Incapacidades

Residencia de ancianos "Las Sabinas" en Molina de Aragón. // Foto: M.P.

Residencia de ancianos “Las Sabinas” en Molina de Aragón. // Foto: M.P.

Por Marta Perruca

Observo impotente cómo desde hace algunos meses he ido perdiendo algunas capacidades fundamentales. Primero fue la capacidad de sorprenderme y después la de indignarme. En realidad creo que todo empezó cuando extravié la capacidad más importante de todas: Estoy hablando de la capacidad de confiar en nuestros gobernantes.

Por poner un ejemplo que ilustra muy bien este proceso. El pasado 12 de junio salía a licitación la gestión de la residencia de ancianos “Las Sabinas” de Molina de Aragón, lo que suponía pasar de un sistema de gestión mixto a la privatización del servicio, con lo que el edificio sigue siendo de la Junta, pero pasa a ser gestionado completamente por la empresa privada. Este cambio de modelo, como así ha sido, debía entrar en vigor el 1 de agosto. Pues bien, no me sorprendió que el Gobierno regional apostase por el modelo privado, puesto que todos sabemos que Castilla-La Mancha sigue la senda de Madrid en lo que a privatizaciones se refiere. Tampoco me pilló desprevenida que virase hacia esta opción en pleno mes de agosto, con premeditación, nocturnidad y alevosía, cuando es más fácil acallar las voces en contra y las posibles protestas de sindicatos, empleados y familiares -ya lo han hecho otras veces-. Y por supuesto, diría que se veía venir que este nuevo pliego de condiciones, en lugar de mejorar el servicio, lo iba a deteriorar en gran medida.

Realmente detesto haber perdido la capacidad de sorprenderme, porque ya son tantas, que cuando quiero indignarme me bloqueo.

¿No me digáis que no es para indignarse? Después de los malos momentos padecidos por el personal y los usuarios del centro, que llegaron a acampar a las puertas de la residencia a consecuencia de varias nóminas impagadas, la Junta resuelve lavándose las manos, poniendo sobre la mesa 2,5 millones de euros para que la empresa, que se hacía cargo del servicio con la participación de la Administración regional, sea ahora la responsable de lavar en solitario los trapos sucios.

El resultado de este proceso de privatización ha sido la reducción de servicios y la eliminación de una veintena de puestos de trabajo, aunque cabe decir que esto no se ha traducido en despidos, porque  algunos trabajadores se han marchado por su propio pié y a otros se les ha reducido la jornada. Eso sí, la responsabilidad es la misma y el sueldo ridículo.

Y al otro lado se encuentran los usuarios de este centro que tiene 54 plazas para residentes y 20 para el Centro de Día. Yo no sé muy bien si la señora Cospedal y sus secuaces se creen inmunes al paso del tiempo; quizá no esperan ser nunca usuarios de estos recursos que, cabe recordar, son servicios públicos dirigidos a las personas, esas a las que la Carta de Derechos Humanos otorga una dignidad pero que, al parecer, esta estrambótica nueva situación prefiere medir en términos de rentabilidad. Yo les recomendaría una de mis canciones favoritas “When I´m sixty four” (Paul MacCartney- The Beatles), justo en la parte que dice “You´ll be older too”, porque parece que se les ha olvidado..

La consecuencia más grave de esta privatización, a mi juicio, es la reducción del horario de Medicina y Enfermería. Con este nuevo pliego de condiciones se pasa de tener médico 20 horas a la semana (De 8.00 a 12.00 y de lunes a viernes) a exigir 6 horas semanales; en el caso de los enfermeros se pasa de tener servicio 24 horas al día, con seis enfermeros repartidos en tres turnos, a exigir 40  horas a la semana. La materialización de estas medidas ha sido tan desastrosa que el médico no ha aparecido todavía por su puesto de trabajo porque, al parecer, está de vacaciones y los enfermeros, con preparar las medicaciones de los residentes casi han agotado su jornada.

El pliego también fija recortes en el puesto del fisioterapeuta, que queda reducido a media jornada. La empresa está trabajando para cubrir esta plaza, pero el salario no interesa a nadie por lo que, de momento, la residencia no tiene fisioterapeuta. Por si fuera poco, también se han registrado problemas en el servicio de lavandería y en la atención de los usuarios, por la reducción de personal.

A mí debería indignarme de nuevo la inoperancia a la hora de atajar los contratiempos que surgen a lo largo del camino: esa manía a la que nos tienen acostumbrados los políticos de optar por la salida más fácil y menos eficaz colocando cuatro parches mal puestos.

Tendría que poner el grito en el cielo porque de nuevo damos un paso atrás, permitiendo que se nos despoje de nuestra dignidad. Pero aquí me encuentro, luchando contra mi incapacidad, porque hace tiempo que he dejado de confiar en los políticos; hace tiempo que descubrí que sus decisiones injustas no me sorprendían y entonces fue cuando perdí la capacidad de indignarme ¿Y sabéis lo que pienso? que realmente no sirve de nada rasgarse las vestiduras y sentirse indignado por los acontecimientos, si luego no se hace nada para cambiar las cosas.

Desde mis incapacidades solo digo una cosa: “Vosotros seréis viejos también”.

2 pensamientos en “Incapacidades

  1. Completamente de acuerdo, brutalmente de acuerdo somos testigos de lo que estamos viviendo, sufriendo. Y somos complices tambien. Tenemos que encontrar la formula de seguir hacia adelante con optimismo y alegria con nuestros hijos y nuestros padres ya mayores. Y al mismo tiempo guardar energias para no dejar de ver todo, todo lo que esta pasando que esta bien clarito. Aunque la mayoria miremos para otro lado siempre habra personas con un minimo de compromiso que no pararan y señalaran sin miedo.

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