Trabajar en Guadalajara, deporte de riesgo

En la imagen, una de las muchas manifestaciones que se realizaron en la época de bonanza económica contra la siniestralidad laboral. // Foto: lacronica.net

En la imagen, una de las muchas manifestaciones que se realizaron en la época de bonanza económica contra la siniestralidad laboral. // Foto: lacronica.net

Por Abraham Sanz

De un tiempo a esta parte, desde que el boom urbanístico hizo despegar a esta provincia, no nos era nada raro escuchar que Guadalajara se encontraba dentro de las primeros lugares donde mayor tasa de accidentalidad se producía y, cada siniestro laboral que se cobraba una víctima mortal, se traducía en una marcha sindical frente a la Subdelegación de Gobierno para exigir mayor control de las condiciones laborales en las que se trabajaba así como una mayor concienciación de que cuanto mejor preparados, mejor equipados y más descansados estén los trabajadores, menores riesgos correrán durante su jornada laboral tanto ellos como su empresa.

Lo que sí sorprende es que, actualmente y en plena crisis con una más que notable actividad de los dos sectores que tiraron de nuestra economía durante la primera década de este siglo: construcción y servicios; Guadalajara terminase el año 2012 como la provincia con mayor tasa de accidentalidad y, en el primer semestre del año, siga encabezando este ranking. Ni siquiera el hecho de que más de 23.000 personas –según los últimos datos del Servicio Público de Empleo Estatal del mes de julio- no cuenten con un puesto de trabajo en la provincia, ni que el volumen de actividad empresarial haya descendido durante la crisis; hacen que nuestra provincia caiga de este primer escalafón de este ranking, convirtiéndonos en la provincia con menor cuidado en temas que han de ser de primer orden como la prevención de riesgos laborales.

Y no son datos baladí, sino que nacen de los propios servicios de empleo de cada una de las autonomías que desde CC.OO se han encargado de ordenar y situarnos como la tercera región con mayor número de accidentes laborales –diez muertes de trabajadores ya se ha cobrado 2013-; así como situar a Guadalajara y Toledo a la cabeza de la misma clasificación por provincia. Datos que deben motivar una profunda reflexión en el seno tanto del empresariado como de los Gobiernos regionales y estatales. La prevención, en ocasiones, no nace de las empresas y hay que instaurarle a base de endurecer las normativas así como de dotar de mayores mecanismos para hacerlas cumplir. En ocasiones pueden resultar tediosas o más que costosas, pero a la larga, se comprueba que son muchas vidas las que se salvan siguiendo estos parámetros.

Si bien antes, el despegue económico era una buena excusa para encubrir contratos, reducir costes a costa de los trabajadores o evitar gastos que eran considerados secundarios como equipos o uniformes de seguridad, en aras a aumentar unos ingresos que hizo levantar el ansia viva en muchos empresarios que comenzaban a ver como la construcción o la logística se convertían en una auténtica mina en el Corredor del Henares; ahora parece que la mejor excusa es la crisis para recortar en la misma materia con lo que los resultados siguen siendo los mismos y el principal perjudicado sigue siendo el trabajador. Obreros que, además, ahora se ven obligados bajo la sombra del despido, a no levantar la boca y aguantar carros y carretas, llegando a poner incluso en juego sus vidas con jornadas de trabajo maratonianas que siempre hacen más propicio la llegada del accidente debido al cansancio acumulado; o viendo como los equipos de trabajo que antes de la crisis hubo quien sí los compró, con la recesión, ya no se han renovado y se ven obligados a llevar a cabo su labor  sin estos o con estos en precario estado.

De ahí, que la Administración deba realizar un esfuerzo considerable de una vez por todas, en incrementar su plantilla de inspectores de trabajo que velan porque la seguridad llegue a las empresas, puesto que defraudadores los va a haber tanto con el buen tiempo como con el malo y, es necesario que estas malas prácticas se persigan porque cualquier muerte o accidente que ocurra en el puesto de trabajo y que pudiera haber sido evitado, debe invitarnos a la reflexión y a la puesta en marcha de medidas más exigentes en materia de prevención, especialmente en nuestra región y en nuestra provincia, donde la situación es más que alarmante.

No obstante, no hemos de incluir en este saco a todas las empresas, puesto que hay un número notable que cumple y de una forma más que escrupulosa con todos los avances pactados en las políticas de seguridad laboral en el marco 2008-2012; por lo que el aplauso desde aquí. Un Acuerdo Estratégico de Prevención de Riesgos Laborales en el que hay que seguir trabajando también, desde una vertiente que no hemos de olvidar como es la informativa y formativa hacia el trabajador, que en muchas ocasiones no conoce los riesgos que entraña su actividad laboral o las formas en las que la realiza.

Mano dura desde la Administración y concienciación hacia los trabajadores –donde los sindicatos han de realizar una importante labor- han de ser las claves  para aminorar el número de accidentes y de desgracias laborales que, si bien ya bastante mal está el mercado laboral actualmente, como para que además, trabajar se convierta en una práctica de riesgo.

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