Cuestión de enfoque

Javier Pastrana, periodista de Guadalajara

Javier Pastrana, periodista de Guadalajara

Por Javier Pastrana*

“Santiago, coño, que no te pongas bizco”. Perdita Durango. Bardem atraviesa la cabeza de Segura con un cuchillo. De la Iglesia se desespera. Es un momento dramático. No hay que hacer reír. “Lo siento amiguete, error de casting”. Hay un ERE en Geacam. El primer día que Nala llegó a casa tardó cinco minutos en hacerse caca en el descansillo. Había sangre. Nos asustamos mucho, aunque acabábamos de conocerla. Tenía una enfermedad, una grave. Es difícil hablar de cosas importantes, tener una opinión que merezca la pena compartir. También están desmantelando el sistema sanitario, por cierto. O quizás no. A lo mejor es verdad que toda esa gente sobra. Algo menos de un mes después nos ofrecieron cambiarla por otro perro. No. Ya éramos una familia… una pequeñita. Dos meses más tarde Begoña me llamó llorando. “¿Se va a morir?” A veces es imposible no quererla. Conozco a tanta gente en paro que no sé ni por dónde podría empezar a hablar del asunto. Ya ha pasado un año y pico. Me mira desde el sofá, aburrida, blanquita y peluda. No es un final. Eso es lo mejor.

Dicen que la Diputación quiere robarles competencias a los pueblos. Creo que el problema radica principalmente en las lógicas dudas que nos despierta la conducta moral de nuestros políticos. Y es verano, de noche. No ha llovido en todo el día. Hace calor y bebo un tinto de verano en una terraza del centro. La moral de nuestros políticos… Un niño pide una y otra vez a sus padres que le sigan. “He encontrado un charco gigante”. La moral… Las promesas electorales… La responsabilidad de los electores. “Es gigante, de verdad”. Uno a uno se los lleva a todos. Nala, Begoña y yo tenemos un escondite secreto… Bueno no. Tenemos una hora secreta. Vamos allí, con otros perros, para jugar a escondidas. Es la única hora en la que nos dejan hacerlo. Si hay que madrugar para jugar, se madruga. Faltaría más, con lo cara que está la diversión en estos días. Creo que el número de suicidios entre los jóvenes ha aumentado mucho desde que empezó la crisis. No me siento capaz de hablar de nada serio. Hay demasiada información. Demasiadas verdades… y encima me falta personalidad para defender una postura propia.

Tengo miedo del suicidio. Tengo miedo de que me golpee, como la muerte. No a mí, a algunos de los míos, que es menos grave, pero más cruel. Tiene sesenta o setenta años, cuatro hijos, nietos, un número indeterminados de gatos, dos perras y un pajarito que recogió de la calle. Chel es un poco protestona. Nira es capaz de estar horas dejando que la acaricien. Empiezo a ser realmente consciente de mi propia mortalidad. Y eso que aún no sé nada. “Es que es gigante, papa, de verdad”. Tengo ganas de ver ese charco. Con tanta gente dependiendo de ella, da la sensación de que los animales son los únicos que la hacen compañía.

A veces, cuando habla de la soledad, me recuerda a mí. Cada vez que Begoña llega a casa, sale corriendo a recibirla, levantando la patita. A mí me espera, paciente, boca arriba. Espera que vaya para rascarle la barriga. Es vaga, mimosa y digna. También me recuerda a mí. ¿Dónde estará el dichoso charco gigante? ¿Existirá realmente? ¿Será para mejor la reforma de la Administración local? ¿Es verdad que implantar guardias localizadas en las ambulancias de emergencias no implica riesgos para la población? Al delegado de la Junta sólo parecen interesarle los toros. Los empleos, los despidos, los servicios básicos… esas son cosas de las que se ocupan las empresas privadas. Los toros no. Los toros son bien de interés cultural.

Hay un chico bailando con su madre. Él tiene unos 30 años y síndrome de Down. Ella a lo mejor no es su madre. No sé qué pensar, pero sonrío. Sin malicia, que conste. Es sólo que hay cosas que te hacen sonreír. Hacen falta sonrisas. Si no, no creo que hubiera aumentado el número de suicidios. “Te encanta hablar de ti mismo”, me recriminaron con cariño una vez. No soy tan cínico como para tratar de negarlo. El cinismo me lo guardo para el trabajo, como todos los periodistas. ¿De verdad puede haber un charco gigante en medio de la ciudad cuando ni siquiera ha llovido? Salgo corriendo a buscarlo.

Si no estuviera en casa, tumbada en el sofá, es muy probable que Nala hubiera salido corriendo conmigo. La que sí está es Begs, que me mira con una sonrisa en los labios.  Lo encuentro y es verdad, es gigante. El Plan de Cuenca del Tajo. Madre mía, de dónde ha salido tanta agua… ¿y tantos suicidios? Creo que nada de lo que escribo a diario me ayuda a levantarme por las mañanas. Creo que nada de lo que hablan las radios o los periódicos me importa realmente. Seré un egocéntrico. ¿De qué merece la pena hablar cuando te dejan escribir de lo que te da la gana? A lo mejor, de aquellas cosas que no entiendes, de las que te enternecen o de las que te ayudan a levantarte todas las mañanas. Es una cuestión de enfoque, supongo. De verdad, el charco es gigante… A lo mejor esta columna se merecía algo más serio. Lo siento… Error de casting, amiguetes.

* Javier Pastrana es licenciado en periodismo y técnico de imagen. A mediados del año 2003 entró como becario en el periódico Nueva Alcarria, donde tras varios años cubriendo la información provincial se instaló en la sección de cultura en la que continúa desarrollando su labor diaria. 

2 pensamientos en “Cuestión de enfoque

  1. Por una serie de cosas, que tienen que ver con el pensamiento colectivo, yo también tuve una Nala, la mía se la llevo por delante la infección, y probablemente una mala praxis.
    Seguramente si ella hubiera tenido tiempo de decidir, seguro que habría luchado mas, a fin de cuentas estaba en juego su vida. El caso es que un día, la casa se quedo vacía, cargada de silencios. La casa estaba de luto, amaneció hueca, e insabora, carecía de todos lo elementos para ser una casa habitable.
    El silencio, era el único ruido de esta casa.
    Me asombra que se hable de suicidio, solo los que han estado cerca saben lo que significa, y no es un tema para tratar a la ligera. Todo queda atrás, todo.
    El mundo se acaba en ese momento.
    No importa lo que se haga, lo que importa es mantener la esperanza, no dejarse doblegar, y luchar. Luchar por lo que se quiere. Es facil, acostumbrarse al tinto de verano, a los colegas y a Nala, pero si lo quieres mantener, hay que comprometerse. No dejar que pase la vida, sin hacer mas que quejarse. Y resignarse. Te parece injusto? Pues lucha por ello.
    Un saludo

  2. Algo de esto pensaba yo ayer, luego me pasó algo con una rubita y hasta que te he leido no me había vuelto a acordar.
    Dichoso anuncio de la temporada de otoño del Corte Inglés. Que asco, mierda de otoño por venir. ( ¿ Te importa que haya dicho mierda en tu blog ?, si es así lo retiro.., ¿ eh ?)

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