Catapum !!

Juan Manuel Miranda, periodista de Guadalajara

Juan Manuel Miranda, periodista de Guadalajara

Por Juan Manuel Miranda

Cuando te han sorprendido con un golpe en el hígado, nada mejor que soltar un gancho de izquierda a la mandíbula del contrario.

El Dépor se ha sacado la espina de la derrota ante el Linense con una victoria en Ecija. Sufrida, como serán la mayoría en la categoría de bronce, pero victoria al fin y al cabo.

Aitor Núñez pagó los platos rotos con la Balona, cayéndose de la convocatoria. Así como Prosi, quien además arrastraba molestias en una rodilla.

En Guadalajara todavía vivimos semanas de probaturas, pero sobre la marcha ya atesoramos diez puntos en seis partidos. Tiene mucho mérito lo que está consiguiendo Salvachúa quien, además, no duda en reconocer que se ha jugado mal, si se ha jugado mal, y reivindica que se ha jugado bien, si se ha jugado bien. Sinceridad, objetividad y humildad. Un estilo diferente en la ribera del Henares, sin duda.

El club morado, entretanto, quita el pie del acelerador, y renuncia a la cautelarísima (aquella decisión judicial urgente y súbita que podría haber impedido nuestro descenso administrativo). Resignándose a optar a la cautelar, cuando toque, si es que toca.

¿A que Vds. no entienden nada de lo que les escribo?

Pues más difícil todavía es comprender lo que viene sucediendo entre juzgados y abogados. Y lo que se transmite desde la casa morada a los medios de comunicación y a sus aficionados. Cautelares y malabares. En el aire queda el flagrante atropello de la LFP al C.D. Guadalajara. Todos expectantes el pasado día 25, a ver si un juez hablaba y por esa boquita nos ponía de nuevo en Segunda División. Y aquel miércoles apenas sucedió algo distinto a que amaneció, después vino el atardecer, y finalmente se hizo de noche.

Afortunadamente, técnicos y futbolistas están a lo que tienen que estar. A lo suyo. Entrenando e intentando ganar partidos.

Cosa que también hicieron nuestros jugadores y entrenador de Segunda, el año pasado, mientras les acribillaban con sospechas, malas noticias y decretos de descenso anunciado. (Lo cual les honra a toro pasado, pues casi nada es peor en una competición deportiva que tener la cabeza o la mirada en otra parte).

El “¡catapum!” que encabeza este breve artículo no sólo tiene que vez con el golpe de autoridad que el Dépor ha dado sobre la mesa, ganando en Ecija. También guarda relación con los goles que el Balonmano Guadalajara acostumbra a encajar en el último segundo, para caer derrotados. Perder sobre la bocina es doblemente duro, porque escapan los puntos, y la moral padece un mordisco. Menuda semana le espera a mi buena amiga Obdulia, psicóloga del equipo morado, para levantar el ánimo de los guerreros.

Por cierto: la visita del Barça este miércoles no es el mejor antídoto para sujetar el cabreo que a buen seguro han traído los nuestros de Huesca. Y esta semana lo que importa, Garralda bien lo sabe, es llegar el sábado a Cuenca con los depósitos llenos. Partidazo donde los haya.

Sigue la fiesta, y el balón no cesa de girar. Prometiendo nuevos sobresaltos.

La tercera dimensión

*Por Jesús Mercado

Jesús Mercado, párroco de El Salvador.

Jesús Mercado, párroco de El Salvador.

El pasado domingo 22 de Septiembre se inauguró en Guadalajara un nuevo complejo parroquial, del cual soy párroco, El Salvador. Para el que todavía no lo sepa, se encuentra en uno de los barrios de reciente creación en la ciudad, Aguas Vivas, en concreto, junto a la Comisaría de Policía Local y al Palacio Multiusos. Es una zona con mucha gente joven y muchísimos niños. Para haceros una idea os digo unas cifras a modo de ejemplo: los bautizos, en este año 2013 se van a ir acercando al centenar y pasan de los 200 los niños de catequesis.

Varios periodistas me han preguntado cómo hacer una iglesia nueva en los tiempos que corren, no sólo de crisis económica, sino también de crisis espiritual. Después de la pequeña vorágine que ha supuesto para nosotros el hecho de la inauguración, quisiera hacer una reflexión más profunda para responder a estas preguntas.

La iglesia no puede competir con la sociedad en el terreno del mero “utilitarismo”, del espectáculo, de la diversión, pero puede ofrecer algo que todos las personas necesitamos, queramos o no y que, además, de una forma directa o indirecta buscamos: una tercera dimensión. Una tercera dimensión que cambia completamente la forma de ver todo: la trascendencia, la sacralidad, el sentido de la vida, la plenitud interior, el misterio; en una palabra: Dios. Esta es la clave de todo lo que hemos hecho, el gran servicio que El Salvador puede ofrecer a este joven barrio.

¡Ojo! Lo dicho hasta aquí no se debe interpretar en el sentido de que entonces no nos importan mucho las otras dos dimensiones, más a ras de suelo -largo y ancho-. Todo lo contrario. Precisamente porque tenemos esa tercera dimensión –la altura- que da sentido profundo a todo, nos debemos ocupar con mayor fuerza de lo de aquí abajo. De ahí que queramos cuidar en nuestra parroquia con inmenso cariño a los más pobres. En la actualidad atendemos a unas 80 familias (300 personas) en Cáritas, pero no es un simple reparto de alimentos o ropa; hay cinco personas que les atienden uno a uno, por separado, y compartiendo con ellos lo que entre todos podemos ofrecer.

Y también porque queremos vivir en tres dimensiones, vamos a intentar hacer una comunidad donde se viva la alegría y se note; y en catequesis hemos puesto en marcha el proyecto SEMÁ, con momentos compartidos entre padres e hijos; y por eso hemos cuidado la belleza en el templo y en las celebraciones; y por eso organizamos también actividades que vertebren el barrio: fiestas de Navidad, juegos, excursiones, olimpiadas, etcétera. Y por eso tenemos grupos de oración y formación de adultos. Y por eso usamos los medios de comunicación más modernos; y por eso vamos a salir a las calles.
…Y por eso… tenemos una gran ilusión para trabajar y hacer todo el bien que podamos.

Vista aérea de la iglesia de El Salvador.

Vista aérea de la iglesia de El Salvador.

* Jesús Mercado Blanco nació en Sacedón (Guadalajara) en 1960. Estudió Filosofía y Teología en Sigüenza y se licenció en Estudios Eclesiásticos en la Facultad de Teología de Burgos. Fue ordenado sacerdote en su pueblo natal en 1986 por el obispo Jesús Pla y Gandía. Ha sido párroco de Robledillo de Mohernando, Puebla de Beleña, Puebla de Valles, La Mierla y Torrebeleña, en una primera etapa, y de Cogolludo, Fuencemillán, Beleña de Sorbe, Aleas y de nuevo Torrebeleña, después. En 2001 el Obispado le encarga dar los pasos necesarios para la creación de la parroquia de El Salvador y le nombra párroco de Virgen de la Salud. En 2003, creada la nueva parroquia, es nombrado párroco de El Salvador. Mercado es además profesor de Religión Católica en el instituto Buero Vallejo de la capital y coautor de dos libros de carácter histórico y etnográfico sobre Sacedón. Más información sobre la parroquia y su obra

El Retablo de las Maravillas

Imagen del Retablo Arriacense de Víctor de la Vega.

Imagen del Retablo Arriacense de Víctor de la Vega.

Por Concha Balenzategui

He visto varias veces el Retablo Arriacense. En el edificio de la calle Topete y en la torre de cristal junto al Corte Inglés. Y es cierto que el cuadro llama la atención, por sus dimensiones y por su abigarrada composición. Es un entretenido ejercicio jugar a reconocer los personajes, paisajes y torreones de los castillos de nuestra provincia. Independientemente de su valor artístico, que no me atrevo a juzgar, es una obra elegante. Alegórica y emblemática. 

Emblemática, porque refleja “lo nuestro”, nuestras señas de identidad, un algo intangible sobre lo que se construye un sentimiento de pertenencia a una comunidad, o de apego a un terruño. Ese “algo” subyacía con frecuencia en el mensaje lanzado durante años desde la Caja de Guadalajara, en un discurso que hemos escuchado muchas veces los que aquí hemos crecido. He conocido a unos cuantos presidentes de la Caja, he asistido a infinidad de actos, y esa defensa de “lo nuestro” siempre estaba en boca de los representantes de la entidad, incluso si estaba atravesando momentos poco gloriosos, que los ha habido.

El mensaje de estar al servicio de la provincia y de los impositores se repetía con mayor insistencia en los últimos tiempos de la Caja, antes de que su identidad empezara a diluirse, merced a las fusiones y absorciones: en Caja Sol primero, Banca Cívica luego, y finalmente en La Caixa, hasta pasar a ser la infinitésima parte de un gigantesco barco financiero.

Decía José Luis Ros, su último presidente, que la entidad provincial sería la última en marcharse de los pueblos, que su Obra Social no pararía, que Caja de Guadalajara no perdería su identidad en aquella fusión “a pulmón” con la caja sevillana…Pero hoy, como en otro retablo, el de las Maravillas de Cervantes, descubrimos que de aquello no había nada. Ahora sabemos que estábamos siendo actores pasivos de una burla, como aquella que hacía a los personajes cervantinos creer que, en un lienzo blanco, se representaban fantásticas imágenes, pero que ellos no las veían por su impureza de sangre. Ya ha quedado demostrado que Guadalajara desaparece de los rótulos, de los pueblos… y hasta de aquel rascacielos que construyó la ambiciosa Caja cuando era una cabeza de ratón, justo un minuto antes de pasar a ser el último pelo de la cola del león.

Y una parte de esa trastienda de la fusión-absorción-refusión, disolución en definitiva, la vemos estos días con el desalojo de la torre y el “Enigma del Retablo Arriacense”, como ha dado en bautizarlo ese poeta de causas perdidas que es Chiqui Valero, fundador de un grupo creado en Facebook para reclamar la recuperación del lienzo.

Fue Antonio Herrera Casado quien, haciendo pública su preocupación por el destino del cuadro, dio la voz de alarma, como aquel militar que rompió el silencio en el entremés de Cervantes, o la niña que se atrevió a decir que el emperador iba desnudo. Herrera sí que es uno de esos elementos de Guadalajara que, si no existiera, habría que inventarlo, por muchas razones que no caben en un artículo. En el caso que nos ocupa, el cronista provincial no sólo ha encendido la mecha que luego ha prendido en las redes sociales y en los medios de comunicación, sino que ha hecho propuestas. Y se ha dirigido a la Diputación, la institución pública que engendró la primigenia Caja y que parece, lógicamente, abocada a proteger la obra.

Hoy, después de leer el estupendo reportaje de “Cultura en Guada”, sabemos que la Fundación Caja Sol todavía no tiene claro qué hacer con el cuadro, pero que se muestra abierta a donarlo o a exhibirlo en una hipotética nueva sede central, que se abriría en la Plaza del Jardinillo (que tiene narices la cosa, por otra parte). Si así fuera, si el mensaje de defensa de lo nuestro esta vez es cierto, concluiríamos que Herrera y quienes han hecho este ruido mediático se han puesto la venda antes de la herida. Pero también podríamos pensar que si todos hubieran permanecido “ciegos y mudos”, el Retablo podría haber acabado en una oficina sevillana, barcelonesa, o en un almacén.

Pero además, como recordaba Ángel de Juan, y como dice “Cultura en Guada”, no hay que olvidar que el Retablo Arriacense sólo es la punta del iceberg de la importante colección de pinturas y esculturas que Caja de Guadalajara fue creando a lo largo de los años, merced a su prestigioso Premio Nacional de Arte, y a adquisiciones realizadas con las ganancias de un negocio que propiciaron los ahorradores guadalajareños.

Y en definitiva: Una vez que alguien da la voz de la sensatez ante la burla del Retablo de las Maravillas, sería de necios permanecer aferrados al engaño.

El arte de matar

Imagen de un encierro por el campo en Malacuera (Guadalajara). // Foto: Nacho Izquierdo

Imagen de un encierro por el campo en Malacuera (Guadalajara). // Foto: Nacho Izquierdo

Por Yago López

Con la resaca aún a cuestas de las Ferias y Fiestas de Guadalajara, que ha tenido como uno de sus grandes alicientes los espectáculos taurinos, valorados con un notable alto por el grueso de los entendidos, y con el eterno debate de su aprobación o rechazo legislativo –cada uno con sus argumentos- otra vez sobre la mesa de la actualidad informativa nacional no he podido resistirme a meterme en un charco considerable –sobre todo teniendo en cuenta el apoyo masivo de esta provincia a todo lo que suene a taurino- y declarar alto y claro mi profundo rechazo a esta celebración. Considero los toros una fiesta anacrónica y salvaje que debe extinguirse lo antes posible como muestra de la evolución cultural de nuestra sociedad y estoy dispuesto a defender civilizadamente –yo sí- mis convicciones en cualquier foro.

Decir esto en esta tierra es prácticamente condenarse a un escarnio generalizado y dependiendo del contexto incluso puede uno llegar a jugarse el físico. Y ahí quiero también poner el acento de mi reflexión. Sujetos a una democracia la voz de la mayoría es la que manda, o por lo menos la que debe hacerlo, pero eso no significa que no haya voces discordantes que puedan expresar libremente su oposición, y esto último aquí es harto complejo. Las agresiones a los antitaurinos durante los festejos no son un caso aislado ni magnificado por los medios: suceden con frecuencia y yo mismo he sido testigo directo de varias.

Cada año en los encierros por el campo que tienen lugar en diversos municipios de la alcarria, tal vez los festejos que más polémica levantan entre los antitaurinos, los enfrentamientos entre ambas facciones se suceden, y demasiadas veces sobrepasan la frontera dialéctica en favor de la violencia. Creo ser imparcial cuando digo que la mayor parte de las agresiones tienen a los seguidores más acérrimos de esta fiesta como sujetos activos, tal vez por pertenecer al bando más fuerte y numeroso. Cierto es que insensatos y descerebrados los hay en todos los sitios, y no se puede condenar a los amantes de los toros por los actos de unos cuantos canallas. También los hay en el fútbol y no por eso se puede descalificar a todos los hinchas, de eso no cabe duda.

Una vez dejado claro que respeto –el mismo que le tengo a cualquiera con quién discrepo en un asunto-  a los seguidores de esta tradición o fiesta o espectáculo o como quieran llamarlo, hecho en falta un debate serio sobre el asunto y unas celebraciones abiertas a todo tipo de grabación e información, porque esa es otra. En lo primero, no deja de sorprenderme que todos y cada uno de los representantes políticos de la capital y de la provincia respalden los toros. No he oído a ni un solo dirigente del partido que sea mostrarse crítico al respecto. Mi falta de ingenuidad a estas alturas me dice que esto tiene que ver más con el interés político y electoral que con las convicciones. Otra muestra más de honestidad parlamentaria.

En lo que se refiere a la transparencia de los festejos esto ya no ofrece debate posible. Los delirios de grandeza de algún que otro cacique prohibiendo a golpe de virilidad y reglamento la grabación de algunos encierros son un completo disparate y suponen un ataque directo a la libertad de expresión e incluso al sentido común. Esta actitud solo esconde una violación clara de la legalidad que quiere ocultarse a la luz pública no vaya a ser que algún despistado que pille lejos y no se le pueda amedrentar se le ocurra denunciar.

Puedo discutir si en nombre de la tradición se puede matar impunemente a un animal de manera cruenta, la necesidad o no de mantener una raza como el toro de lidia de forma artificial para luego acabar con él a ritmo de pasodoble o todos aquellos argumentos que quieran darme sus seguidores en defensa de su fiesta. Pero no paso por la violencia física contra aquellos que muestran su aversión públicamente ni por la falta de transparencia a la hora de celebrar cualquiera de los festejos relacionados con el mundo del toro.

Por dar un capote al menos en favor de esta tradición, he de decir que detrás tiene un interesante patrimonio etnográfico y literario que no debe menospreciarse, pero que no requiere en ningún caso seguir matando a los toros en los ruedos o en las calles, con espada o a lanzazos, para ponerlo en valor.

El Fescigu y las grandes historias

Publico votando al final de la primera sesión del FESCIGU. // Foto: www.culturaenguada.es

Publico votando al final de la primera sesión del FESCIGU. // Foto: http://www.culturaenguada.es

Por Marta Perruca

No soy una persona cinéfila. Aunque me abucheen por las calles de esta ciudad que tanto gusta de las artes escénicas, tengo que admitirlo. Ya me gustaría a mí, os lo aseguro, pero carezco de toda destreza visual. Soy una persona, ¿cómo diría yo…?, de visión despistada. Hay quien afirmaría que eso es poco, que soy el despiste personalizado, pero vamos a dejarlo ahí: No soy capaz de reparar en los detalles; de apreciar la calidad compositiva de una imagen o de un plano y, mucho menos, de reparar en cualquiera de los elementos visuales que en un momento determinado pueden llegar a ser decisivos.

Sin embargo, todos los años me planto en la inauguración del Festival de Cine Solidario (FESCIGU), poniendo cara de interesante para disimular. Al final, claro está, voto el corto que más me ha gustado y, por supuesto, afilo mucho mis comentarios críticos en esas deliciosas conversaciones que se plantean, caña mediante, una vez concluida la sección oficial. Y soy mordaz, tanto o más que mis contertulios -bastante más entendidos y autorizados que yo en estas lides-, obviando importantes consideraciones, como que se trata de una de las citas de mayor reconocimiento y calidad del panorama cinematográfico nacional; que este año han batido récords de recepción de obras (alrededor de 600) y que sobrevive cada año, a pesar de que las ayudas se han recortado en un 80 por ciento, a base de propuestas de una gran originalidad para recaudar fondos, por enumerar solo algunos aspectos.

Y es que aun reconociendo mi total y absoluta ignorancia visual –o mejor dicho, despiste-, como he dicho en alguna ocasión, a mí me encantan las grandes historias. y eso es precisamente lo que me gusta del cine. Siempre he pensado que tanto en literatura, como en arte, en cine o incluso, en la vida misma -porque al fin y al cabo, cada cual va escribiendo, renglón a renglón, su propia historia-, no es tan importante la historia en sí como la manera de contarla. Ese es el principal reto al que se enfrenta el director de un corto: Encontrar la mejor manera de contar una historia en unos pocos minutos.

El año pasado no tuve ninguna duda a la hora de introducir en la urna mi votación. La historia en sí podría ser el guión de cualquier bazofia comercial tipo “pastelón” de la factoría Hollywood, pero la manera de contarla me pareció magistral: “¿De qué se ríen las hienas?” (Javier Veiga). En solo unos minutos, captó mi atención, me reí a carcajada limpia y terminé llorando a moco tendido, e incluso me hizo pensar.

Por eso me camuflo detrás de mi cara interesante en estas citas y me infundo autoridad para ser crítica cuando llegan los días de FESCIGU. Yo sí que sé algo de grandes historias: Esas que no te dejan indiferente, que terminan removiendo algo por dentro y, de alguna manera, siento que ya no puedo ser la misma. No sé cuánto tiempo dura esa sensación, ni que consecuencias desencadenará: Existen historias que, como en la vida misma, nos marcan más que otras.

Uno de los momentos de la película "Cadena de favores".

Uno de los momentos de la película “Cadena de favores”.

Hay una película que me gusta mucho, supongo que la conoceréis; la protagoniza el chico de “El Sexto Sentido”. Me refiero a “Cadena de favores”. Una gran historia, ¿verdad? Relata cómo un chaval, inspirado por un trabajo de clase, idea una manera de cambiar el mundo. Consiste en hacer tres favores importantes a personas que realmente los necesiten, con la única condición de que éstas tendrán que ayudar a otras tres personas con este mismo requisito.

Los organizadores del FESCIGU son conscientes de que con el cine es posible remover conciencias. Al fin y al cabo, todos nosotros no somos más que la suma de nuestras historias y el cine no es otra cosa que eso: otra forma de contar historias.

A mí me gustan las grandes historias: Aquellas que te sacuden, que te conmueven y que una vez han dejado su huella, ya no puedo ser la misma.

Ayer fue el Día Mundial del Corazón ¿Sabíais qué más de un 42 por ciento de la población padece más de un factor de riesgo cardiovascular? Por eso Cruz Roja Guadalajara se ha sumado a una cadena de favores para implantar hábitos de vida saludable en nuestra provincia y su página web se ha convertido en un contador de estos favores beneficiosos para nuestro corazón: De lo que se trata es de fomentar que los guadalajareños se sumen a esta cadena con pequeños gestos como evitar que alguien se fume un cigarro; llevar de paseo a alguien sedentario o regalar una pieza de fruta. A primera hora de la tarde, el contador que Cruz Roja instaló en su página web sumaba 779 favores ¿Os imagináis el efecto positivo que esta propuesta podría tener en otros sectores?

Y yo me pregunto, como otros tantos teóricos lo han hecho antes, qué influencia tiene el cine sobre la sociedad y si realmente esta factoría de ideas puede convertirse en una herramienta para cambiar el mundo, para poner el germen de otras historias que se cuenten, renglón a renglón, al otro lado de la pantalla.

Grandes historias, por supuesto.

El centenario de Buero

El escritor alcarreño, boca abajo haciendo yoga en su casa de Madrid, en los años 50. // Foto:Buero Vallejo, boca abajo haciendo yoga, en los años 50 / Foto: Biblioteca Virtual Cervantes.

El escritor, boca abajo haciendo yoga en su casa de Madrid en los años 50. // Foto: Biblioteca Virtual Cervantes.

Por Rubén Madrid

Bienvenidos a la función. Por favor, apaguen sus móviles. Silencio absoluto. Un carraspeo, un crujir apresurado del parqué de quien llega tarde…

Presentación: Una iluminación tenue del escenario oficia como apertura del telón. Los focos se dirigen hacia el centro, donde se halla uno de los directores de teatro más importantes del país, Miguel Narros, que se dirige al auditorio con voz firme y sin titubeos: “Don Antonio es uno de los dramaturgos más importantes de la historia de nuestro país, por el inmenso valor de su obra literaria y de su persona, por ser una figura que, por esos mismos valores, pertenece ya por derecho propio a la cultura universal”. Hace mutis por el foro.

Varios personajes que escuchaban al fondo, entre tinieblas, dan ahora un paso al frente. Hablan uno tras otro, sin descanso pero sin atropellarse. Ramón de Garciasol, poeta y amigo: “Cuando Toni escribe, no sólo hace obra de arte, que logra de manera universal; al mismo tiempo, defiende al hombre, a la persona”. Gregorio Salvador, amigo y académico: “Fue un hombre admirable, bondadoso y justo, comprensivo y cabal. He de proclamar que el hombre superaba incluso al escritor”. Alfonso de Santos, autor de teatro: “A él lo defendía todo el mundo. Renovó nuestro teatro, ha sido el gran hombre de nuestro teatro y le tocó ser cabecera de generación”.  Olga, maestra de instituto: “Buero Vallejo es el escritor más importante de teatro de la posguerra”. Se retiran al fondo del escenario. 

Otra figura lee un discurso desde una tribuna: “Su obra es espejo de la vida humana, ejemplo de las costumbres e imagen de la verdad, una denuncia a veces necesariamente áspera que es, como la de Larra, la de Galdós o la de Unamuno, expresión de un patriotismo auténtico, de una desazón ante lo que, siendo nuestro, no alcanza a satisfacernos y sabemos perfectible”. El rey entrega el Cervantes por vez primera a un escritor de teatro. El autor es esta vez protagonista en el escenario. Habla, pues: “Yo sólo querría pasar a la historia como una buena persona”.

Acto primero. Este domingo se cumplirán 97 años del nacimiento en pleno centro de Guadalajara, justo encima de la emblemática pastelería Hernando, del que acaso sea el más universal paisano que hemos tenido en el último siglo, el dramaturgo Antonio Buero Vallejo. Dicho de otro modo: estamos a tres años vista del centenario.

Es Antonio Buero Vallejo un nombre muy presente en nuestro callejero (se lo presta al teatro-auditorio y a un instituto, a una calle en el barrio de Escritores y hay un par de bustos colocados, en Las Cruces y en el propio teatro). Sin embargo, tengo la impresión de que aunque no hace tanto que nos dejó (lo hizo ya octogenario, en 2000), su figura se pierde en una ardiente oscuridad, parafraseando el título de la primera obra que escribiera.

Buero, tan dado a utilizar la ceguera como metáfora, se nos niega a la vista. No le vemos donde debiera estar: sobre el escenario. Y no me refiero a su facha de gentilhombre con el bigote bien recortado, pelo engominado y traje de raya bien planchada, que se da de tortas con su comunismo declarado, sino a las criaturas de su inmenso universo: su Esquilache, sus Alfredo y Mario de ‘El Tragaluz’; su Pedro y su Velázquez de ‘Las Meninas’; o la Carmina, los dos Fernandos, Urbano, Elvira y las tres generaciones de la historia de una escalera…

Retrato de Buero, a mediados de los noventa. // Foto: Biblioteca Virtual Cervantes.

Retrato de Buero, a mediados de los noventa. // Foto: Biblioteca Virtual Cervantes.

Un centenario con todas las de la ley no se improvisa de un día para otro. Ya sabemos que en España la mirada sólo alcanza a proyectar de cuatro en cuatro años y que el tropiezo queda antes de la centuria del escritor, pero alguien debería ir dándole ya cuatro vueltas al asunto porque este 29 de septiembre de 2016 se nos presentará a la vuelta de la esquina y entonces, todo el mundo (porque Buero es nuestra mejor aproximación a eso que llamamos alcarreño universal), volverá su mirada sobre quien nadie discute que es la mayor figura de la dramaturgia española de la segunda mitad de siglo, síntesis a una misma altura de dos miradas tan potentes y contrapuestas como la del esperpento de Valle-Inclán y la tragedia lorquiana, dos referentes por quienes el alcarreño siempre mostró sincera devoción.

Está muy bien que Guadalajara, como Alcorcón, cuelgue a Buero en el cartel de bienvenida a su teatro-auditorio, es lo mínimo exigible; y también que convoque cada año un premio de escritura teatral con su nombre, seguramente el mayor de los aciertos para dar continuidad al compromiso intelectual del autor de ‘La Fundación’. También resultó cariñoso e interesante el homenaje que en algunos libros se dedicó al escritor al poco de fallecer, más con el sano (pero incompleto) afán de amarrar sus recuerdos alcarreños que por profundizar en su talla intelectual.

Por eso no estaría de más que de una vez por todas también subamos al maestro al escenario. Hubo un tímido amago hace casi diez años, con unas jornadas en las que pudimos ver la representación de un monólogo inédito y el primer texto que publicó -que no el primero en representarse-, ‘En la ardiente oscuridad’. Pero poco más. En 2011 pasaron sin pena ni gloria los 25 años de la concesión del Premio Cervantes, cuando ningún otro escritor nacido en Guadalajara (y hay que subrayar ese enorme vacío que supone decir “ningún otro”) ha recibido el más importante galardón literario de las letras hispanas. Y aquí también tienen algo que decir las compañías locales: ¿Por qué no representan a su paisano?

Acto segundo. Nadie sería tan osado de comparar a Buero, ni a nadie, con Cervantes; pero sirve de buena muestra que la vecina Alcalá celebra a bombo y platillo una mera carta bautismal y los primeros meses de vida del bebé que sólo mucho tiempo después haría méritos para obtener el honor de ser recordado como el príncipe de los ingenios.

En Guadalajara, nuestro siempre educado dramaturgo, que más tarde sería académico de la lengua durante treinta años, no sólo vivió aquí su infancia y su primera juventud: en las mismas calles que recorremos muchos cada día, Miguel Fluiters para arriba y para abajo, entre el Liceo Caracense y la pastelería Hernando a la que siempre volvía para comprar unos bizcochos borrachos, “los dulces más ricos del mundo”, nació no sólo el hombre de tantos recuerdos de infancia rescatados, sino el genio de quien aquí esbozó sus primeros personajes en un teatrillo de juguete y luego se hizo hombre de letras (y de pincel, porque su pasión primera fue la pintura) en nuestras mismas calles. También aquí ganó su primer premio literario, por un relato de juventud.

Placa que recuerda el lugar donde nació Buero Vallejo, en Miguel Fluiters. // Foto: R.M.

Placa que recuerda el lugar donde nació Buero Vallejo, en Miguel Fluiters. // Foto: R.M.

Produce cierto placer sentirse habitante de la misma patria chica que un hombre que dedicó gran parte de sus esfuerzos (aunque él se consideraba algo vago) a poner en el espejo del escenario algunos de nuestros problemas existenciales. Buero no sólo fue un escritor inmenso, sino un humanista como una catedral, obsesionado con luchar de forma recta e íntegra por un mundo de justicia y libertad. Y desde luego que algunos tenemos ganas de presumir de ello cuando miramos de reojo cada día a la estatua recién restaurada del perverso e inmoral Conde de Romanones.

No es la primera vez que ahondo en el incomprensible fenómeno de que Guadalajara todavía no haya levantado una casa-museo de Buero Vallejo, cuyos fondos -al menos así lo asegura de palabra- está dispuesto a ceder su hijo Carlos, depositario de un enorme legado: cartas, manuscritos, carteles de estrenos teatrales, 200 cintas con entrevistas… Todas las grandes figuras de las letras de su tiempo (Cela en Iria Flavia, Delibes en Valladolid, Torrente Ballester en Santiago), y aún otras que no pueden compararse a él en categoría, gozan de un rincón así, exhibicionista si se quiere, fetichista más bien, símbolo de un necesario cariño de los vecinos a quien adosa un lugar de nacimiento a un ilustre nombre en todas enciclopedias.

Pero es que estos museos son también polos de atracción de un turismo cultural que no le sienta nada mal a Guadalajara, a la vez que foco de regeneración intelectual a partir de una firma concreta, como lugar de estudio de la obra del dramaturgo y, porqué no, del teatro contemporáneo. Pero aquí, qué ironías, no hay ni fundación ni triste sótano con tragaluz.

Acto tercero. Quedan tres años para el centenario y parecería un tiempo largo. Podemos esperar a que todo esto germine de aquí a entonces, pero jamás lo hará por generación espontánea. No dejemos la tarea para los arriacenses que sientan el compromiso moral de celebrar el bicentenario.

Lo diré también de otro modo: creo necesario hacer un llamamiento no ya a los políticos de hoy sino a las personas del teatro de siempre, a esas ‘Gentes de Guadalajara’, esos aficionados que llevan la ‘antorcha’ del maestro, esos nombres propios como Matienzo o Abigail y esos otros nombres tan comunes para todos nosotros como Fuegos Fatuos, Ultramarinos de Lucas, A Priori, Comando Teatral, Tres Tristes Tigres, Eyro (y me dejo muchos, sin duda)…; y por supuesto, esos caballeros andantes que cabalgan sobre las tablas defendiendo el pendón de ATA en una lucha incesante contra los molinos y que tal vez tengan todavía fuerzas para librar la penúltima batalla…

No dejemos pasar el tren del centenario. Es más, pongámonos a trabajar ya en el vagón de las calderas. La tragedia, aquí, nos exhorta lo contrario que en el libreto del maestro: “¡No bajes del tren!”. Quienes conocen ‘El tragaluz’ saben a lo que me refiero.

Aguas vivas

Infografía del futuro Centro Acuático de Guadalajara. / Foto: Supera Gestión Deportiva

Infografía del futuro Centro Acuático de Guadalajara. / Foto: Supera Gestión Deportiva

Por Abraham Sanz

La gran promesa electoral del Gobierno de Román comienza ya a ser una realidad. Más de ocho millones de inversión para la capital alcarreña, cerca de un centenar de puestos de trabajo durante la fase de obra junto con otros cerca de 40 durante su fase de explotación, son cifras que merecen sin duda un respeto hacia el proyecto cuya adjudicación se firmó ayer lunes: el nuevo Centro Acuático de la capital. Además corre a su favor la celeridad con que se va a ejecutar la obra pues de los 18 meses previsto, la concesionaria ya ha afirmado que podrá acortar los mismos para que en otoño del año próximo, los alcarreños podamos disfrutar del mismo; o lo que es lo mismo; a unos meses vista del nuevo compromiso de los ciudadanos con las urnas, se pueda ver la imagen del regidor municipal inaugurando sus últimos logros del mandato.

Sea quizá este último dato el que menos me guste de un proyecto que, a mi modo de ver, puede revertir positivamente en la economía de una ciudad a la que la crisis le ha puesto el freno de un modo más que alarmante por los pocos síntomas de recuperación que ofrece. De modo que, cualquier fármaco que permita al enfermo poder salir de su gravedad, ha de dársele la bienvenida siempre y cuando no vaya en el detrimento de otros que ya se les están administrando.

La llegada de este nuevo Centro Acuático supone un notable impacto ya no sólo en el área deportiva de la ciudad sino también en el área de los servicios tanto terapéuticos como turísticos. Si bien en el aspecto deportivo supondrá descongestionar las ya saturadas piscinas de Guadalajara, proponiendo nuevas oportunidades para cursos de aprendizaje y perfeccionamiento para infantiles y adultos con dos nuevos vasos de piscina. Otra cosa serán los precios que si bien, la propuesta inicial, parece atractiva pero que se ha de mantener equiparándose o complementando a las propuestas del Patronato Deportivo Municipal y no, provocando, años más tarde un encarecimiento de los suyos propios y los del PDM, en aras a compensar la enorme inversión realizada. Si la cesión del terreno es municipal y va a ofertar servicios similares a los que ya ofrece el Ayuntamiento capitalino, no debe actuar en competencia a pesar de su gestión público-privada, pues así es como finalmente acabarían perdiendo los vecinos de la capital, y éste no es el objetivo que se persigue con esta nueva instalación.

A esta iniciativa también se le presupone un concienzudo análisis de la solvencia de la empresa que se responsabilizará tanto de su construcción como de su gestión. Su nombre es Supera y cuenta con una trayectoria empresarial vinculada a la gestión de infraestructuras deportivas de dos décadas. Parece que cuenta con unas bases sólidas fundamentada en la gestión de cerca de 30 centros por toda España donde, en sus previsiones ya aparece como destacada su inversión en Guadalajara y que, a la par proyecta dar el salto internacional fijando su meta en Lisboa. La hoja de servicios parece impecable, sin duda, pero la apuesta de este magno proyecto para la misma es arriesgada. Exige una más que notable inversión inicial, con la previsión que hasta el décimo año no comience a producirse un balance positivo o que hasta el año 21 de la concesión, no presente una solvencia más que notable en sus cuentas. Ya un proyecto similar –también abanderado por el PP- como la plaza de toros cubierta quedó guardado en un cajón al no hallarse una mercantil que asumiera el riesgo.

De ahí, que la solidez de esta empresa es otro de los pilares del futuro de este Centro Acuático que no obstante, nacerá con un escenario económico incierto donde se ha de poner de manifiesto su solvencia y su capacidad para que el proyecto cuaje en la ciudad; y aunque no gozo del criterio suficiente para acertar a adivinar su necesidad dentro del marco de los servicios que precisa la capital alcarreña; si considero que puede ser una buena oportunidad económica y para revalorizar el área deportiva de la ciudad de cuyas instalaciones y su uso, hemos de estar más que orgullosos. Palabras aparte merece el Palacio Multiusos que si bien, es ampliamente utilizado por las escuelas deportivas de la ciudad, el declive de los grandes equipos de sala o el poco público que son capaces de reunir que aportan un estado de semi vacío cada jornada, ha hecho que estos clubes se decanten por polideportivos más viejos, pero más cálidos para el aficionado y los jugadores. Se ha quedado sólo para esas grandes citas que si permiten agrupar a una gran masa social, por lo que la necesidad de una instalación de tales dimensiones –el pabellón de mayor capacidad de la comunidad autónoma- queda sin duda en entredicho.

No obstante, este centro acuático sirve también para completar la oferta turística de Guadalajara con la creación de una amplia zona de spa con todas las prestaciones propias de estas instalaciones de las que sí presenta carencias la capital donde pocos negocios de estas características podemos encontrar en la capital. También se ha programado la instalación de una zona cardiovascular y musculación así como salas para llevar a cabo clases y actividades propias de un gimnasio, y la pregunta es evidente: ¿se podrá plantear una competencia justa con otros centros deportivos similares de la capital o estos se verán poco a poco absorbidos por este gigante? Lo cierto es que hasta el momento la oferta privada con la municipal en esta área ha podido convivir, a pesar del decrecimiento de usuarios que la recesión ha provocado; aunque nunca se habían enfrentado ante una oferta tan completa como la que este nuevo centro pretende proponer a la ciudad. Será dura la competencia sin duda, pero en eso sí que nos beneficiaremos los ciudadanos dado que todos se verán obligados a mejorar para o bien fidelizar a sus clientes o bien para captarlos.

Analizando la propuesta en su conjunto, desde un plano funcional, atisbo dos errores de cálculo. El primero tiene que ver con la escasa previsión de aparcamiento realizada para una infraestructura que quiere llegar a 10.000 abonados, teniendo en cuenta que la orografía de la ciudad no facilita su llegada en bicicleta –aunque quizá debamos hacer un esfuerzo en este sentido- o el deficitario servicio de autobuses urbanos existente –llama la atención que en el anteproyecto de esta instalación, éste se vea como un factor positivo-; junto con una zona que comienza a verse saturada de vehículos con pocas opciones mejorar este aspecto, salvo aprovechar nuevas construcciones para atajar este tipo de problemáticas. Este centro acuático, precisaría doblar sus plazas de aparcamiento; y no nuevas pistas multideporte o de pádel como las que ha ofrecido la empresa como mejora dado que en éste área, podemos decir que, vamos bien servidos.

Sin duda, un proyecto que no deja indiferente a nadie y del que está de nuevo cerca el concejal de Obras Públicas, Jaime Carnicero con el que puedo discrepar en su política como edil de Festejos, pero que en la rama de obras, no puedo más que felicitarle por el cambio de cara que le está dando al centro de la ciudad. Sobre las obras sucede como en los toros, la diversidad de opiniones está a la orden del día, pero sin duda, la cara de la ciudad ofrece una visión más saludable que antaño y además, logrando una elogiable rectitud en lo que a plazos se refiere. Veamos si éste enorme proyecto sigue las mismas pautas y si al final pueda servir para reavivar las aguas de la economía capitalina.