio, de los más de 200 menús diarios que ofrecen en el comedor social y de los cada vez más escasos recursos.

Esas son las otras historias, como las del otro Estado de Bienestar, el que sustenta el entramado social y las familias, que mantiene a desempleados, da asilo a los desahuciados y llega allí donde el verdadero Estado de Bienestar se lava las manos.

“¿Qué nos pasó en aquellos años?” Pensarán las generaciones futuras. Porque lo cierto es que, cuando la situación es más decadente, cuando la miseria se apodera de nuestras calles y plazas, los hay quienes miramos a otro lado, y los que, aún estando por encima, ocupando sillones de poder, están más preocupados de que les salgan las cuentas que de reaccionar convenientemente. No se les ha ocurrido pensar, por ejemplo, que eliminando la gratuidad de los comedores escolares o del transporte, han castigado aún más los maltrechos bolsillos de los ciudadanos, impidiendo en algunos casos que los chavales puedan disfrutar de al menos una comida al día en condiciones; que reduciendo las dotaciones a ONG’s en lugar de incrementarlas cuando son más necesarias ponen obstáculos a quienes tienen una vocación asistencial, que parece que estas administraciones han perdido por el camino.

“Por aquel entonces-dirán de nosotros- se hacían esas cosas sin sentido: Se abarataba el despido para crear puestos de trabajo, por ejemplo, o se estrangulaban las economías de los ciudadanos para dinamizar la economía y salir de la crisis”.

En los tiempos de las cavernas los miembros de la tribu se sentaban en torno al fuego para escuchar los relatos de los mayores: historias que desvelaban los misterios transmitidos de generación en generación. Ellos no dejaban morir a ninguno de sus miembros de hambre o de frío, porque su organización social velaba por la supervivencia de toda la comunidad. Entonces solo tenían sus historias para saber quiénes eran.

El ‘otro’ eje cultural

Los albañiles tapiaron las ventanas del Ateneo el día siguiente del desalojo de los okupas. // Foto: E.C.

Los albañiles tapiaron las ventanas del Ateneo Municipal el sábado, apenas doce horas después del desalojo de los okupas. // Foto: E.C.

Por Rubén Madrid

El lunes comienzan las obras de remodelación de la antigua carretera de Barcelona, en lo que se ha dado en llamar el Eje Cultural. He defendido contra una amplia corriente de críticos que el nombre no resulta del todo desacertado: un paseo que arranca nada menos que en el Palacio del Infantado y que conecta con los remodelados tesoros de El Fuerte de San Francisco, pasando por esa joya de exotismo alcarreño que es el salón chino de La Cotilla y por la concatedral (a falta de catedral o mezquita, bien merece la parada), puede hacer gala sin sonrojos de  esta denominación. Y Eje Patrimonial, pongamos por caso, podría ser más preciso pero también más rebuscado.

Otra cosa es que un paseo que merezca tal denominación logre limpiar de veras el hediondo perfume de combustiones de esta calle, despeje las polvaredas del secarral en que se ha convertido el antiguo colegio Cardenal Mendoza, destape para disfrute del visitante los pasadizos subterráneos que hay en sus entrañas y gane metros cuadrados de acera para el peatón. Habrá que verlo, aunque parece que los tiros apuntan en esa dirección.

Lo que llama la atención es que este Eje Cultural se pueda convertir, en cambio, en una suerte de autopista de circunvalación para que el turista recién llegado o el guadalajareño amante de su patrimonio evite dirigir los pasos por el itinerario cultural más natural, que recorre el corazón de la ciudad y que hoy por hoy ofrece un panorama desolador. Porque tras comenzar la visita por el centro de interpretación del Torreón de Alvar Fáñez o el Infantado, y parando tal vez en  Dávalos o el Convento de La Piedad, quienes estén dispuestos a continuar hacia La Cotilla, Santa María y El Fuerte ganarían tiempo, sosiego y aire limpio caminando por la ruta callejera que en pleno centro nos ofrecía hasta antes de ayer (por no remontarnos más atrás) reclamos tan culturales como un cine, un ateneo, un teatro y dos palacetes nobiliarios.

Fachada del Cine Imperio, abandonado. // Foto: www.flickr.com

Fachada del Cine Imperio, abandonado. // Foto: http://www.flickr.com

Las visitas a estas ruinas, meros testimonios de una cultura popular que se ha perdido, siguen a la vista de todos. Hay un edificio centenario que da especial lástima. Es el Cine Imperio, cuya fachada destartalada convierte en una parodia la grandilocuencia conquistadora de su nombre y cuyos grafitis y desperfectos dicen muy poco de la coqueta sala en la que algunos todavía pudimos disfrutar del cine llevados hasta la butaca por un acomodador con linterna y para aprovechar el descanso de la película para comprar palomitas. Pero aquí, desde hace ya un puñado de lustros, la única película que anuncia la cartelera es ‘Esta casa es una ruina’.

A unos pasos hay otro edificio que emprende ahora el mismo trayecto y en el que el cartero siempre llama dos veces, pero ya no le abren la puerta. Es el Teatro Moderno.

Que su cierre haya levantado una oleada de indignación entre muchos guadalajareños (su asociación de amigos tiene más de 400 socios) tiene una explicación bastante básica, al margen de otras consideraciones que salten a escena: se trata del lugar mejor diseñado y equipado para espectáculos de pequeño y mediano formato (léase teatro clásico, teatro hecho por niños, títeres, cuentacuentos, conciertos acústicos o recitales de poesía). Por si fuera poco, está ubicado en el epicentro de la que tradicionalmente ha sido la zona de ocio taciturno y nocturno de la ciudad, y sus tablas han sido las más pisadas por los artistas locales. Pragmatismo y romanticismo confluyen al otro lado de ese telón bajado por vez última hace un un año.

(Por cierto, resulta desternillante la última aportación al debate: en los folletos del Congreso Nacional de Magia se puede leer que hay actuaciones en el Teatro San José. Literal: teatro San José, como si Diputación hubiese querido participar en la convención de magos sacándose un teatro de la chistera).

El paseante que siga haciendo uso de este otro eje cultural podrá encontrarse tal vez a las puertas del Moderno a un grupo de actores. Pensará que son los seis personajes en busca de autor de Pirandello, pero seguramente se trata de algunos amigos del Moderno en busca de escenario. La fachada principal de este edificio puede presumir de versatilidad como decorado, porque igual enmarca un concierto que una sesión de cuentacuentos. El Cineclub Alcarreño, que dentro tiene el mejor equipamiento de la ciudad para sus proyecciones, ha llegado a sacar su ‘CinExin’ para convertir sus muros en una pantalla y montar así sesiones al aire libre. Se nos ocurre que podrían recuperar una programación de cine de verano en versión original sin necesidad de subtítulos proyectando una película de Chaplin: ‘Tiempos modernos’, por supuesto.

Una de las ilustraciones de Gerald Scarfe para la opera rock 'The Wall'.

Una de las ilustraciones de Gerald Scarfe para la opera rock ‘The Wall’.

Este itinerario de arqueología cultural  también ofrece aquí otros dos puntos de visita obligada: son los palacios de los Condes de Medina, vacío desde la salida de allí de las dependencias regionales, y de los Vizcondes de Palazuelo, del que sólo queda la sombra de su recuerdo en un solar de la plaza de San Esteban.

Pero hay más, antes de enfilar hacia La Cotilla: el Ateneo Municipal.

Algún paseante ensimismado se pudo pensar que las artes escénicas estaban de vuelta en ese antiguo eje cultural cuando el viernes presenció una escena que le recordó a ‘Muerte accidental de un anarquista’ de Darío Fo. Pero, en realidad, era la okupación del edificio por parte de un grupo de jóvenes ante un despliegue policial que hizo saltar las lágrimas de los más nostálgicos. Algún anciano al que le denegaron la circulación por esta calle debió de pensar que se trataba de algunos rebeldes sin causa, mientras que otros pensaron más bien en ‘Loca academia de policía’ al ver tantos agentes acordonando el edificio tomado por perroflautas, punkarras y gentes de mal vivir.

El episodio nos devuelve también a otro título clásico de cine, ‘Lo que el viento se llevó’, que tal vez pueda proyectar el Cineclub en esas hipotéticas sesiones de verano o en un nuevo ciclo por descubrir en el salón de actos del San José (deberíamos decir el teatro San José, ¿o tal vez los Cines San José?). Porque lo que el viento se llevó del Ateneo fueron las promesas de un edificio restaurado, para uso de todos, un lugar de referencia (¿nuestro centro Niemeyer? ¿nuestra Casa Encendida?) con salas de exposiciones y de ensayos, una cafetería de diseño y la sede de la delegación de la cosa… Lo que ha pasado es que los vendedores de humo perdieron las elecciones y quienes les han sustituido prefieren avivar las llamas de un fuego devastador para luego declarar el edificio zona catastrófica.

Y han tenido que venir cuatro macarras a decirnos que lo del Ateneo es todavía más sangrante que lo del Moderno, porque dura más y está en peores condiciones; peor, incluso, que lo del Imperio, porque el Ateneo es de todos; y un asunto del que además deberíamos sentirnos responsables cada uno de los ciudadanos, porque, a diferencia de los palacetes nobiliarios, esta casita se construyó para enseñar a leer a los obreros analfabetos y como foco de cultura para el pueblo llano.

Más allá del análisis de sus ruidosos procedimientos, los okupas lograron llamar la atención sobre el despropósito consistente en dejar abandonado un edificio del que todos somos dueños, en pleno centro. La respuesta de las autoridades, en cambio, no ha podido ser más pobre: José Luis Condado, a quien por ahí han bautizado como el señor Candado, corrió a denunciar a la policía que le habrían arrebatado algo muy valioso… pero al día siguiente, cuando ya lo había recuperado, lo único que se le ocurrió fue tapiar las ventanas… no fuese que entrase alguien para usarlo.

El sábado un albañil tapiaba las ventanas del Ateneo. Me vino a la mente la imagen de los niños que dibujan las casas como si fueran caras cuyas ventanas son ojos. Por eso esta reacción ha sido algo así como si, ante el rubor por la situación del Ateneo, la Junta hubiese preferido taparse los ojos, no mirar.

La ceguera tiene muchas connotaciones metafóricas. También el ladrillo, y más en este país. Y los muros, aquí y en Berlín. Este eje cultural decrépito sigue convocando a las artes y uno recuerda al grupo de rock sinfónico Pink Floyd, que publicó hace más de treinta años una ópera rock titulada The Wall. Escribió en sus canciones Roger Waters sobre los muros que separan físicamente (como los que partieron en dos a las familias berlinesas) y psicológicamente (para el invididuo, en todos los totalitarismos), pero alertaba también sobre aquellos procedimientos que en sociedades que se dicen democráticas tienen por misión amordazar y maniatar: el adoctrinamiento (frente a la educación), la coacción (en vez del espíritu crítico) y la represión como recurso de la autoridad son fórmulas que sacrifican las libertades. La canción (o el corte) más conocida del disco lleva un título que pareciera ocurrido después de los últimos sucesos en el Ateneo: «Otro ladrillo en el muro». En el estribillo, un coro de escolares en rebeldía canta: «No necesitamos que controléis nuestro pensamiento». 

La oportunidad del running

Villanueva acogió este domingo una prueba del circuito 'Recorre Guadalajara' // Foto: A.Sanz

Villanueva acogió este domingo una prueba del circuito ‘Recorre Guadalajara’ // Foto: A.Sanz

Por Abraham Sanz

El running vive hoy en día unos momentos de gran auge entre la población y se ha convertido en uno de los deportes más populares entre la población de mediana edad. Su facilidad de práctica, la habilitación de grandes zonas verdes donde poder correr y su escaso coste, hacen que su creciente popularidad durante las últimas fechas sea utilizada de un modo provechoso por las administraciones locales para crear nuevos eventos deportivos que permitan ampliar su calendario de actividades.

Aunar deporte y cultura es una buena medida que permite a algunos municipios salir del ostracismo y volver a sentirse importantes por las particularidades de la prueba atlética que proponen así como porque la celebración de esa cita siempre supone un elemento novedoso que altera el normal funcionamiento de estos pueblos y, se convierte en un nuevo método de atracción de visitantes que no sólo acuden a la cita deportiva, sino que posteriormente pueden disfrutar el resto de la mañana o del día en la zona, dinamizando así los negocios locales y dotando de vida a estos pueblos.

Para dotar de un mayor empaque y proyección a estas citas que comenzaban a organizar los ayuntamientos por iniciativa propia, la Diputación decidió aunar las más importantes dentro de un circuito para lograr crear un itinerario por la provincia a través de estas citas atléticas, combinando así estos valores deportivos con otros relacionados con la promoción turística de Guadalajara a través del deporte. Una fórmula que, sin duda, funciona puesto que si este circuito comenzó cuatro años atrás con cinco carreras; en la actualidad ya cuenta con un total de nueve, apostándose por distancias asumibles que supongan un disfrute para los corredores aficionados en el que, además, se van introduciendo variaciones entre las localidades que organizan estas pruebas para así, aportar mayor variedad a los corredores y seguir profundizando en el objetivo de promocionar la provincia.

Sin duda es una idea más que potable y que logra combinar ambos objetivos, pero quizá hemos debamos resaltar aún más la promoción del deporte que se hace por la provincia, llevando el espectáculo del running por todos los puntos de la misma. No es lo mismo entrenar a diario recorriendo tu lugar de residencia, que imbuirte de lleno en el ambiente de una carrera puesto que supone una motivación extra para todos los corredores así como la culminación de todo el entrenamiento previo. Más aún cuando en épocas de crisis, se sigue apostando por precios populares para la inscripción que, luego a la postre se ve recompensada tanto con la organización de la prueba en sí como los diferentes regalos, bebidas y otros servicios que se ofertan de un modo gratuito. La creación de este ‘Recorre Guadalajara’, que nació con el mandato anterior y que con atino se ha decidido mantener en el actual, es sentar las bases para que el atletismo sea cada vez más popular y permita la creación de nuevos clubes entre aquellos que despunten en estas citas populares y gocen de objetivos más ambiciosos.

La carrera fue un éxito de participación y de calidad. // Foto: A.S.

La carrera fue un éxito de participación y de calidad. // Foto: A.S.

Y sí es destacable esa apuesta por el deporte tanto de ayuntamientos como de la propia Diputación –no sólo en Guadalajara sino en multitud de provincias cercanas-, es el bonito ambiente que se genera entorno a la prueba que siempre supone un aliciente para todos los participantes y una oportunidad para el pueblo que la organiza para darse a conocer y para dar a conocer parajes hasta ahora menos explorados por turistas o propios lugareños. La última prueba de este circuito tuvo lugar este domingo en Villanueva de la Torre y fue una auténtica delicia para una aficionado al deporte como yo, disfrutar tanto de la organización como del buen ambiente que se genera en este tipo de competiciones que, unidas en un circuito dota de mayor coherencia a su ordenación en el calendario y motiva a los amantes del running a sumarse a cuántas más mejor para disfrutar de su deporte.

No obstante, hay otras citas atléticas que no se encuentran dentro de este circuito, pero que por solera o por parangón como las medias maratones del Ocejón, Azuqueca o Guadalajara, son ya un más que notable ejemplo de cómo una prueba de estas características puede atraer a un importante número de gente sólo por el mero hecho de disputarla. O al contrario, localidades más humildes han sabido, como es el caso de Romancos, convertir el día de la carrera popular en una auténtica fiesta y en una cita ineludible en el calendario de los vecinos de esta pequeña pedanía de Brihuega, puesto que los vecinos se vuelcan tanto en su organización como en su participación y, además aderezan el día con una comida popular o con competiciones infantiles.

El running está en auge y los pueblos de Guadalajara están aprovechando con acierto su efervescencia, ya que mezclar turismo, cultura y deporte es sin duda una combinación que debe llevar al éxito.

La moralidad de Terrazas

El presidente Retuerta, en una conversación con Carlos Terrazas. // Foto: www.deportivoguadalajara.es

El presidente Retuerta, en una conversación con Carlos Terrazas. // Foto: http://www.deportivoguadalajara.es

Por Roberto del Barrio

«No entrenaré al Deportivo Guadalajara en Segunda División B». Fue una sentencia abierta a interpretaciones cuando explotó en rueda de prensa hace un par de semanas. Salió de la boca de Carlos Terrazas, entrenador, mánager y ángel de la guarda de un proyecto que empezó en septiembre del 2011, pasó a la gloria vía Anduva y se ha instalado en el fútbol profesional. Me consta que un itinerario dibujado por el vasco en cada uno de los clubes por los que había pasado, pero finalmente un plano calcado al milímetro que sólo encontró su culminación en el Depor y en el Escartín.

Cada uno de sus escalones se ha cubierto con paso firme, el que ha encarnado un entrenador brillante en algunos aspectos y peculiar en casi todos, un hombre de club que, sin embargo, adaptó el club a su proyecto y no a la inversa. Sus mandamientos pasaron al más absoluto convencimiento de la cabeza del presidente, que fió su suerte al técnico con más galones de la ‘era Retuerta’. Celestino Vallejo, hasta entonces mano derecha y figura incuestionable, fue el último obstáculo y saltó por los aires. Terrazas no creía en una bifurcación del mando en la materia deportiva, ni en la figura del director deportivo, y su modelo pasaba irremediablemente por aglutinar todo el poder.

Retuerta lo concedió para asegurar la comodidad de Terrazas, por su parte con apariencia de estar echando raíces de grandes dimensiones: «El club soy yo y yo soy el club» o «trabajo como si fuera a ser el entrenador los próximos 20 años» son los lemas con los que el bilbaíno certificaba su identificación con el morado alcarreño, un camino que parecía indivisible en cualquier circunstancia. Incluso en la que suele ser más vinculante respecto al futuro de los entrenadores: las derrotas. El nefasto comienzo liguero, con un punto en las primeras siete jornadas, destató algunas dudas, en la crítica y en la grada, después de un verano en el que los héroes del ascenso fueron desfilando para dejar espacio ante una profunda renovación.

El club, Terrazas o viceversa, siguieron inalterables. Confianza absoluta y continuidad, ni un atisbo de duda. El Depor reaccionó y salió del atolladero. Respiró al final de la primera vuelta y en la segunda, ante el presumible despegue, apareció el embrollo extradeportivo. Al final, permanencia y nada más. Para mí, un éxito dadas las circunstancias. Para el mánager, objetivo incumplido teniendo en cuenta el listón del play-off.

Terrazas, durante la entrevista del pasado miércoles en la Cadena Cope.

Terrazas, durante la entrevista del pasado miércoles en la Cadena Cope.

¿Y ahora qué? ¿Cuál es la posición de Terrazas ante la incertidumbre actual? En un principio, la cita con la que comienza este artículo sonó a un mensaje de tranquilidad, a un eslogan con el que mostrar pleno convencimiento de que el Club Deportivo Guadalajara seguirá en la división de plata la próxima temporada. Pero el pasado miércoles, en una entrevista concedida a la Cadena Cope en la que participé activamente, el míster deportivista dio un paso más, desterró muchas de las interpretaciones posibles y fue tajante: «No me veo, no sería bueno ni apropiado que yo entrenara a este equipo, a este club y a esta ciudad en Segunda B».

Durante la entrevista, el vasco dejó pocos titulares más, pero sí sensaciones llamativas. Sí se desmarcó del proceso de ampliación de capital origen de todos los problemas y de los hipotéticos errores el presidente, pese a que mostro su «confianza» en que pudieran no ser tales. También rechazó cualquier tipo de «contubernio» contra el Depor procedente de la LFP, a la que símplemente acusó de «haberse precipitado». En definitiva, una postura reflexiva, paciente e individualista, entiéndase este último término como su afán por defender estrictamente sus responsabilidades, ni un centímetro más allá.

Creo que ése es el marco en el que debe analizarse su decisión de no continuar al frente del barco si cae en la marejada de la Segunda B. Más allá de lo que digan los contratos y de la mutua fidelidad construida por ambas partes, ¿hasta qué punto estaría moralmente obligado Carlos Terrazas a continuar? Retuerta apostó todo a su caballo, a su proyecto y puso el club a sus pies, pero las condiciones han cambiado. El ambicioso o utópico -según quien lo juzgue- proyecto que buscaba el entrenador vizcaíno pasaba por instalarse en Segunda y cumplir plazos hasta desafiar las leyes económicas del fútbol y poder ascender sin despilfarro alguno. Nunca estuvo en su cabeza dar un paso atrás y, si se da, no será achacable a su labor, sino al presunto fraude del presidente.

Si llegara el temido descenso administrativo, las normas (morales) del juego también habrían cambiado. Si Terrazas se va, no faltará a su compromiso con Retuerta, el club o la ciudad. Incluso podría sentirse perjudicado. No olvidemos que si la Segunda División es un sueño para el Deportivo, no lo es menos para el entrenador, que por fin había encontrado el ecosistema idóneo para desarrollar una idea que ha tenido grabada en lo más profundo de su ser desde, seguramente, el inicio de su carrera. Nadie le regaló la categoría, por la que tuvo que batallar durante más de una década con la carga de un cartel austero que no le ayuda en este mundo de estrellas. La moralidad de Terrazas sigue intacta y lo seguirá estando sea cual sea el desenlace final.

El coche de Radio Televisión Castilla-La Mancha sufrió el ataque de los aficionados del Cieza con yeso, huevos y harina, además de otras sutancias orgánicas.

El coche de Radio Televisión Castilla-La Mancha sufrió el ataque de los aficionados del Cieza con yeso, huevos y harina, además de otras sutancias orgánicas.

Delincuencia en Cieza. No puedo dejar de lado en este Hexágono de lunes la vergonzosa jornada vivida y sufrida ayer por el C.D. Azuqueca en Cieza. No voy a entrar a valorar la lamentable actuación arbitral -pues hay imágenes-, ni el penalti y la expulsión tempranera que marcaron la eliminatoria. Ni el 4-0 final. Hay cosas más importantes que el fútbol dentro del propio fútbol. Una de ellas, la seguridad de los aficionados (los realmente aficionados, no los cabestros) y los profesionales en las categorías humildes, especialmente en las eliminatorias de ascenso. Lo que ayer sucedió en la localidad murciana es, con todas las letras, una exhibición de delincuencia que, además, se repite con demasiada frecuencia ante la pasividad de las autoridades deportivas.

La Federación Española de Fútbol debería plantearse de una vez por todas si quiere convertir estas citas en una cuestión de supervivencia o eliminar del camino a los clubes con aficiones violentas, la única fórmula que se me ocurre para erradicar el problema. Ayer, el autobús del Azuqueca fue recibido en la localidad con un lanzamiento masivo de objetos y huevos, un ataque que también sufrieron antes y después del partido los periodistas desplazados (especialmente mi colega Luis Castro, de RCM). Lo que se vivió durante los 90 minutos en La Arboleja ni rebajó el nivel de agresividad -hubo una invasión de campo en el descanso con aires de rebelión- ni se puede decir que fuera cosa de «unos pocos», como suele pasar en estos asuntos. Insisto, hablamos de actos vandálicos y premeditados, delincuencia pura y dura que deberían vigilar, perseguir y condenar inicialmente las autoridades políticas de estas localidades y los propios clubes.

Que siga imperando la ley del miedo en algunos campos de este país es vomitivo, inhumano y un soberano atropello. El que quiera fútbol, que lo cuide con un comportamiento digno de seres humanos y, por favor, que no lo pervierta convirtiéndolo en una batalla gobernada por cafres y macarras de presidio. Hemos asumido con demasiada normalidad que los campos sean un nido de insultos y que en ocasiones se creen ambientes que exceden lo hostil. Pero a veces la línea va, incluso, mucho más allá. El Cieza estará en el bombo porque lo permitirá la RFEF; y su insigne presidente, el hombre que alentó a las reses bravas durante la semana para intimidar al Azuqueca, paseará orgulloso con la sensación de haber ganado una batalla. Olé tus huevos -con perdón de la expresión-, si es que quedó alguno en el pueblo después de la emboscada.

No es una conspiración, es un linchamiento

Fernando Rojo, periodista de Guadalajara

Fernando Rojo, periodista de Guadalajara

Por Fernando Rojo*

Cuando Ernesto posó el balón en el punto de penalti me tapé los ojos. Casi todos a mi alrededor hicieron lo mismo. Otros se dieron directamente la vuelta. Sólo unos pocos valientes miraron hacia la portería del Mirandés. Ya habíamos vivido una situación similar cuatro años atrás, cuando todos los jugadores del filial de la UD Las Palmas se lanzaron a la desesperada en el tiempo de prolongación sobre la meta defendida por Sanmiguel. Ahora sabemos cómo terminaron ambas jugadas: Sanmiguel despejó de puños y Ernesto transformó el penalti. Pero en aquellos instantes cruciales la apuesta era de todo o nada. Y lo difícil era mirar hacia allí. Lo humano, lo natural, lo que yo hice, fue taparme los ojos. Y esperar.

Hoy el futuro del Club Deportivo Guadalajara no depende de los pies ni de los puños de ninguno de nuestros futbolistas. Está en manos de un abogado que se llama Fernando Martínez. Es la cabeza visible del equipo de letrados que defienden al club ante la Liga de Fútbol Profesional y en los tribunales de Justicia ordinarios. Sus conocimientos jurídicos, su preparación del caso y su mayor o menor acierto a la hora de redactar los distintos recursos pueden resultar tan trascendentales para la historia del equipo de nuestra ciudad como lo fueron la depurada técnica de Ernesto o la autoridad por alto de Sanmiguel. Probablemente, más determinante aún. Porque lo que pudimos perder en el Pepe Gonçalvez y en Anduva fue una posibilidad –la de ascender primero a Segunda B y luego a Segunda A- que quizás hubiéramos recuperado una o dos temporadas después. Sin embargo, me temo que el descenso administrativo que pretende ejecutar la LFP tendría en este caso unas consecuencias irreparables. Y si entonces no miré por miedo, la semana pasada abrí bien los ojos y los oídos para ver y escuchar al hombre que lanzará este penalti, o más bien intentará despejar el balón, para que los aficionados morados sigamos soñando.

Los tres abogados que defienden al club estuvieron convincentes, pero quien más me sorprendió fue Javier Ramón, el encargado de litigar en los órganos jurisdiccionales deportivos. He de reconocer que me terminó de ganar con esa cita cinematográfica de “Pasión de los fuertes” (John Ford, 1946). Según Ramón, la LFP se comporta con el Deportivo como J. Farrell Macdonald con Henry Fonda, quien en el papel del comisario Wyatt Earp le pregunta, matarratas en ristre, si se ha enamorado alguna vez, a lo que Farrell le responde: “No. Siempre he sido camarero”.(Como buen cinéfilo, seguro que Javier Ramón sabe que el diálogo era un chiste encriptado para fanáticos de los “western” de John Ford, pues Farrell se había encasillado en su eterno papel tras la barra).

Sin embargo, creo que Javier Ramón fue demasiado benévolo con la comparación cinematográfica. Sin salirnos del western ni de las películas de Henry Fonda, considero que el filme que más se asemeja a la situación que vive actualmente el club morado es “Incidente en Ox-Bow”, brutal obra de William A. Wellman (1943) que gira alrededor de un linchamiento. El Deportivo es cualquiera de los tres pobres hombres a los que encontraron por el campo.Y la LFP, la jauría enfurecida de aldeanos que quieren ejecutar a toda costa a tres pardillos. No les vale ninguna prueba, no les vale la ley, no les vale ninguna garantía. Hay que hacerlo ya, porque sí y por encima de cualquier razón.

No exagero. Cuando digo que la LFP está actuando como un grupo de linchamiento, lo digo porque:

1. Han buscado una víctima propiciatoria y la han encontrado. Los tres pobres hombres que encontraron durmiendo a las afueras de Ox-Bow no eran por casualidad un joven impetuoso, un viejo y un mexicano. Es fácil actuar contra el Guadalajara porque es un club inexperto como el joven impetuoso, porque es débil como el anciano y porque es considerado extraño a la “cofradía del fútbol moderno” como el mexicano. Incluso los habitantes de Ox-Bow parecen más honorables que la organización que juzga y sentencia al Depor, compuesta por muchos clubes cuyos dirigentes han defraudado, han comprado partidos, han dejado deudas multimillonarias y/o tienen a sus sociedades al borde de la quiebra. Así que ese pelotón tan poco ejemplar sólo tenía dos opciones: o ahorcarse ellos o buscar algún pringado al que ahorcar. Lógicamente, eligieron la segunda opción.

2. Se ha escrito primero la sentencia y luego se ha celebrado el juicio. Así han funcionado siempre los tribunales de excepción. Recordemos cómo nos enteramos de todo esto. Una mañana de domingo, una emisora de radio asegura que el Club Deportivo Guadalajara ha cometido una irregularidad muy grave en la ampliación de capital y directamente apunta la condena que se le va a imponer, que no es otra que la pena capital en el terreno futbolístico: el descenso de categoría. Identificado el criminal y dictada la sentencia, ya sólo queda lo menos importante y accesorio para el grupo de linchamiento: las pruebas. Se encarga una auditoría que confirme los hechos. Y vaya si los confirma. No se conoce de momento a nadie que haya encargado (y pagado) una auditoría que termine diciendo lo contrario de lo que desea quien la encarga (y la paga).

3. Se han saltado sin pudor sus propias leyes. ¿Qué parte del artículo 70 de los Estatutos Sociales de la FAPE no ha entendido el grupo de linchamiento? “En el supuesto de que los hechos o conductas a enjuiciar presentaran indicios de revestir carácter de delito o faltas penales, el órgano disciplinario lo pondrá en conocimiento del órgano judicial competente, quedando en suspenso el expediente disciplinario, hasta que se dicte resolución judicial firme”.

¿Ha ocurrido todo esto? Claro que ha ocurrido todo esto. Y muchas más cosas también increíbles: Un entrenador dando brincos el día en que su equipo descendía; jugadores de otro equipo que llevan meses sin cobrar y cuyo club debe 30 millones de euros, pero que puede conservar la categoría pese a no haberla conseguido en el campo; y sobre todo, la nada neutral actuación del presidente de la LFP, consejero de un equipo que podría haber resultado beneficiado (no lo ha sido por culpa de la impericia del entrenador que daba brincos) y que, para más inri, cobró como asesor del Guadalajara en la época en que se hizo la ampliación de capital.

Ha ocurrido todo esto y muchas más cosas. Pero como son tan increíbles, tan estrambóticas, tan surrealistas, a quienes las enumeramos se nos suele tachar de conspiranoicos. Se equivocan. No es una conspiración. Es un linchamiento. No veo posible montar una conspiración con la complicidad del Consejo Superior de Deportes. Nada gana dicho organismo en una conspiración. Sin embargo, cualquiera puede formar parte de un linchamiento. Incluso el Consejo Superior de Deportes. Por miedo, por pasividad, por el qué dirán, por ir con la masa, porque las evidencias parecen suficientes a primera vista, por ejemplificar… Cosas más raras han ocurrido. Hasta Henry Fonda estaba dispuesto a participar al principio en el linchamiento de Ox-Bow.

Afortunadamente, aún queda lugar para la esperanza. Quizás no imparta Justicia el Comité de Recursos de la LFP. Pero sí tendrá que hacerlo el Comité Español de Disciplina Deportiva. Y si no, el Tribunal de lo Contencioso Administrativo. En alguno de estos organismos surgirá el Henry Fonda (siempre Henry Fonda) de “Doce hombres sin piedad” y planteará una duda razonable. Y convencerá al resto de magistardos (quién sabe si no lo intentó ya el vocal del Comité de Disciplina Social que se abstuvo) de que debe parar esta locura, que debe respetarse el artículo 70, que debe prevalecer el procedimiento judicial sobre el administrativo y que, por tanto, el Deportivo Guadalajara tiene que disputar la próxima temporada en Segunda división. Y mientras, que se deje actuar a la Justicia ordinaria, la que cumple leyes, la que recaba pruebas y la que respeta garantías. Y si se debe condenar a sus responsables, que se les condene. Pero no a una afición y a una ciudad que son de Segunda. Y pronto -según sostenemos los terracistas- de Primera. Pero esa es otra película.

*Fernando Rojo (Guadalajara, 1972) es periodista. Comenzó en 1989 en el “Flores y Abejas”, que luego se convirtió en “El Decano”, donde llegó a ser redactor jefe en 1999. Desde 2000, forma parte de la plantilla de ABC, donde ha sido jefe de Cierre y actualmente es jefe del Área de Fin de Semana. Escribe este artículo como aficionado, abonado del Deportivo Guadalajara y socio de la peña “La Zorra Alkarreña”. 

Balance en diez tuits

Antonio Román y sus cinco tenientes de alcalde, en la rueda de prensa de balance. //  Foto: Jesús Ropero. Ayuntamiento de Guadalajara.

Antonio Román y sus cinco tenientes de alcalde, en la rueda de prensa de balance. // Foto: Jesús Ropero. Ayuntamiento de Guadalajara.

Por Concha Balenzategui

Hoy me he propuesto robarles muy poco de su tiempo con este artículo. Como aquel lema que invitaba a apagar la televisión y a abrir un libro, hoy les quiero hacer una recomendación: Cierren su ordenador y abran sus orejas. Desconecten sus pantallas y den un paseo hasta el palacio del Infantado. Allí ha comenzado un año más el Maratón de los Cuentos, la maravillosa fiesta de la palabra, y yo quiero verter muy poquitas para dejar constancia de asuntos de actualidad. Enseguida les dejo que se sumerjan en una escucha más placentera.

Hoy voy a hacer un ejercicio de contención para extractar en diez pinceladas el balance del mandato de Antonio Román en el Ayuntamiento, cuyo ecuador se ha cumplido esta semana, y que ayer mismo repasaba el alcalde. Diez tuits o “mínimos”, si lo prefieren, como esos maravillosos microcuentos que se oirán a partir de las cinco de la mañana en el zaguán del Infantado. Allá vamos.

#Obras. El cuartel del Henares avanza, el museo Sobrino se retrasa, y arranca el Eje Cultural. El centro acuático sigo sin verlo claro.

#Futuro. El alcalde habla más de proyectos que de resultados. Es difícil presumir en época de austeridad inactiva. Pero cambian las tornas.

#Empleo. A la llegada de Jazztel puede sumarse la de otra empresa con entre 60 y 150 puestos de trabajo. Alfombra roja.

#MarcaGuadalajara. La cultura, destacando el Maratón, y los eventos deportivos como imagen de ciudad. Me gusta (esto es de Facebook).

#Elgranlunar. La reforma de autobuses. Meses después, el nuevo mapa no cuaja. Se quiere rectificar, pero hay poco margen en el contrato.

#Economía. Cinco años consecutivos de superávit. No se puede sacar pecho si en el camino ha habido recortes sangrantes y subidón del IBI.

#Macrocontrato. Planean aunar servicios en una sola empresa. La oposición ve una vuelta de tuerca privatizadora. Estaremos atentos.

#Emporiomediatico. Un ejemplo de gasto prescindible, propaganda, y de cómo hacer sin sonrojo lo que siempre critiqué.

#Reelección. Creo que hoy por hoy Román no querría volver a presentarse. Pero a lo mejor le toca sacrificarse. No hay nadie de su tirón.

#Oposición. Al PSOE lo veo descabezado y remolón. Valerio hace bueno a Jiménez. IU pone voluntad y esfuerzo, pero tiende pocos puentes.

Vista panorámica del escenario principal del Maratón de Cuentos, en el patio de los leones del Infantado. // Foto: Agrupación Fotográfica de Guadalajara.

Vista panorámica del escenario principal del Maratón de Cuentos, en el patio de los leones del Infantado. // Foto: Agrupación Fotográfica de Guadalajara.

Mi propósito está cumplido. Les ahorro argumentos. Y perdonen la urgencia. Yo me voy a escuchar los cuentos.

Lo que vale un pimiento

Imagen de una huerta ecológica. // Foto: www.elhexagono.wordpress.com

Imagen de una huerta ecológica. // Foto: http://www.elhexagono.wordpress.com

Por Yago López

Esta semana los medios de comunicación de Guadalajara, los pocos que sobreviven, han informado con envidiable optimismo del balance de cuentas presentado por la Asociación Provincial de Agricultores y Ganaderos (APAG), que por segundo año consecutivo logra beneficios gracias a unos índices de facturación nada propios de la crisis que atravesamos.

Dice su presidente, Antonio Zahonero, que prácticamente les da vergüenza hacer públicos sus números con la que esta cayendo en otras empresas y organizaciones del entorno, infestadas de ERES y despidos. Sin embargo, añade, “nosotros hemos podido incluso subir el sueldo a nuestros empleados”, concretamente el 50% del IPC –que aunque no es para tirar cohetes en los tiempos que corren parece una proeza-.

Sin embargo, y aunque es evidente que con los resultados sobre la mesa nadie puede negarle a la APAG su buena gestión, que reforzará además con nuevas inversiones –planea en breve poner en marcha un secadero de maíz que abarate costes y mejores sus márgenes de beneficio a través de la comercialización directa-, el campo es muy amplio y unas buenos dividendos de esta asociación no son necesariamente síntoma de una buena salud económica de ganaderos y agricultores.

De hecho, no conozco a día de hoy –y les aseguro que últimamente he mantenido contacto con muchos- ni un solo profesional del sector primario, al menos de los que se manchan las manos, que no esté notando la crisis. Es más, la mayoría llevan en crisis ya décadas y el derrumbe general de los últimos años ha sido en muchas ocasiones la puntilla que les ha llevado al cierre o en el mejor de los casos a drásticas reducciones de plantilla.

Por tanto, enhorabuena a la APAG por sus datos pero no lancemos las campanas al vuelo: el futuro del campo está más que complicado y los beneficios presentados esta organización provincial son una simple excepción, que se agradece pero que no nos puede nublar la vista ante la cruda realidad: la agricultura y la ganadería, a no ser que seas la duquesa de Alba, hoy por hoy es, en la inmensa mayoría de los casos, una auténtica ruina.

Comentaba ayer mismo mi compañera Marta Perruca la creciente iniciativa por parte de muchos jóvenes de diversos perfiles profesionales –poco o nada relacionados con el campo- de espantar la crisis a golpe de azada o embarcándose en proyectos directamente relacionados con el sector primario. Pequeñas empresas emprendidas con mucha ilusión que pueden ayudar además a combatir la imparable despoblación del mundo rural.

Todo muy bonito hasta que se empieza a hacer números. La fórmula del fracaso es evidente: muchas trabas, pocas ayudas y un modelo de oferta y demanda devastador para el pequeño productor. En la agricultura, por ejemplo, solo una gran inversión que posibilite mecanizar al máximo el importante número de hectáreas que se debe poseer, unido al buen y barato trabajo de los asalariados temporales –casi siempre de sol a sol y en las épocas de siembra y recolecta-, y una buena dosis de suerte con la meteorología y las plagas, puede permitir la rentabilidad económica de una explotación. Pero si de lo que hablamos es de pequeños productores olvídense.

Solo un reducto sobrevive amparado bajo la etiqueta de lo ecológico, que más que una certificación, es casi una filosofía de producción. Y digo sobrevive porque aunque cada vez hay mayor número de personas que se interesan por consumir productos de la tierra sin tratamiento químico alguno y saltándose los costes económicos y ambientales de los intermediarios, este tipo de agricultura está aún muy verde y el pequeños productor apenas puede cubrir costes.

Hasta el momento, el consumidor de este tipo de productos, salvo contadas excepciones, adquiere estos alimentos como complemento a su cesta de la compra habitual, es decir de manera esporádica y sin la continuidad necesaria como para que el productor cuente con unos ingresos fijos que le permitan una estabilidad en las ventas. La opción que le queda a estos agricultores es vender al por mayor parte de su cosecha para garantizarse un flujo constante de ingresos. Sin embargo, esta segunda posibilidad, además de mandar al traste parte de su filosofía de economía social y sostenible, les supone unos ingresos ridículos.

Este es solo un ejemplo más de la tónica general que vive el sector a pesar de los excelentes balances de la APAG. No obstante, creo firmemente en la posibilidad de revertir esta situación redefiniendo el modelo tanto de producción como de consumo. Eso sí, para lograrlo queda por delante mucho trabajo y es vital el compromiso del agricultor y el ganadero pero sobre todo del ciudadano de a pie que hasta el momento prefiere gastarse el dinero en un gin tonic que en un tomate, un filete o un pescado con una trazabilidad justa.

Sueños y desvelos de un futuro rural

Cartel del Día de la Tradición Serrana. // Foto: Asociación Serranía de Guadalajara

Cartel del Día de la Tradición Serrana. // Foto: Asociación Serranía de Guadalajara

Por Marta Perruca

Quién lo habría dicho. Yo no, desde luego. El caso es que hace unos días nos mostrábamos incrédulos cuando recibíamos una foto por el “Whatsapp” de nuestro compañero de los viernes, Yago López, tocado con un gorro de paja y mostrándonos orgulloso sus espinacas, guisantes, cebollas, lechugas y demás hortalizas. Y es que, acuciado por la crisis, se ha embarcado en una cooperativa de agricultores ecológicos, de esos que cultivan, labran la tierra y recogen la cosecha como lo hacían nuestros abuelos, sin productos químicos ni mierdas varias. Así que, aprovechando una de nuestras asiduas citas hexagonales,  le encargamos la cesta de la compra y, desde la semana pasada, todos nos hemos dado a una dieta un poco más saludable.

Precisamente, también me comentaban que, como  fruto de la inquietud que está sembrando un grupo molinés, del que hablaba hace algunas semanas, y que apuesta por el trabajo cooperativo como motor de desarrollo en el medio rural, ha surgido una iniciativa que pretende sacar adelante la cría de gallinas de campo en el Alto Tajo. Y ya no sé si es fruto de la casualidad o de que tengo los sentidos en estado de alerta en relación a este tipo de iniciativas, pero mi amigo Sergio me contaba además, que un amigo en común, pasto de los recortes de Geacam, ha regresado al pueblo de sus padres para resinar los pinos de la Sierra Norte.

Y es que mi médico, fiel seguidor de este blog y al que mando un cordial saludo, me instaba a hablar esta semana del “Día de la Tradición Serrana”, que se celebrará este sábado, 22 de junio, en la localidad de Robleluengo a iniciativa de la Asociación Serranía de Guadalajara. “Podrías hablar –sugería- de los usos tradicionales ganaderos y agrícolas que se han ido perdiendo y que pueden ser entendidos como oportunidades de futuro en estos tiempos de crisis”. Me decía que se podrían ir recuperando las cabañas ganaderas propias de nuestras sierras, que ahora son casi anecdóticas,  y apostar por la producción tradicional, que paulatinamente está siendo sustituida por semillas tratadas genéticamente, provenientes del extranjero y cultivos extensivos intoxicados de productos químicos donde prima sobre todo la producción sobre la calidad. En definitiva, me hablaba de una idea sobre la que insistimos a menudo en este espacio: primar los valores rurales cuando las administraciones parece que están empecinadas en recortarnos servicios y en poner fecha de caducidad a aquellos pequeños asentamientos de la provincia en los que todavía resisten, a duras penas, algunos tozudos pobladores.

Justo una semana más tarde, el 29 de junio, y en la misma línea, El Pobo de Dueñas, en la comarca del Señorío de Molina, celebrará una feria de alimentos, artesanía y servicios con la que  pretende promocionar el tejido productivo existente en la zona.

Y, ¿por qué no? Puede que el próximo sábado, cuando los vecinos de Robleluengo, Valverde de los Arroyos, Majaelrayo o Campillo de Ranas muestren a los visitantes los métodos tradicionales de esquilar ovejas y la manera en la que se trata y se teje la lana, a alguien se le pueda ocurrir, por ejemplo, establecer una pequeña industria lanera en alguna de estas localidades serranas, o que la muestra de El Pobo inspire el nacimiento de otros modelos de negocio tradicionales y artesanos basados, quizá, en los productos de la tierra y en los distintos talentos de sus gentes.

Puede que los trabajos de resinación inspiren la  reapertura de puertas de aquellas antiguas industrias resineras localizadas en nuestros pueblos, con el fin de hacer más rentable la extracción de la resina, que ahora se vende a Soria o a Segovia o, qué sé yo, tal vez alguien entienda que afianzar las explotaciones ecológicas en la huerta del Henares con una marca de calidad pueda ser una oportunidad de negocio para el sector agrícola de la provincia.

Una de las cosas que he aprendido desde que se ha avivado en mí la llama de la fe en el Geoparque de la comarca de Molina de Aragón y el Alto Tajo es que la particular orografía de cada territorio es determinante de su propio entramado socioeconómico y que, por tanto, no solo condiciona el carácter más abierto o cerrado de sus gentes, sino que además perfila su sistema económico y productivo.

Desde mi punto de vista, siempre personal e intransferible y llevado al extremo,  puede ser que en las últimas décadas hayamos sido víctimas de un burdo engaño. Que nos dijeran que los tiempos habían cambiado y que los usos tradicionales y las pequeñas industrias que habían puesto un plato sobre la mesa de nuestros abuelos, bisabuelos y varias generaciones atrás, se habían quedado obsoletos y que en los pueblos solo vivían los paletos. Entonces teníamos que hacer el petate, dejar atrás nuestros municipios tiritando de frío y perdidos en un eco ausente del bullicio de sus gentes, para apelotonarnos en las fábricas con jornadas intensivas de trabajo y condiciones cuestionables.

También debíamos estudiar una carrera, pero no para aprender a pensar y formarnos profesionalmente en algo con lo que contribuir a nuestra sociedad rural sin oportunidades, sino para marcharnos y formar parte de ese frenético nuevo orden productivo de autómatas descerebrados. Nos lo creímos a pies juntillas cegados por el resplandor de “un progreso” que estaba de moda, cuando ya habíamos perdido por completo el horizonte, cuando nos olvidamos de que el progreso solo es positivo cuando sirve al interés general.

Y conste que yo no firmo por volver a la estufa de leña, aunque ahora las hay muy prácticas y funcionales, solo que lo llaman biomasa; a las arduas labores del campo o a viajar en un coche tirado por mulas, pero creo que perdimos mucho cuando nos embarcamos en una revolución industrial atroz y a trompicones, como se hacen las cosas en este país, sin atender a una lógica productiva e imponiendo un modelo absurdo que aglutina a una cantidad ingente de personas en centros urbanos relativamente  pequeños en comparación con el vasto territorio rural que dejamos abandonado a nuestras espaldas. Pueblos que antes estaban llenos de vida y por los que ahora vagan los fantasmas.

A menudo me pierdo en mis pensamientos y entonces contemplo un campo de batalla en el que se debaten mis sueños con mis peores pesadillas. Un escenario onírico donde pugnan un modelo en el que el medio rural tire del carro para salir de la crisis, rescatando tradiciones sostenibles que apuesten por la calidad, alimentadas por las técnicas novedosas que hemos aprendido con las luces del progreso; con otro de oscuras intenciones, en el que los recortes y las reformas que nos desposeen día tras día de nuestros derechos, no esconden otra cosa que el rearme silencioso de un capitalismo más cruel y atroz, si cabe, que solo busque una clase obrera más vulnerable, atontada –por nefastos planes educativos- y desesperada por el hambre, que no cuestione sus prácticas y se ponga a su servicio sin rechistar. Pero vamos, no es más que otra de mis visiones personalísima, intransferible y, como decía, llevada al extremo ¿O no?

Una declaración… de amor a los cuentos

Vista panorámica del escenario principal del Maratón de Cuentos, en el patio de los leones del Infantado. // Foto: Agrupación Fotográfica de Guadalajara.

Vista panorámica del escenario principal del Maratón de Cuentos, en el patio de los leones del Infantado. // Foto: Agrupación Fotográfica de Guadalajara.

Por Rubén Madrid

He tenido una premonición. He visto con absoluta claridad que el consejero Marcial Marín va a venir este viernes a Guadalajara, a mucho tardar el sábado o el domingo, si su merecido descanso no lo impide. Como amante de la cultura, disfrutará del Maratón de Cuentos, la cita más importante (por populosa, por solera, por participación, por público, por originalidad, por tantas cosas) del calendario de eventos alcarreño; pero, además, y como suele ser habitual, llegará con un alegrón en la chistera: va a elevar al Consejo de Gobierno la declaración del Maratón como Bien de Interés Cultural (BIC), ahora que la nueva normativa regional de patrimonio abre esta posibilidad al denominado patrimonio inmaterial.

La Junta tiene en su mano distinguir a un evento que partió de una anécdota, ser Record Guiness, para convertirse en un acontecimiento mayúsculo: más de dos décadas de trayectoria, un modelo imitado incluso en festivales del extranjero y una fiesta de la primavera para los alcarreños, a quienes convoca de forma ininterrumpida durante 46 horas en torno a la hoguera donde prenden cuentos inventados y cuentos clásicos, cuentos chinos y cuentos de viejas, aventuras reales, parábolas, fábulas y leyendas.

Marín abrió con su colega Vicente Tirado la puerta grande de las Cortes al programa de los toros de Manolo Molés y declaró BIC a la fiesta nacional delante de todo el país, para presumir de arte. Luego se fue a Toledo y no tardó en dar el espaldarazo a la fiesta religiosa del Corpus Christi… Ahora no me cabe duda de que en algún momento del fin de semana, en pleno Maratón, anunciará esta declaración de amor a los cuentos, ese género chico que nos ha hecho tan grandes. En esto no somos de segunda, sino de primera. Y no me atrevo ya a decir que nuestro consejero subirá al escenario principal para contar un cuento, como hace en la inauguración el alcalde, porque me inclino más bien a pensar que lo que de verdad quisiera Marín es una superapertura del Moderno para poder participar allí en el Festival Internacional de Narración Oral.

La protección para los cuentos como patrimonio inmaterial muy ligado a nuestra tierra constituiría (quiero decir constituirá) además un magnífico modo de iniciar su apoyo a la candidatura como Edificio Patrimonio de la Humanidad para el Palacio del Infantado, escenario de este maratón cultural y cuyas virtudes deben defender ante la Unesco el consejero y su equipo, aunque haya sido un proyecto impulsado por el Consistorio. Estas muestras públicas de esmero evitarán que más tarde las malas lenguas manifiesten que el consejero sólo asiste a las ceremonias solemnes para colgarse la medalla.

Así que ahí queda. Lo de hoy no es un artículo de opinión, pero a cambio les estoy dando una exclusiva: El Maratón de Cuentos será declarado BIC. Enhorabuena a todos los guadalajareños porque a partir de ahora habrá una parte importante de nuestra cultura que recibirá el reconocimiento y la protección merecidos.

Que tengan unos felices cuentos, y que sus sueños y mi premonición se hagan realidad.

Una educación a base de parches

La presentación de solicitudes al programa de refuerzo de la Junta termina el próximo 12 de junio. // Foto: JCCM.

La presentación de solicitudes al programa de refuerzo de la Junta termina el próximo 12 de junio. // Foto: JCCM.

Por Abraham Sanz

Dicen los expertos del medioambiente que los incendios se apagan invierno limpiando el monte, para que éste no arda en verano. Esta misma frase se podía trasladar al ámbito educativo viendo las nuevas propuestas de la Junta sobre los programas de refuerzo educativo que plantean, que son tan selectivos como la educación que plantean. Parece que a los dirigentes regionales, con el consejero Marcial Marín a la cabeza, sólo le preocupan las cifras a final de curso, algo que con parche tras parche se puede conseguir; sin tener en cuenta el problema de fondo que se ha creado en uno de los sectores que es uno de los pilares de nuestro estado del Bienestar.

El invierno educativo, es decir, cuándo se ha de llevar a cabo el trabajo de fondo en el aprendizaje de los escolares tanto de Primaria como de Secundaria, es el curso académico. Un periodo que se ha programado para que los alumnos no sólo alcancen nuevos conocimientos, sino que los interioricen, sepan interpretarlos así como que adquieran nuevos valores democráticos, de tolerancia y respeto que les permitan desenvolverse en su futuro adulto.

Esto no se consigue con un mes de refuerzo en determinados cursos (4º ESO y 6º de Primaria), sino que precisa de un trabajo continuado durante las diferentes etapas en que se divide la educación obligatoria donde su servicio a la comunidad se encuentra cada vez más mermado por la falta de medios y recursos materiales para modernizar la educación; la falta de profesores que se traduce en la no sustitución de muchos especialistas durante meses o por un transporte escolar que ya no garantiza el acceso a un centro educativo a todos, debido a que huelgas por impagos –más que justificadas- motivan que algunos escolares no puedan ir ese día a clase.

Eso sí, estos últimos –situados en la comarca de Molina-, tampoco tendrán derecho a estas nuevas clases porque el transporte no se incluye y al ser una zona de escolarización pequeña, difícilmente podrán cumplir el cupo mínimo de 12 alumnos. Es decir, que este ‘Abriendo Caminos’ llegará sólo a unos pocos y no a toda la comunidad educativa ni de la región ni de nuestra provincia, donde sólo las poblaciones con mayor número de chavales escolarizados tendrán opción a poder beneficiarse de este parche del Gobierno regional. Lo más triste de este programa de la Junta es que sólo se dirija inicialmente a 4º de ESO y al curso próximo a 6º de Primaria, cuándo el aprendizaje es un proceso continuo y sí realmente se quiere luchar de un modo efectivo y no efectista, contra el fracaso escolar, debería implementarse un programa que abarcase toda la educación obligatoria. Pero eso ya es harina de otro costal y sería invertir en una educación pública de calidad, cuestión que no es muy del agrado del PP, no sea que descienda la cifra de matrículas en los colegios concertados.

También es digno de reseñar que este programa no se encuentre ni siquiera abierto a todos aquellos de estos cursos. Ya comentamos anteriormente las trabas del transporte y el cupo; ahora se suma el número de materias pendientes. Sólo podrán optar aquellos que hayan suspendido como mucho tres en junio, ¿y el resto, no tienen derecho igual? ¿Por qué se les excluye de un modo tan gratuito? No sería más factible abrir este programa a todos aquellos que estuvieran interesados en participar en él, más aun teniendo en cuenta que con dos pendientes se puede titular en Secundaria.

Sería un gesto de apertura que además, no sólo mejoraría la atención de ciertos alumnos que, debido a la masificación que están experimentando las aulas, no puede ser prestada por los docentes y, además, brindaría una oportunidad de reenganche a escolares cuyo rendimiento durante el año no fue el deseado. La imaginación de la Consejería de Educación no tiene límites y no deja de sorprendernos. En vez de sentarse y abordar toda la problemática existente en torno al sistema educativo y todo el daño que han hecho los recortes junto con sus últimas políticas en esta área, trata de enmendar la plana con nuevas medidas restrictivas con las que tratar de introducir procesos restrictivos en cuestiones como la educación es un derecho universal.

Y mi pregunta es, ¿Por qué se decide poner en marcha en verano esta campaña anti-incendios escolares? La solución es más fácil tanto para crear empleo como para mejorar el sistema educativo, dotar del profesorado suficiente a los centros para que en ellos se puedan realizar durante el curso, de un modo más continuado y eficiente, estos apoyos y clases de refuerzo a aquellos alumnos que tengan más problemas en alcanzar los objetivos fijados. Sólo así, con un programa constante y cada vez más individualizado, se pueden lograr las metas educativas que tanto dirigentes como sociedad deseamos y necesitamos de las generaciones venideras.

Los incendios tanto en la enseñanza como en el monte, se apagan durante todo el curso, no sólo en verano. Por tanto, olvidemos parches que salvarán la estadística un año, pero no la merma de la calidad educativa, no mejorará la empleabilidad de los docentes, ni permitirá atajar el problema de la educación desde la raíz como es preciso. Volver a invertir el 6% del presupuesto del Gobierno regional en Educación sí que es una oportunidad para ‘abrir caminos’ y aún la Junta está a tiempo para reconducir el suyo y, con ello, el de muchos jóvenes en edad escolar que agradecerán ese esfuerzo en mejorar su educación.