Gente incívica No

A las puertas del Paseo de la Alameda un cartel reza "Perros No". // Foto: M.P.

A las puertas del Paseo de la Alameda un cartel reza “Perros No”. // Foto: M.P.

Por Marta Perruca

“Perros No”, es lo que reza un cartel apostado a las puertas del emblemático Paseo de la Alameda de Molina de Aragón, ese que se inauguró cuando vino el Rey en calidad de Señor de Molina, en 1978. “Perros No”, pero ¿qué quiere decir eso?, se preguntaba, frustrada, mi sobrina. “¿Que a quien ha colocado ese cartel no le gustan los perros?”. Mi sobrina, que es muy dada a eso de las leyes porque estudia Derecho, consideraba que la formulación correcta de ese cartel debía ser “Prohibida la entrada de perros”, aunque quizá alguien pudiera ofenderse.

Resulta que mi sobrina se encontraba en Molina disfrutando de sus vacaciones con su perrita “Lola” –ya os he hablado de ella en alguna ocasión- y se sintió indignada por no poder disfrutar de la sombra de este agradable paseo en compañía de su mascota. Sobre todo porque ella entiende, como cualquier persona con dos dedos de frente, que no se trata de prohibir la entrada a los perros, sino de que sus dueños sean civilizados. “Si pusieran una multa de 600 euros a todos los que se dejan el ragalito de sus perros, verías como se acababa pronto con el problema”, despotricaba por toda la casa.

Precisamente, el otro día observaba una escena lamentable: Un vecino instaba a otro a recoger los excrementos de su animal y éste le espetó ni corto, ni perezoso “¿y dónde los dejo?, ¿en el felpudo de tu casa?”. Vamos, que gilipollas –con perdón- los hay en todas partes. Mi madre me diría que se puede decir lo mismo sin necesidad de utilizar tacos, pero de verdad, Mamá, es que un gilipollas, siempre será un gilipollas, y aquí no hay discusión posible.

Estamos hablando de una cuestión en la que todavía queda mucho por hacer. Precisamente, el Ayuntamiento de Azuqueca de Henares acaba de lanzar una campaña para concienciar a sus vecinos sobre el cuidado responsable de sus mascotas bajo el lema “Con tu perro, juega limpio”, con la que no sólo pretenden informar de las buenas prácticas en cuanto a limpieza y salubridad urbana, sino también de otros aspectos, como de la importancia de inscribirlas  en el Censo Municipal de Animales, y de cumplir con el calendario de vacunaciones, entre otras cosas.

Imagen de la campaña emprendida por el Ayuntamiento de Azuqueca. // Foto: www.nuevaalcarria.com

Imagen de la campaña emprendida por el Ayuntamiento de Azuqueca. // Foto: http://www.nuevaalcarria.com

En las ciudades se ha avanzado mucho en este aspecto y es bastante usual encontrarse con vecinos responsables que, una vez sus mascotas han defecado, recogen los excrementos con una pequeña bolsa de plástico. También es relativamente fácil encontrar contenedores para depositar estas heces caninas, aunque todos sabemos que todavía no es algo excepcional tropezarse con una de esas hediondas boñigas, que luego arrastramos en la suela del zapato. Alguno se consuela porque dicen que da suerte, aunque yo todavía no le encuentro la gracia a eso de ir pisando mierdas por las calles. Sí, Mamá, mierda. Podría utilizar otros sinónimos más correctos, pero cuando te ocurre esto solo puedes exclamar “¡Mierda!”

De esta guisa, y con la susodicha mierda en la suela del zapato, no me extraña nada que el Ayuntamiento de Brunete iniciara aquella particular campaña, por la que, con la ayuda de una veintena de voluntarios, enviaban a domicilio los excrementos que algunos vecinos “dejaban olvidados” en la vía pública, quizá para repartir suerte, qué sé yo.

La realidad es que si en las ciudades empieza a aparecer cierta conciencia cívica, en los municipios de la provincia queda todo el trabajo por hacer y nos encontramos con soluciones estrambóticas y desesperadas como este cartel de “Perros No”, quizá hartos de limpiar cacas de perro por doquier, o de que sus dueños no utilicen la correa o el bozal cuando lo prescribe la ley, y más teniendo en cuenta que este paseo es muy frecuentado por niños y personas mayores. Todos recordamos aquel lamentable suceso ocurrido hace apenas unos meses, cuando un perro atacó a un vecino de esta ciudad mientras paseaba tranquilamente, y casi le cuesta la vida.

Como con casi todos los problemas de esta índole, no sería necesario prohibir casi nada si los ciudadanos hicieran gala de un mínimo de civismo, aunque siempre sería más práctico apuntar hacia el fondo del problema y prohibir, por ejemplo, el abandono de las cacas del animal en la vía pública, antes que consentir que, como siempre, paguen justos por pecadores y los vecinos que sí son responsables tengan que renunciar a pasear por este parque con sus animales: “Un par de multas serían suficientes para persuadir al personal”, seguía lamentándose mi sobrina. Y tiene razón, porque cuando al ciudadano se le toca el bolsillo…

Yo, como mi sobrina, estoy de acuerdo en que el cartel está mal formulado. En mi opinión, debería decir “Gente incívica No”

Un pensamiento en “Gente incívica No

  1. Amiga Marta como siempre un magnífico artículo. Yo suelo andar despistado y en Valencia también sufrimos del incivismo de algunos vecinos, por lo que no es raro que semana si y semana también pise alguna plasta… Ah y por cierto lo de que luego toca la lotería no es cierto.
    Creo que la solución sólo pasa por la educación y concienciación; pero para esto y para casi todo en la vida.
    Un fuerte abrazo.

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