La excelencia es la diversidad

El consejero Marcial Marín, durante su presentación del Bachillerato de Excelencia en Guadalajara. // Foto: JCCM

El consejero Marcial Marín, durante su presentación del Bachillerato de Excelencia en Guadalajara. // Foto: JCCM

Por Abraham Sanz

Aún sigo atónito al comprobar los derroteros por los que el actual Gobierno regional lleva su política educativa y, cada vez que veo anunciada alguna de sus nuevas medidas, el temor se apodera de mi al comprobar como todo camina hacia una más que notable segregación en la que buscan crear mundos artificiales en un centro educativo que siempre debe corresponderse a la sociedad real en la que se inserta para que así, los alumnos puedan comprender la importante diversidad existente a su alrededor y a la que deberán enfrentarse en un futuro, cuando alcancen la edad adulta, para así lograr concebir una sociedad con mentalidades más abiertas y favorables a una multiculturalidad cada vez más frecuente en los países occidentales.

La idea de crear un Bachillerato de excelencia, con la que está cayendo en el sector educativo, donde el objetivo primordial es garantizar una educación y una formación de calidad a todos y cada uno de los adolescentes de esta región, me parece, cuanto menos inoportuna tanto por los objetivos que plantea de un modo patente, como los que subyacen detrás de esta iniciativa que sólo pretende segregar al alumnado al que, además, se les pedirá una serie de exigencias que en apenas dos años no son fáciles de conseguir, más aun teniendo en cuenta que la Prueba de Acceso a la Universidad.

La excelencia en el estudio o en la educación, no sólo se consigue ampliando los horarios de los alumnos mejores, exprimiéndoles como limones hasta que logren alcanzar esos objetivos; sino que se logra creando un programa formativo que vaya desde que el alumno entra en Infantil hasta que termina sus estudios en ESO y finalmente, se decante por el Bachillerato. Quizá el actual currículo en el que se basa las clases tenga deficiencias que se deban corregir o aspectos en el que maestros, profesores y pedagogos deban discutir para lograr que el alumnado vaya cumpliendo los objetivos fijados para cada curso. Tampoco favorece a la excelencia del alumno, que las bajas de profesores no sean suplidas de forma inmediata y que no se dispongan de los medios materiales suficientes que permitan hacer de la clase un aula multimedia que conecte más a los adolescentes con su día a día.

Medios humanos y materiales, sólo invirtiendo en ellos y en su formación se puede lograr el objetivo fundamental que ha de perseguir la sociedad española y, en particular, nuestra región: que las cifras de fracaso escolar se vayan reduciendo y no a costa de reducir obstáculos a los alumnos para que superen las materias, sino implementando nuevas estrategias educativas basadas en recursos novedosos que permitan que cada vez sean más los que decidan terminar el ciclo obligatorio de la educación. Ese, considero que ha de ser el objetivo fundamental de la política educativa y el pilar en el que se debe asentar; y no tratar de crear clases con aquellos alumnos con mejores notas, puesto que si bien puede favorecer su rendimiento académico, se les introduce en un mundo irreal que nada tiene que ver con la sociedad donde están insertados.

Es positivo buscar iniciativas en las que los alumnos más notables puedan reforzar sus destrezas, pero más allá del horario lectivo y como una actividad complementaria que les permita desarrollar esas incipientes capacidades que dejan entrever en su adolescencia. Ese bachillerato de excelencia, se debería suplir por talleres o cursos extraescolares que permitan mejorar sus habilidades en redacción, comprensión o el aprendizaje de nuevos idiomas. Si bien, también se debería reformar el itinerario lectivo para aquellos cuyas pretensiones no pasan por obtener el título de ESO y reorientar su formación hacia aspectos más prácticos o profesionales que les permitan guiar sus pasos hacia un futuro laboral que, posteriormente se refuerce con su incorporación a un módulo de su rama profesional.

Si bien hemos de prestar atención a quienes sobresalen en el grupo a quienes habrá que otorgarle el mayor apoyo posible y los medios para que sigan en esa línea ascendente tanto en el colegio como en el instituto y finalmente, en la universidad; también hemos de atender a aquellos que con un poco más de ayuda pueden levantar un curso que se les había puesto cuesta arriba o aquellos que definitivamente han perdido todo el interés y reorientarles hacia un oficio de modo que obtengamos lo mejor de cada uno de ellos. Para lograrlo, la mejor fórmula es la diversidad en el aula, que los alumnos aprendan que las bases de la convivencia no es juntar los buenos con los buenos y los malos con los malos, sino la solidaridad, el compañerismo y el respeto.

Sólo inculcando esos valores, lograremos alumnos excelentes en valores para una sociedad que, sin duda, necesita de todos para progresar y seguir evolucionando. Sólo así, conseguiremos afianzar una educación pública y laica que vislumbre un futuro mejor; pero si seguimos segregando y mirándonos en el mal espejo que es Madrid; tomaremos un rumbo equivocado. En la educación, hay cosas que importan más que una nota a final de curso y una estadística; hasta que no comprenda eso la clase política y baje a la arena de vez en cuando para ver la realidad de un centro educativo, no lograremos que la excelencia no se consigue creando curso paralelos –cuyo valor será similar al que titule Bachillerato por la vía tradicional- con más asignaturas y generando mayor ansiedad a nuestros alumnos; sino que se consigue invirtiendo en la gente menuda desde que son muy pequeños, puesto que ellos son el futuro.

3 pensamientos en “La excelencia es la diversidad

  1. ¡Enhorabuena buena por tu artículo! Me gustaba más cuando se invertía en programas que llegaban al alumnado más necesitado y a las zonas más deprimidas de nuestra geografía. Hoy nos cierran escuelas, consultorios de salud, pero se invierte en algunos centros de la CAPITAL. Mi recuerdos de infancia de Excelentísimo, Ilustrísimo, etc. no me gustan, si bien, parece ser que hay personas que no pueden vivir sin esos tratamientos, ¡se creen tan superiores!. Sólo pienso en lo libres que nos hace la EDUCACIÓN, o lo que nos dan a diario “menor formación mayor manipulación”.

  2. Me encanta que se hagan cosas así, porque no debemos olvidar(hasta ahora se ha hecho) que la excelencia también hay que cubrirla, efectivamente entra dentro de la gran diversidad, y olvidarnos de fomentarla es no atender a todas las necesidades. Nunca entendé el proqué cada vez que se habla de este grupo de diversos/as hay que lanzarse al deguello.
    Atendamos a la diversidad, a TODA, no aquella que a cada uno le convenga por levantar banderas absurdas y teñidas en el fondo y en la forma de sectarismo.

  3. Me gustaría resaltar la propuesta que haces de utilizar nuevos métodos que doten a los alumnos de estrategias que les permitan desarrollar todas sus capacidades y explotar al máximo su potencial intelectual sin necesidad de más horas de clase, ni de clases para excelentes , ni de lecciones magistrales, eso evitaría este tipo de propuestas por parte de la administración. Ahí dejo esta pregunta: ¿Cómo conseguir resultados diferentes utilizando siempre el mismo método?

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